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Miércoles, 28 de octubre de 2020
A 30 años de la investigación del diario La Época (Parte III y final)

Cómo el hallazgo de Liliana Walker permitió la reapertura del 'Caso Letelier'

Manuel Salazar Salvo

Tras varias peripecias periodísticas y policiales, en las que todos querían dar con el paradero de la agente de la DINA, finalmente ella dio su versión en extenso al diario que reveló su identidad. Esto permitió reabrir la arista de los pasaportes otorgados por Chile a los agentes que asesinarían al ex canciller Orlando Letelier en Washington. 

Pasadas las 22 horas del martes 17 varios vehículos trasladaron a toda la familia Lagos Aguirre, incluidos Mónica, Paula y Luis, hasta el hotel Las Acacias, en Vitacura, a la altura del 11.000, donde se registraron con otra identidad y ocuparon las habitaciones 107 y 108, en el primer piso, junto a un gran jardín que lleva hasta el río Mapocho. 

Aquella noche la ex agente de la DINA tuvo una nueva y larga conversación con Manuel Salazar.

Ella había retornado a Chile para las Fiestas Patrias de 1976. En el aeropuerto la había recibido un oficial de la DINA llamado Pedro Morales. En los días que siguieron a su retorno a Santiago, frecuentó una casa color rojo ubicada en la calle Diagonal Paraguay. Allí llegaban a almorzar Manuel Contreras y Vianel Valdivieso. Comían de lo mejor, señaló alguna vez Contreras.  

Esa casa era frecuentada por las mismas jóvenes mujeres que pocos meses antes habían sido sus compañeras en el curso de Inteligencia que su jefa directa -la teniente Pepa- y Armando Fernández Larios les habían dictado en una casa ubicada en San José de Maipo. 

Semanas después fue nuevamente contactada para que ingresara a trabajar en la FISA, que empezaba en la segunda quincena de octubre. Recurrió a algunas amigas y logró un cupo en el equipo de promotoras del stand de Perú, donde le habían indicado que lo hiciera.

Mónica Lagos dijo no sospechar por qué le encargaron esa tarea. Sí sabía que estableció muy buenas relaciones con algunos peruanos, pero que inmediatamente después de concluida la FISA los hombres de la DINA le dijeron que su trabajo había terminado. 

Desde esa fecha sólo recordaba datos imprecisos. Afirmó que se ganó la vida por su cuenta e hizo varios viajes fuera del país.

La llegada del amor 

-En 1978 conocí en la discoteca Unicornio, en la calle Monjitas, a Mario Sánchez. Comenzamos a pololear. Él trabajaba en una oficina del diario El Sur que estaba cerca de El Mercurio, en un pasaje. Decidió irse a Estados Unidos y después me escribió y me dijo que nos casáramos.

Entonces yo viajé de nuevo a Estados Unidos. Nos íbamos a casar; y, como iba a ser mi marido, tuve que contarle de mi participación en el asesinato de Orlando Letelier. No quiso saber nada más de mí. Tuve que arreglármelas sola durante mucho tiempo-, recordó la mujer.

Mónica Lagos se enteró, según sostuvo en aquella ocasión, de su participación en el caso Letelier al ver las fotos de Michael Townley y Armando Fernández Larios en la prensa. Sólo en ese momento -aseguró- se dio cuenta de que había participado de alguna manera en la misión encomendada por la DINA.

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Mónica Lagos en 1978
Mónica Lagos en 1978

El rechazo de su novio en Estados Unidos la condujo a algunos de los peores momentos de su vida. En un comienzo pudo soportarlo. Consiguió trabajo en un restaurante de Los Angeles, en California -El Rincón Chileno- y llegó a tener un automóvil y cierto buen pasar. Pero en un momento, que ella no se explicaba, empezó a perderlo todo. Se le cerraron todas las puertas. Llegó a trabajar en una tienda en Hollywood pero la despidieron porque su presencia era lamentable, afirmó. El 2 de mayo de 1979 retornó a Santiago. 

-Estaba en un estado físico y mental deplorable. Sentía que me perseguían, creía que en cualquier lugar me podían matar, que la DINA estaba en todas partes, recordó. 

Reaparece Contreras 

-Un día me contactó la que había sido en la DINA mi jefa en los trabajos anteriores. A ella le conté lo deteriorada que sentía mi salud. Luego hablé con el oficial Manuel Palacios y él me dijo que vería qué hacer. 

-Poco después hablé con Manuel Contreras y le dije que me sentía muy mal. Él me dijo: 'No te preocupes. Tú estás sanita, muy sanita, indicó la ex agente.

Mónica Lagos aseguró que Contreras le envió a Vianel Valdivieso y a otro hombre que dijo ser un sicólogo. 

-No le creí al sicólogo, pero le seguí la corriente, señaló. 

En los días siguientes le dijeron que viajaría a Ecuador. 

Contó que el 17 de mayo de 1979 salió en avión rumbo a Ecuador. En ese mismo vuelo la acompañó, discretamente, Víanel Valdivieso. La DINA le tenía reservada una habitación en el Hotel Quito, en Quito, adonde llegó sola. Allí estuvo cerca de dos meses.

Un día, conversando con Valdivieso, éste le contó que alguien del gobierno le había preguntado por Liliana Walker e inquirido sobre los riesgos que existían si ella llegara a hablar. 

-Vianel me contó que le había contestado: "No te preocupes. Ella ya está muerta". 

El 5 de julio de 1979, Mónica Lagos Aguirre salió rumbo a Venezuela, donde permaneció con amigos y distanciada de la DINA -aseguró- hasta el 4 de noviembre de 1979, cuando decidió retornar a Chile. 

Posibles pruebas 

Mónica Lagos dijo que ella tenía pruebas de su viaje a Estados Unidos junto a Armando Fernández Larios. 

 -Compré algunas cosas allá que todavía conservo. En Estados Unidos debe estar aún el registro de la venta de esos productos. 

Sobre el viaje a Estados Unidos entre agosto y septiembre de 1976, Mónica Lagos no logró recordar con claridad si junto a Fernández Larios debían aparentar ser funcionarios del Ministerio de Obras Públicas o del Ministerio de Relaciones Exteriores. Tampoco pudo precisar si su pasaporte se lo devolvió a Fernández Larios en un aeropuerto de Estados Unidos, en el avión rumbo a Chile o en la losa del aeropuerto. 

Si se acordaba del lugar donde se hospedaron en la capital de Estados Unidos. Fue en el Hotel Washington, uno de los más importantes de la ciudad, en la avenida Pensilvannya con la avenida 15, a pocos metros de la Casa Blanca.

Otro dato que dijo recordar con precisión es que nunca puso su huella digital en el pasaporte. 

-Me lo pasaron para que pusiera mi firma. Nunca puse mi huella, aseguró.

Una nueva sorpresa

Mónica Lagos tuvo una nueva sorpresa al despertar al día siguiente en el hotel Las Acacias, en Vitacura. Los diarios ya no ahorraban recursos para levantar hipótesis sobre quién era la mujer de la que informaba La Época y cuál era su paradero. En una declaración del día anterior el ministro del Interior, Enrique Krauss, había afirmado que "Tenemos pistas de al menos 50 posibles Lilianas Walker". El diario La Nación escogió esa frase para su titular de portada.

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Algunas portadas del golpe noticioso
Algunas portadas del golpe noticioso

 Esa mañana del miércoles 18 toda la prensa se dejó caer en la casa de Amapolas. La familia Lagos Aguirre fue acosada en todos sus lugares de trabajo. Sólo Luis Lagos recibió la comprensión de sus superiores en el Hospital de Carabineros. Eso lo tranquilizó. 

A media tarde era evidente que las dudas sembradas sobre Mónica Lagos ponían de nuevo en peligro su seguridad y la de su familia. Si no le creían estaba perdida: ella lo sabía bien. Por eso, cuando uno de los abogados que la vio en la tarde anterior le propuso que ampliara sus declaraciones no opuso la tenaz resistencia de las horas previas. Se tomaron nuevas fotografías y ella redactó de puño y letra una declaración pidiendo perdón a la familia Letelier. 

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La nota con que Mónica Lagos pidió perdón
La nota con que Mónica Lagos pidió perdón

Este hecho resultaría crucial más tarde para que la abogada Fabiola Letelier diera plena credibilidad al relato de la ex agente. El hijo del ex canciller, Juan Pablo Letelier, que no conoció el dato porque estaba en Estados Unidos, continuó con sus dudas y sólo cinco días después vino a declarar que "no dudamos que sea agente de la DINA". En el intermedio sus dichos sirvieron a otros diarios para continuar la campaña de sospecha.

Dibujando conejos 

Esa noche, la familia tomó una decisión que parecía marcada con el coraje: retornó a la casa. Ahí fue entrevistada nuevamente por La Época, en una sesión que reveló las diferencias entre sus miembros: algunos conocían detalles del pasado de Mónica Lagos pero otros los habían ignorado... voluntaria o deliberadamente. 

Ya tarde, el redactor Juan Gonzalo Rocha llegó a Las Acacias para pernoctar. Lo acompañaba uno de los choferes. 

Mónica Lagos, sentada en una silla, observó en silencio a Rocha y respondió su saludo con un balbuceo. Eran las 22 horas del miércoles 18. Desde ese instante Rocha permanecería con ella durante las 28 horas siguientes. 

Mónica Lagos le contó que su primer interés había sido por el diseño. 

-Todavía es tiempo que estudies. Eres jóven-, le dijo el periodista. 

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La ex agente en el Hotel Las Acacias en Vitacura. En primer plano las zapatillas de su hija
La ex agente en el Hotel Las Acacias en Vitacura. En primer plano las zapatillas de su hija

La sugerencia cayó en el silencio. No hubo respuesta. 

Tras un momento, replicó: 

-Es que me fui por otra onda. 

La pequeña Paula dibujaba. Durante la permanencia en el hotel hizo varios dibujos, la estufa, una lámpara, pero fundamentalmente conejos, a los que daba distintos aspectos y fisonomías, algunos sonrientes, otros enojados. 

Recurso de protección

El jueves 19 fue el peor día. La prensa cercó la calle Amapolas y trató de abordar a la familia. Un equipo de un canal de TV optó por saltar la reja para acercarse más a la casa. 

La familia Lagos Aguirre aguantó la tensión encerrada. A eso del mediodía resultó evidente que la situación no podía mantenerse indefinidamente. La Época entendió que debía asumir la responsabilidad del caso a solas. Poco después de las 14 horas, el abogado Luis Sandoval presentó, a nombre del diario, un recurso de protección fundado en las amenazas contra la vida de los Lagos Aguirre. 

En menos de cuatro horas, por medio de un fallo unánime, la Corte de Apelaciones acogió el recurso y dio protección policial a la familia entera. 

Ya en la noche, Carabineros fue informado de la verdadera ubicación de Mónica Lagos. Mientras otros funcionarios se encargaban de proteger el pasaje de Amapolas, una unidad especial se trasladó a Las Acacias. Esa noche la mujer podría retornar a su hogar. Todo un equipo de editores y gerentes se trasladó al hotel para la entrega de la ex agente a la custodia policial. 

Pero allí los esperaba un imprevisto. Debido a la presión que había sufrido durante el día, la familia consideraba inconveniente que Mónica Lagos regresara esa noche. Había que desplazarla todavía por unas horas más. Funcionarios de carabineros de civil la acompañarían discretamente, desde una habitación contigua. Así fue. 

Salazar y Raventós se convencieron de que era necesaria una nueva emigración. Se la propusieron a ella: la hostería Millahue, en la localidad de El Melocotón, en el cajón del Maipo. 

La hora de traslado se fijó para la tarde. Poco después llegó hasta el lugar un equipo de Canal 13, encabezado por el periodista Jorge Hans. Ese canal sería el único en captar imágenes de Mónica Lagos. 

Hacia la precordillera 

A las 19 horas, el comisario de Las Tranqueras, en Vitacura, el mayor Sergio Jaña, decidió llevar adelante la operación. 

Un radiopatrulla y un automóvil particular conducido por Raventós salieron desde la unidad policial de Las Tranqueras hacia el hotel. 
El automóvil, donde además viajaban un capital de Carabineros y el editor nacional de La Época, se trasladó hacia el estacionamiento del restaurante La Estancia, en la avenida Las Condes. 

Jaña y su gente llegaron al hotel. Los policías del grupo que protegía a Mónica Lagos salieron con ella y su hija y abordaron un vehículo. 
Partieron raudos del lugar. El móvil de Canal 13 no logró seguirlos. 
Pocos minutos después llegaron al estacionamiento de La Estancia. Mónica Lagos, su hija y uno de los policías se trasladaron al automóvil que esperaba, y emprendieron la marcha hacia la zona del cajón del Maipo, escoltados por dos vehículos de protección.

Cerca de las 21 horas, Mónica Lagos y su hija estaban instaladas en una cabaña de la hostería Millahue, entre un frondoso bosque de eucaliptos.

A esa misma hora una misteriosa voz llamó a los medios de comunicación para informar que la mujer saldría en un avión LAN rumbo a Estados Unidos. 

Los periodistas no cayeron en esa tenebrosa trampa. Mónica Lagos no figuraba en los registros de pasajeros.  Algunos sí cayeron en otra: Las Ultimas Noticias publicó una delirante versión según la cual la ex agente habría sido conducida "a un inmueble dispuesto para esos efectos por la embajada de Estados Unidos en nuestro país y, por lo tanto, con inmunidad diplomática". 

Las Ultimas Noticias continuaría su cobertura del caso únicamente a través de versiones infundadas, a la zaga de todo: el lunes 23 afirmó que un agente del FBI había llegado a Santiago para vigilar a Mónica Lagos.

El miércoles 25 insistió con lo mismo y cesó sólo al día siguiente, cuando el embajador Charles Gillespie entregó un rotundo y obvio desmentido.

Aquella noche Mónica Lagos y su hija también durmieron tranquilas. 

Se pierde contacto  

Al día siguiente, cerca de las 17.30 llegaron periodistas de La Tercera de la Hora y Fortín Mapocho. El paradero de la ex agente de la DINA nuevamente se había filtrado. 

Los policías decidieron llevársela de allí. La Época esta vez no la acompañó. Estaba en manos seguras. Desde ese día el diario cortó todo contacto con ella.

Salazar, Cavallo y otros editores no lograban explicarse cómo se había filtrado hacia Canal 13 el paradero de Mónica Lagos cuando ella estaba en Las Acacias. Casi dos semanas después, mirando las noticias por la televisión en la redacción de La Época, lo comprendieron. En un reportaje de inusual extensión de Canal 13, el periodista Claudio Sánchez entrevistó al comisario de Las Tranqueras, donde este mostró, además, la visita a Santiago de unos carabineros destinados en el altiplano chileno, invitados y hospedados por esa unidad policial de Vitacura.

Salazar a la cárcel

En los días siguientes la Corte Suprema ordenó reabrir el denominado Caso pasaportes para esclarecer las circunstancias por las cuales viajaron los agentes de la DINA a Washington con pasaportes falsos. El 2 de mayo el fiscal militar Raúl Rozas llamó a declarar a Mónica Lagos, que estaba incomunicada, y al periodista Manuel Salazar.

Tras un largo interrogatorio al editor de La Época y a un careo de éste con la mujer, Rozas decidió dejar en libertad a la ex agente de la DINA y ordenar la detención e incomunicación de Salazar, quien fue ingresado al penal de San Miguel.

Al día siguiente, la reacción de rechazo a la medida fue casi unánime en todas las esferas ciudadanas. El presidente Patricio Aylwin manifestó que consideraba “inexplicable” la actitud del fiscal, mientras cientos de declaraciones de apoyo llegaban a la redacción de La Época.

En diversos medios de prensa, los periodistas pararon sus actividades en defensa de la libertad de prensa y en solidaridad con el colega encarcelado. Esa noche el fiscal Rozas dio un paso atrás y liberó a Salazar.

 La identificación de Mónica Lagos y la investigación que efectuó el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile sobre los pasaportes falsificados que usaron los agentes para viajar a Washington, estrecharon la red contra dos símbolos del terror durante la dictadura: el ex jefe de la DINA, el general en retiro Manuel Contreras, y el ex jefe de operaciones de este organismo, el brigadier Pedro Espinosa.

Menos de un año  después, la Corte Suprema reabrió el caso Letelier y designó al ministro Adolfo Bañados para que condujera la investigación. En 1993 Bañados declaró culpables a los máximos jefes de la DINA y los condenó a cumplir sus penas en la cárcel.

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Interesantísimo artículo que permite ir completando la historia de la Dictadura

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