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Martes, 24 de noviembre de 2020
Se autoidentifican 4.725 personas

Cómo el pueblo Chango logró derribar la historia oficial que los declaró como extintos

Paula Huenchumil

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Roberto Álvarez (Izquierda). Fotografía Agrupación Cultural Changos Descendientes del Último Constructor de Balsas
Roberto Álvarez (Izquierda). Fotografía Agrupación Cultural Changos Descendientes del Último Constructor de Balsas

En 1965 el arqueólogo Hans Niemeyer visitó la caleta Chañaral de Aceituno y se contactó con el último constructor de balsas de cuero de lobo, conocido como “Chango Robert”. Este hecho fue clave para el proceso que surge en la década de los 2000 cuando organizaciones comienzan a reivindicarse como pertenecientes al pueblo Chango, logrando hoy el reconocimiento legal. 

“Desde niños, desde siempre hemos sabido que somos Changos. Nuestros abuelos y padres siempre nos dijeron que éramos Changos pata rajá, eso nos enorgullecía”, recuerda Brenda Gutiérrez Almendárez (50 años), coordinadora del Colectivo Changos Vivientes, quien reconoce que durante su niñez fue víctima de discriminación por reconocerse como changa.

Luego de tres años de tramitación, el 8 de septiembre de 2020, la Cámara de Diputados, aprobó por 84 votos a favor, 28 en contra y 39 abstenciones, el proyecto de ley del año 2017, que modifica la ley creadora 19.253 de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi) para reconocer al pueblo chango como etnia indígena en Chile.

Además, la Comisión de Constitución del Senado aprobó por mayoría aumentar de 23 a 24 los escaños para los pueblos ancestrales, con el fin de asegurar la participación de los Changos en el Proceso Constituyente. También se consideró un cupo para el pueblo afrochileno. La iniciativa quedó en condiciones de votarse en sala.

“Este reconocimiento es devolverles de alguna forma lo que hemos perdido a nuestros ancestros. Mi papá tiene 84 años, estuvo sumamente emocionado, estaba feliz, no tenía palabras, lloró de emoción, de alegría. Todos sufrimos discriminación, varias personas nos decían que no existíamos, que estabamos extinguidos, pero nosotros estábamos a las orillas de la playa”, dice Brenda Gutiérrez oriunda de Paposo, Región de Antofagasta, quien ha tenido una vida ligada al mar junto a su familia, ya sea como recolectores de huiro o en la pesca artesanal.

El Censo 2017 contabilizó a 4.725 personas que se declaran como Changos desde la región de Antofagasta hasta Valparaíso, pero pese a que cerca de cinco mil personas se autoidentifican, para lograr este reconocimiento oficial han tenido que sobreponerse a distintos obstáculos, simplemente porque para el Estado y los libros de historia han sido catalogados como un pueblo extinto. 

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Chango Juan de Dios Díaz Gutiérrez. Fotografía cedida por Brenda Gutiérrez
Chango Juan de Dios Díaz Gutiérrez. Fotografía cedida por Brenda Gutiérrez

“El Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo” y la recuperación de la identidad viva 

Fue en la década de los 60’ cuando el arqueólogo Hans Niemeyer visitó la caleta Chañaral de Aceituno y se contactó con el último constructor de balsas conocido como Chango Robert, quienes trabajaron en la construcción de balsas de cuero lobo, ejemplos de este legado material, se encuentran en las colecciones del Museo Arqueológico de La Serena.

El último constructor de este tipo de embarcación, Roberto Álvarez, heredó este conocimiento ancestral de la familia Vergara. “Según datos tomados por Jorge Iribarren en una visita a Caleta Chañaral de Aceituno en 1955, la familia Vergara había transmitido por generaciones estos saberes desde Huasco hasta Punta de Choros, pequeñas caletas de entonces, donde se radicaron distintos miembros de esta familia”, indica el mismo museo.

Felipe Rivera Marin, presidente de la Agrupación Changos Descendientes del Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo de Chañaral de Aceituno, relata a INTERFERENCIA este episodio que marcó a su familia y a su pueblo.

“Nuestra caleta fue visitada por el arqueólogo Hans Niemeyer, y le pidió a nuestro abuelo que recordara la técnica que la había heredado de Nicolás Vergara, un chango de Punta de Choros. Ellos eran pescadores que ocupaban estas balsas como su sustento, para pescar, recolectar por la orillas y para transportarse”, relata.

Según indica el Museo Nacional de Historia Natural, la denominada “balsa de cuero de lobo cumplió un rol importante dentro de las actividades de pesca y especialmente en la práctica de arponeo, principalmente en épocas precolombinas, por grupos costeros, específicamente los conocidos como Changos, siendo ubicadas, cronológicamente, como balsas intermedias tardías entre el 1.000 y 1450 años d. C. Sin embargo existen antecedentes que el uso de estas embarcaciones se extendió incluso en épocas coloniales y republicana durante el embarque del salitre”.

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Balsas de cuero de lobo construidas por Roberto Álvarez y conservadas en el Museo Arqueológico de La Serena
Balsas de cuero de lobo construidas por Roberto Álvarez y conservadas en el Museo Arqueológico de La Serena

Rivera, quien también es uno de los voceros del Consejo Nacional del Pueblo Chango, el cual se constituyó el 24 de enero del 2020 en Taltal con el objetivo de “luchar por el reconocimiento del Pueblo Chango como pueblo originario de Chile con presencia territorial desde la Región de Antofagasta a Valparaíso”, añade que esa historia fue “bien recogida y documentada por un tío Oriel Álvarez Hidalgo, quien publicó en 2003 “El Último Constructor de Balsas de Cuero de Lobo”. Con este libro empieza a haber un revival de memoria y a la vez investigadores comienzan a llegar a la caleta de Chañaral para ver qué sucedía con el tema identitario”.

“Más adelante, el año 2008 sale una publicación de Astrid Mandel, quien habla de los procesos de etnogénesis en la caleta de Chañaral de Aceituno, cómo la identidad no era estática y entendió que esta memoria tenía elementos diferenciadores de otras identidades cercanas en pueblos. A través de las entrevistas nace un nuevo resurgimiento, nuevos recuerdos, conocimientos a reflexionar. Nace un despertar nuestro y empezamos a ahondar cada vez más lo que significa el legado de nuestros abuelos y la trascendencia que tenía para nosotros como familia”, agrega Felipe Rivera.

La antropóloga explica a INTERFERENCIA que el hallazgo clave fue en 2005 cuando inició su trabajo de tesis en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

“Comencé viendo que había un grupo de personas, en este caso en la caleta de Chañaral Aceituno en la tercera Región de Atacama que se autodefinían como Changos, diciendo ‘somos Changos’ en distintos contextos de sus vidas, pese a que el Estado chileno establecía que los changos eran un pueblo extinto. Entonces esto abre interrogantes y permite partir este camino de ver porqué hay gente que se denomina Changos si en el colegio nos enseñaban que ya no existen”, recuerda Astrid Mandel.

Su trabajo denominado Los changos de Chañaral de Aceituno: Dimensiones de una categoría histórica (2008) fue solicitado como bibliografía por la municipalidad de Taltal y por los parlamentarios interesados en rescatar de la invisibilización a este grupo indígena en la Comisión de Derechos Humanos, Nacionalidad y Ciudadanía del Senado.

La investigadora también destaca que “el último constructor de balsas de cuero de lobos, es sin duda, el primer reconocimiento que se hacía hacia los changos. Sus descendientes que viven en la caleta, que conocen muchas de las costumbres fueron los primeros en ir organizándose -asentándose de forma definitiva en esa caleta- con otros Changos de Punta Choros, los Vergara, quienes conocían los modos de vida antiguo”.

Respecto a su trabajo en terreno, Mandel señala que en el día a día las personas se autodenominaban como Changos. “Estaba presente en lo que se denomina proto memoria- que es una memoria inmediata que no se cuestiona (Candau)- en lo cotidiano en diversas circunstancias, pero no a nivel discursivo como reivindicación étnica-política en esos momentos. En su relación con otros, por ejemplo, con los agricultores campesinos del pueblo que queda al lado, Carrizalillo. También la pesca artesanal reivindicaba el vocablo chango ante un otro y las personas que se dedicaban a la recolección de orilla y que mantenían costumbres que eran catalogadas como changas en la localidad. A su vez, lo Chango tenía tanto connotación positiva como negativa, por eso para algunos era complejo autoreconocerse por los prejuicios coloniales”.

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Caleta Chañaral de Aceituno hacia los años 60'. Fotografía: Agrupación Cultural Changos Descendientes del Último Constructor de Balsas
Caleta Chañaral de Aceituno hacia los años 60'. Fotografía: Agrupación Cultural Changos Descendientes del Último Constructor de Balsas

Astrid Mandel confiesa que fue cuestionada cuando inició su investigación, ‘por qué estás inventando si este pueblo ya se extinguió, no existe’. “Pero tuve el apoyo de mi profesor guía Luis Campos - quien publicó la columna en Ciper: Reconocimiento del Pueblo Chango, la incómoda aparición de un pueblo fantasma- él estaba en un proyecto con el Pueblo Diaguita que estaban en plena etnogénesis y en procesos de reconocimiento, de alguna manera estaba esta idea, de ‘ahora van a aparecer todos los grupos que se consideraban extintos y no hay suficientes pruebas’.

“A pesar de esta dificultad, mi investigación refleja un momento, y siempre la planteé así, una radiografía de lo que pasaba. Sienta las bases de alguna forma para que después se puedan tomar esos elementos y reivindicarlos como antecedentes para argumentar la existencia de los Changos. Sin embargo, no habla de un discurso más político, sino que muestra lo que pasa y que es que la gente se autodefine (o autonombra como changa) y tiene relación con “lo chango” a través de los vestigios arqueológicos con los que conviven. Con el hecho de que en la caleta encontramos a los herederos de la construcción de balsas de cuero de lobos, de tener una estrecha relación con el mar y se siguen autodenominado changos. Lo que pasa después es producto de su propio proceso y de tomar conciencia de su identidad como pueblo”, concluye la investigadora.

Mientras que Felipe Rivera reflexiona: “Nosotros vivimos con esta identidad, que hoy es un orgullo, es un nuevo trato al pueblo chango, nuestros abuelos sí que sufrieron, fueron maltratados, les decían changos despectivamente, los discriminaban porque eran más morenos, porque iban a pata pelá, muchos no tenían zapatos, andaban con olor a pescado. Nuestros abuelos y tíos saben que eso ha cambiado. A partir de hoy podemos reivindicar a un pueblo a partir de todo un sufrimiento de exclusión y discriminación".

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Reunión del Consejo Nacional del Pueblo Chango en enero de 2020
Reunión del Consejo Nacional del Pueblo Chango en enero de 2020

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Comentarios

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Felicitaciones

Buena nota, debería ser material de apoyo docente y ser publicado por currículum del mineduc.

Interesante la nota, serìa bueno dar mayor difusi`n.

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