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Domingo, 15 de diciembre de 2019
Efecto boomerang

Crisis migratoria en Chacalluta: Chile acepta a venezolanos, pero no a los pobres

Maximiliano Alarcón G. (Desde Tacna)

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Fotografía: Maximiliano Alarcón
Fotografía: Maximiliano Alarcón

Unos 1.000 venezolanos viven y duermen a la intemperie en una calle de Tacna, fuera del consulado chileno. Tras su paso por Cúcuta en febrero, Piñera trató de capitalizar la crisis de ese país a su favor. Ahora en la frontera norte miles de venezolanos tratan de entrar a Chile. Pero son los más humildes, no los ‘exiliados políticos’.

Cerca de las 20 horas del martes en Tacna, una contadora auditora venezolana, llamada Gioveidiscar esperaba un bus con destino a Arica en el terminal de buses de esa ciudad peruana. En el fondo sabía que no podría ingresar a Chile, pero un nuevo intento por traspasar el paso fronterizo de Chacalluta era su única alternativa ante la desesperación. En esta ciudad peruana, días antes fue perseguida por dos hombres, por lo que tuvo tirar su maleta para correr más fuerte y escapar. Además, en Santiago su marido está solo y en malas condiciones.

“Mi esposo sufrió un intento de homicidio no culposo, se encuentra con terapia física y psiquiátrica, él está solo y me necesita. Intentaré nuevamente cruzar la frontera para ver si me dan solución. Llevo diez días en el consulado chileno sin tener respuesta, sólo que espere. Los documentos que me piden los tengo a la mano y lo que me dicen es que no me pueden atender porque no tengo niños. Voy a seguir intentando”, dijo a nuestro medio.

La mujer es una más de los cerca de mil venezolanos que se encuentran en Tacna –según cifras del Gobierno Regional de Tacna y la policía local–, escapando de la crisis política de su país, intentando encontrar un futuro mejor en Chile, uno más próspero según han oído de sus 288.233 compatriotas que se encuentran viviendo en nuestro país.

El pasado 22 de junio entró en vigencia la visa de Responsabilidad Democrática, medida anunciada por el presidente Sebastián Piñera en 2018 para refugiar a los venezolanos que huyen de la grave crisis económica del gobierno de Nicolás Maduro. Pero en la práctica ha significado una regulación para seleccionar quiénes serán los venezolanos que harán su vida en Chile y quiénes no.

En la avanzada internacional contra el gobierno chavista, Chile ha tenido un rol estelar al interior del Grupo de Lima. Sebastián Piñera fue uno de los presidentes que estuvo en febrero de este año en Cúcuta, frontera de Venezuela con Colombia, cuando se intentó ingresar las casi 100 toneladas de ayuda humanitaria. En aquella ocasión dijo: “Hay dos opciones: o se opta por el camino de la libertad, de la democracia y del respeto a los Derechos Humanos, que es lo que anhela la inmensa mayoría de los venezolanos, o se sigue apoyando a una dictadura que sólo ha traído sangre, sudor y lágrimas al pueblo venezolano”.

Pero hoy la postura del gobierno chileno y del mandatario con respecto de los venezolanos no está enfocada en el ámbito de los derechos humanos. Desde que entró en vigencia la visa de Responsabilidad Democrática la puerta de entrada para estos refugiados se ha ido cerrando de a poco. Hoy el discurso Piñera es distinto al de los días de verano de Cúcuta.

“Como Presidente estamos defendiendo una causa que es justa y que es noble: que las personas que entren a Chile, entren diciendo la verdad y respetando nuestra legislación. Por eso tenemos las puertas abiertas para aquellos que vienen cumpliendo nuestras leyes, sin engañar a nuestras autoridades, a integrarse a nuestro país, a trabajar en forma honesta. Pero no queremos que ingresen a nuestro país aquellos que nos causan daño. Y por eso estamos tomando medidas especiales para proteger mejor nuestras fronteras, y especialmente las fronteras del Norte de nuestro país”, afirmó hace unos meses el mandatario.

Hasta antes del 22 de junio, los venezolanos que vivían en Chile llegaban como turistas. Ya en Santiago u otra ciudad, si es que tenían un título profesional, presentaban una promesa de trabajo para conseguir la residencia, mientras que en caso de no tener un certificado universitario, bastaba con un contrato firmado para conseguir lo mismo.

Actualmente, la visa de Responsabilidad Democrática, según ha dicho el gobierno chileno, exige certificado de antecedentes de Chile y Venezuela, además del pasaporte (se acepta si venció desde 2013 en adelante).

Pero según múltiples testimonios recogidos por INTERFERENCIA afuera del consulado chileno en Tacna, las autoridades chilenas están rechazando visas por otros motivos, por ejemplo, principalmente la falta de título profesional, pero también la exigencia de que una persona los reciba en Chile y que cuya renta corresponda a dos sueldos mínimos. Pero según las declaraciones de algunas familias a nuestro medio, una funcionaria incluso rechazó una visa argumentando que “en Chile todo es muy caro”.

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Fotografía: Maximiliano Alarcón
Fotografía: Maximiliano Alarcón

La actual crisis migratoria comenzó a hacerse evidente el mismo 22 de junio, cuando partió la nueva normativa chilena. Desde entonces, los venezolanos comenzaron a agolparse en el paso fronterizo de Chacalluta. Fueron cerca de mil personas quienes durante semanas durmieron a la intemperie, conviviendo con un frío al que no están acostumbrados por las altas temperaturas de su país natal.

Las imágenes de Chacalluta, que mostraban incluso a bebés de dos meses de vida bajo las mencionadas condiciones, impactaron socialmente al punto que el gobierno chileno tuvo que actuar de alguna forma. Por esto, el 29 de junio pasado la gobernación de Arica dispuso una serie de buses para trasladar desde la frontera en medio del desierto a los migrantes hacia el consulado chileno en Tacna.

Pero el Ejecutivo no especificó que la gestión consistió tan sólo en dejar a las personas en las afueras del edificio diplomático. Desde entonces, cerca de 1.000 venezolanos –según cifras de la policía y el Gobierno Regional de Tacna–, están viviendo en la calle, en campamentos improvisados afuera del consulado chileno, soportando el mismo frío que conocieron en el paso fronterizo.

Ayer miércoles, el subsecretario del Interior, Rodrigo Ubilla, visitó el paso fronterizo de Chacalluta, donde actualmente no quedan venezolanos. Cerca del lugar, la única medida tomada por el gobierno chileno fue dejar un retén móvil de Carabineros a cerca de un kilómetro del paso fronterizo, para impedir que venezolanos que no cuentan con todos sus documentos crucen a Chile.

El campamento de mil venezolanos

INTERFERENCIA llegó hasta las afueras del consulado chileno en Tacna a las 10 horas hora local del día del martes. De inmediato se notó la disonancia entre la información de medios tradicionales en Chile con lo que era evidente al llegar al lugar.

La misma mañana, La Tercera en su artículo “Gobierno proyecta que 300 mil venezolanos podrían llegar a Chile entre 2019 y 2020” había publicado que “el diagnóstico compartido este lunes en el comité político ampliado de La Moneda fue que el gobierno había logrado evitar una crisis humanitaria en la frontera norte del país, pero que aún existen diversos aspectos que abordar para contener la gran cantidad de migrantes venezolanos que llegarían a Chile en el corto plazo”.

Los cerca de mil venezolanos a la deriva se encuentran en la calle Presbiterio Andia, donde está el consulado y también el Gobierno Regional de Tacna. A lo largo de este angosto pasaje no existe antejardín sin carpas instaladas –compradas o improvisadas–, en las que viven actualmente las familias de venezolanos. Muchas de estas personas no tienen oficio ni menos un título profesional. Son los “más humildes”, según ellos mismos confiesan a INTERFERENCIA. Llamaba la atención la abundancia de niños e incluso bebés. Las casas del lugar, en tanto, pertenecen a militares, por lo mismo se encuentra personal del Ejército de Perú custodiando los hogares, pero en buena relación con los venezolanos.

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Fotografía: Maximiliano Alarcón
Fotografía: Maximiliano Alarcón

La alimentación es escasa, puesto que el dinero es poco. Mientras nuestro medio estuvo en el lugar, fue testigo de dos comidas, una cerca de las 13 horas y otro a las 19 horas. Estas eran entregadas por voluntarios de organizaciones peruanas, como la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistencial (ADRA).

Un anciano comerciante peruano vendía helados de crema en un carro, motivando sin querer el llanto de muchos niños, cuyos padres no tenían dinero para conseguir el dulce. Metros más allá, un caraqueño sentado en la vereda vendía por 5 soles peruanos un plato de pabellón, tradicional comida venezolana que provocó una discusión a gritos entre el vendedor y un gracioso cliente maracucho, quien alegaba que la preparación no debe llevar huevo. Cerca de cincuenta venezolanos se reían a carcajadas alrededor por este ejemplo de la tradicional rivalidad entre Caracas y Maracaibo.

Por su lado, los niños se divertían dibujando bajo los toldos de la Cruz Roja, mientras que en la esquina del consulado, durante gran parte del día un venezolano cortaba el pelo a distintos compatriotas, mientras varios de los mismos aplaudían la técnica del barbero, escena muy común hoy en día en varias peluquerías en el centro de Santiago.

Los migrantes buscaban cómo divertirse, pero más eran los momentos de angustia. Media hora después de la llegada de INTERFERENCIA al improvisado campamento, un hombre cayó al suelo producto de un ataque de epilepsia. Según personal de la Cruz Roja –cerca de diez personas–, fue producto del cansancio y el estrés. Asimismo, según contaban los venezolanos del lugar, durante los días anteriores fueron varias las embarazadas que sufrieron desmayos y síntomas de pérdida.

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Fotografía: Maximiliano Alarcón
Fotografía: Maximiliano Alarcón

Durante la noche el gobierno regional de Tacna dispuso de un albergue, pero tan sólo 230 personas accedieron a entrar, puesto que temían perder la posibilidad de ser atendidos rápidamente por el Consulado chileno.

Ayer miércoles la situación empeoró. Unos baños químicos que dispuestos para la gente, fueron retirados, por lo que muchos orinaron y defecaron en la calle.

Mientras el subsecretario Ubilla estaba en Arica, en el consulado de Tacna se tomaban medidas luego de una reunión llevada a cabo durante la mañana con el Gobierno Regional de Tacna. El gobierno chileno envió a un funcionario para que mejorara la coordinación en el consulado. Esto a través de la entrega de números de atención, fijando el día y hora en que cada familia debe acudir. Con esto esperan despejar, de a poco, las calles.

Pero la gran mayoría no quiere moverse, puesto que desconfían del consulado de Chile, tanto por la tardanza en dar soluciones, como también por las múltiples excusas que han dado para rechazar las visas.

La desesperación es alta, tanto que algunos venezolanos han optado por cruzar ilegalmente a Chile, tal como reconoció públicamente el subsecretario Ubilla en Arica. Sobre esto, INTERFERENCIA fue testigo como en el terminal de buses en Tacna, un ciudadano colombiano ofreció a un venezolano cruzar de manera ilegal a Chile a cambio de 70 dólares. 

Así las cosas, en terreno queda claro que la política internacional de Piñera respecto de Venezuela se ha vuelto un boomerang. Mientras en febrero se las daba de estadista, ahora el gobierno de Chile enfrenta una crisis humanitaria real en la frontera norte de Chile.

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