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Sábado, 24 de agosto de 2019
Los últimos petroglifos de la cultura Diaguita

Crónica de una visita al museo de Monte Aranda

Michael Lieberherr & Lila Osorio

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Fachada de casa con rayados, Caimanes, 2018.
Fachada de casa con rayados, Caimanes, 2018.

Mientras los autores de esta crónica reporteaban para escribir Cómo minera Los Pelambres destruyó gran parte del patrimonio diaguita, fueron al Museo de Monte Aranda, en la cuarta región, a ver los petroglifos. Esto fue lo que encontraron. 

Para llegar al museo Monte Aranda es necesario adentrarse en los paisajes de oasis de la cuarta región. Con el sol en lo alto, y con más de 30° grados de temperatura, el camino hasta el museo se realiza cruzando los múltiples valles de la zona en un auto particular o tomando una micro rural y caminando el tramo que ésta no cubre. El calor de la comuna de Socavón y los túneles construidos a principios de 1900, caracterizan el camino y nos abren paso hasta llegar al pueblo.

Al ingresar a la comuna de Caimanes, muy cerca del museo, resalta el muro de una casa donde hay dibujado un grifo con la sigla MLP, desde ahí salen gotas de agua con el símbolo de la muerte, haciendo clara alusión a la contaminación que ha generado la minera. El resto del lugar se ve desértico: casas de adobe, caminos de tierra, cerros con espinos, y ni una sola persona.

Aunque en la descripción de la página web del museo diga que son 250, la guía afirma que solo son 241.

El Parque Rupestre Monte Aranda está ubicado a menos de 10 minutos del centro de Caimanes. Somos la única visita del lugar y se nos acerca de inmediato una guía. Nos explica que el parque cuenta con una sala central, donde hay una exposición permanente sobre la historia del campesinado chileno, y tres senderos para ver los petroglifos. Los circuitos se dividen según su extensión y corresponden al circuito corto, el medio y, por último, el circuito largo. En total, 42 kilómetros de recorrido.  

Antes de comenzar el sendero patrimonial, la guía nos ofrece bloqueador, gorros y botellas de agua marca Vital, mientras nos introduce sobre el trabajo de la minera en la zona. Nos cuenta sobre el impacto que ha generado la minera a nivel social en el lugar, a partir de la construcción de un centro deportivo. En este centro se realizan las actividades que reúnen al pueblo en ocasiones como bingos solidarios, navidades, fiestas costumbristas, entre otras.

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Panel informativo Parque Rupestre Monte Aranda, Caimanes, 2018.
Panel informativo Parque Rupestre Monte Aranda, Caimanes, 2018.

Una vez iniciado el recorrido, la guía nos conduce por el parque, mientras nos relata el trabajo de rescate realizado por Minera Los Pelambres. Su labor es dejar en claro que las piezas arqueológicas se encuentran en mejores condiciones dentro de las instalaciones del parque, pero al preguntarle por el estado de las piezas, o por si las piezas dispuestas en el recorrido eran la totalidad encontrada en El Mauro, argumenta amablemente que no está capacitada para responder.

Las maravillas de la flora y fauna desértica crean el encuadre perfecto para admirar los dibujos plasmados en las piedras de El Mauro. 241 figuras antropomorfas, zoomorfas y no figurativas pueden observarse delineadas en las piedras. Aunque en la descripción de la página web del museo diga que son 250, la guía afirma que solo son 241.

Se nos explica que todas las piezas fueron estudiadas y dispuestas en la misma orientación que la que tenían en El Mauro, pero no mencionan que el espacio destinado en Monte Aranda es cuarenta veces más pequeño. 

Esta contradicción sólo da cuenta que las instituciones a cargo no tenían claridad alguna de la cantidad de sitios arqueológicos que había en la zona. La falta de información clara en las instituciones públicas incumple el artículo 1 de la ley 17.288 sobre monumentos nacionales, el cual establece que la protección y tuición de los monumentos nacionales está a cargo del Consejo Nacional de Monumentos Nacionales.

Se nos explica que todas las piezas fueron estudiadas y dispuestas en la misma orientación que la que tenían en El Mauro, pero no mencionan que el espacio destinado en Monte Aranda es cuarenta veces más pequeño; nos relatan también, que el daño visible en las piedras se debe al rasgar de las pezuñas de los animales que habían en El Mauro, pero al preguntar por si el desgaste se pudo ver acelerado por las condiciones de almacenaje de las piezas se nos dijo que no podían dar respuestas, que ese era trabajo de los arqueólogos.

En uno de los carteles informativos de la sala central se puede leer: “(...) el parque se desarrolla a lo largo de senderos interpretativos que reproducen las rutas a través de las cuales los Diaguita transitaban por El Mauro. El Parque se extiende en un área cuarenta veces más pequeña que la de Mauro; sin embargo, los bloques han sido distribuidos a lo largo de ellos de manera similar a la original, manteniéndose las relaciones espaciales entre bloques de un mismo sitio y conservando su orientación cardinal”.

Al finalizar el sendero, ya de vuelta en la casona del parque, nos hacen rellenar formularios de información en los que debemos indicar nuestra edad, ocupación y lugar del que provenimos. Se nos reitera al despedirnos la importancia del rol de la minera en el rescate de las piezas, pero nunca se nos dice de quién se las rescata, o por qué se mueven en un momento inicial. Este silencio esconde una historia oscura, llena de irregularidades, que generó la paradojal situación de que una empresa rescate piezas arqueológicas del daño que ellos mismos realizan.

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Comentarios

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Patricio Bustamante fue el primero que dio la voz de alerta al señalar que las piezas arqueológicas saqueadas por MLP en connivencia con otros ‘próceres’ tenían registro de observaciones astronómicas que se perdió al cambiarlas de sitio sin haber desentrañado su valioso contenido. Es el mayor crimen cometido contra la cultura ancestral. Triste récord de Luksic y cia: no solo dañar el Medio ambiente sino destruir el patrimonio cultural de la humanidad.

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