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Viernes, 5 de marzo de 2021
Biografía

'Después de vivir un siglo': los últimos momentos de Violeta Parra

Víctor Herrero A.

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´Después de vivir un siglo´, editorial Lumen, 2017, Víctor Herrero
´Después de vivir un siglo´, editorial Lumen, 2017, Víctor Herrero

Al conmemorarse un nuevo aniversario de la muerte de la artista, INTERFERENCIA publica las páginas finales de la biografía escrita por Víctor Herrero para editorial Lumen (2017).

Santiago de Chile, enero de 1967

Los chilenos que la noche del 31 de diciembre de 1966 sintonizaron la Radio Magallanes, oyeron la voz de Violeta Parra:
"Con mi voz ronca, con mis 49 años y con mi figura sencilla he podido comprobar que el pueblo de Chile sabe reconocer el esfuerzo de una persona que se ha roto el alma y ha sangrado para llegar a esto: fundir su alma de artista con el alma de artista del público".

Se trataba de una entrevista hecha por René Largo Farías, cuyo fin era repasar los últimos doce meses y proyectar el nuevo año. Violeta Parra, refiriéndose a sí misma en tercera persona, dijo:

"Voy a terminar con estas palabras [...] a todos los chilenos que aman la música chilena, y a los que no la aman también, un abrazo grande de Año Nuevo. Que todos los deseos de los chilenos se cumplan y que la Violeta Parra tenga la suerte de seguir cantando como hasta ahora, para terminar el trabajo que se ha propuesto".

Pese a su optimismo, Violeta lo estaba pasando cada vez peor.

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´Después de vivir un siglo´, editorial Lumen, 2017, Víctor Herrero
´Después de vivir un siglo´, editorial Lumen, 2017, Víctor Herrero

A fines de diciembre había invitado a la Carpa de La Reina a uno de los grupos revelación del momento: Quilapayún. Sin embargo, llegaron tan pocas personas que la función se tuvo que suspender. Otra noche, Ángel les mostró Las últimas composiciones a sus amigos en la Peña de los Parra. Joan Turner lo recordaría así: "Sólo a fines de 1966,poco antes de su muerte, se dejó sentir entre la generación de compositores más jóvenes todo el impacto de su muerte, se dejó sentir entre la generación de compositores más jóvenes todo el impacto de su talla y creatividad. Recuerdo que una noche [...] oímos por primera vez el “Gracias a la vida” y Víctor se sintió conmovido hasta las lágrimas". 

Violeta nunca supo de este silencioso y creciente reconocimiento de los músicos jóvenes. Casi todos ellos interpretarían con el tiempo sus canciones y afirmarían que ella era, en esencia, la verdadera madre de la Nueva Canción Chilena. Pero para entonces Violeta ya había muerto.

La exitosa peña de sus hijos decidió, a mediados de enero de 1967, cerrar por unas semanas el boliche para disfrutar de las vacaciones de verano. Algunos de los amigos se preparaban para presentarse en el Festival de Viña del Mar. Violeta, por su parte, estaba casi sola en su inmensa carpa, acompañada únicamente por Carmen Luisa y Alberto Zapicán.

La relación con su hija menor se deterioraba y las peleas se tornaban constantes. "Mi madre era un ser muy contradictorio -afirmó Carmen Luisa-. Me sacó mil veces del colegio porque decía que no servía para nada. Y después me compraba muchos libros, muchos, e intentó hacerme leer El Capital, ¡pero eso era absolutamente loco!".

Un día de ese verano Carmen Luisa salió con su pololo y Violeta se indignó cuando la vio llegar atrasada en la noche. La adolescente se desesperó tanto que le dijo a su madre que estaba aburrida de todo y que lo único que deseaba era matarse. Violeta se quedó mirándola con ojos de pena:

-Mira, Carmen Luisa, cuando uno quiere matarse se mata calladita. Yo nunca te voy a decir nada a ti que mañana me voy a
matar o que tengo ganas de matarme.

Con Alberto Zapicán la relación era incluso más tensa. El uruguayo, pese a ser retraído, no aceptaba atropellos emocionales y
a fines de 1966 simplemente se fue de La Reina por un tiempo. Indignada, Violeta sospechaba que Zapicán se había ido a Valparaíso a ver al Gitano Rodríguez. Así que le escribió una larga carta al porteño:

"Tú sabes que yo quería olvidarme para siempre de Gilbert. De los seis años con ese niño que es Gilbert. Alberto lo interpretó mal, creyó que yo me agarraba de él porque estaba "muy solita"... Se sabe que la Violeta Parra es la mujer más acompañada del planeta. Cada día de peña hay un adorador que quisiera acompañarme a deshojar flores. No lo hago porque yo deshojo flores sólo cuando yo lo dispongo".

Para Violeta fue un permanente motivo de frustración el no poder controlar a Zapicán de la misma forma en que lo había hecho con Gilbert. Ya en Las últimas composiciones le había dedicado al uruguayo dos canciones que hablaban de eso. Una era el rin "El Albertío", mezcla de las palabras "Alberto" y "advertido".

iYo no sé por qué mi Dios

le regala con largueza

sombrero con tanta cinta

a quien no tiene cabeza!

[...]

Yo te di mi corazón:

idegüélvemelo enseguí'a!

A tiempo que me hei da'o cuenta

que vo' no lo merecías.

 

Pero el uruguayo, que había tocado los tambores en esa canción, no se descorazonó. "Fue un tema que hizo muy rápido, y claro que lo discutimos luego -afirmó en una conversación con la periodista Marisol García-. No me siento afectado: aunque ella hablara mierda de mí sería un honor; por último perdió el tiempo conmigo y no con otros". En la carta que le envió al Gitano Rodríguez a fines
de 1966, Violeta ventiló sus frustraciones, pero no sólo las que se vinculaban con Alberto Zapicán, sino con toda una generación de jóvenes que, a juicio de ella, estaban jugando a ser revolucionarios.

¿Comunista, liberal, conservador? ¿Anarquista, filósofo? ¡Poeta,pintor,artesano? Hombre corriente? Creador? Carpintero? Nada de esto, Osvaldo. Nada, desgraciadamente. Una mañana le vomité un discurso entero sobre los románticos revolucionarios de café durante el día y a la luz de la luna durante la noche, escondidos detrás de un bigote, unas patillas y una melena larga existencialista. De estos revolucionarios está lleno el planeta.

A mediados de enero, Violeta y Alberto hicieron planes para ir a Uruguay y conocer a la familia. Él compró dos pasajes en tren, con
fecha para el 7 de febrero.

Metódica y anticipada como siempre, la cantante escribió una carta a la madre de Alberto y en esta le pidió que avisara de su llegada a los artistas folclóricos locales. Pero las peleas de pareja iban en aumento. "Se hallaba muy mal -recordó el uruguayo-. Para dormir tragaba muchas pastillas, y a veces se tomaba un trago. Eso la ponía más violenta".

Los últimos días de enero, Zapicán ya no aguantaba el ambiente de La Reina y optó por escaparse. Carmen Luisa fue su ayudante. El uruguayo partió de nuevo a Valparaíso, a la casa de su amigo Osvaldo Rodríguez. "Mi mamá se puso loca, hasta que me zamarreó y me exigió que le dijera dónde estaba [Alberto],recordó la hija. Y a esta no le quedó otro remedio que revelar la ubicación. Ambas partieron en un taxi para recorrer los más de cien kilómetros que hay hasta la costa.

"Alberto se quedó impresionado con lo que había hecho Violeta -dijo Carmen Luisa-. Pero le tenía miedo, claro".

En estas conflictivas semanas Violeta compuso una canción que nunca lograría grabar, aunque su hija Isabel sí lo hizo después. Era un joropo que comenzaba con estos versos:

El hombre que yo más quiero

en la sangre tiene hiel;

me deja sin su plumaje

sabiendo que va a llover.

 

A fines de ese mes, René Largo Farías se reunió con los cantantes y conjuntos musicales que el 2 de febrero iban a partir a una nueva gira de Chile Ríe y Canta. Esta vez el destino era Coyhaique, una localidad ubicada en medio de enormes estancias ganaderas de la Patagonia chilena y que por entonces tenía unos quince mil habitantes. Radio Minería venía anunciando hace algunas semanas esta nueva gira y la organización ya había impreso afiches y folletos con las fechas, horas, lugares y participantes. Entre los músicos confirmados estaba Violeta Parra.

Todos los involucrados en la gira se congregaron en un pequeño departamento cerca de la Plaza de Armas de Santiago para afinar, junto a Largo Farías, los últimos detalles. Ahí estaban Quilapayún, Patricio Manns, el folclorista chillanejo Osvaldo Alveal y varios más. La reunión ya estaba en pleno desarrollo cuando de pronto se abrió la puerta y apareció Violeta. "Andaba con un charango, se notaba que había estado llorando, tenía el pelo desordenado tapándole la cara, estaba conmocionada", recordó Patricio Manns. La cantante se sentó en la mesa y, según evocó el mismo Manns, dijo:

-Yo quiero aprovechar este momento para hablar con todos y con René.

Hubo un silencio.

-Yo quiero ir a la gira con ustedes, pero necesito que me paguen más, porque se cayó la carpa, está en el suelo, tengo que invertir más en los pilares.

-Mira, Violeta, el problema es que esto es como una cooperativa, los dineros ya están destinados. Y tú vas a ganar esto -contestó René Largo Farías.

-Pero es que con eso no llego ni a la esquina -se quejó Violeta.

-Aquí todos tienen problemas, pero no puedo resolver cada uno de ellos.

En ese momento Violeta se puso a llorar. Y tras unos segundos de llanto, estalló en ira y lanzó garabatos y maldiciones. Tras calmarse un poco, le comunicó a Largo Farías:

-René, no voy a la gira. Si no me pagas más, me quedo acá.

Pero el productor y locutor radial, que era miembro del Partido Comunista, no dio su brazo a torcer.

-Pucha, Violeta, es que eres tan caprichosa -le contestó René-. Siempre todo tiene que girar en torno a ti.

Cuando Violeta escuchó esa frase se levantó de su silla, se dirigió a Patricio Manns, que estaba sentado al lado de la puerta, le dio un largo beso en la boca, giró y les dijo a los presentes: "Con esto me despido de todos ustedes". Después abrió la puerta y se fue. 

Un domingo en el cielo

El último domingo de vida de Violeta Parra comenzó el sábado 4 de febrero. Por la tarde fue a visitar a Nicanor en su parcela.

Violeta se sentía sola. Sus hijos habían partido de veraneo a la playa. Aunque Ángel e Isabel la invitaron, ella no quiso ir. Sus
amigos, como Rolando Alarcón, Patricio Manns, Gabriela Pizarro, Margot Loyola y tantos otros, también estaban de vacaciones o en el Festival de Viña. Nicanor había preparado un gran almuerzo. Violeta llegó un poco tarde y llevaba de regalo algo curioso: patos blancos, vivos. La cantante iba con un amigo llamado Carlos Rodríguez. "Era un hombre joven, apuesto. No sé si era un pololo de ella o un amigo no más", rememoró el hermano mayor.

Después de almorzar, Violeta animó la sobremesa con su guitarra y su canto. Insistió en tocar varias veces "Un domingo en el cielo", una canción de estilo sirilla que había creado en Europa, pero que tampoco grabó. La letra retrataba una fiesta que los santos organizaron en el cielo. Y de esta forma terminaba:

Aquí llegó el Padre Eterno

pa' levantar el permiso.

Fue tanta su turbación

que clausuró el paraíso.

 

Nicanor insistió en que cantara "Según el favor del viento", el tema dedicado a los chilotes que era uno de sus favoritos. Violeta accedió sin muchas ganas y volvió a cantar "Un domingo en el cielo". Tras la velada se despidieron y Violeta regresó a la carpa. Ese sábado continuarían las funciones, aunque el público seguía siendo escaso.

El domingo 5 de febrero se despertó temprano, como de costumbre. Exigió a gritos que Alberto o Carmen Luisa calentaran el
agua en la tetera para hacerse un té. Salió a comer algo rápido para el desayuno. Estaba vestida con un atuendo de colores y zapatos blancos. Después se encerró sola en su habitación.

Su hija y su pareja estaban acostumbrados a esos episodios de ensimismamiento, así que no prestaron mucha atención mientras pasaban las horas y la cantante seguía encerrada. Alberto Zapicán recordó que la folclorista ponía una y otra vez "Río Manzanares", una canción venezolana que solían interpretar Isabel y Ángel y que a ella le gustaba mucho. La letra decía:

Río Manzanares,

déjame pasar,

que mi madre enferma

me mandó llamar.

[...]

Mi madre es la única estrella

que alumbra mi porvenir

y si se llega a morir

al cielo me voy con ella.

 

Alberto, Carmen Luisa y Violeta almorzaron cerca de la una de

la tarde. La cantante no pronunció palabra y se metió de nuevo en su cuarto. Ahí empezó a escribir sin parar, mientras escuchaba "Río Manzanares". También se puso a tomar vino. Debido a sus recurrentes enfermedades hepáticas, apenas podía beber alcohol. Pero esa tarde tomó un vaso de vino tras otro.

Hacia las cinco de la tarde, cuando los termómetros en Santiago marcaban 33 grados de calor, salió raudamente de su pieza
e increpó a Zapicán, que estaba sentado debajo de un árbol, por todos los malos momentos que le había hecho pasar y le preguntó:

-Dónde no falla un tiro?

-Aquí- le respondió el uruguayo tocándose la sien derecha. A los pocos minutos, recordó Alberto, sonó un estampido desde la habitación de Violeta.

Nicanor, sin embargo, le contaría una versión algo distinta a la periodista Marie Magdeleine Brumagne, que se había vuelto amiga de Violeta en Ginebra. En su autobiografía, Brumagne relató la siguiente escena:

"Ella tenía un amante joven. Tuvieron un altercado, uno más supongo. Superado por la reyerta, que con Violeta podía llegar a niveles vertiginosos, el muchacho hizo un amago de salir de la habitación en la cual estaban ambos. "Si sobrepasas esa puerta, me mato", gritó ella. Él salió. Apenas se cerró la puerta sonó el disparo".

El certificado de defunción estableció que la muerte se produjo a las 18.00 horas. La causa fue una bala de 5,4 gramos en la sien derecha, sin salida de proyectil.

Violeta le dejó una carta, que se manchó de sangre, a su hermano Nicanor. Este nunca la ha querido revelar, pero ha asegurado que contiene una crítica descarnada a la propia familia y a algunos políticos. Isabel la leyó una vez. "No deja títere con cabezas, afirmó. "Hijos incluidos".

Considerando que la alcoholemia que se realizó durante la autopsia arrojó que Violeta Parra tenía 2,54 milígramos de alcohol en la sangre, lo que equivale a un estado de extrema ebriedad, tal vez aquella misiva no fuera escrita estando ella en su sano juicio. Los pocos que han podido verla señalan que al final dice: 

"Me cago en las despedidas".

***

Desde las siete de la tarde las agencias comenzaron a informar acerca de la muerte de la folclorista. Muchas radioemisoras, incluyendo las que nunca habían puesto música de Violeta, interrumpieron sus transmisiones. En la noche la noticia llegó a La Paz. Gilbert Favre se puso a llorar amargamente.

Al día siguiente los grandes diarios del país titularon con el suicidio, aunque no como portada. La muerte de Violeta Parra no fue la única y ni siquiera la principal noticia del momento. El país estaba expectante por un torneo de fútbol que traía al Santos, el equipo brasileño donde jugaba Pelé.

Por otra parte, el Festival Internacional de Viña del Mar estaba en pleno desarrollo. Y, por si fuera poco, se anunciaba un gran combate boxeril de Cassius Clay-conocido más tarde como Mohamed Ali-, en el que intentaría retener su corona mundial. No hubo, para Violeta Parra, ni homenajes ni minutos de silencio.

El mundo siguió girando implacable. Pero tal vez Violeta anticipó que eso no le importaría. El “Rin del Angelito”, de su último disco, termina con estos versos:

Cuando se muere la carne

el alma busca en la altura

la explicación de su vida

cortada con tal premura,

la explicación de su muerte

prisionera en una tumba

Cuando se muere la carne 

el alma se queda oscura.

 

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Ok registrado....me gustan sus reportajes y publicaciones....gracias

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