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Viernes, 4 de diciembre de 2020
Elecciones el 3 de noviembre

EE. UU. y último debate presidencial: menos posibilidades de interrumpir debilitan a Trump

Diego Ortiz

A 12 días de las elecciones en Estados Unidos, el actual presidente se enfrentó a su contendor, el demócrata Joe Biden, durante un debate más reglado que de costumbre: se silenciaron los micrófonos para que los candidatos no se interrumpieran entre sí. El manejo de la pandemia, los impuestos que paga el presidente, inmigración y el medioambiente fueron algunos de los temas que marcaron la jornada.

Con las elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina, el candidato demócrata Joe Biden se enfrentó al presidente de Estados Unidos y candidato republicano a la reelección, Donald Trump, en la última jornada de debates. La implementación de un sistema de corte en los micrófonos de cada candidato, sumado a la participación como moderadora de la periodista de NBC News, Kristen Welker, quien no titubeo a la hora de ejercer su rol; permitieron un debate más profundo y convencional respecto a la caótica impresión dejada por el primer enfrentamiento entre ambos contendores.

Pero la existencia de un debate más fluido y respetuoso por los tiempos no evitó que ambos candidatos se atacaran y acusaran constantemente.

“Cualquiera que sea responsable de tantas muertes no debería seguir siendo presidente de Estados Unidos”, disparó Biden durante el debate, haciendo referencia al fallecimiento de más de 220 mil personas a raíz del manejo de la pandemia del gobierno de Trump.

El presidente, en tanto, recurrió en múltiples ocasiones a la estrategia de mostrarse como alguien ajeno a la política, a pesar de estar cercano a cumplir cuatro años a la cabeza del gobierno del país. “Ha estado en el gobierno por 47 años, nunca hizo nada”, mencionó Trump en relación a la extensa carrera política de su contendor.

Si bien ambos recurrieron a las acusaciones, el no poder interrumpir a Biden complicó la seguridad con que se le vio al actual mandatario en el primer debate. En aquella oportunidad, Trump fue el responsable del 75% de las interrupciones, según informa el Washington Post. La nueva modalidad con micrófonos silenciados permitió a Biden desarrollar en mayor profundidad sus ideas para gobernar el país por los próximos cuatro años, así como también le permitió criticar ásperamente la gestión de Trump, todo relativamente sin sobresaltos.

“Comparativamente, este debate es infinitamente superior al anterior”, indica Gonzalo Baeza, periodista e investigador de la AFL-CIO (siglas con que se conoce la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales). A pesar de algunos intercambios ‘en caliente’, para Baeza “fue un debate formalmente convencional” donde, en general, se respetaron los tiempos y las estructuras.

Aún así, el periodista asegura que “no es un debate que vaya a convencer a mucha gente”, ya que “se repitieron los mismos puntos que se han estado recalcando durante la campaña”. Por un lado, Trump buscó no quedar fuera de juego durante la discusión por las recientes protestas de Black Lives Matter al “atacar la reforma criminal del año ’94, donde Biden fue uno de los principales proponentes y que se ha demostrado que afectó desproporcionadamente a afroamericanos, quienes sufrieron muchos más arrestos”, explica. Por otro lado, a Biden se lo vio fuerte en un aspecto bastante lógico dadas las circunstancias, atacando “el manejo incompetente de la crisis del Covid”.

Si bien Baeza no cree que el debate cambie sustancialmente el destino de la elección, sí destaca un momento de la discusión que podría ser potencialmente perjudicial para uno de los candidatos. Consultado por su opinión respecto a 545 niños inmigrantes separados de sus padres en la frontera de Estados Unidos y que aún no pueden regresar con ellos, Trump respondió una sola palabra: ‘good’.

Para Gonzalo Baeza, esto último “evidentemente lo van a ocupar para dejarlo como un tipo cruel a través de avisos y ataques, algo que puede marcar alguna diferencia considerando que Trump cuenta con el voto de 1 de cada 3 hispanos”, cifra que podría disminuir luego de sus dichos. “Creo que fue un error: el típico arrebato de Trump, que por decir algo brutal se le pasa la mano”, cerró.

Por otro lado, para Enrique Núñez, académico de la facultad de comunicaciones de la Universidad Católica e investigador dentro de un proyecto Fondecyt sobre debates presidenciales, la noche si dejó un ganador. “Al votante indeciso, que conoce menos a Biden, que sabe menos de sus ideas, creo que le puede servir para verlo enfrentando un desafío bajo presión, para verlo que bajo una estrategia adecuada puede mantener un temple mucho mejor; que tiene los argumentos para defenderse ante situaciones difíciles”, indica. “Sí es un debate más favorable para él”.

La posibilidad de un debate menos interrumpido y más profundo permitió, según Núñez “que Joe Biden se acordara de quién era su jefe”, aludiendo a una metáfora común utilizada para los debates televisivos, la cual compara a los debates con una entrevista para un trabajo, siendo todos los votantes los jefes que emplearán luego al entrevistado. “Joe Biden se acordó de quién era su jefe, que son los votantes. Les habló y apeló a ellos”, explica.

Por otro lado, las condiciones del debate, según el periodista y académico, complicaron al actual mandatario norteamericano. “En la medida que no pudo actuar desde la interrupción, desde la violencia permanente en el discurso, lo que hizo fue armar un relato que fue mucho más similar a lo que vimos en la campaña del 2016, con dos líneas”, explicó, siendo la primera una basada “en la mentira, en ir acomodando los contextos y las situaciones a lo que a el le conviene dentro de un relato absolutamente falso”.

La otra estrategia correspondió a “la grandilocuencia permanente. Por ejemplo, se comparó con Abraham Lincoln respecto a la preocupación que tenía por los afroamericanos”, algo que resulta a lo menos difícil de creer dado el actual contexto de descontento generalizado en las comunidades afroamericanas de Estados Unidos.

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