Estamos donde tú estás. Síguenos en:

Facebook Youtube Twitter Spotify Instagram

Acceso suscriptores

Lunes, 13 de julio de 2020
Especial elecciones de 1970

El camino de la Falange y el PDC hasta la candidatura de Radomiro Tomic en 1970

Manuel Salazar Salvo

Radomiro Tomic Romero nació en Calama el 7 de mayo de 1914. Hijo de Esteban Tomic Dvornick, inmigrante croata propietario de una mina, y de María Romero García. Fue el quinto de siete hermanos. Criado en un hogar de clase media provinciana, cursó estudios primarios en una escuela pública de Calama y en el colegio San Luis de Antofagasta, donde también cursó las humanidades. Reveló desde la infancia un gran interés por la lectura, y ya de adolescente se interesó en los temas relativos al socialismo.

En tanto, la depresión económica del año 1929 y sus inmediatas consecuencias remecieron las conciencias de los jóvenes universitarios católicos adscritos a la Juventud Conservadora. Las encíclicas Rerum Novarum y Quadragesimo Anno comenzaron a pasar de mano en mano en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile y en los claustros académicos de la Universidad Católica. En ambos documentos se cuestionaba severamente los excesos del individualismo liberal y la explotación a que eran sometidos los obreros. Por otro lado, se criticaba la negación de los valores humanos implícita en las insurgentes ideologías marxistas. 

Bernardo Leighton, líder indiscutido de la Juventud Conservadora, ministro de Educación a los 27 años en el gobierno de Arturo Alessandri Palma, fue quien percibió con mayor claridad que el tema de la "cuestión social" también estaba en la mente de algunos obispos como Miguel Claro y Juan Ignacio González, y que esas ideas se convertían en acción a través de ciertos sacerdotes como Fernando Vives y Fernández Pradel, entre otros. 

En 1932, Radomiro Tomic se trasladó a Santiago e ingresó a estudiar Leyes en la Universidad Católica. Fue delegado de su curso, luego presidente del Centro de Alumnos de Derecho, presidente de la Acción Católica Universitaria y jefe de la rama universitaria del Movimiento Nacional de la Juventud Conservadora, que más tarde se transformó en la Falange Nacional.

En 1935, Bernardo Leighton envió a Radomiro al sur para fundar el movimiento en provincias. El mismo año designaron a Tomic profesor de Economía Política en el Instituto Politécnico y profesor ayudante en la Escuela de Derecho de la Universidad Católica. Egresó como el alumno más destacado de su promoción.

Leighton tenía a sus espaldas a un grupo de talentosos veinteañeros entre los que destacaban Eduardo Frei Montalva, Manuel Antonio Garretón, Rafael Agustín Gumucio, Ignacio Palma, Tomás Reyes, Jorge Rogers, Manuel Francisco Sánchez y el propio Radomiro Tomic. Juntos decidieron subir la voz en su partido y representar lo que consideraban como urgentes necesidades: lograr un desarrollo económico que condujese a una mayor justicia social. 

Dos puntos les parecían de suma importancia: un eficiente control sobre los recursos naturales y la modernización de los métodos de producción en la agricultura. 

Las discusiones en el seno del Partido Conservador se hicieron más y más duras. 

foto_1.jpg

l senador Radomiro Tomic, líder de los “marineros”, se impone sobre los “almirantes” que capitaneaba Jorge Rogers en la elección de la Falange Nacional realizada a comienzos de abril de 1952.
l senador Radomiro Tomic, líder de los “marineros”, se impone sobre los “almirantes” que capitaneaba Jorge Rogers en la elección de la Falange Nacional realizada a comienzos de abril de 1952.

En 1938 la ruptura fue definitiva, cuando los "rebeldes" se negaron a trabajar por la candidatura de Gustavo Ross, "el mago de las finanzas", según sus partidarios, y "el último pirata del Pacífico", en opinión de sus detractores. Nació entonces la Falange Nacional, sostenida en una declaración de principios conocida como "los 24 puntos". 

Propusieron un "socialismo comunitario" que sustituyera el sistema capitalista por una sociedad donde los trabajadores deberían disfrutar de "un salario justo, compartir las ganancias, tener oportunidades de alcanzar la propiedad y gozar de protección legal, especialmente en lo concerniente a la sindicalización". 

foto_2.jpg

En esta fotografía de la Falange aparecen, entre otros, Bernardo Leighton, en el círculo de la izquierda; Eduardo Frei, arriba al medio, y Jaime Castillo, al costado derecho.
En esta fotografía de la Falange aparecen, entre otros, Bernardo Leighton, en el círculo de la izquierda; Eduardo Frei, arriba al medio, y Jaime Castillo, al costado derecho.

La Falange, presidida por Ignacio Palma, y bajo el lema "espada y escudo de los pobres", se propuso abrir una nueva ruta, distante de la derecha y de los partidos marxistas, disputando el centro a los radicales, con las banderas de la doctrina social de la Iglesia Católica. 

En 1937, Tomic reemplazó a Eduardo Frei Montalva en la dirección del diario falangista “El Tarapacá” de Iquique y se inició ya francamente en la actividad política. Ya en 1938 era el jefe de la Falange Nacional en Iquique. Viajó a Europa en 1940 y contrajo matrimonio con Olaya Errázuriz en Estocolmo, donde ella vivía con su padre diplomático.

Buscando caminos

La derecha, la de levita y la de sotana, reaccionó descompuesta ante los avances de la Falange. El obispo auxiliar de Santiago, Augusto Salinas, declaró que los católicos sólo podían militar en el Partido Conservador. Salinas consideraba que otro lugar era una herejía y colocaba ineludiblemente a los dispersos muy lejos del cariño de la Iglesia. 

Semejante amenaza puso a prueba el temple de los jóvenes falangistas. En aquellos años no era llegar y abrazarse de causas ajenas a la religión declarada. La mitra y el báculo hacían temblar al más plantado. 

Entonces, otro obispo subió al ring. Desde Talca, Manuel Larraín se pronunció a favor de la pluralidad de opciones políticas para los católicos. Desde Roma, poco después, un cablegrama consagró la libertad de ideas y la Falange Nacional, casi con bendición papal, pudo seguir marcando sus huellas. 

foto_3.jpg

Los albores de la Falange: Bernardo Leighton, Eduardo Frei, Radomiro Tomic e Ignacio Palma.
Los albores de la Falange: Bernardo Leighton, Eduardo Frei, Radomiro Tomic e Ignacio Palma.

Los falangistas se hicieron amigos de los caminos y de los trenes. Recorrieron el país de un extremo a otro, fundando núcleos. Frei y Tomic partieron al norte. Crearon diarios -el primero fue “Lircay”-, se vincularon a los sindicatos y ganaron prestigio. Sin embargo, a pesar de que sus voces se oían potentes, no ganaban adhesiones importantes. Durante años no lograron superar magros dos o tres por ciento en las elecciones y sus candidatos eran inevitablemente derrotados. En los comicios de 1941, por ejemplo, obtuvieron un 3,44%, pero consiguieron tres diputaciones, gracias a que entonces el sistema era proporcional. 

"Estamos sometidos a no poder dejar de caminar mientras buscamos nuestro camino", les dijo Bernardo Leighton el 13 de abril de 1946 al inaugurar el Congreso Extraordinario de la Falange, el llamado "Congreso de los Peluqueros", pues se realizó en la sede de su sindicato, en la calle San Francisco. 

En los años ' 40, los dirigentes de la Falange se convirtieron en actores prominentes del complicado juego de las coaliciones políticas, participando en varios gabinetes de los gobiernos de Juan Antonio Ríos y Gabriel González Videla. Sin embargo, al concluir la década, optaron por un esforzado camino propio, que pronto les daría inesperados dividendos 

En 1949 lograron el 3,9% de los sufragios. Eduardo Frei Montalva obtuvo el primer sillón senatorial. Al año siguiente, Radomiro Tomic también llegó al Senado representando a las dos provincias del Norte Grande, para ocupar el sitio que dejara vacante Pablo Neruda, proscrito por la Ley de Defensa de la Democracia que promulgó González Videla y que sometió a los radicales a una ignominia que acarrearían por varias décadas.

Tomic fue uno de los principales objetores de la Ley de la Defensa de la Democracia. Cuando se votó, en 1947, se destacó por sus denuncias contra la represión a los dirigentes obreros comunistas en el norte. Como parlamentario se especializó en los temas relacionados con la minería del cobre. Era poseedor de una voz poderosa. Su gestualidad, sus énfasis y la fuerza de su retórica política lo convirtieron en un gran orador. 

Tres grandes reformas 

Al desaparecer el movimiento ibañista, un contingente importante de esa tendencia se unió a la Falange, junto a otras organizaciones católicas progresistas, y el 29 de julio de 1957 se constituyó con todas ellas el Partido Demócrata Cristiano. Al año siguiente, Eduardo Frei postuló por primera vez a la Presidencia de la República. Tomic fue uno de los jefes de su campaña. Frei ocupó el tercer lugar en esos comicios, tras Jorge Alessandri y Salvador Allende, pero la DC obtuvo un importante 21 por ciento de los votos. 

foto_4.jpg

Esta fotografía se ve, en primer término, a Radomiro Tomic, a Eduardo Frei (arriba junto a la puerta); a Bernardo Leighton, a Alejandro Silva Bascuñán, Julio Chaná y otros. Sentados: Francisco Vives y Alfredo Bowen, con otros camaradas.
Esta fotografía se ve, en primer término, a Radomiro Tomic, a Eduardo Frei (arriba junto a la puerta); a Bernardo Leighton, a Alejandro Silva Bascuñán, Julio Chaná y otros. Sentados: Francisco Vives y Alfredo Bowen, con otros camaradas.

Al promediar los años '50, un grupo de economistas vinculó la nueva teoría del desarrollo económico elaborada por la recién creada Comisión Económica para América Latina (Cepal) con la filosofía política del PDC. Jorge Ahumada, con su libro “En vez de la miseria”, fue el principal abrevadero del discurso desarrollista del PDC, que planteó una redistribución sustancial del ingreso con políticas coordinadas desde el Estado. Ahumada fue más allá del discurso económico y llamó a realizar un gigantesco esfuerzo de movilización popular que diera paso a nuevas formas de participación y permitiera al pueblo mantener una presencia activa y permanente en la arena política. Este fue, probablemente, uno de los principales soportes que convertiría al PDC en un potente transformador de las estructuras sociales y políticas chilenas en los años siguientes. 

El bastión demócrata cristiano se hizo fuerte sobre la base de tres grandes reformas: la denominada "promoción popular" para los "marginales", que consistió en la creación de una vasta red de organizaciones vecinales, que sirvieran de canales de participación para la comunidad, por un lado, y para las autoridades municipales y estatales, por otro; una reforma profunda de la legislación sindical, que actuara como incentivo para aumentar los niveles de participación organizada de los trabajadores; y, algunas reformas a la Constitución para posibilitar que el Ejecutivo tuviera la iniciativa exclusiva para legislar sobre materias claves de la política económica. 

La idea era clara: si se desea avanzar honestamente en los cambios sociales y económicos, si se busca construir un país realmente democrático, el pueblo debe tener acceso a todas las formas de poder y participar en su ejercicio, mucho más allá de su poder electoral. 

Mañana: Tomic y su estrategia sobre la  “Unidad del Pueblo”...

Ya que estás aquí, te queremos invitar a ser parte de Interferencia. Suscríbete. Gracias a lectores como tú, financiamos un periodismo libre e independiente. Te quedan artículos gratuitos este mes.

Comentarios

Comentarios

Añadir nuevo comentario