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Jueves, 26 de noviembre de 2020
Análisis Económico

El pensamiento mágico económico del gobierno

Carlos Tromben

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Ignacio Briones al asumir Hacienda
Ignacio Briones al asumir Hacienda

En La Moneda y Teatinos 120 festejan cada noticia “menos mala” con fuegos artificiales, como el alza circunstancial del Dow Jones por las nuevas vacunas o el decrecimiento mensual de "solo" 5% de la economía chilena. La agonía de terminar el mandato en medio de una tormenta económica perfecta se traduce en una política económica de fantasía. 

El domingo 26 de julio de 1931 el diario La Nación informaba de una reunión celebrada el día anterior entre el presidente Carlos Ibáñez del Campo y una comisión de financistas para “conseguir el mejoramiento económico del país”. 

Chile y el mundo estaban sumidos en la gran depresión, pero los editores de La Nación debían plegarse al relato oficial de la unidad nacional y la inminente recuperación económica. Pero ese 26 de julio el relato se hundió; en Santiago y las principales ciudades las protestas arreciaron y los titulares del día siguiente Ibáñez ya no estaba en el poder.

Traigo esta historia a colación a propósito de las señales económicas y la manera como son reelaboradas por los spin doctors del gobierno de Sebastián Piñera. La primera semana de noviembre, cuando el Banco Central anunció el último IMACEC, los ministros del piñerismo se apresuraron a declarar al país en “estado de reactivación”. El motivo era que la economía había decrecido “solo” un 5%.

A los estudiantes de primer año se les enseña que a seis meses seguidos de contracción se les llama “recesión”, pero la palabra todavía brilla por su ausencia en las páginas de economía y negocios. Ignacio Briones, el ministro de Hacienda, llevó la narrativa paralela a su paroxismo, afirmando que el -5% es una señal de que el gobierno “va en la dirección correcta”. 

Gobernar es narrar

En esto no hay nada extraño. Sin embargo, la disociación entre el relato y la realidad de las familias cobra ribetes dramáticos. Como porcentaje del PIB, el esfuerzo fiscal del gobierno para ayudarlas es, según el mismo Briones, comparable al de Alemania… un país con un estado de bienestar sólido, un superávit de cuenta corriente de 276 mil millones de euros y una cultura del ahorro que permea a la sociedad. 

Definitivamente se equivocó de narrativa, el ministro. La pandemia no se vive igual en Düsseldorf que en Pedro Aguirre Cerda. Según estimaciones del Banco Central Europeo, cada alemán tiene ahorros por 18.996 euros y un sistema jubilatorio de reparto. Los chilenos han tenido que gastarse los suyos a través de retiros de sus cuentas de individuales de jubilación por la pobreza de la ayuda estatal de la que Briones se jacta. Sin ello el IMACEC “esperanzador” del ministro habría sido derechamente lóbrego. 

Pero el pensamiento mágico no es monopolio local. Cualquier indicador “menos malo” está siendo celebrado con salvas y fuegos artificiales por los mercados financieros, como ocurre cada vez que una vacuna sobrepasa algún nuevo umbral en la carrera hacia su distribución masiva. 

El 16 de marzo de este año el Dow Jones experimentó su segunda mayor caída diaria en la historia, superando marginalmente el famoso jueves negro del 28 de octubre de 1929. Desde marzo viene subiendo con caídas puntuales como las de junio y octubre. Pero tampoco hierve de entusiasmo y a los días buenos siguen otros de ventas sectoriales masivas como el que afectó a la industria tecnológica el 30 de octubre.

Al mercado bursátil no solo lo estimula la esperanza de una vacuna. La política monetaria expansiva de la Reserva Federal devolvió las tasas a un 0% y fracción, su nivel de 2009, y ese dinero mágico alimenta la especulación y una suerte de sillas musicales entre el mercado bursátil y el de renta fija. Ese dinero viene del futuro y la Fed lo fabrica absorbiendo bonos del tesoro y bonos hipotecarios como una ballena con crisis de ansiedad. Vendrán años así, como 2014, cuando una pequeña señal de normalización de las tasas de interés casi provocó una nueva crisis. 

Donald Trump se retira de la Casa Blanca con una política de tierra quemada y unas cuentas fiscales devastadas. El déficit ya supera los 3,2 billones (millones de millones) de dólares sobre un gasto de 6,6 billones. La deuda federal equivale a un 128% del PIB. Es como una economía que en vez de hidratarse con agua lo hace con Red Bull. Más deuda pública para que la Fed inyecte liquidez.

El 6 de noviembre se anunció que Dinamarca eliminará toda la población de visones criados en cautiverio, debido que el virus mutó en dichos animales, los que a su vez contagiaron la nueva cepa a decenas de personas. La posibilidad de que otras mutaciones tengan lugar complica la labor de la industria farmacéutica a la hora de desarrollar vacunas eficaces, pero posterga también las perspectivas de una reactivación sólida. 

Todo esto está ocurriendo mientras Piñera y Briones se congratulan a sí mismos como un equipo que “solo pierde” por poco después de perder por goleada. Festejan cifras de empleo que no alcanzan todavía a recuperar todo lo perdido.

El mercado del trabajo vive cambios estructurales desde hace más de una década y la recesión actual los profundizará. Ya las dos anteriores demostraron que cada reactivación es menos intensiva en empleo. Con un modelo precarizador y un discurso anclado en el mantra de la flexibilidad el gobierno actual no tiene para cuando esperar que los jóvenes dejen la calle. 

Curiosamente, uno de los dispositivos menos debatidos de la actual constitución pinochetista podría terminar por sepultar el modelo: el escueto capítulo XII (tiene solo dos artículos y cinco párrafos), le otorga rango constitucional a la política monetaria conservadora del Banco Central. Sólo en caso de guerra puede financiar directamente deuda pública. 

Solo una élite fanática pudo haber introducido semejante aberración. Estados Unidos no ha explotado todavía precisamente porque Ben Bernanke, Janet Yellen y ahora Jerome Powell hacen eso: imprimen dólares con los cuales compran deuda e inyectan liquidez. Por cierto, un país como Chile no podría hacerlo a la escala de Estados Unidos, pero podría hacer un uso puntual, algo así como un 10%, pero a cuenta del Estado. 

Lo que realmente aterroriza a la élite empresarial de un incremento del gasto y de la deuda pública es otra cosa: la perspectiva de un castigo en la clasificación de riesgo del Estado. Dicha rebaja se transmite automáticamente como el COVID a la calificación de deuda de los grandes grupos económicos. En otras palabras, incrementa el costo financiero de Falabella, Cencosud y del Banco de Chile. 

Así las cosas, todo lo que ofrece el ministro Briones como política pública tiene la densidad de los trucos de feria. “Más competencia en el mercado financiero”. ¿Para qué?, si los bancos financian siempre a los mismos. 

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Comentarios

Comentarios

O sea, a ver si entiendo bien. Si el Banco Central no es autónomo puede comprar deuda pública? Porque hoy en día el Banco Central solo decide las tasas de interés y controla la inflación. Mi pregunta al profesor es: Si el Banco Central puede comprar deuda pública e inyectar liquidez al mercado ¿Eso dispara la inflación necesariamente?

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