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Martes, 27 de octubre de 2020
Javier Corrales, experto de Harvard

“El voto evangélico permite a la derecha ser un movimiento de masas”

Isabel Reyes B.
Nicolás Massai D.

La “agenda moral” está uniendo a sectores conservadores del catolicismo con movimientos cristianos. Ello promete dar vida a una derecha popular inédita en América Latina.

En el Te Deum evangélico de 2017 el entonces candidato presidencial Sebastián Piñera recibió un cerrado aplauso al ingresar a la Catedral Metropolitana de Santiago. Para muchas iglesias evangélicas chilenas Piñera era la mejor carta a La Moneda. Aunque católico, su tajante rechazo al aborto libre lo volvía un político más cercano a la agenda moral conservadora de los evangélicos.

El actual Presidente entendió perfectamente el valor electoral de asociarse con esta corriente cristiana. “Es un voto que responde, que sale a votar, que no se queda en su casa; es un voto con el cual un político puede contar”, afirma en entrevista con INTERFERENCIA Javier Corrales, cientista político de Amherst College y columnista habitual en los grandes periódicos de Estados Unidos.

Por eso Sebastián Piñera incorporó a cuatro obispos evangélicos al consejo ciudadano de su comando. “Amigos evangélicos, les quiero dar las gracias, porque ustedes han hecho un gran aporte a nuestro país”, dijo Piñera en uno de sus videos de campaña para la segunda vuelta. “A mejorar la calidad de vida no solamente del cuerpo, sino que también del alma de nuestro país. Gracias. Muchas gracias”.

El hecho de que alguien proveniente del catolicismo tradicional se una políticamente a los movimientos evangélicos, es un fenómeno bastante nuevo en América Latina. Normalmente, las iglesias cristianas solían competir por la captura de fieles. Y como el catolicismo está fuertemente arraigado en el poder y la historia de la región, este solía mirar en menos a los evangélicos.

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Créditos: Felipencil / Si quieres comprar el original escríbenos a ediciones@interferencia.cl
Créditos: Felipencil / Si quieres comprar el original escríbenos a [email protected]a.cl

Pero la distancia histórica entre ambas corrientes está cambiando por la llamada “agenda moral”, que ha llevado a un inédito acercamiento político entre estas iglesias. No es casualidad que José Antonio Kast, el candidato de la ultra-derecha que obtuvo poco más de 8% en la primera vuelta presidencial de noviembre de 2017, haya realizado una campaña activa entre evangélicos para asegurar el triunfo de Piñera en la segunda vuelta de diciembre de ese año.

Alguien que ha estudiado de cerca este fenómeno es precisamente Javier Corrales. A este doctor en ciencias políticas de la Universidad de Harvard le llamó la atención el cambio de estrategia de Sebastián Piñera en comparación con su primer periodo a la cabeza del país.

“Hasta cierto punto, fue el primer político de importancia, presidenciable, en hablar de temas de uniones civiles. Y en las elecciones pasadas se acercó mucho a estos evangélicos, tratando de conseguir el voto de José Antonio Kast. Ya había visto esto en Colombia, por supuesto lo había visto en Brasil, pero lo curioso es que, si llegó a suceder en Chile, un país donde la Iglesia Católica era siempre tan dominante, podría pasar a cualquier partido de derecha en América Latina”, dice.

–¿Cree que estar a favor de la identidad de género le abrió flancos con el voto evangélico? ¿Por eso debe salir a responder por otros lados, como el rechazo al aborto?

–Claro, eso es lo que ha pasado. Esa es la concesión que le están haciendo a los conservadores: mantener el aborto cerrado porque tal vez no puedan hacer lo mismo con los demás temas de sexualidad. Es interesante, porque Sebastián Piñera no viene del sector religioso de la derecha latinoamericana. Al contrario, es un hombre de negocios, una especie de Ronald Reagan en los años 80. Y entonces, que una personalidad de ese tipo termine siendo tan cauteloso con ese electorado, te da muestras de la importancia política que ha cobrado.

Un matrimonio nuevo

Casi un 20% de los latinoamericanos se declara evangélico, según un estudio de Pew Research Center publicado en 2014. Durante décadas esta corriente se concentró en reclutar fieles y mantenerse alejada de la vida política.

El cambio de actitud comenzó en Estados Unidos en los años 70, cuando se crearon grupos como “The Moral Majority” (Mayoría Moral), organización asociada a los telepredicadores y a la denominada nueva derecha americana. “Tuvieron la idea de demostrarles a los partidos y a los candidatos, que el mundo cristiano de derecha era mayoría y que, por lo tanto, había que prestarles atención”, afirma Corrales.

–¿Esta visión se exportó a otros países?

–Esto viene sucediendo en Brasil hace 20 años, pero en otros países de América Latina, como Chile, es mucho más reciente. La religión en este sector del continente es una de las fuerzas más transnacionales que hay, tanto la Iglesia Católica como las Iglesias Cristianas. Estas últimas reciben enorme apoyo económico de Estados Unidos. Es un error decir que esto simplemente es una importación. Hoy por hoy, el auge mayormente viene de los pastores latinoamericanos mismos. En Brasil, por ejemplo, la Iglesia Evangélica es enorme, es una fuerza de las más grandes del mundo; es transnacional pero también tiene componentes muy nacionales.

–En Brasil tienen gran influencia a nivel político. En Río de Janeiro, el alcalde que fue electo es evangélico...

–Sí, así de extraño. Que en una ciudad tan internacionalmente reconocida por su tolerancia, por su apertura, por su visión, por estar al borde con todas las tendencias, elijan como alcalde a un obispo evangélico. En Brasil, antes de eso, los evangélicos habían establecido un movimiento para lograr escaños en el Congreso. De hecho, buscaron el modo simple: ser influyentes dentro del Partido de los Trabajadores de Lula. Es decir, han logrado hacerse influyentes en diferentes ámbitos, poniendo sus candidatos, pero también tratando de conquistar instituciones políticas y acercándose a los partidos de izquierda y de derecha. 

"América Latina era una región donde no había competencia religiosa. Eso está cambiando: se está llegando a una especie de tregua, que consiste en decir que el enemigo no es la otra religión, sino el secularismo, el laicismo, el ateísmo".

–Usted plantea que el aumento del evangelismo es políticamente inquietante y que están formando una nueva forma de populismo. ¿Cuál sería esa nueva forma? ¿Por qué sería inquietante para la política latinoamericana?

–Lo que hay que entender es que en América Latina las fuerzas de centro-derecha nunca han sido movimientos de masa, siempre han tenido una especie de déficit que se ha traducido en su capacidad de ser competitivos. Los evangélicos resuelven ese problema. Si los partidos de centro-derecha se acercan a ellos, pueden conseguir apoyo político de parte de todos los estratos económicos, porque los evangélicos están en todos los estratos económicos, sobre todo en los más bajos. Así, un partido de centro-derecha que pudiera ser más o menos laico, que no tuviera que ser necesariamente confesional, que puede ser más o menos modernizante, se siente obligado a pensar que tienen que cumplir con ese voto evangélico. Ese es el peligro, los vuelve más conservadores.

–Usted habla de una alianza entre católicos y evangélicos. ¿Qué hitos hacen que se produzca esto?

–A diferencia de Estados Unidos, América Latina era una región donde no había competencia religiosa. La hegemonía era de la Iglesia Católica, y cuando los evangélicos crecieron, hubo una pugna muy grande, un tipo de competencia en el mercado. Pero yo veo que eso está cambiando: se está llegando a una especie de tregua, que consiste en decir, por ejemplo, que el enemigo no es la otra religión, sino el secularismo, el laicismo, el ateísmo. Porque además del crecimiento de los evangélicos, hay una segunda tendencia, el crecimiento del grupo que se denomina irreligioso o católicos muy light. Entonces, esta alianza entre religiones se construye para tratar de frenar esto, y han descubierto que el tema LGTBI y del aborto son las batallas principales que han librado –con mucho éxito– los movimientos laicos, laicistas y liberales.

–¿Qué tan importante, para potenciar esta unión, fue que se acuñara el concepto de “ideología de género”?

–Esta es una idea que existía en círculos católicos europeos muy conservadores, pero se popularizó en 2015 en España y se exportó a Latinoamérica. Y fue un lema de campaña que resonó muchísimo. Rápidamente se propagó y ha logrado movilizar a la gente. El Papa la utiliza, los evangélicos la utilizan y miles de padres de familia la utilizan, entonces ha sido un buen lema para agrupar y organizar la resistencia a los derechos LGTBI, ante el feminismo y una serie de cambios sociales que estamos viendo en términos legales en América Latina.

–¿Se podría imaginar esta alianza evangélica con los católicos sin la crisis por la que atraviesa la Iglesia Católica?

–La Iglesia Católica se siente muy débil, muy golpeada, y por lo menos sabe que recurrir a un conservadurismo religioso energiza a las bases, que van a defenderla siempre. Tiene un incentivo de cultivar a ese grupo de los creyentes. Y, en gran parte, se podría decir que la crisis de la Iglesia Católica en América Latina es una razón más por la cual están moviéndose en esta dirección de unirse a los evangélicos, tanto dentro del catolicismo como en el protestantismo. Sabemos que en estos movimientos siempre ha existido el progresismo, siempre ha habido tendencias de izquierda, y a veces incluso muy de izquierda. Pero están siendo rezagadas y lo que se está cultivando es el conservadurismo. Esto también está pasando en países donde la Iglesia Católica no está tan en crisis, como Filipinas o Polonia, por lo que no lo reduciría solo a este mal momento. El conservadurismo es una tendencia global.

"Va a ser muy difícil para un partido de derecha mantenerse laico. Lo está intentando Mauricio Macri, pero creo que la tendencia dominante es a rendirle pleitesía a los evangélicos".

–¿El interés de la derecha por acercarse a los grupos evangélicos radica en su interés por salir del círculo de elite?

–Sí. Yo creo que no es el único, pero es muy importante, porque les da unos votos increíbles, les da votos en todo tipo de sectores. Y es un voto que responde, que sale a votar, que no se queda en su casa; es un voto con el cual un político puede contar. A la hora de la verdad, si un pastor les dice a sus feligreses que voten por X, cuenta con ello, y no habrán altos niveles de abstención. Ahí tienes a Álvaro Uribe, en Colombia, que es muy católico e hizo campaña en las iglesias evangélicas durante estos últimos tres años.

–¿Qué puede pasar con los partidos de derecha que se han vuelto más liberales?

–Va a ser muy difícil para un partido de derecha mantenerse laico. Se puede hacer, lo está intentando Mauricio Macri en Argentina, pero creo que la tendencia dominante es a rendirle pleitesía a estos grupos. Mientras más organizados estén los evangélicos políticamente, más difícil va a ser no prestarles atención. En Europa uno cómo está surgiendo una derecha liberal que se mantiene muy secular, porque quieren mantener un discurso anti musulmán. Entonces, abrazan el secularismo para decir que esa es la nueva Europa, y que los musulmanes están trayéndole problemas. Pero como no hay musulmanes que repeler en América Latina, no existe esta tendencia que incentivan los partidos liberales de Europa. Yo creo que nos encontramos en una situación de Iglesia versus Estado, que fue tan importante en la política latinoamericana del siglo 19, que está regresando en el siglo 21.

"Hemos visto casos de la izquierda que se asocian a estos grupos religiosos. Lula da Silva, por ejemplo, siempre se cuidó mucho de no ofender a los evangélicos. Lula hizo muy poco por los derechos LGTBI. Hablaba y hablaba, pero no hacía nada. ¿Pro aborto? Tampoco". 

–¿La izquierda podría entrar en este juego de conquista del electorado evangélico? ¿Podría haber una descomposición de estos partidos a partir de lo que está sucediendo?

–Eso va a ser interesante. Creo que a los partidos de izquierda les llegó la hora de tomar una decisión. Por un lado, tienen mucho interés en acercarse al feminismo, al secularismo, a temas de la diversidad. Por otro lado, a la izquierda le encanta estar conectada con grupos populares, y eso es lo que los evangélicos ofrecen: son comunidades de base, con gente muy pobre, con gente muy humilde, muy trabajadora. Hemos visto casos de la izquierda con estos grupos religiosos. Lula da Silva, por ejemplo, a pesar del enorme apoyo que obtuvo de las comunidades LGTBI en Brasil, siempre se cuidó mucho de no ofender a los evangélicos. Lula hizo muy poco por los derechos LGTBI. Hablaba, hablaba y hablaba, pero nada. ¿Pro aborto? Tampoco. La izquierda le tiene mucho miedo a ofender a ese sector del electorado. Otro ejemplo es López Obrador en México. Siendo abiertamente de izquierda hizo una alianza con un partido evangélico.

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Si el voto inmigrantes es conservador igual que en a gelico

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