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Sábado, 24 de agosto de 2019
Victoria del PSOE y Pedro Sánchez

España opta por la centroizquierda y frena avance de la extrema derecha

Pedro P. Ramírez Hernández

La reciente irrupción de Vox, radicales de derecha, asustó al electorado español. Con una participación que superó 70%, los votantes le dieron un contundente triunfo al PSOE y una dura derrota al PP. El partido socialdemócrata necesitará los votos de una serie de partidos para formar gobierno, entre ellos Unidas Podemos de Pablo Iglesias, que sufrió un fuerte retroceso.

A un lado de la línea, Pedro Sánchez, candidato del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), del otro lado del teléfono, Pablo Iglesias, cabeza de Unidas Podemos (UP). Tras haber estado a tan solo 13 escaños de haberle arrebatado la hegemonía de la centroizquierda en 2016, hoy, Iglesias felicita a Sánchez con una amplia diferencia en favor de los socialistas y lo invita a pactar bajo un gran objetivo: “frenar a las derechas”.

En  paralelo, a las afueras de la sede del PSOE, los militantes rugen de algarabía, tras 11 años de derrotas electorales abrazan una victoria rotunda, 123 diputados, 36 más que en 2016 y con el mejor escenario posible para formar gobierno, pues no necesitan a los independentistas catalanes.

De acuerdo a la Constitución, Sánchez necesita el apoyo de 176 diputados para encabezar una futura administración, suma que puede lograr junto a Ciudadanos (Cds), que obtuvo la tercera mayoría nacional con 57 diputados. Pero no es lo que piden sus militantes. “¡Con Rivera no! ¡Con Rivera no!”, lo emplazan, rechazando un posible pacto con el partido de centroderecha, liderado por Albert Rivera, quien en esta campaña se derechizó y trató de formar una especie de cordón santitario de derecha contra el PSOE. “Creo que ha quedado bastante claro, ¿no?", les contestó Sánchez.

Despejando esta duda el camino es evidente, la opción para Sánchez es levantar un gobierno junto a Unidas Podemos, la coalición que agrupa a la izquierda anticapitalista, compuesta principalmente por Podemos e Izquierda Unida, el brazo electoral del Partido Comunista. 

Una coalición que si bien retrocedió de 71 a 42 diputados, paradojalmente hoy es más poderosa, en tanto puede integrar por primera vez un gobierno español. Unidas Podemos evitó la catástrofe que auguraban algunas encuestas. Desde la alianza lamentan aún esos 13 diputados que los separaron de los socialistas en 2016, pero afirman haber logrado los dos grandes objetivos que se propusieron: "frenar a la derecha y formar un Gobierno de coalición". Esto último está por verse, pero todo indica que hacia allá se dirigen las aguas.

Al menos es la fórmula que pide la calle. Las banderas con claveles rojos se agitan y en Madrid las consignas antifascistas vuelven a sonar: ”¡No pasarán! ¡No pasarán!”, exclaman, un lema que se convirtió de forma tácita en la llave de la victoria de los socialistas en unas elecciones que terminaron transformándose en una contienda de bloques, donde las izquierdas -unidas - sobrepasan a las derechas en el eje de las alianzas, pero con el centro afirmando el timón.

La derecha magullada

Ciudadanos recibe la derrota con algo de dulzura, pues el Partido Popular (PP), el que ha hegemonizado completamente a la derecha desde la vuelta a la democracia, sufrió el mayor desangre de su historia, bajando de 137 diputados electos a 67, quedando 9 escaños por encima de Cds y con solo 217.000 votos de diferencia, lo que en un país con 36,5 millones de votantes, es prácticamente nada.

En medio de este inédito escenario, Abert Rivera puede celebrar, teniendo a la derecha completamente fragmentada y a las puertas de otra campaña electoral que decidirá -en mayo de este año- los gobiernos de 12 comunidades autónomas y 8.000 ayuntamientos. Ciudadanos está a un paso de darle el golpe al PP y pasar a controlar el espectro. 

Con un discurso modernizador, anti independentista y anti PSOE, Rivera le pasó la cuenta a un PP completamente horquillado por los ultraderechistas de Vox, al punto que en su último día de campaña, Pablo Casado, el líder del PP, les abrió la puerta para armar juntos un futuro gobierno. 

Así, Casado erró la estrategia y la fórmula andaluza, esa que en diciembre le permitió al PP ganar las autonómicas pactando con Ciudadanos y Vox, no funcionó a escala nacional. Los números no dieron, pues el electorado español progresista despertó, elevando la participación a un 75,79% del padrón, superando por casi 9 puntos a las elecciones generales celebradas el 26 de junio de 2016.

Tampoco Vox fue el fenómeno que se esperaba, se mantiene lejos del poder y no logra los votos necesarios para ser transformarse en una llave de gobierno. Sin embargo, logró quebrar la excepcionalidad española, de ser el único gran país europeo sin presencia de un partido fuerte de extrema derecha en el Parlamento, y hoy tiene 24 escaños, ingresando por primera vez al Parlamento. .

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