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Miércoles, 23 de octubre de 2019
Jesuita tenía 102 años

Fallece el cura José Aldunate, un ícono en la lucha contra la dictadura

Manuel Salazar Salvo

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José Aldunate protestando contra la tortura en 1987 en las puertas de la Catedral de Santiago (Fotografía: Nelson Muñoz Mera)
José Aldunate protestando contra la tortura en 1987 en las puertas de la Catedral de Santiago (Fotografía: Nelson Muñoz Mera)

Se hizo conocido a nivel nacional al encabezar el movimiento contra la tortura Seabastián Acevedo en los años 80 durante los años del régimen militar. Hijo de una familia de la oligarquía chilena, Aldunate optó por los pobres y movimientos de izquierda.

Los Aldunate llegaron a Chile en 1692; hubo un eclesiástico y un jesuita en la primera generación. Llevaban el apellido Martínez de Aldunate, como se apellidaba el obispo de Santiago en los años de la Independencia, quien fue exiliado por ser realista. La familia se emparentó con Rosa Carrera, hija de José Miguel.

En los veranos, Pepe viajaba a la casa de sus abuelos en Zapallar, hoy convertida en la Municipalidad local- ahora ocupada por la Municipalidad. En Santiago había gran efervescencia política  bajo la dictadura de Carlos Ibáñez y sus familiares eran perseguidos y exiliados. Las tertulias, sin embargo, se reunían alrededor de su abuela Pelagia.

El abuelo paterno perdió la fortuna de su mujer ayudando a uno de sus  hermanos. Tampoco le fue bien en incursiones mineras y agrícolas. Como abogado sus mejores clientes eran compañías mineras extranjeras, inglesas y de Estados Unidos, en el norte de Chile.

La rama de la madre de Pepe, en cambio, fue muy distinta en su origen y en su estilo de vida. Ella era Adriana Lyon Lynch. Su bisabuelo materno, Thomas Lyon, fundador de la familia, pertenecía a una distinguida familia inglesa, de origen escocés, emparentada con la reina de Inglaterra. Por motivos de salud, vino a Chile y en Valparaíso se casó con una porteña de la familia Santa María. El abuelo de Pepe, Roberto Lyon Santa María, se dedicó al gran comercio y fundó la casa Balfour-Lyon que importaba de Inglaterra toda clase de maquinarias y armaba locomotoras y vagones para los Ferrocarriles del Estado. Acumuló así una fortuna que le permitió comprar la Hacienda Almahue en Colchagua que después repartió entre sus seis hijos. Estaba casado con Amelia Lynch Solar, sobrina de Patricio Lynch, jefe de la ocupación de Lima en la Guerra del Pacífico. Vivían en una gran casa al comienzo de Vicuña Mackenna, donde hoy se ubica la embajada argentina.

Pepe Aldunate contó en sus memorias que hubo en esa familia Lyon personas notablemente religiosas y caritativas, verdaderos santos consagrados a la beneficencia. Su madre se educó con las religiosas del Sagrado Corazón,  las llamadas Monjas Inglesas. Allí fundamentó una fe muy sólida. Quiso ser religiosa pero su padre no lo permitió.

Los parientes Lyon tenían una muy buena vida y se comunicaban muy fácilmente con el mundo europeo, sobre todo de Inglaterra y de Francia. Allá viajaban, educaban a los hijos y adoptaban sus estilos de vida y cultura. Pepe, sus tíos y primos conocían más a Europa que a Chile.

Recuerdos de la niñez

Los primeros recuerdos de Pepe estaban en la casa de sus abuelos maternos en Vicuña Mackenna, Allí vivía con su hermano mayor Carlos y sus dos hermanas, María y Pelagia.

La madre de Pepe tomó una decisión que sería fundamental para sus hijos: darles una educación inglesa con una institutriz de ese país y el sistema full charge, es decir, una plena responsabilidad que excluía la interferencia de los padres: no interfering. Para el padre de Pepe, hombre muy afectuoso, esto constituía un gran sacrificio. Pepe recordaba que siendo un muchachito muy sensible, le faltó afecto de niño: “las inglesas que tuvimos eran afectuosas, pero ante todo disciplinarias. Nos despedían por la noche con un beso. Pero no era el beso de la mamá”, contó.

Sus primeras palabras en Vicuña Mackenna fueron en inglés. Esa lengua fue su idioma más nativo y creció hablándolo. Como consecuencia su castellano quedó resentido y  muchas veces parecía in extranjero en su propia patria.

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El abuelo de Pepe, Carlos Aldunate Solar, en 1915
El abuelo de Pepe, Carlos Aldunate Solar, en 1915

El año 1921 —a los cuatro años— toda la familia, con guaguas y todo, viajó a Europa. Pepe recordaba una breve estadía en Buenos Aires antes de tomar el barco, una visita al Alcázar de Sevilla en España, un verano en la isla de Rügen en el Báltico y una la visita en Roma al cardenal español Merry del Val, secretario de Estado de Pío X.

Allí siguieron con las institutrices, pero tuvieron más contacto con los padres hasta que regresaron a Chile en 1930 con una nueva institutriz, miss Agnes Jordan, una irlandesa de unos 30 años que iba a estar 12 años en la familia.

Volvieron desde Inglaterra a la casa de los abuelos en Vicuña Mackenna. El abuelo, Roberto Lyon, había fallecido en La Habana, durante uno de sus viajes. Tenían  mucho contacto con los numerosos primos de la rama Lyon de la familia. Se reunían también en el fundo Almahue y, en tiempo de primavera, en la casona de La Punta, en la precordillera frente a Graneros.

Los dos hermanos Aldunate eran muy parejos en lo físico, pero según Pepe, su hermano era más buenmozo. “Es cierto que me sentía postergado en la admiración y cariño de los demás. Me sentía como el patito feo en comparación con él. Mi hermano fue un niño muy hermoso, de intensos ojos azules, muy Lyon, mientras que yo había salido más Aldunate y de rasgos menos finos”, relató. Pepe.

Y agregaba:

“Resolví este conflicto potencial asumiendo mi puesto de hermano segundo. Dentro del marco de la disciplina familiar, formamos un dúo muy unido pero mi hermano tenía el liderazgo, las iniciativas: yo lo secundaba voluntaria y plenamente. Aventurándome más en la línea de una interpretación psicológica de mi vida, he pensado que tal vez toda ella podría englobarse en una vocación a secundar la acción de otros. Como jesuita, he tenido siempre un gusto especial en servir el bien común de la congregación, a veces desde puestos de autoridad, pero con cierta inseguridad en la opinión propia. En mis iniciativas sociales, he estado siempre asociado a personas o grupos que me han inspirado y apoyado. Soy perseverante en continuar las iniciativas que parten de otros”.

En Inglaterra, Pepe Aldunate estudió en el colegio jesuita Stonyhurst College, en Lancashire, junto a su hermano Carlos, mientras sus hermanas asistían a un colegio del Sagrado Corazón en Londres. Pepe tuvo cierto éxito en el rugby aunque le fue mejor en los estudios. Era el primero del curso y hasta en inglés lograba mejores notas que sus compañeros.

El camino de los jesuitas

En 1930, debido a la crisis económica, la familia retornó a Chile. Pepe ingresó al colegio San Ignacio, al igual que su hermano Carlos. En 1932, Carlos entró al noviciado jesuita, lo que  influyó en José que desraba estudiar ingeniería pues tenía gran facilidad para las matemáticas. Pepe visita a su hermano en el noviciado para conocer la vida religiosa; al terminar el año, asiste a un retiro espiritual que resulta determinante en su vocación.

Dedica los primeros meses de 1933 a reflexionar sobre su vocación; finalmente, encuentra respuestas en la lectura de las historias de los discípulos de san Francisco de Asís y en febrero decide hacerse jesuita.

En marzo de 1933 ingresa al noviciado jesuita en Chillán. El 1 de abril de 1935, realiza sus primero votos como religioso.​ Se traslada a Argentina para su juniorado y luego a Antofagasta para su magisterio, durante el cual enseña en el colegio San Luis; más tarde, regresa a Argentina a terminar sus estudios de Teología. El 23 de diciembre de 1946, se ordena sacerdote en San Miguel, en Buenos Aires. Viaja entonces a Europa a estudiar Moral, primero en Roma, luego en la Universidad Gregoriana y, por último, en la Universidad de Lovaina. Obtiene el grado de Doctor en Moral con la tesis Moral y economía en el pensamiento de Luigi Taparelli D´Azeglio.​

En 1950, regresa a Chile; su primera tarea, encomendada por el sacerdote provincial Álvaro Lavín, es ayudar a Alberto Hurtado en la Acción Sindical Chilena, ASICh,​ algo de gran interés para Aldunate por la posibilidad de relacionar Moral y Economía, tema de su tesis doctoral. Pepe había conocido a Hurtado en París y afirmaba que la herencia que le había dejado el creador del Hogar de Cristo eran la importancia de la justicia y la opción por los pobres.

“Llegó un momento en que el padre Hurtado comprendió que lo decisivo no era la caridad, la bondad, hacer el bien. Lo decisivo era la justicia. La sociedad debía ante todo buscar la justicia, que está más allá de la caridad. Hay que ser justo en primer término y después pensar en ser caritativo. Un empresario debía pagar salarios justos y después podía hacer la caridad, contaba Aldunate.

Además de su trabajo en la ASICh,​ Pepe inició su labor de profesor de Moral en la Pontificia Universidad Católica de Chile. En 1952 fue, además, Maestro de Novicios; luego, director de la revista Mensaje y Superior del Centro de Investigaciones Socioculturales Bellarmino; más tarde fue nombrado Provincial de los jesuitas en Chile.

La década de 1960 estuvo marcada por cambios en el mundo y en la Iglesia, con el Concilio Vaticano II, lo que definió el rumbo de Aldunate. Así, de superior de los jesuitas decidió convertirse en un cura obrero.

“Dije ¿por qué no pruebo un poco la inserción en el mundo obrero? Si yo estaba hablando de justicia en mi cátedra como profesor de moral, me daba la impresión de que no estaba responsabilizándome de lo que es en verdad la justicia”, reflexionaba.

En 1973, aceptó la invitación del sacerdote holandés Juan Caminada, para asistir a un mes de reflexión sobre la posibilidad de convertirse en sacerdote obrero, en Calama, cuna del movimiento. Para Caminada, un sacerdote obrero debía convertirse en un verdadero obrero para repensar su vocación y la Iglesia, ya que, para él, sólo una inserción real permitía opinar sobre cómo debe ser la Iglesia renovada. Pepe se trasladó a Calama junto a otros 14 sacerdotes y vivió con ellos un mes de reflexión, interrumpido por una semana de trabajo obrero en Chuquicamata.

En agosto de 1973, Aldunate tomó la opción de hacerse obrero, “pero sin dejar la cátedra, sino que siendo un obrero que enseña moral no sólo en teoría sino que en la misma praxis”.​ En la práctica, decidió trabajar como obrero seis meses del año y continuar con su trabajo académico en la Universidad Católica los otros seis meses, rutina que mantuvo por cinco años.

Llega el golpe militar

En septiembre de 1973 se trasladó a Concepción contratado como ayudante de carpintero por una empresa constructora. En su segundo día de trabajo, el 11 de septiembre, se produjo el golpe de Estado en Chile de 1973; los militares allanaron la población donde vivía Aldunate en la Villa Nonguén, allanaron su casa y se llevaron libros y revistas que les parecieron sospechosos, como los volúmenes de la revista Mensaje; arrestaron, además, a todos los sacerdotes obreros menos a él, aunque después fueron liberados.​

Tiempo después regresó a Santiago. Durante su período obrero en la capital vivió con el jesuita Ignacio Vergara Tagle; primero, en una mediagua construida por Vergara en Villa México, Cerrillos; luego, en otra mediagua levantada por Vergara, en El Montijo, en Pudahuel. “Pepe era el encargado de las comidas: comíamos porotos tres o cuatro días a la semana y pollo arvejado los otros. Ahí comencé a hacer un poco de estadística de los precios de las cosas. Veía el costo de vida del obrero y cuánto gasta. Con esos datos creamos un IPC del obrero”, contó alguna vez el cura Vergara.​

En sus cinco años de cura obrero, Pepe se hizo teólogo de la liberación, convencido de que la Teología de la Liberación era la traducción del Concilio Vaticano II para Latinoamérica: “Esta teología fue la que incluyó la opción por los pobres: para realizar el sueño de Dios, que es una humanidad fraternal, hay que comenzar por luchar contra la pobreza, crear equidad, crear justicia en este mundo. Al pasar al mundo obrero me sentí instintivamente solidario de su mundo, preocupado de la justicia, sintiendo constantemente esa distancia que hay entre el rico y el pobre. Una distancia que es excesiva, injusta, una injusticia estructural. Uno quiere entonces cambiar las estructuras del país, hacer cambios más revolucionarios”, decía.

En el año 1984, se incorporó a la comunidad de jesuitas de La Palma, cerca de la parroquia Jesús Obrero, en Estación Central, donde residió diez años. Después vivió con los estudiantes en el Teológico por cinco años. Por último, se trasladó a la Comunidad de la Residencia San Ignacio, junto al Colegio San Ignacio, en Santiago centro, donde permaneció hasta su muerte.​

Ayuda a perseguidos políticos

Durante el tiempo de la dictadura, Pepe Aldunate defendió activamente los derechos humanos y ayudó a personas amenazadas por el régimen militar. Junto a su gran amigo, el sacerdote Roberto Bolton, ingresó a unas 25 personas a la Nunciatura Apostólica, la embajada de El Vaticano en Chile. Dada la oposición del nuncio a abrir las puertas, pasaban a los asilados por arriba de la muralla.

En ese tipo de tareas trabajó con curas como Esteban Gumucio, Mariano Puga y Bolton, entre otros, que desde parroquias y capillas se interpusieron en tiempos de dictadura entre las fuerzas represivas y los perseguidos, junto a la Conferencia Episcopal de esa época,

Aldunate fue invitado en 1975 a crear una revista clandestina para difundir los hechos no cubiertos por la prensa. Desestimó la idea en un principio, por el riesgo que supone acceder a una imprenta y repartir ejemplares en medio de la dictadura militar; no obstante, pese a sus reparos iniciales, la creación de la revista se aprobó y, además, quedó a su cargo. La publicación, llamada “No podemos callar”, se entregaba de mano en mano y era enviada a amigos de distintos lugares de Chile y también a exiliados en el extranjero; en París, se sacaban cien copias de cada número para repartirlas entre los refugiados. Aldunate no solo escribía en la revista: se encargaba de todo, incluyendo la impresión. Las copias se sacan en un mimeógrafo manejado por religiosas, de noche y en distintos lugares. Cuando el peligro se hacía inminente, el nombre original de la revista era cambiado por “Policarpo” y asó existió hasta 1995.​

Aldunate también participó en el Equipo Misión Obrera, EMO, que nació entre los sacerdotes obreros. Para ampliar el grupo, se realizaban retiros en Santiago, en los que participaban laicos, religiosas y obreras. Algunos de los laicos del grupo fueron torturados y asesinados, como Catalina Gallardo y su marido Roberto

“Yo trabajaba junto a Kathy cuando me avisaron que la habían tomado presa los militares, a ella y su marido. Los torturaron, los mataron. Y a mí me tocó sacarla de la morgue, fui a reconocer su cadáver en la morgue. Tenía los ojos quemados, eran como dos cavidades. Casi no la reconocía. Fueron cuatro de la familia Gallardo que pasaron por la Villa Grimaldi, y terminaron en el cementerio. Recuerdo cuando los llevamos al cementerio, íbamos con cuatro cajones, toda la familia. Nos entregaron unos cajones no más, no pudimos revisar los cuerpos para no ver las torturas que les habían hecho. Sólo por el vidrio pudimos reconocer sus caras, testificar que estaban muertos y llevarlos a enterrar”, contó Aldunate hace varios años.

Movimiento Sebastián Acevedo

En los años 80 surgieron las protestas masivas contra la dictadura y se conocieron cada vez más testimonios de personas detenidas y torturadas por la CNI. Ante esos hechos, Aldunate organizó un grupo de denuncia de la tortura mediante la no violencia activa, inspirada en  Mahatma Gandhi, Henry Thoreau y León Tolstoi, entre otros pensadores.​ Nació así el Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo, que realizó 180 protestas pacíficas en siete años; la primera, en septiembre de 1983, fue frente al centro de torturas ubicado en avenida Borgoño.​ Allí, un grupo de unas 70 personas, liderado por Aldunate, desplegó un lienzo con la inscripción "Aquí se tortura", detuvo el tránsito y cantó "Yo te nombro Libertad", para llamar la atención sobre las prácticas del régimen militar.  Los que no eran detenidos por carabineros se metían en los carros policiales por la fuerza con el objetivo de lograr con sus arrestos la cobertura en los medios de comunicación.

El Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo se forma poco a poco y contó con la participación de religiosos y religiosas; admitió a todo el que quisiera protestar, evaluando con cuidado a los participantes para evitar a los infiltrados. Aldunate fue elegido para ejercer la vocería.

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La primera protesta del Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo, frente al Cuartel Borgoño de la CNI. (Foto de Museo de la Memoria)
La primera protesta del Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo, frente al Cuartel Borgoño de la CNI. (Foto de Museo de la Memoria)

“(...) me tocaba mantener la ortodoxia del movimiento que era no violento, apolítico y cristiano. Mantener la pureza del movimiento era muy importante para mí. La infiltración de personas que no respetaran el espíritu pacífico lo podía hacer peligrar. De a poco se fue haciendo más democrático y luego se empezó a elegir a un comité director”, recordaba.​

Durante la dictadura, Aldunate también apoyó activa y cercanamente a la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos,​ integrada mayoritariamente por mujeres, y las acompañó en diversas ocasiones, cuando marchaban por las calles con las fotografías de sus seres queridos. Cuando aparecen cuerpos, Pepe cumplió una función litúrgica y cuando realizaban huelgas de hambre, ayunaba con ellas.

“Yo estaba lleno de admiración por ellas, las acompañé a veces en algunas de sus actividades, por ejemplo en Lonquén, cuando se descubrieron los cuerpos, y también en Villa Baviera. Cuando aparecía uno de los cadáveres yo cumplía una función litúrgica. Lo más importante fue cuando las acompañé en una larga huelga de hambre que hicieron durante 17 días. Yo ayuné con ellas durante 14. Estuvimos en la Iglesia de Jesús Obrero, en la capilla donde estaban los restos del padre Hurtado, antes de su traslado al Santuario. Participaron varios sacerdotes, sólo tomábamos agua. Fue una experiencia muy marcadora. Muchas de esas mujeres eran comunistas, sin embargo mostraban la generosidad de alguien que se entrega por completo, por amor a su ser querido”, contaba.

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El Sebastián Acevedo protesta frente a El Mercurio porque el diario no informa sobre la aplicación de torturas. (Foto de Marcos Ugarte)
El Sebastián Acevedo protesta frente a El Mercurio porque el diario no informa sobre la aplicación de torturas. (Foto de Marcos Ugarte)

Tras el regreso a la democracia, en 1990, Aldunate tuvo una activa participación en la recuperación del ex centro de torturas de Villa Grimaldi como un lugar de memoria.

En 1988, fue galardonado con el Premio Nobel Alternativo de la Paz, otorgado por Organismos No Gubernamentales de la Comunidad Económica Europea. En los 90, recibió el Premio Leónidas Proaño y el de Amnistía Internacional. El 20 de junio de 2016, el Instituto Nacional de Derechos Humanos​ le entregó el Premio Nacional de los Derechos Humanos de Chile.

Hoy domingo 29 de septiembre se realizará el velorio ciudadano de Pepe Aldunate en la explanada del Museo de la Memoria entre las 11.00 y las 20.00 horas.

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