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Domingo, 20 de Junio de 2021
Columna

Gino Lorenzini, 'el Loro' que asusta a la elite

Carlos Tromben

En esta columna de Carlos Tromben, el periodista analiza el escenario actual con el líder de Felices y Forrados entrando de lleno a la política. El autor cree que la resistencia sistémica en su contra no hace más que darle más poder y visibilidad, en un momento de fuerte anti elitismo en el país.

No esperó a que la polémica de las triangulaciones se asentara ni eligió un medio tradicional para anunciarlo. La primera semana de diciembre Gino Lorenzini dio una entrevista en Poder y Liderazgo, un medio electrónico dedicado al emprendimiento y la dejó caer:

“Lo mejor para mí sería ser constituyente, hacer la primera constitución digital de Chile. Yo quiero hacer un sistema que la gente pueda votar todos los artículos”, señaló al más puro estilo populista-fin-tech.

Las alarmas se volvieron a encender. La Tercera, El Mercurio y hasta El Mostrador descargaron toda su artillería, esta vez recurriendo a la descalificación. “Además de vivir como un parásito del mundo de las AFP, está dando un paso al terreno de la política”, disparó el medio electrónico del dúo Joannon-Escobar. Para La Tercera es un emprendimiento más, una plataforma de pago para juntar firmas e inscribir candidaturas ciudadanas.

Más allá del evidente temor que trasuntan estos artículos, la posibilidad de una bancada “Felices y Forrados” plantea muchas interrogantes, partiendo por el lugar en que se ubicaría en el hemiciclo: ¿izquierda, derecha? ¿horizontal? 

Lo que parece claro es que Lorenzini tiene todo para tener éxito allí donde fracasaron Parisi y otros como él: tiene su propio canal y lo que él denomina una “comunidad”: decenas de miles de clientes-seguidores para quienes su intención de ser constituyente es el paso lógico para llevar el activismo a su máxima expresión contingente. 

El Gran Otro

Según Jacques Lacan nuestra sociedad está regida por una constitución tácita a la que denomina “el Gran Otro”. Es lo que no se dice, pero está, lo que fija las reglas, los límites simbólicos y la propia realidad. Por ejemplo, que el sector financiero, sus decisiones, sus signos y señales y su lenguaje codificado solo pueden ser ejercidos por personas de cierta tribu, por los que se visten y hablan de una manera determinada.

Lo mismo se puede decir del sistema político. En Estados Unidos ministros y senadores debían, hasta hace poco, demostrar un paso por Harvard, Yale o Princeton. En Francia deben pasar todavía por la Escuela Nacional de Administración o el HEC, hablar en francés clásico y sin muletillas. 

Por eso la irrupción del “pequeño otro”,-siguiendo la terminología de Lacan-, provoca tanto malestar y resistencia. Los interpelados de la política o de las finanzas deben desplegarse para ponerlo de regreso en su lugar. 

El caso de Gino Lorenzini es arquetípico en ese sentido, como lo es también el de Donald Trump. No usan el lenguaje como es debido, no siguen las reglas, no respetan al “Gran Otro”. Más aún, supieron reconocer un territorio nuevo, inexplorado por la política y la comunicación de masas. De allí su popularidad en la era de las redes sociales y de la crisis del sistema representativo elitario. 

Está por verse si la artillería lanzada contra Lorenzini por los medios tendrá el mismo efecto que la recibida por Trump en su ascenso desde los realities a la Casa Blanca: empoderarlo y visibilizarlo cada vez más.

Esto, porque el adjetivo de “parásito” que le adjudica El Mostrador podría aplicarse a las propias AFP o a los fondos de Sanhattan con los que estas trabajan. Varios de ellos, como Volcom, Compass o Picton simplemente compran cuotas de otros fondos extranjeros, los que a su vez invierten el ahorro de los afiliados en “distressed debt” o “private equity”, en bonos o acciones de empresas al borde de la insolvencia ¿Qué impide que las AFP compren directamente las cuotas, ahorrándole la doble comisión al afiliado? ¿Quiénes son los parásitos?

La diferencia entre Volcom, Compass, Picton y Lorenzini es difícil de establecer, salvo en que las oficinas de los primeros se ubican, tal como espera el “Gran Otro”, en Apoquindo o Alonso de Córdoba, y los apellidos de sus fundadores son Irarrázaval, Bulnes, Larraín y Piñera.

La incursión de Felices y Forrados en la arena política ahora extiende la zona de incomodidad en torno a Lorenzini hacia la izquierda, en la medida en que sus candidatos se disputan el mismo electorado insatisfecho que No + AFP, la Lista del Pueblo o incluso el Partido Socialista.

Poco después de la escandalosa invasión del Capitolio, Donald Trump lanzó una arenga que terminó por sepultarlo pero que, sin embargo, ofrece una de las claves para comprender su éxito como “pequeño otro” del establishment político Harvard-Yale-Princeton. Tras pedirles a sus tropas de asalto (blue-collar-redneck-white trash) que se retiraran en paz del sancta sanctorum de la democracia, les dijo “You’are special”.

Fue como decirles “ustedes, que no leen el New Yorker ni el Atlantic, que no saben distinguir un cabernet de un pinot noir y solo beben cerveza en vasos de cartón, ustedes son América, ustedes son especiales”.  

“Atención, comunidad”, suele decir Lorenzini en sus videos-denuncia. Y la comunidad responde haciendo likes, compartiendo el video, ampliando los límites de la red. Formando ahora listas electorales en post de una constitución digital participativa que se salte a las élites, que dé “garantías de que los grupos económicos no se compren a los 180 contribuyentes [sic]”, según declaró a Poder y Liderazgo. La única forma de que eso no suceda, según Lorenzini, es “que sea ciudadano, que todos los artículos se voten, que los constituyentes se los presenten a sus representados y que la gente de cada comuna vote y ahí se le dé validez al proceso constituyente”.

La cuenta falsa de Twitter de El Economista Flaite lo llama despectivamente “El Loro”. Pasa por alto que el loro, más allá de su mímica de la voz humana, es una de las especies más inteligentes del reino animal (estudios recientes han demostrado que pueden reconocer números y letras). Harto miedo mete el Loro, la pregunta es si llegará a la convención. Y a costa de quién.

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