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Domingo, 18 de abril de 2021
A 30 años de su asesinato (Parte V)

Guzmán se transforma en una estrella del programa de TV “A esta hora se improvisa”

Manuel Salazar Salvo

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En el estudio de "A esta hora se improvisa"
En el estudio de "A esta hora se improvisa"

A mediados de 1971, el joven abogado gremialista utiliza muy bien los medios de comunicación para adquirir connotación pública. Gracias a su refinada oratoria se transforma en figura estelar del principal programa de la televisión chilena durante la Unidad Popular. 

A mediados de 1971 Jaime Guzmán decidió alinearse en la primera fila de un incipiente movimiento para oponerse a la Unidad Popular. Allí estaban Jorge Fontaine Aldunate, presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio, y a su hermano Arturo, subdirector del diario El Mercurio; Hernán Cubillos Sallato, "número uno de las finanzas de El Mercurio"; Orlando Sáenz, jefe de la Sociedad de Fomento Fabril, Sofofa; Benjamín Matte Guzmán, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura; Rafael Cumsille, líder de los comerciantes minoristas; Juan Jara Cruz, dirigente de los taxistas; Ernesto Cisternas, de los microbuseros; Julio Bazán, de los profesionales; y León Vilarín, máximo representante de los camioneros.

El joven abogado gremialista empezó a reunirse con estos dirigentes y otros muchos hombres y mujeres, tratando de recoger sus inquietudes para ir elaborando planes conjuntos. Las rivalidades personales entre los líderes empresariales y gremiales eran enormes y Guzmán tuvo que ir limando asperezas, acercando posiciones, unificando criterios. A todos los escuchaba con la calma y la atención que eran ya sus principales características y virtudes. Pronto sintió la urgencia de contar con una sede para el creciente movimiento gremialista. El empresario Andrónico Luksic le proporcionó una casa semi abandonada que estaba en la calle Suecia.

Los integrantes de la revista Portada ya se habían decidido a editar un semanario periodístico y Guzmán les ofreció instalarse en el segundo piso de esa casa de Suecia, sugerencia que aceptaron gustosos.

Reservó la primera planta para el movimiento gremial y para las numerosas reuniones que casi a diario se realizaban con representantes de todos los ámbitos ciudadanos. Estaba muy incorporado al grupo de Portada, aunque la revista no era su interés prioritario. Todos sus fundadores seguían trabajando en otras actividades, pues la revista no les reportaba ingresos suficientes para vivir de ella ni para tener una plantilla permanente de redactores o colaboradores.

Un día estaban congregados en la casa de Emilio Sanfuentes preparando la primera edición de la revista. El grupo lo formaban Gonzalo Vial, Cristián Zegers, Jaime Martínez WilIiams, Emilio Sanfuentes, Joaquín Villarino y Hermógenes Pérez de Arce. Discutían cuál podría ser el nombre de la publicación y habían examinado una lista de nombres, todos ya inscritos en el registro de marcas. De pronto sonó el timbre. Era Jaime Guzmán que llegaba a conversar con Sanfuentes. Uno de los presentes exclamó:

-¡Ha llegado el Niño Jesús de Malloco! ¿Qué podrá aportamos?

Se refería naturalmente a la chacra de Alessandri, donde Guzmán era ya infaltable. Católicos, pero muy irreverentes, los liberales miembros del grupo Portada no perdían oportunidad para molestar con sus bromas al joven abogado, que tampoco dudaba en contestar con gran rapidez las burlas de sus amigos. Guzmán se incorporó a la conversación y al enterarse de los problemas para bautizar a la revista, expresó:

-¿Y por qué no le ponen Qué Pasa?

Todos se miraron intercambiando gestos de aprobación. Qué Pasa era una revista que circulaba en España, que Guzmán conocía y -lo más importante- resultó que el nombre no estaba inscrito en el registro de marcas.

En la primera reunión solemne para inaugurar las oficinas de calle Suecia, se hizo un homenaje a la memoria de Jaime Eyzaguirre. En aquel mismo primer piso, todos los sábados se reunía un grupo de economistas que elaboraba un proyecto de desarrollo alternativo para ser aplicado cuando asumiera un nuevo gobierno y decidiera corregir los errores cometidos por la Unidad Popular. Las diarias discusiones sobre la marcha de los acontecimientos sociales, políticos y económicos empezaron a producir pequeños roces entre los más liberales, los conservadores y los gremialistas. Por ejemplo, Tomás Irarrázabal uno de los más combativos exponentes del gremialismo contrataba espacios en la Radio Agricultura para rebatir lo que por esa misma emisora afirmaba Hermógenes Pérez de Arce.

A mediados de agosto de 1971, por una mayoría de dos tercios, los integrantes del claustro de la Universidad Católica decidieron la inmediata reorganización del Canal 13. Desde ese instante el Consejo Superior de la UC intentó cambiar el rumbo de la estación televisiva, que aparecía permeada por marxistas en desmedro de la influencia de los demócratas cristianos, que hasta poco antes controlaban el canal. La Federación de Estudiantes de la UC denunció la elaboración de un reglamento para el Departamento de Prensa, dirigido por el periodista Leonardo Cáceres, el que establecía draconianas sanciones a los infractores de algunas normas en él impuestas. Se establecía incluso la publicación de la falta con la fotografía del afectado en el diario mural del Departamento de Prensa o el encargo de trabajos extraordinarios sin derecho a remuneración.

Esas medidas -sostenía la FEUC- eran propias de tribunales chinos o cubanos y además habían sido rechazadas por la asamblea de trabajadores del canal. Cristián García Huidobro, vocal de prensa dé la FEUC, anunció que habían pedido el cambio del personal directivo del Departamento de Prensa.

Cáceres replicó:

-¿Una Universidad no comprometida con ninguna ideología en este país? ¡Se han equivocado de universidad y de país!

El demócrata cristiano Jaime Bellalta Bravo reemplazó a Eduardo Cuevas al frente de la Vicerrectoría de Comunicaciones de la UC y decidió poner en práctica de inmediato la decisión del Claustro. Una de las primeras iniciativas fue cambiar la dependencia del programa A esta hora se improvisa, hasta ese instante dirigido por el Departamento de Prensa, y que estaba logrando una creciente sintonía desde su nacimiento a fines de 1969. El elenco había estado integrado por José María Navasal, Julio Martínez, Fernando Rivas Sánchez, Enrique Campos Menéndez y Baltazar Castro. Sólo uno había renunciado, el polémico periodista Eugenio Lira Massi, que se mostró disconforme con el perfil ideológico de la mayoría del grupo.

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Jaime Celedón.
Jaime Celedón.

La decisión del Claustro de la UC puso finalmente en las manos de Jaime Celedón la conducción del programa. El actor era un hombre muy cercano al entonces rector de la universidad, el arquitecto Fernando Castillo Velasco. Al promediar 1971, uno de los integrantes de A esta hora se improvisa, el historiador y escritor Enrique Campos Menéndez, decidió alejarse del panel estable. Castillo Velasco le mencionó reiteradamente a Celedón que quien podía reemplazar a Campos Menéndez era un joven egresado de Derecho que estaba terminando su licenciatura. Le dijo:

-Es un joven muy inteligente, el formador del gremialismo. A mí me ayuda mucho en el Consejo Universitario, ha sido un gran colaborador de la Rectoría.  

Celedón se resistía a aceptar la sugerencia del Rector. Estaba seguro de que el gremialismo no era una fuerza suficientemente representativa de la derecha y que su programa requería un político fogueado en la esgrima del verbo, un hombre que representara a los opositores a la Unidad Popular.

La insistencia de Castillo Velasco fue creciendo y Celedón no pudo ya resistir. Finalmente accedió:

-Bueno, ya, preséntenme a este famoso Guzmán.

En los días siguientes recibió una llamada de Jaime Bellalta, el vicerrector de Comunicaciones:

-Mira, el martes vente a la Universidad y almorzamos juntos. Ahí te presento a Jaime...

Aquel martes, Celedón llegó a la oficina de Bellalta. En la sala de espera había un muchachito enjuto, con una calva incipiente, con anteojos poto de botella, muy compuestito, que lo miró sin timidez ninguna. Sospechó de inmediato:

-¡Este debe ser!

Bellalta los hizo pasar y comenzaron el almuerzo. Guzmán trataba a Ceiedón de Don Jaime, y en un momento el director de A esta hora se improvisa hizo un paréntesis:

-Mira Jaime, de aquí en adelante nada de cosas... A mi nadie me dice don, así que nos tuteamos… ¿De acuerdo?

-De acuerdo don.... Perdón, ¡Jaime!

Guzmán no tuteaba a la mayoría de los mayores con los cuales trataba, por muy cercanos que los sintiera. Uno de ellos era Jaime del Valle, que había .sido su profesor y su director en la Escuela de Derecho, abogado y compañero de infancia de Celedón, cuando estudiaban juntos en el Liceo Alemán. Los tres se reunían a menudo y Guzmán, que ya tuteaba a Celedón, no lograba hacerlo con del Valle, Un día, Celedón no pudo contenerse:

-¡Córtala, pos huevón..! ¿Cómo le seguís diciendo don Jaime?

Aquel primer almuerzo entre Bellalta, Celedón y Guzmán fue determinante en el futuro del líder del gremialismo. Al conductor-actor le pareció poco telegéníco, pero la insistencia de Castillo Velasco le indicaba que alguna cualidad especial tendría que tener. Pronto se dio cuenta de que tenía facilidad de palabra, pero una cosa era hablar de corrido en un almuerzo y otra muy distinta hacerla frente a las cámaras de televisión, al frente de contradictores temibles como eran algunos de los que figuraban en el equipo de A esta hora se improvisa.

Celedón no acababa de convencerse y entonces se le ocurrió un ardid para no desairar al Rector y tampoco quedar mal con Guzmán. Decidió invitarlo condicionalmente:

-Bueno Jaime, anda el domingo, pero a prueba. Yo te voy a anunciar diciendo que mientras buscamos a un reemplazante de Enrique Campos, te he pedido que asistas. Si lo haces mal, no pasa nada.

Guzmán sonrió, de una manera cáustica, como si algo estuviera tramando.

El día de su debut en televisión, Jaime Celedón lo presentó como lo habían acordado.

El joven abogado dijo identificarse con las ideas de Jorge Alessandri y se lanzó a participar activamente. A los diez minutos, Celedón empezó a mirarse de soslayo con los otros integrantes del programa. Todos estaban sorprendidos. El novato debatía con una lógica aplastante, tenía la misma facilidad para expresarse que había demostrado en el almuerzo con Bellalta y aparecía como un joven valiente que pese a su juventud no dudaba en contradecir a hombres que le superaban en 20 ó 30 años de edad y experiencia.

Al terminar el programa, Guzmán se levantó, se despidió y se dirigió al pasillo por donde se abandonaba el estudio. Antes de salir, dirigió su mirada hacia Celedón como diciendo ¿y ... ? Celedón alzó sus ojos y, sin pronunciar palabra, le sonrió.

En los meses siguientes, Jaime Guzmán se transformó en el representante de un sector que no tenía líderes nítidos.

Partidarios y detractores de la Unidad popular confluían hasta las afueras del Canal 13, en calle Lira al llegar a la Alameda Bernardo O’Higgins, para esperar a los panelistas y a los invitados Y aplaudirlos, taparlos de insultos o incluso tratar de agredirlos. En una oportunidad, el invitado al programa fue el presidente de los camioneros, León Vilarín, que dirigía un paro en contra de la Unidad Popular, estaba requerido por el gobierno y era intensamente buscado por la Policía de Investigaciones. Los detectives llegaron hasta las puertas del Canal 13 a esperar que terminara el programa para detenerlo, pero Celedón logró sacarlo por una puerta interior y esconderlo en la

clínica de la Universidad Católica. Al día siguiente, aparentando ser un grave enfermo que era trasladado en camilla, Vilarín salió del lugar para reunirse nuevamente con los camioneros y seguir encabezando el paro.

Guzmán tuvo una de sus primeras grandes polémicas con el sacerdote y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, que afirmó ante las cámaras que Cristo había sido un revolucionario y el primer marxista de la historia.

Celedón recibió segundos más tarde un papel enviado por Guzmán que decía:

-Yo no puedo aceptar esto.

Celedón le hizo un gesto como diciéndole aguántate y después le contestas. Efectivamente, hubo un enfrentamiento durísimo entre el cura revolucionario, que tenía más de 45 años y Guzmán, que apenas se empinaba por los 25.

En otra ocasión, quizás la más recordada, el agresivo panelista gremialista denunció un escándalo de corrupción en el gobierno de Allende. Sostuvo con gran aplomo que el abogado Manuel Irrazával un prestigiado criminalista que era asesor del Ministerio del Interior, había recibido un jugoso cheque gubernamental para defender una causa vinculada a Interior, lo que a su juicio era absolutamente ilegítimo e ilegal. Se extendió latamente en su denuncia, tanto que de pronto se escucharon unos violentos golpes en las puertas del estudio.

Un furibundo Irrazával intentaba abrirse paso hacia el set para desmentir a Guzmán. Celedón trató de mantener su calma, la de los camarógrafos y la de todos los que estaban en el lugar. La iracundia del abogado que se sentía difamado amenazaba con romper todos los controles y desatarse en vivo y en directo a todo el país con impredecibles consecuencias para el esmirriado físico del denunciante.

El moderador anunció ante las cámaras que estaba viviendo una situación inédita, pero que no aceptaría que nadie interrumpiera de esa forma el programa. Agregó que se comprometía a invitar a Irrazával al programa del domingo siguiente para que respondiera a Guzmán.

La semana fue muy tensa. Los enfrentamientos entre la oposición y el gobierno se extendían a todos los frentes del acontecer nacional. La violencia parecía incontrolable. El acusador se preparó como nunca. Recurrió a sus innumerables fuentes, acumuló datos y documentos, y se informó detalladamente sobre las habilidades retóricas de su contendor.

Al domingo siguiente, cuando los panelistas ya se encontraban en la sala de maquillaje, poco antes de iniciarse el programa, llegó Irrazával con una gruesa carpeta y exhibiendo una cara muy poco amistosa. Su contradictor también apareció con una carpeta.

Los contrincantes no se saludaron y los presentes se miraron entre sí como diciéndose: [Esto va a ser un desastre!

Celedón percibió el clima, más propio de una guerra que de un debate con altura. Entonces propuso:

-Vamos a dividir el programa en dos: primero el enfrentamiento Irrazával - Guzmán y después el programa normal. Y dirigiéndose a los dos abogados, dijo:

-iVamos al estudio los tres!

Celedón se sentó al medio; Irarrázaval a la izquierda y Guzmán a la derecha. Y partió el programa:

-Buenas noches. Estamos hoy reunidos para un desafío anunciado la semana pasada. Yo no quiero mezclar el espacio habitual de A esta hora se improvisa con este debate. Así es que hemos decidido comenzar con el abogado Irrazával y Jaime Guzmán para luego dar paso a la reunión habitual...

El debate partió como una especie de combate de box. Empezó Irrazával, siguió Guzmán, a continuación Irrazával, nuevamente Guzmán... y se fue encrespando. En un momento, Irrazával se paró con la intención de agredir a su acusador, pero los separaba una distancia de cuatro o cinco metros.

Mientras trataba de avanzar y Celedón intentaba evitarlo, el iracundo abogado pisó el cable de su micrófono y quedó como clavado al piso.

Fuera de sí, en vez de dirigirse al moderador como Jaime, o Celedón o señor o cualquier otra cosa, le llamó Usía...

-Usía, ¡usted no puede permitir esta infamia!, ¡no puede aceptar que.....

Argumentos, insultos, réplicas y contrarréplicas duraron como unos veinte minutos. A los quince, parecía que Irrazával estaba destrozando las acusaciones. Jaime Celedón se veía más pálido de lo habitual.

De pronto, en un momento de calma, Guzmán guardó silencio y tras una pausa, comenzó a hablar:

-Bueno, hemos escuchado los argumentos del señor Irrazával. Él me ha insultado y yo he soportado todo, pero yo mantengo lo que afirmo y no afirmo cosas en vano...

Abrió una carpeta que mantenía a un costado y empezó a sacar y a leer papeles... En la medida que iba leyendo los documentos, Irrazával iba perdiendo el control de sí mismo.

Al final, cuando ya estaba al borde de un colapso, rojo, casi sin habla, Guzmán dijo:

-Y por último, acá he traído una fotocopia del cheque con el cual el señor ministro le pagó al señor Irarrázaval sus servicios y...

En ese preciso instante, el acusado se abalanzó sobre Guzmán y Celedón dio por concluido el debate, mientras el ofendido invitado, sólo atinaba a expresar:

-iNo puede ser! ¡No puede ser!

Mucho tiempo después, Celedón le preguntó un día a Guzmán:

 -Sácame de una duda, ¿tú tenías el cheque?

El otro sonrió y respondió:

-No.

A los veinticuatro años, Jaime Guzmán sorprendía a sus mayores con su rigurosidad para enfrentar las múltiples labores que efectuaba, casi todas orientadas a organizar la oposición a la Unidad Popular. Había asumido una cátedra compartida en la Escuela de Derecho de la UC, colaboraba en la .revista Qué Pasa, era panelista de A esta hora se improvisa, asesoraba a la Rectoría de la Universidad Católica y sostenía reuniones, muchas reuniones. Se informaba hasta de los más mínimos detalles del acontecer político y pedía consejos, explicaciones, análisis, datos que le permitieran ser más convincente y eficaz en la dura lucha ideológica que se apoderaba del país.

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Guzmán, de jockey, comprando en una feria libre.
Guzmán, de jockey, comprando en una feria libre.

Asistía a las marchas y concentraciones de la Unidad Popular, leía y escuchaba los medios de prensa de la izquierda y trataba de conocer las fortalezas y debilidades de sus parlamentarios y dirigentes. Perfeccionaba sus habilidades retóricas aprendiendo a manejar los silencios, las inflexiones de la voz, los gestos con las manos, el movimiento de sus ojos. Pronto percibió también con nitidez que su aguzado sentido del humor y sus enormes capacidades histriónicas le resultaban herramientas muy útiles para ganar la confianza de sus nuevos conocidos.

Al aumentar los conflictos entre la Unidad Popular y la oposición, también se fue deteriorando el clima de convivencia entre los panelistas de A esta hora se improvisa. A mediados de 1972, ya los que se identificaban con los bandos en pugna no se saludaban y se reunían previamente para preparar los programas. Jaime Guzmán estableció una férrea amistad con Celedón y con Claudio Orrego Vicuña, sociólogo que se estaba transformando rápidamente en uno de los principales ideólogos del Partido Demócrata Cristiano, padre de Claudio Orrego, actual candidato a gobernador por Santiago. Se hizo frecuente que tras el término del programa, los tres fueran a la casa de Rafael Vicuña, casado con una hermana de la madre de Guzmán, a comentar las incidencias del debate. A esa casa  llegaban a menudo Francisco Bulnes Sanfuentes, Jorge Errázuriz y otros políticos de la derecha con quienes las conversaciones se prolongaban hasta bien entrada la madrugada.

Durante una de las onces de los sábados en la chacra de Malloco, analizando las dificultades para coordinar la movilización de los gremios hacia un paro nacional prolongado, Alessandri dijo que en todas las guerras las escuadras navegan a la velocidad de la nave más pesada. Al anochecer, cuando Guzmán Y su amigo Boetsch retornaban a Santiago en el vehículo de este último, iban reflexionando sobre las palabras de Alessandri.

-¿Cuál era la nave más pesada de la escuadra que formaban

todos los gremios decididos a paralizar?-, preguntó Guzmán.

-¡Los camioneros... Esa es la nave más pesada que tenemos-, dijo Boetsch.

Al día siguiente, muy temprano, Guzmán acudió a conversar con León Vilarín, el hombre que se transformaría en los meses siguientes en el símbolo de los gremios y que dirigiría los dos grandes paros nacionales en contra de la Unidad Popular.

Continúa mañana.

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