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Martes, 27 de Enero de 2026
Manejo del fuego

Identificación de zonas de riesgo, manejo adecuado, vigilancia y pericias a la intencionalidad: factores a considerar para evitar nuevos incendios forestales

Joaquín Riffo B.

Interferencia conversó con Rafael García, doctor en Ciencias Forestales e investigador de la ecología del fuego, quien analizó las causas y proyecciones a partir de los graves incendios que afectan a la zona centro sur del país.

Hasta este viernes, el Servicio Médico Legal (SML) había confirmado la identificación de al menos 20 personas fallecidas a causa de los incendios que afectaron a las regiones del Bío Bío y Ñuble.

Mediante un comunicado, la entidad precisó que su Laboratorio de Genética en Concepción había logrado identificar positivamente a tres nuevas víctimas de los siniestros tras realizar los análisis de ADN pertinentes.

Es parte de la catástrofe que se vive en la zona centro sur del país, donde distintos focos de incendios no han dado tregua durante los últimos días. 

En ese contexto, Interferencia conversó con Rafael García, académico de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Concepción e investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB). García es doctor en Ciencias Forestales y una de sus líneas de investigación es la ecología del fuego.

Consultado por las mejoras que se han concretado en prevención y manejo respecto de los graves incendios que se vivieron en la Región del Biobío en 2023 comparado con el escenario actual, el académico comienza apuntando que “lógicamente han existido avances. Eso es indiscutible en términos presupuestarios principalmente. Han sido importantes, pero en prevención y combate. O sea, parto diciendo eso, que estamos mejor que antes, pero pese a esos incrementos presupuestarios y de personal, seguimos viéndonos enfrentados a las situaciones lamentables como las que estamos viviendo hoy en día y eso obedece principalmente a las faltas de políticas centrales que apunten a disminuir la amenaza y la vulnerabilidad de de de estos sectores”.

“Hay evidencia de variadas investigaciones que han definido zonas de ataque, que han identificado algunos de los elementos que deberían considerarse en estas políticas, pero lamentablemente no se han hecho efectivas en políticas públicas o en acciones concretas en los distintos territorios”, sostiene el investigador. 

En ese sentido, para García “un buen ejemplo es la tramitación de la Ley de Incendios, que sigue ahí dando vueltas y claramente es perfectible, probablemente que tiene aspectos que mejorar, pero incluso la discusión está estancada en este minuto. Entonces, si la discusión de la ley está en ese estado, difícilmente se puede mejorar ese articulado para que quede un instrumento que permita esta gestión del riesgo integral del territorio”. 

En cuanto a cuáles deberían ser las prioridades para prevenir estos graves incendios en el futuro, el científico asegura que existen cuatro aspectos que deberían ser esenciales. 

“El primero es definir claramente cuáles son estas zonas de interfaz y de mayor riesgo y que estén explicitadas en algún instrumento de gestión oficial”, indicó. 

Sobre ello, el especialista describe que “muchos de estos análisis a veces son ejercicios academicistas, pero no necesariamente se vinculan con el ordenamiento territorial de las distintas comunas o son integrados en los planes de gestión del territorio. Entonces, hay que definir bien cuando hablamos de interfaz, que se ha hablado mucho estos días de la interfaz urbano-rural, hay que definirla en algún cuerpo legal y esta definición tiene que ser vinculante. Primero tenemos que ser capaces de especializarla y asumir que son suelos de riesgo”. 

En segundo lugar, García cree que “sería muy importante gestionar el riesgo dentro de estas áreas y eso implica manejar el combustible. Tenemos que generar una división clara en donde termina la ciudad con los centros poblados y comienza las zonas con vegetación”. 

“Independientemente que estas sean plantaciones, arbolado o bosque nativo o zonas abandonadas con abundante vegetación, tenemos que ser capaces de gestionar esa superficie y ahí es donde a lo mejor está uno de los cuellos de botella de esta ley, que es quién se hace cargo de esa gestión”, explicó. 

En ese sentido, asevera que “está el caso de un pequeño propietario, por ejemplo, porque igual dentro del imaginario, está como que termina el territorio de una empresa en el límite del cerco y después parte la ciudad, pero en realidad hay una serie de dueños, muchas veces particulares, que se deberían ver obligados a manejar la vegetación dentro de su territorio, ya sea la zona productiva o no, dado que están en una zona de riesgo. Y esos son los instrumentos que deberían estar en esta ley”.

“Si son grandes empresas, si son comerciales, tendría que meterse a los costos para generar ese manejo. Si son zonas abandonadas, a lo mejor hay que generar los incentivos, los subsidios para que se puedan hacer esas cosas y si son terrenos fiscales, bueno, habrá que ver de qué glosa presupuestaria se hace, pero en todas estas zonas de interfaz de alto riesgo que deben estar previamente limitadas, hay que manejar el combustible. Hay que separar a la vegetación de la población y esto tiene que ser de manera permanente”, apuntó. 

A juicio de García, “no sacamos nada, como ha ocurrido en muchos lugares, con esto de que se genera un cortafuegos y después se abandona y se llena de vegetación durante el año. O muchas veces esos terrenos después son ocupados o tomados para viviendas y no hay supervisión de mantener esa zona libre de vegetación”. 

“Lo tercero ya vendría a ser el tema de la vigilancia, que sea más activa y permanente del del territorio para para poder detectar de manera más temprana los focos de incendio. Esto tiene que ser a través de los instrumentos tradicionales, pero también pensar en la inclusión de nuevas tecnologías: vuelos permanentes, imágenes térmicas, drones e inteligencia artificial. Buscar soluciones que nos permitan detectar de manera más temprana y eso implica una inversión probablemente tanto del sector privado como el público”, dijo. 

Finalmente, “el cuarto punto ya tiene que ver con perseguir de manera más efectiva la intencionalidad en el inicio del fuego. Tenemos que ser capaces de determinar con más certeza las causas de los incendios porque en este momento no todos los incendios forestales son periciados para determinar las causas que los provocaron. Eso debería ser obligatorio y tener más gente preparada en esta temática para poder perseguir de mejor manera los casos cuando hay alguna causalidad asociada a la intencionalidad o alguna negligencia que pueda ser mejorada. Aunque hay distintos tipos de negligencia y a veces la línea entre intencional y accidental es más bien tenue”. 

“O sea, cuando anda alguien con un bidón de parafina queriendo quemar algo, es claro que intencional, pero alguien que desobedece un llamado a no quemar por prevención, por ejemplo, eso no entra como una como como una causa intencional, pero claramente es alguien que prendió un fuego queriendo iniciarlo. Entonces, igual hay algunos temas ahí que se podrían mejorar para perseguir de manera más efectiva a quienes son causantes de incendios”, expresó. 

En cuanto a las diferencias y similitudes con el incendio del verano de 2023, García sostiene que “hay cosas que son similares y otras que son bastante distintas, lo que hace que que la predicción de cómo evolucionarán estos fenómenos sea bastante improbable”.

“Por ejemplo, lo que ocurrió en 2023 partió en un día de condiciones meteorológicas realmente extremas con viento muy fuerte y temperatura cercana a los 40 grados. Entonces era como si algún día tenía que ocurrir un incendio iba a ser esa vez, es decir, fue un evento climatológico muy extremo”, expuso. 

A partir de ahí, explicó que “lo que pasó este año también ocurrió en un día de calor, pero digamos que dentro de todo es un día normal. En Concepción la temperatura tiene que haber sido de 25° a 30° a lo más, caluroso para la zona, pero no un evento extremo. Lo que sí es común en ambos casos es la continuidad del del combustible”

En conclusión, para el investigador, “tenemos zonas de riesgo aquí en la Región del Biobío. Algunas son productivas como las plantaciones de pino y eucalipto que claramente contienen una alta concentración de combustible, pero también sitios abandonados, incluso los pastizales de esta condición límite donde todavía estamos en esta zona de transición. Teníamos un clima idóneo que permite tener combustible en todos lados. Esa continuidad del combustible es lo que hace que vayan existiendo las condiciones para generar la ocurrencia de los incendios y ahí la propagación va a ser casi segura porque hay una continuidad”.

“Hay pocos lugares donde uno se puede parar realmente y decir “desde aquí hacia allá vamos le vamos a hacer frente, porque hay una barrera natural”. Ya no tenemos esas barreras naturales ni artificiales que hemos sido capaces de construir para para ir frenando de una manera más efectiva el avance del de los incendios”, declaró. 

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