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Viernes, 21 de febrero de 2020
Durante la visita de Juan Pablo II en 1987

La acusación por violación a un menor que pesa sobre el fallecido cardenal Carlos Oviedo Cavada

Lissette Fossa
Marcos Sepúlveda
Juan Pablo González

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Foto: Humanitas
Foto: Humanitas

La esposa de un ingeniero en minas de Tocopilla -quien hoy permanece postrado por una enfermedad degenerativa- realizó la denuncia ante el espicopado chileno y la PDI. Según la acusación de la mujer, el religioso abusó y violó a su esposo cuando este tenía 16 años, siendo Oviedo obispo de Antofagasta. Los hechos sucedieron tras abusos sufridos por parte de los maristas en el Jamboree de 1986.

La noche del 4 de septiembre de 2017, Teletrece emitió el primer reportaje de una seguidilla de investigaciones que evidenciaban abusos sexuales por parte de hermanos maristas a menores de edad, quienes tras años de silencio, contaban lo ocurrido. De ahí siguieron varias investigaciones que incluían los relatos de víctimas y testigos.

Una de esas notas fue vista por J.F.P.L. (49 años) y su esposa, de iniciales I.M.P.M., sobre quienes, en este reportaje, nos referiremos por sus iniciales, por proteger a los hijos de la pareja quienes son menores de edad. Tras la emisión de uno de los reportajes, J.F.P.L. comenzó a llorar.

I.M.P.M. trató de tranquilizarlo, pero J.F.P.L. se ahogaba en llanto, respiraba rápido, tiritaba. Ella intentaba abrazarlo. Tras un rato, ella sin comprender mucho, le preguntó qué le pasaba. Fue en ese minuto cuando J.F.P.L. le confesó que había sido abusado sexualmente por dos hermanos maristas, cuando él tenía 15 años. 

En medio del Jamboree de 1986, realizado en Panguipulli, J.F.P.L. afirmó haber sido abusado por dos hermanos maristas; Jesús Marco y Jesús Bayo, quines pertenecían al grupo scout de su colegio, La Sagrada Familia de Tocopilla. En los primeros días de camping, tras cenar, J.F.P.L. despertó, en medio de la noche en la carpa de los hermanos maristas y no en la suya. Estaba desnudo y sentía dolor en su ano. Tomó su ropa, asustado, y decidió no contarle nada a su familia ni amigos. Años después, él supuso que había sido drogado durante la cena y -por no recordar lo que pasó- nunca supo si fue violado o no.  

“Él nunca se refirió a abusos ni a nada, hasta ver ese reportaje. Pero sí, él no tenía buenos recuerdos de los hermanos maristas. Él siempre me hablaba de los maristas con rabia. En un minuto tuvo la oportunidad de ir a reencontrarse con sus compañeros de curso, y él no fue, no quiso ir, él siempre me relataba que para el Jamboree de Panguipulli le causaba mucho dolor, mucho conflicto y mucha rabia”, cuenta I.M.P.M.

En el relato entre llantos, J.F.P.L. le afirmó a su esposa que había sido abusado además por otra persona. Sin embargo, se negó a contarle por quién. Solo lloraba y repetía que era un hombre poderoso, que no quería exponer a su familia, ni a su esposa, profesora de inglés, ni a sus tres hijos, ni su carrera como ingeniero en minas.

Tras esta confesión, J.F.P.L. se puso en contacto con el principal denunciante del caso de los maristas transmitido por Canal 13, Jaime Concha. Su esposa asegura que Concha es una de las personas que más lo apoyó en todo el proceso. A menudo, conversaban de lo sucedido; mientras Concha le insistía en realizar la denuncia ante la Iglesia y la justicia. J.F.P.L., siempre se negaba.

Meses después, una noche, J.F.P.L. decidió terminar de contar su historia. Le dijo a su esposa que en 1987, en Antofagasta, mientras él era monaguillo, fue abusado y violado por el cardenal Carlos Oviedo Cavada, quien ese entonces era obispo de la zona. Llorando, J.F.P.L. le dijo a su pareja que el cardenal era ese hombre poderoso del cual se había negado a hablar. 

Entre sollozos, J.F.P.L. narró cómo, durante la preparación de la visita del Papa Juan Pablo II, había sido abusado, primero con tocaciones. En esos días, él era monaguillo de las misas de Oviedo, y había aceptado viajar desde Tocopilla a Antofagasta, esperanzado en conocer al papa. El entonces obispo, según este relato, reiteradamente tocó sus genitales. Tiempo después -dice la mujer en su denuncia, adjunta al final de esta nota- Oviedo lo obligó a practicarle sexo oral hasta que el cardenal finalmente lo violó.  

“Tenía miedo de que no le creyeran, un niño de Tocopilla, frente a un obispo, que era Oviedo en ese tiempo. Una de las cosas que él más le daba pena y susto era que su mamá no le iba a creer, y por eso más que todo, él decía: Yo no puedo hacer eso, yo no puedo causarle este dolor a mi mamá”, agrega la mujer.

La relación entre J.F.P.L. y su madre nunca había sido fácil. Ella fue novicia, era muy católica, y se negaba a creer cualquier tipo de acusación contra los sacerdotes. Fue ella quien lo impulsó a ser monaguillo y a asistir a los curas en sus misas.

“Tiempo después, mi esposo contó a nuestros hijos, acá en la casa todo esto. Él sólo lloraba, angustiado”, relata su esposa.

El cardenal de la transición

Carlos Oviedo Cavada, cardenal de la Iglesia católica, nació el 19 de enero de 1927. Ingresó a la orden mercedaria en 1944. 

“Era de carácter reservado, apariencia tímida y modales delicados,  inteligente, rápido y oportuno en sus observaciones”. Eran las palabras que usó el ex senador Andrés Zaldívar, en un homenaje que le realizaron en el Congreso, tras su muerte en 1998 . 

Fue nombrado obispo auxiliar de Concepción, por el Papa Pablo VI en 1964. Diez años más tarde fue nombrado arzobispo de Antofagasta, en donde se hizo conocido por visitar cárceles e ir a evangelizar en la zona del altiplano. Dicha fama, en 1990, lo hizo saltar como arzobispo de la diócesis de Santiago, provincia que lideró con mano conservadora por más de ocho años. 

Oviedo Cavada, fue cercano a la línea intelectual del papa Juan Pablo II. Fue admirador de monseñor Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, y crítico del Concilio Vaticano II. Contrario al aborto, la ley de divorcio, las relaciones prematrimoniales, y los planes de educación sexual en los colegios. Siendo obispo de Santiago, se opuso a brazo partido a las campaña contra el sida de la época, calificándolas como “un pretexto para dar respetabilidad al fomento de la promiscuidad”, según la carta episcopal Moral, juventud y sociedad permisiva de 1991, la cual causó gran controversia en el Chile de los 90. 

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Oviedo junto al Papa Juan Pablo II, durante su visita a Chile.
Oviedo junto al Papa Juan Pablo II, durante su visita a Chile.

Según Oviedo en Chile había un “un clima de creciente inmoralidad” y un “gradual proceso de desinstitucionalización de la familia y de erosión de la figura del padre proveedor y de la autoridad que le otorgaba esta función sobre las mujeres, los adolescentes y los niñas y niños”.

Según The Clinic, el cardenal Oviedo conoció las denuncias en contra de Francisco Cox, Arzobispo de La Serena, tres años antes de que se hicieran  públicos estos hechos, pero no hizo nada al respecto. 

Oviedo falleció el 7 de diciembre de 1998, a la edad de 71 años, producto de una esclerosis lateral, la cual incluso le impedía hablar.  

La denuncia

Tras la confesión de J.F.P.L. a su familia, este ingeniero fue lentamente cayendo en la depresión. A principios del 2018 quedó cesante y comenzó a trabajar como conductor de Uber. Pasado los meses, su comportamiento cambió: empezó a beber con frecuencia, estaba iracible, exageraba los problemas de sus hijos y se negaba a que su pareja lo tocara. La vida íntima del matrimonio pasó a ser nula. A fines del 2018 su esposa asegura que estaba sumido en el alcoholismo. 

- Durante ese periodo ¿Cambió su marido el relato respecto de lo que le pasó?

- Nunca cambió su relato, siempre fue el mismo con respecto a los abusos, incluso cuando tomaba. Nunca dijo algo que cambiara el relato, ni los nombres, ni lo que pasó. Pero no quería hacer la denuncia”, señala su esposa.

En octubre de 2018, J.F.P.L. intentó suicidarse, según dice su esposa y uno de sus hijos. Este último lo detuvo, al ver cómo su padre estaba a punto de caer del balcón de su departamento. Tras ese episodio, el hombre comenzó una seguidilla de tratamientos psiquiátricos y psicológicos, que implicaron hospitalizaciones y altos gastos para la familia.

En marzo de 2019, la misma semana que la familia se mudó a una casa en un barrio residencial de Santiago, la salud de J.F.P.L. colapsó. Comenzó a tener alucinaciones, a sentirse mal físicamente y tener reacciones violentas con su cercanos. Fue hospitalizado, primero en el Hospital Juan Tizné, luego en la Clínica Ñuñoa y posteriormente, en la Clínica Santa María, donde aún se encuentra.

En diciembre de 2019 J.F.P.L. fue diagnosticado con una extraña enfermedad neurológica degenerativa, que le provoca alucinaciones y pérdida de memoria. Para su esposa, su angustia y pena por el recuerdo de los abusos pudo haber acelerado su enfermedad.

José Andrés Murillo, director ejecutivo de la Fundación Para la Confianza, señala a INTERFERENCIA que “hoy hay evidencia suficiente, a nivel científico de que existen efectos en la salud provocados por haber sido víctima de este tipo de vulneración”. 

Murillo afirma que cree en el relato de la esposa de J.F.P.L. y que desde la Fundación Para la Confianza apoyarán que este tipo de de denuncias se investiguen con rapidez.

Al ser consultado sobre la contradicción entre el discurso conservador de obispo y el presunto abuso sexual que cometió, Murillo comenta: “Yo creo que es bastante común en personas así de dogmáticas; la doble vida”. 

El proceso

El 23 de abril de 2019, la esposa de J.F.P.L. presentó su testimonio ante Pilar Ramírez Rodríguez, encargada de recibir este tipo de denuncias por parte de la Conferencia Episcopal, solo respecto de los maristas. El 17 de junio, en otra comunicación, la esposa incluyó la denuncia contra el cardenal. Ramírez acusó recibo de la misma el 18 de junio.

“Lo referido a la denuncia contra el fallecido obispo C.O.C. [Carlos Oviedo Cavada] quisiera al efecto -por responsabilidad contigo y por la claridad que mereces- tener desde ya -hacerte respetuosamente presente- que las denuncias contra personas fallecidas tienen una limitante de tipo legal, ya que la muerte (del denunciado) extingue la responsabilidad penal posible de perseguir, tanto en el derecho canónico como el el derecho penal estatal, y por lo tanto, no se puede  accionar procesos para la obtención de resultados o resoluciones legales que busquen aplicar sanciones por los hechos denunciados. Todo esto, por supuesto, no obsta a que hagas la denuncia respectiva. Nosotros la dirigiremos a la Nunciatura, que es la responsable de recibir denuncias referentes a obispos”, dice Ramírez en su respuesta por correo a la denunciante.

A  I.M.P.M. se le informó que este caso sería derivado  a la Congregación para la Doctrina de la Fe en Roma, para que fuese investigado, pero nunca recibió confirmación al respecto por parte de la Iglesia. En pararlelo, en junio de 2019 presentó la denuncia a la PDI.

Jaime Coiro, secretario de la Conferencia Episcopal, consultado por INTERFERENCIA comenta que el Departamento de Prevención de Abuso de la Conferencia Episcopal “recibe las denuncias, la tramitan, pero no informa a la autoridad de la Conferencia”. A lo que agrega: “no tenemos ningún registro de qué denuncias se reciben ni contra quienes, simplemente se tramitan y se envían al superior competente”. 

Coiro asegura que los obispos chilenos no conocen la denuncia contra Oviedo, y que -según el curso normativo de estos casos en la Iglesia católica- esta debiera ser investigada por Roma, y que -aunque no se comience como un juicio canónico, debido a la muerte del acusado- sí podría investigarse el caso.

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Hay que agregar, que el cardenal Oviedo tuvo como secretario privado al sacerdote argentino Alfredo Soisa-Piñeyro, también acusado de abusos sexuales, a raíz de lo cual renunció al sacerdocio y hoy vive en la Argentina.

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