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Lunes, 13 de julio de 2020
Pandemia

La superpropagación del Covid-19

Ricardo Martínez

Un artículo de Science se detiene en el fenómeno de la superpropagación del Covid-19, esas situaciones en que muchas personas resultan contagiadas simultáneamente y en un lapso breve. El autor sostiene que comprender cómo sucede aquello puede ser una clave para contener el avance de la pandemia.

Uno de los puzles más complejos para comprender cómo opera el Covid-19 corresponde a aquellas situaciones en que muchas personas, en un periodo breve, se contagian simultáneamente. Puede tratarse de los asistentes a un concierto de música pop, de personas que participaron de una ceremonia religiosa, o también de personas que tienden a ocupar un mismo espacio constantemente, como los recintos penitenciarios o los hogares para adultos mayores.

Kai Kupferschmidt se detiene en estos fenómenos en una columna reciente para la revista Science, denominándolos “superpropagación” (superspreading events) y ejemplifica con una práctica de coro de iglesia en Washington a inicios de marzo del presente año. Kupferschmidt anota que a aquella práctica asistieron 61 personas, las cuales pasaron dos horas y media entre cantos y sociabilización. Un par de semanas más tarde 53 de ellas habían enfermado, tres tuvieron que ser hospitalizadas y finalmente dos fallecieron.

Algo en común con SARS y MERS

Los eventos de superpropagación del Covid-19 han sido frecuentes y habitualmente cubiertos por la prensa en estos últimos meses, en especial por lo significativo de sus cifras, y lo peculiar de las situaciones: barcos de turismo, centros de ski, empacadoras de carne, dormitorios colectivos para trabajadores y migrantes, suelen ser espacios donde la pandemia se despliega con mayor intensidad.

En ese comportamiento el Covid-19 se asimila a otros males como el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) y el síndrome respiratorio del Medio Oriente (MERS) y la comunidad científica empieza a proponer que conocer más de él puede ser un gran avance en la detención de los contagios.

Como se ha indicado en otro artículo de INTERFERENCIA, uno de los valores matemáticos esenciales en el contexto de la pandemia es R: “el número efectivo de reproducción, o R, denota a cuántas personas infecta a su vez una persona infectada promedio. Si R está por encima de 1, el brote crece; debajo de 1 se encoge. El objetivo de los confinamientos actuales es llevar a R muy por debajo de 1”.

Kupferschmidt indica en su columna para Science que en estos momentos el valor R, sin distanciamiento social, se encuentra en una cifra de alrededor de 3, “pero en la vida real, algunas personas infectan a muchas otras, y otras no transmiten la enfermedad en absoluto”.

Es ahí donde ingresa otra variable, el factor de dispersión, o k, “que describe cuánto se agrupa una enfermedad. Cuanto más bajo es k, más transmisión proviene de un pequeño número de personas. En un artículo seminal de Nature de 2005, Lloyd-Smith y sus coautores estimaron que el SARS, en el que la superpropagación desempeñaba un papel importante, tenía un valor de 0,16. La k estimada para MERS, que surgió en 2012, es de aproximadamente 0,25. En la pandemia de gripe de 1918, por el contrario, el valor era de aproximadamente uno, lo que indica que los grupos jugaron un papel mucho menor”, aclara el autor.

¿Cuál es el k del Covid-19?

La comunidad científica no ha llegado aún a un consenso sobre esto, variando las estimaciones entre un 0,1 que lo haría de transmisión más concentrada, y valores que más altos los de SARS o MERS.

“Si [el dato de un k de 0,1] tiene razón, el SARS-CoV-2 debe ser introducido sin ser detectado en un nuevo país al menos cuatro veces para tener una posibilidad equitativa de establecerse. Eso puede explicar por qué el virus no despegó en todo el mundo antes de que surgiera en China, y por qué algunos casos muy tempranos en otros lugares, como uno en Francia a fines de diciembre de 2019, reportado el 3 de mayo, aparentemente no lograron encender un brote más amplio. Si la epidemia china fue un gran incendio que envió chispas volando alrededor del mundo, la mayoría de las chispas simplemente se desvanecieron”.

Del mismo modo, en esta nueva aproximación a la propagación del virus, se empieza a reparar en que ella suele ocurrir en interiores, sostiene Kupferschmidt, “investigadores en China que estudian la propagación del coronavirus fuera de la provincia de Hubei, zona cero para la pandemia, identificaron 318 grupos de tres o más casos entre el 4 de enero y el 11 de febrero, solo uno de los cuales se originó al aire libre. Un estudio en Japón encontró que el riesgo de infección en interiores es casi 19 veces mayor que en exteriores. Algunas situaciones pueden ser particularmente riesgosas. Las plantas empacadoras de carne son probablemente vulnerables porque muchas personas trabajan juntas en espacios donde la baja temperatura ayuda al virus a sobrevivir”.

Dada esta nueva perspectiva de la superpropagación, la comunidad científica y las políticas de confinamiento indican que, por un lado, evitar las situaciones de este tipo es uno de los más importantes controles para la pandemia, pero, al mismo tiempo, que no se sabe lo suficiente todavía sobre estos eventos.

Antes de los confinamientos generalizados en muchos países del mundo, “probablemente había una ventana de oportunidad de dos semanas en la que se podrían haber recopilado muchos de estos datos”, concluye Christophe Fraser, de la Universidad de Oxford consultado en el artículo de Science.

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