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Martes, 27 de octubre de 2020
A 30 años de la investigación del diario La Época (Parte I)

La verdadera historia de cómo fue encontrada Liliana Walker

Manuel Salazar Salvo

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El pasaje donde estaba la casa de la familia Lagos Aguirre.
El pasaje donde estaba la casa de la familia Lagos Aguirre.

Después de los datos entregados por un informante confidencial, los periodistas del diario La Época lograron dar en 1990 con el domicilio de la agente de la DINA involucrada en los preparativos para asesinar a Orlando Letelier en Washington en 1976.

A las 14 horas del domingo 15 de abril de 1990, uno de los móviles del diario La Época se acercó precavidamente a la esquina de las calles Amapolas y Montenegro, en el sector suroriente de la comuna de Providencia, muy cerca de Ñuñoa. Había llegado el momento de iniciar la aproximación definitiva al domicilio de Luisa Mónica Lagos Aguirre, la verdadera identidad de Liliana Walker Martínez, la desaparecida agente de la DINA involucrada en los preparativos para asesinar a Orlando Letelier en Washington en 1976. 

Varias semanas antes, una fuente confidencial -cuya identidad pertenece al campo del secreto profesional- se había contactado con el editor nacional del diario, el periodista Manuel Salazar -hoy redactor de INTERFERENCIA- para entregarle algunos datos sobre la misteriosa mujer. 

Al día siguiente, el periodista concurrió en la mañana, con una carpeta roja en sus manos como identificación, a un costado de la Quinta Normal donde se encontró con el informante. Éste le entregó un legajo con parte de la historia de Liliana Walker. Tras revisarlo en unos pocos minutos, Salazar concluyó que los datos allí incluidos eran suficientes para iniciar una investigación

Horas más tarde, el director de La Época, Emilio Filippi; el editor general, Ascanio Cavallo; y Salazar acordaron crear un pequeño grupo de investigación para verificar los datos recibidos e iniciar una nueva búsqueda de la mujer, protagonista clave de los preparativos para asesinar al canciller del presidente Salvador Allende en la capital de Estados Unidos.

El diario había reunido ya un material abundante sobre la misteriosa Liliana Walker y fue el primero en revelar el único retrato hablado de la mujer, publicado el 4 de febrero de 1989.

Salazar, quien encabezó la investigación, recurrió a una serie de fuentes que le permitieron en pocos días confirmar varios de los antecedentes entregados e iniciar la reconstrucción de los episodios más importantes de la vida de Liliana Walker.

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El pasaje donde estaba la casa de la familia Lagos Aguirre.
El pasaje donde estaba la casa de la familia Lagos Aguirre.

Muy pronto el núcleo de reporteros que trabajaba en el tema supo de la azarosa vida que la Walker había tenido en su juventud y de su paso como bailarina por la televisión y diversos centros nocturnos de la capital. También se enteraron de sus vínculos afectivos y de su ingreso a un secreto grupo de agentes femeninas de la DINA, utilizadas para obtener información de hombres importantes en las diversas esferas de influencia en el Santiago de esos años.

Diplomáticos, empresarios, banqueros, altos oficiales de las fuerzas armadas, visitantes extranjeros, funcionarios internacionales, entre otros, fueron víctimas de las atractivas mujeres que formaban parte de aquella estructura de la DINA, que disponía de muy reservados departamentos en diversos sectores del centro y del barrio alto de la capital. 

Las indagaciones de los periodistas se efectuaron con extremo cuidado. Ninguna de las personas consultadas supo qué buscaban los hombres y mujeres de La Época.

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Mónica Lagos cuando incursionaba en el mundo del espectáculo y aún no se transformaba en Liliana Walker.
Mónica Lagos cuando incursionaba en el mundo del espectáculo y aún no se transformaba en Liliana Walker.

A comienzos de abril ya casi no tenían dudas. Todo indicaba que la mujer buscada, Mónica Lagos Aguirre, era efectivamente la agente Liliana Walker.

Si iniciaron entonces los preparativos para abordar a la mujer y se previeron los riesgos involucrados en la operación. Filippi decidió sumar al equipo original al gerente general, Pablo Berwart, y al de producción, Rodolfo Raventós, para que se hicieran cargo de la logística. Cuando todo pareció a punto, se ordenó a Salazar iniciar la parte final de la tarea.

El momento decisivo

El barrio de Amapolas era muy tranquilo. La rutina semanal era casi tan apacible como la de una provincia, y los domingos no había otro movimiento que el de algunas visitas y los almuerzos familiares. Aquel 15 de abril, el frío otoñal mantenía a casi todos en sus casas. Nada en las calles flanqueadas de árboles, nadie en los jardines ni las puertas.

Salazar, el fotógrafo Alejandro Hoppe y el periodista Juan Gonzalo Rocha, llevaban ya 48 horas vigilando la zona donde se ubicaba una casa al fondo de un pasaje, rodeada de otras siete viviendas de dos pisos.

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Cavallo, Filippi y Salazar en los talleres donde se imprimía La Época.
Cavallo, Filippi y Salazar en los talleres donde se imprimía La Época.

El editor nacional de La Época bajó del auto y se dirigió a la casa: Amapolas 4338 C. Una reja de mediana altura cerrada con cadena y candado separaba la propiedad del pasaje. Las cortinas de las ventanas estaban semi cerradas y una perra pequeña salió a recibir al intruso. 

El periodista pulsó el timbre y esperó. En el segundo piso se abrió una ventana y un joven de unos 18 años, moreno, preguntó: 

-¿Qué desea? 

-Buenas tardes. ¿Estará Mónica Lagos? 

-¿De parte de quién? 

-Quisiera hablar con ella. Es algo importante. 

-Un momento. 

A los pocos segundos el joven abrió la puerta de la casa y se acercó a la reja. 

- ¿Para qué sería? 

-Mire, es algo importante, que me gustaría hablar con ella... 

-Pero, dígame de qué se trata. 

-Es sobre un viaje que ella hizo a Estados Unidos. En verdad es algo que le va a interesar... Por favor dígale... 

-¿Quién es usted? 

-El periodista extrajo una tarjeta y la entregó al muchacho. 

-Espere un momento.

Ingresó a la casa con la tarjeta en la mano. A los pocos segundos salió. 

-Ella no está. 

-Dígale por favor que es muy importante que hable con ella. Es de vital importancia... 

-No está. Estoy solo con mi abuelita que acaba de almorzar. 

-¿Puedo hablar con su abuelita? 

El joven dudó un instante. 

-Por favor no insista. Mónica no está. 

-¿Puedo esperarla? 

-No sé cuánto se va a demorar. Vuelva mañana. 

-Pero... 

-Vuelva mañana, ¿ya? 

Y se alejó hacia la casa. 

El muchacho se había demorado demasiado poco en ingresar a la casa y salir con la respuesta. Había dicho que estaba solo con su abuelita y que ésta estaba acostada. Era evidente que alguien más había allí, y que se había negado. 

Vigilancia estrecha 

Había que tomar una decisión. Esa tarde, Juan Gonzalo Rocha recibió la orden más extraña de su carrera de 30 años en el periodismo: había que mantener estricta vigilancia sobre una casa desconocida, habitada por desconocidos, con fines desconocidos. Lo acompañaría Francisco Barrenechea, reportero gráfico. 

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Mónica Lagos, abajo a la izquierda, bailando en el grupo Onda Brava en el Hotel Carrera.
Mónica Lagos, abajo a la izquierda, bailando en el grupo Onda Brava en el Hotel Carrera.

El auto quedó clavado frente al pasaje, todo el día. Una niña se acercó a Rocha al anochecer. 

-Dígame quiénes son; no se lo contaré a nadie. 

Los periodistas respondieron con evasivas. Es casi seguro que ella creyó que se trataba de policías. 

Pasó el domingo entero, y la madrugada del lunes. Mónica Lagos no llegó. Nadie llegó. Pareció evidente que la mujer estaba adentro. 

Al amanecer de ese lunes, Salazar retomó la vigilancia. Poco después de las 9, una mujer de unos 60 años salió de la casa. Llevaba una bolsa para el pan. Salazar se acercó a ella y la abordó. 

-Buenos días, señora. Usted es la madre de Mónica Lagos. 

-Sí, señor... 

 -Desde ayer estoy tratando de hablar con ella. Es algo importante... 

-¿Qué será? 

-Se trata de un viaje que ella hizo a Estados Unidos. Creemos que ella es Liliana Walker, que trabajó para la DINA... 

-¿Usted quién es? 

-Soy periodista del diario La Época. 

En los ojos azules de la mujer aparecieron unas lágrimas. 

-¿Por qué no vamos para la casa? Ella ha estado muy enferma, ha tratado de suicidarse varias veces, se cortó las venas... Hemos tenido que vender el auto y otras cosas. Nos va quedando sólo la casa... 

La mujer hizo ingresar a Salazar al antejardín. Al disponerse a traspasar la puerta de la vivienda, otra mujer lo impidió.  

-¿Quién es, mamá? ¿Qué quiere?...  

Estaba muy nerviosa. La mamá intentó explicar, pero la mujer insistió.  

-No, no. Váyase. Váyase, por favor. Mamá, cierre la puerta... No queremos...  

-Por favor, déjenme hablar con ella. Es muy importante saber si ella es quien creemos-, argumentó el periodista. 

La mujer se alteraba cada vez más. La madre temblaba. De pronto una voz se escuchó desde una habitación interior del primer piso. 

-Voy a salir, pero vamos a hablar afuera. 

"Entren a la casa" 

Una mujer rubia, delgada, con el pelo tomado en un moño, vistiendo un overol de mezclilla azul y con los ojos enmarcados por gruesas líneas de rimmel, enfrentó al periodista. 

-¿Qué quiere? ¿Quién es usted? ¿Puedo ver su credencial?... 

-Creemos que usted es Liliana Walker, la mujer que acompañó al capitán Armando Fernández Larios en Un viaje a Estados Unidos en los días previos al asesinato de Orlando Letelier... 

-Están equivocados... yo.... 

-Sabemos que usted salió a Estados Unidos desde la Posada El Salvador (en Eliodoro Yáñez con José Miguel Infante), que allí vivía con un hombre que se llamaba Charly Walker, que de él tomó el apellido, que usó... 

Desde dentro, la otra mujer pidió que se bajara el tono de la voz. 

-Mejor entren a la casa, para que los vecinos no escuchen-, dijo. 

El grupo ingresó al living, pero todos permanecieron de pie. El diálogo prosiguió por varios minutos. 

-¿Tiene miedo, no? -dijo el periodista, de pronto-. Si tiene desconfianza, dígame en quién podría confiar y yo lo traigo aquí. 

Mónica Lagos dudó. Pensó un minuto y dijo: 

-Alejandro Hales. ¿Puede traer a don Alejandro Hales? 

-Podemos intentarlo. Deme dos horas. 

El periodista salió de la casa y a través del rudimentario celular que usaba avisó a Ascanio Cavallo, que el contacto se había hecho.  

A los pocos minutos, el editor general salió desde la redacción del diario rumbo a la oficina del abogado Alejandro Hales. 

(Continúa mañana)

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Comentarios

Comentarios

Interesante el reportaje de Lilia estoy entusiasmado

Hola excelente reportaje , que buen trabajo de La Época , Me señala un amigo que tal hay un error, ya que Don Alejandro Hales no ejercía la profesión y era Jaime Hales abogado quién se dedicó a la defensa de los derechos humanos. Saludos y gracias.!

Hola, es una muy buena noticia. Pero hace mas de 1 semana q estoy intrigada con la historia. la terminarán?

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