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Lunes, 6 de Julio de 2026
Gobierno bajo presión

Natalia Duco, BTS y el concierto imposible: otra crisis para el gobierno de Kast

Francisca Santander Faúndez

Natalia Duco lleva cuatro meses como ministra del Deporte y acumula tres grandes polémicas: el dopaje que marcó su carrera, su respaldo al rodeo y ahora el caos del concierto de BTS. Este domingo, miles de jóvenes marcharon en 11 ciudades del país. El caso no es solo un problema de gestión, es una radiografía de cómo el gobierno de Kast entiende (o no) la cultura masiva.

Miles de jóvenes chilenas compraron entradas a un concierto que nunca fue autorizado. Esa es la síntesis del escándalo BTS, que en los últimos días convirtió a la ministra del Deporte, Natalia Duco, en blanco de la furia del fandom más organizado del mundo.

El Instituto Nacional del Deporte rechazó el uso del Coliseo Central del Estadio Nacional para los tres shows de BTS programados para los días 14, 16 y 17 de octubre de 2026. La razón oficial: el escenario tipo 360° que requiere la banda pesa cerca de 600 toneladas y su instalación en el centro de la cancha comprometería el césped híbrido del recinto, que debe estar en condiciones para partidos internacionales de la Selección y la Teletón de noviembre.

La decisión puede ser técnicamente defendible. Lo que no lo es tanto es la forma en que se llegó hasta aquí.

Entradas vendidas sin autorización

La ministra Duco salió a aclarar la situación con una frase que, lejos de calmar los ánimos, los encendió. "Es imposible cancelar algo que nunca fue confirmado". Con eso, descargó la responsabilidad sobre la productora DG Medios, que vendió las entradas sin contar con el decreto de confirmación del IND.

El problema es que ese fenómeno, —productoras que venden entradas antes de tener los permisos formales—, no es nuevo ni desconocido para las autoridades. Es una práctica habitual en la industria del espectáculo en Chile y el ministerio lo sabía. Que el gobierno no haya establecido comunicación temprana con DG Medios para aclarar los requisitos técnicos antes de que se pusieran en venta las entradas es, cuando menos, una negligencia de gestión.

Duco ofreció alternativas: la cancha sur del Estadio Nacional o el Parque Cerrillos. Hay un problema aritmético en esa propuesta: el Estadio Nacional tiene capacidad para 90 mil personas. La explanada sur cabe 60 mil. Hay al menos 30 mil personas con entradas compradas que no tendrían espacio en el recinto alternativo. 

El caso BTS no llegó en el mejor momento para Natalia Duco. La ministra lleva cuatro meses en el cargo y ya acumula un historial de polémicas que la convierten en la autoridad peor evaluada del gabinete según la encuesta Cadem.

El domingo que lo cambió todo

Este domingo 5 de julio, la protesta se multiplicó. Army Chile convocó marchas simultáneas en 11 ciudades del país —Iquique, Copiapó, La Serena, Santiago, Viña del Mar, Rancagua, Talca, Concepción, Temuco, Valdivia y Puerto Montt— bajo la consigna "BTS al Nacional". En Santiago, entre 550 y 600 personas partieron de Plaza Italia y avanzaron por la Alameda hacia La Moneda, con globos morados, pancartas y canciones del grupo. La marcha fue pacífica y estuvo resguardada por Carabineros.

Entre los lienzos, uno resumió la lectura política del momento con precisión: "hay tiempo para avanzar en la megarreforma y no para que los fans puedan bailar o escuchar a sus cantantes favoritos". Otra participante fue más directa: "me da mucha vergüenza. Es el único país de Latinoamérica que ha generado tanto problema por el suelo del estadio."

También hubo novedades durante la jornada: mientras las fans marchaban, el Ministerio del Deporte abrió la puerta a autorizar el Estadio Nacional si DG Medios presenta una propuesta técnica con una estructura tipo mecano que distribuya el peso del escenario. Mientras tanto, la alcaldesa de Viña del Mar, Macarena Ripamonti, ofreció el Estadio Sausalito, y el alcalde de Concepción, Héctor Muñoz, se sumó con la misma disposición. Dos alcaldes moviéndose más rápido que el gobierno central.

El perfil de la ministra

El caso BTS no llegó en el mejor momento para Natalia Duco. La ministra lleva cuatro meses en el cargo y ya acumula un historial de polémicas que la convierten en la autoridad peor evaluada del gabinete según la encuesta Cadem.

La primera controversia fue la propia designación. Duco fue sancionada en 2018 con tres años de suspensión por dopaje positivo a GHRP-6, una sustancia sintética que estimula la hormona del crecimiento. No fue un caso accidental, —la sustancia requiere planificación y administración deliberada—. Kast la nombró igual, argumentando que ya había cumplido su castigo.

El nombramiento generó una paradoja institucional que el experto en antidopaje Héctor Dagnino señaló con precisión: el Ministerio del Deporte financia a la Comisión Nacional de Antidopaje, es decir, Duco financia a la institución que la condenó.

La segunda polémica llegó en abril, cuando Duco asistió al Campeonato Nacional de Rodeo en Rancagua junto al Presidente Kast, respaldó la disciplina como "deporte por ley" e invitó a la Federación del Rodeo a trabajar juntos. La respuesta del mundo deportivo fue dura: el maratonista César Díaz le sugirió directamente que renunciara.

La tercera fue en junio, cuando en el marco del ITTF World Para Future Santiago 2026 afirmó que "la prioridad número uno del Ministerio del Deporte es entregar ropa linda". La frase se viralizó al instante y la ministra tuvo que pedir disculpas.

Ahora el caso BTS.

El gobierno que no habla con los jóvenes

Lo que subyace a todo esto es algo más profundo que la gestión de un evento. El gobierno de Kast llegó al poder con una base electoral compuesta principalmente por adultos mayores, sectores más conservadores y clases medias preocupadas por la seguridad. Su relación con la cultura popular masiva, —el K-pop, los fandoms globales, la música que escucha la generación que marchó hoy—, es casi inexistente.

BTS no es una banda de nicho. Es el fenómeno cultural más grande del mundo en la última década. Sus conciertos generan millones de dólares en impacto económico local —hoteles, restaurantes, comercio, turismo— y movilizan a cientos de miles de personas. Tratarlo como un problema de infraestructura deportiva, sin una estrategia comunicacional ni una gestión proactiva con la productora, revela una brecha entre el gobierno y una franja enorme de la población joven chilena.

Duco lleva cuatro meses en el cargo. Cada una de sus polémicas ha terminado con la ministra pidiendo disculpas o matizando sus declaraciones. La pregunta que el gobierno todavía no ha respondido es si el problema es la ministra o si es el gobierno entero el que no sabe cómo hablar con la Chile que escucha K-pop.

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