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Viernes, 25 de septiembre de 2020
Urgencia exterior contraste con cierta calma interior

Oposición venezolana busca mantener impulso y desafía a Maduro con ultimátum sobre ayuda humanitaria

Andrés Almeida
Nicolás Massai D. (Desde Caracas)

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Interferencia
Interferencia

Este martes una multitudinaria marcha de opositores copó varias cuadras de Caracas. Sin embargo, el número de asistentes se está reduciendo de a poco y difícilmente estas manifestaciones producirán un derrocamiento. Por eso, Juan Guaidó elevó la apuesta: “La ayuda humanitaria va a entrar sí o sí el 23 de febrero”. Pero ello supone la desobediencia de las fuerzas armadas de Venezuela.

“El que se cansa, pierde”. Esa fue una de las consignas que se manifestaron durante la marcha de la oposición en Venezuela, que se desarrolló este martes 12 de febrero en la avenida Francisco Miranda, en Caracas, y que convocó a miles de personas que repletaron la calle a lo largo de al menos diez cuadras y sus aledañas. 

A simple vista, el grueso de los manifestantes provenían de las clases medias venezolanas, enardecidas contra el gobierno de Nicolás Maduro, las mismas que a partir del 23 de enero de 2019 respaldaron la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente encargado, un hecho del que ya se cuentan un par de semanas y que necesita de una estrategia para alargar su momento al tope de la contingencia.

De ahí la frase “el que se cansa, pierde”, pues si bien Guaidó ha logrado concitar la atención mundial y llevar al gobierno a una fase de debilidad, el derrocamiento de Maduro ya no fue inmediato. Por eso Guaidó, sin la capacidad de ejercer actos ejecutivos, elevó su apuesta poniendo una fecha concreta para el ingreso de ayuda humanitaria estadounidense. 

“El 23 de febrero será el día para que ingrese la ayuda humanitaria en Venezuela”, dijo en el estrado, ante sus seguidores. Luego complementó a través de Twitter: “En 11 días la Fuerza Armada Nacional Bolivariana tendrá que decidir si va a estar del lado de los venezolanos, de la constitución o del #Usurpador”.

El próximo 23 de febrero se cumplirá un mes desde la autoproclamación de Juan Guaidó.

El próximo 23 de febrero cae día sábado y se cumplirá un mes desde la autoproclamación. También la ayuda humanitaria es hoy la piedra angular de la campaña opositora, pues supone de la colaboración de las fuerzas armadas venezolanas para entrar al país y ser ahí distribuidas. En la eventualidad de que esto así sea, se estaría desautorizando la orden superior de Nicolás Maduro y precipitando su derrocamiento. 

Si bien la jugada opositora luce acertada a primera vista, debido a la crisis alimentaria y de falta de medicamentos por la que atraviesa Venezuela, en la ecuación no se ha considerado la fuerza de propaganda del chavismo. A través de todos los medios de comunicación posibles, las autoridades y los comunicadores afines al régimen, han descalificado la ayuda humanitaria estadounidense. 

La ayuda humanitaria estadounidense ha sido fuertemente refrendada por la máquina comunicacional chavista.

Destaca la profusa cobertura a la  posición de Christoph Harnish, presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja de Colombia, quien afirmó que “nosotros no participamos en lo que no es para nosotros una ayuda humanitaria”, pues en la concepción de del organismo, se requiere de la neutralidad y de la aceptación por parte del país que la recibe. Cabe recordar que el principal punto de acopio de los bienes estadounidenses están en la colombiana y fronteriza ciudad de Cúcuta, aledaña al estado venezolano de Táchira.

Asimismo, el régimen ha destacado en todo sus foros que las 100 toneladas de ayuda humanitaria no son una solución a los problemas pues esa cifra empalidece frente a las 15.000 toneladas de ayuda que el gobierno entrega mensualmente a través del sistema CLAP, mediante el cual cualquier organización vecinal puede acceder a canastas básicas.

Otro ejemplo de la fuerte contracampaña mediática - llamada Hands off Venezuela- ha sido la reexhibición de Telesur -el canal estatal venezolano de televisión internacional que en Venezuela es operado por las distribuidoras de cable- del documental US Aid, la invasión silenciosa editado en 2015 por Telesur, en el que se denuncian distintas intervenciones de Estados Unidos que habrían tenido como punta de lanza a este organismo, que hoy es el encargado de llevar la ayuda norteamericana a las fronteras de Venezuela.

“No es ninguna ayuda humanitaria aquella que tiene por fin político agredir a una nación, de agredir a un estado y agredir su soberanía. Incluso han aparecido reportes acerca de la existencia de comida descompuesta”, dijo a INTERFERENCIA Jorge Rodríguez, el ministro del Poder Popular para la Comunicación y la Información. Y si bien después se desestimó la versión que indicaba que la comida de US Aid haya estado descompuesta, la versión fue profusamente divulgada, sobre todo a través de redes sociales.

Caracas en calma

Más allá de las declaraciones cruzadas en torno a la ayuda humanitaria y la marcha, Caracas vivió hoy una jornada sin violencia. Durante la manifestación opositora, las consignas fueron pacíficas. Por su parte, la policía venezolana guardó prudente distancia y se limitó a cerrar el paso de manifestantes hacia otras zonas de la ciudad a varias cuadras de donde tenía lugar al actividad. Esto, sin los equipamientos similares a los que emplea las Fuerzas Especiales de Carabineros. Es decir, sin exoesqueletos, cascos, lacrimógenas ni chalecos antibalas. Al menos durante este martes.

A pocos kilómetros de la marcha, que transcurrió en uno de los barrios acomodados de Caracas, la vida urbana de la capital venezolana transcurría con normalidad. En el centro de la ciudad los comercios estaban abiertos, las personas circulaban por las aceras y los automóviles se movían en su frecuencia habitual.

Fue distinto en una de las cientos de plazas Bolívar que hay en Venezuela. En aquella que está a pocas cuadras de Miraflores, el palacio de gobierno, transcurría una campaña chavista de recolección de firmas por la paz y contra la posible intervención militar de Estados Unidos. Ahí cerca de dos mil personas fueron a acompañar a Nicolás Maduro, quien hizo una breve alocución respecto a esta campaña que se desarrolla en todas las ciudades del país. 

En las inmediaciones a la plaza, en una calle cercada a la que el equipo de INTERFERENCIA había accedido dadas sus acreditaciones de prensa, de pronto un Toyota 4 Runner de color beige ingresó, se detuvo y bajó el alzavidrios polarizados. Para la sorpresa de estos periodistas y de un colega paraguayo, al volante iba Nicolás Maduro y a su derecha Cilia Flores, su esposa. El presidente gritó “¡Ey argentinos!”. “No. Somos chilenos”, contestamos y nos presentamos como periodistas de INTERFERENCIA. Lo saludamos de mano, brevemente, sin que hubiera tiempo para hacer preguntas dadas las condiciones de seguridad de la zona, por lo que el auto rápidamente enfiló hacia un estacionamiento a pocos metros.

Horas antes, vimos llegar a Juan Guaidó con el mismo colega paraguayo al escenario desde donde anunciaría el 23 de febrero como fecha clave de su apuesta. Iba en la parte trasera de una moto, acompañado por una decena de otros motoristas que lo llevaban raudos al lugar donde hablaría. No lo alcanzamos a saludar de mano, como también habría correspondido. Ni tampoco nos vio.

La marcha en vivo

En la columna de la marcha opositora no había poleras rojas. Uno de las tantas personas que sostenía una bandera venezolana, que caminaba junto a su esposa, comentó que ese color está vinculado con el chavismo y que, por ende, se evita a como dé lugar en este tipo de actividades. “Se acepta ese color vino, como el de la selección de fútbol del país, nada más”, dijo. 

Las banderas venezolanas estaba por sobre cualquier otro ícono de filiación política o de rostros de líderes opositores, incluido Guaidó.

De hecho, la marcha se caracterizó más que nada por la presencia de banderas venezolanas, sin que haya otras filiaciones, como las de los partidos políticos que sustenta a Guaidó, como Voluntad Popular (su partido) o Acción Democrática. Tampoco había iconografía de rostros políticos ni cánticos favorables. Sintomático de aquello es que, luego de un video de apoyo por parte de Miguel Bosé y Juanes, entre otros, la primera alocución haya sido por parte del instagramer Manuel Ángel Redondo, quien se declaró apolítico y dijo que el gran aprendizaje de su generación es no creer en dirigentes ni de gobierno ni de oposición. La justificación de su presencia se debió a que este martes el país celebró el Día Nacional de la Juventud (que no es feriado).

Dentro de los participantes, y parado en un estacionamiento de motocicletas, se encontraba el abogado Tulio Álvarez, jefe de la cátedra de derecho constitucional de la Universidad Central de Venezuela, y quien ha sido férreo opositor a las políticas impulsadas por el gobierno de Nicolás Maduro.

En conversación con INTERFERENCIA, celebró la convocatoria de la manifestación. “Esta convocatoria que ves tú aquí, el régimen ya no lo hace. Hay un aislamiento total. Los activos venezolanos han sido congelados en buena medida. Desde el punto de vista del funcionamiento del Estado, ya no cuenta con los recursos que tenía antes. Es probable que en el muy corto plazo nos encontremos con un Estado que ni siquiera va a poder pagar una nómina. Esto es un problema de tiempo”, dijo.

A su lado, arriba de una motocicleta, se encontraba José Di Giorgio, jefe de operaciones de Primeros Auxilios UCV, más conocidos como Cascos Verdes, un grupo de alrededor de 200 voluntarios ligados al área de la salud que comenzó en 2014 a atender a personas que “se ven afectadas por la represión de las manifestaciones en Caracas”.

“En las dos últimas actividades prácticamente no hemos tenido lesionados, más allá de aquellos afectados por el calor o la aglomeración de personas. En la primera manifestación, del 23 de enero, tuvimos un saldo de 18 a 30 personas lesionadas producto de gases lacrimógenos”, contó.

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