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Lunes, 6 de abril de 2020
Coronavirus

Relatos del futuro: Testimonios del día a día en la cuarentena en España

Paula Huenchumil

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Rambla de Barcelona. Vía Twitter: @NoSoyLisa
Rambla de Barcelona. Vía Twitter: @NoSoyLisa

Hace seis días comenzó una cuarentena nacional en España para frenar el coronavirus, una decisión que no solo afecta el curso del país, sino la cotidianidad de cada ciudadano. INTERFERENCIA conversó con una enfermera que trabaja en Madrid, un dueño de un bar en Valencia, una estudiante chilena en Barcelona, una polaca residente en Sevilla, y un operario de Liria que no puede dejar de trabajar, entre otros testimonios. Aquí historias que pueden llegar a parecerse mucho a las que se vienen en Chile.

El sábado 14 de marzo el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, decretó estado de alarma para frenar la propagación del coronavirus en España, comenzando una cuarentena nacional para un país de cerca de 46 millones de habitantes. Una situación de la que Chile no está lejos; de hecho es la misma ciudadanía chilena la que reclama por una cuarentena que permita a más personas poder resguardarse en sus casas. 

INTERFERENCIA conversó con una enfermera que trabaja en Madrid, un dueño de un bar en Valencia, una profesora jubilada en Requena, una estudiante chilena en Barcelona, un operario de fábrica del municipio de Liria y una polaca residente en Sevilla, entre otros testimonios. Relatos desde distintos rincones del país europeo que cada día a las 20:00 se asoman a sus balcones o ventanas para aplaudir la labor de los trabajadores de la salud pública. 

Aquí sus historias.

Eva (37 de años). Enfermera de cuidado intensivos en un hospital público de Madrid

Estamos con restricción de movimiento, pero yo tengo que salir porque tengo que ir a trabajar. Estamos en un momento crítico, con una curva bastante alta. El problema principal del virus es que sabemos que se contagia muy rápido, aparte que no hace falta tener síntomas para contagiar la enfermedad, lo que provoca esta crisis de sanidad que tenemos ahora mismo en España.

Nosotros estamos intentando solventarla como podemos, aumentando el número de UCI. Hago mi trabajo y mi esfuerzo posible para no contagiarme y vosotros, quienes no están en este ámbito de salud, por favor quédense en casa. Así todos nos ayudamos con todos, para poder tratar a la gente que de verdad lo necesita, como la gente mayor o con inmunodeficiencias o patologías de bases, por lo que esto es un trabajo de solidaridad por sobre todo; pensar en el otro.

Yo no tengo más objetivo que el del día siguiente, que tengo que estar fuerte para poder ir a trabajar. Es mi único objetivo actualmente en la la vida. Cuando pase esto ya miraré más al futuro.  Espero que dentro de poco podamos abrir fronteras y que podamos abrazarnos como nos abrazamos antes.

El problema mayor que tenemos en el hospital, aparte de la llegada de pacientes masivos, es que estamos habilitando salas que eran almacenes con camas de UCI y respiradores nuevos que nos van llegando, pues la situación es crítica en el sentido de que nos falta personal, porque muchos se han puesto enfermos y también falta gente que conozca la UCI, porque hay muchos enfermeros, pero no son todos capaces de llevar un respirador. Ese es un problema al que nos enfrentamos ahora mismo en Madrid. Se prevé que esta semana será peor, pero vamos, estamos habilitando todo lo que se puede. También hay escasez de material.

Tienes un estrés grandísimo emocional de la gente que está llegando, porque la gente llega muy malita. Como enfermera de UCI, aparte de la carga de no contagiarte, de turnos indefinidos, ves que la gente se pone mal, las tienen que cubrir y aparte las personas que están viniendo que no llegan bien, hay un ambiente con mucha tensión. Pero estas cosas sacan lo mejor de la gente y se intenta hacer lo que se pueda. Todo el mundo está con buena intención y hace lo que debe. Creo que no es tiempo ni de criticar ni de exagerar, ni de hablar de catástrofe mundial, es solo momento de actuar y trabajar e intentar hacer lo mejor para que esto dure lo menos posible. Después tendremos tiempo de analizar los errores. Un beso grande para Chile y mucha suerte. 

Joaquín Lorenzo Ortiz (32 años). Propietario de un bar en el barrio de Benimaclet, Valencia

Empezó todo siendo súper rápido la verdad. No nos esperábamos que iba a ser tan grave. Si que es verdad que cuando comenzaron a tomarse las medidas de cierre de colegios, el bar siguió abierto dos días más y claro, empezó a venir menos gente, bajó muchísimo la faena.

Fui un día al gimnasio y casi no había gente, hasta que llegó el viernes y dijeron que a partir de las doce no se podía abrir ningún centro de ocio. Yo decidí directamente cerrar ese día. 

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Joaquín Lorenzo, dueño del bar Clandestí en el barrio de Benimaclet, Valencia
Joaquín Lorenzo, dueño del bar Clandestí en el barrio de Benimaclet, Valencia

Esto afecta bastante, porque te vas a tirar mínimo medio mes sin ganar dinero básicamente. Yo como autónomo tengo que pagar al mes unos 300 euros por seguridad social y eso de momento no lo han cancelado. Estás aquí en casa, pero no paras de pensar si vas a poder aguantar. Tenemos el verano cerca y ahí no tengo tanto trabajo porque la gente viaja.

Hace dos años más o menos que abrí el bar pero pienso en los que hayan empezado con el negocio ahora mismo, dudo que puedan seguir. Si es verdad que el gobierno cada día está saliendo con anuncios, pero aún no sabemos cómo hay que solicitar las ayudas. Es una locura para quien tiene un negocio, porque no sé qué pasará, es una incertidumbre muy grande. Justo me acababa de comprar una moto, entonces piensas ¡hostia va todo bien! me alcanza el dinero, me estaba yendo bien, pero ahora te lamentas en el sentido de ¡qué será del negocio! En España gran parte de la economía se basa en el turismo, y dejaremos de recibir muchísimas visitas, ya no es la pérdida de quince días. Quizás en un año se normalice todo. 

Hay gente que acata las normas, pero al comienzo la gente de Madrid se vino a la costa y contagió a mucha gente. Pero ahora solo se sale a comprar y pasear el perro. Hay un poco de histeria en las compras, como si se fueran a acabar las cosas.

Son como unas vacaciones en las que no puedes salir de casa básicamente. Yo pinté mi habitación y pasamos el tiempo con mis compañeros de piso y mi novia. De momento no me ha dado tiempo a aburrirme. Ojalá que en Chile tomen las medidas lo antes posible.

Antonia Gómez (64 años). Profesora jubilada, Requena (Valencia)

Creo que todavía no soy bien consciente de la envergadura de lo que está pasando. Tengo 64 años y nunca había vivido algo así, con tanta incertidumbre para una sociedad como la nuestra que parecía tenerlo todo controlado. O, quizás sí, en el fondo sabía que tenía que suceder algo que nos diera un gran toque de atención para que la humanidad entienda que tenemos que cambiar muchas cosas, sobre todo la vorágine que llevamos destruyendo todo.

He tenido que suspender citas médicas, menos mal que no son urgentes. También han quedado suspendidas las actividades que llevaba a cabo; taller de pintura, escritura, rondalla [una agrupación con instrumentos de cuerda], etc. Estoy pendiente si podré recuperar el dinero de un viaje previsto. Y también me preocupan mucho amigas, de edad bastante avanzada, que viven solas y estos días no pueden contar con ninguna compañía. 

Yo, por mi parte, intento organizarme el día, con un horario. Intento hacer un poco de ejercicio, arreglar en la casa cosas que tenía pendiente, mantenerme informada de cómo evolucionan los acontecimientos, organizar la comida, leer, pintar y, sobre todo mantener el ánimo por mí y por mi marido. No podemos salir los dos juntos. Él se encarga de salir a comprar, con mascarilla y guantes. Algunos alimentos se agotan enseguida. Cuando llega a casa deja los zapatos y la chaqueta en la entrada. Se ducha. Desinfectamos todos los días las manivelas de las puertas, los interruptores de la luz, el suelo con agua y lejía.

Todos los días me pongo en contacto con mis hijos, mis hermanas, amistades que se que viven solos para comprobar que están bien. Y sobre todo ruego porque nos surja ningún problema de salud o accidente doméstico, porque no sabemos si podríamos ser atendidos ya que los sanitarios están desbordados con los ingresados por coronavirus.

Vivo sobre todo con preocupación pensando en mi familia. Además de pensar que pueden ser afectados por el virus, también me preocupa mucho cómo les puede afectar en los proyectos en los que mis hijos y mi hija están trabajando.

Paulina Podniesinska (26 años)  Polaca que trabaja como traductora en Sevilla

Todo lo que estamos viviendo me parece irreal, como si viviéramos en una película. Hace dos semanas yo estaba viajando desde Polonia a España, volviendo a casa. Al llegar a España todo fue como siempre, la vida seguía normal, plazas y bares llenos de gente. Hace una semana tomaba un zumo en la cafetería y una semana después estamos todos encerrados en casas con salidas muy limitadas. Yo al principio sentí miedo y tuve una ansiedad enorme. No fue tanto por el virus y la enfermedad sino qué consecuencias podría tener en la economía y en el trabajo.

Me sentí incómoda por la lentitud de las acciones que tomaba el gobierno español. En mi país de origen fueron mucho más estrictos desde el principio, con tan solo 50 casos cerraron las fronteras, las escuelas, las universidad y los centros comerciales, mientras que en España, con cientos enfermos, no hacían nada y la gente ignoraba mucho el peligro. Eso me causó una ansiedad por muchos días. 

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Centro histórico de Sevilla. Vía Twitter: @C_HistoricoSev
Centro histórico de Sevilla. Vía Twitter: @C_HistoricoSev

Yo por un tiempo perdí el trabajo porque mi empresa tiene base en Madrid. Resultó que la van a cerrar y mandar a los empleados a trabajar desde casa por lo que tenían que reorganizar todo. A partir de la semana que viene me reincorporo de nuevo, trabajando desde casa. Pero tengo unas colegas que perdieron sus trabajos en el sector del turismo, sobre todo los hoteles que se quedan vacíos. Creo que la preocupación más grave aparte de la enfermedad en sí, son las consecuencias económicas que vamos a sufrir, y también la incertidumbre de las semanas que llegan. 

Se supone que en Italia van a llegar al pico de los contagios a finales de marzo, entonces en España será en abril ¿Por cuánto tiempo se parará el mundo y cuanto tiempo estaremos encerrados en casa? Es mi pregunta de cada día.

Pero por otro lado, yo estoy agradecida de tener la posibilidad de trabajar tranquila desde casa y no tener que salir cada día a arriesgar mi salud o la salud de otros. Se puede sentir mucha solidaridad en el país y creo en el mundo entero ya. Cada día a las 20:00 salimos a los balcones para aplaudir para todo el personal sanitario y  a todos los que se arriesgan a diario para que nosotros nos quedemos tranquilos en casa. Es un acto muy bonito, la verdad. 

De repente, después de tres años de vivir aquí, empiezo a conocer a mis vecinos mejor... jamás he visto en Sevilla las calles tan vacías y he experimentado el silencio por la noche.

Yo antes trabajaba de forma remota por lo que no me cuesta tanto estar encerrada y tener que trabajar desde casa, pero intento mantener la pequeña rutina diaria. La vida afuera se ha parado, pero nuestras vidas siguen, solo hay que cambiar un poquito el ritmo. Intento levantarme y acostarme a la misma hora, tengo más tiempo para preparar la comida saludable, tengo una hora para hacer yoga en la terraza, leer más libros, hay más tiempo para hablar con los amigos de todas partes del mundo y mis familiares. Realmente los dias se me pasan rápido, entre trabajo, las llamadas, comida y charlas con mis compis

Personalmente quiero aprovechar este tiempo para hacer las cosas que dejaba para más tarde y que no tenía tiempo, como aprender un nuevo idioma, ordenar las fotos o ver una nueva serie.

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Paulina Podniesinska desde su balcón aplaudiendo a los trabajadores de la salud pública en Sevilla
Paulina Podniesinska desde su balcón aplaudiendo a los trabajadores de la salud pública en Sevilla

También, en mi casa hemos limitado mucho las charlas sobre el virus. Hemos acordado hablar de esto solo una vez al día, al ver las noticias por la tarde para no agobiarnos más, luego no miramos más noticias ni en la tele ni en las redes sociales, porque de verdad uno se puede volver loco al escucharlo 24/7. Creo que es muy significante para la salud mental. Entonces hay que tener mucho cuidado con el internet y la tele, y en vez de estresarse constantemente, aprovechar el tiempo libre que tenemos para otras cosas, para distraerse, mantener la mente libre y más positiva, por muy dura y preocupante que sea la situación para todos. 

Quiero mantener la fe que todo va a pasar y que todo saldrá bien. La idea de que es solo temporal, que puede durar meses, pero que no es para siempre, me ayuda mucho. Con el esfuerzo que hacemos hoy, con el aislamiento, ojalá pronto podamos salir de nuevo, viajar de nuevo, pero también creo que es la hora de pensar y reinventar ciertas ideas, nuestros estilos de vida, nuestro impacto en la tierra y el cambio climático. Quiero creer que el mundo se ha parado por algo pero también sé que después de todo, nada será igual.

Rosario González (26 años). Chilena que estudia y trabaja en Barcelona 

Vivo aquí hace un año y medio. Me cambié de trabajo y hace dos meses que trabajo en una cafetería. El tema del coronavirus nos venía afectando hace mucho en las ventas, por lo que los turnos y horas trabajadas habían empezado a disminuir.

Hasta que el viernes fue inminente el cierre por el comunicado del presidente y porque era insostenible abrir las tiendas con el poco flujo de clientes que existía desde el sábado en cuarentena oficial. No vivo sola, estoy con cuatro compañeros de piso y eso lo ha hecho más llevadero. Ya cocinamos todo juntos, hacemos ejercicio y a la vez cada uno tiene sus espacios también. Yo estudio un master así que por ese lado he intentado mantenerme ocupada.

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Rosario González junto a sus compañeros de departamento en Barcelona
Rosario González junto a sus compañeros de departamento en Barcelona

Lo más preocupante es el tema salarial. Este mes no será terrible porque me pagarán las dos primeras semanas de cuarentena como vacaciones y las horas extras y otros plus del mes pasado, que se pagan a mes vencido. Lo preocupante es después de ese periodo porque ahí se activa una suspensión temporal de los contratos y el Estado comienza a pagarte una especie de seguro de cesantía. De todas formas, todo esto lo tramita la gestoría de la empresa en mi caso.

Por un lado estoy tranquila porque algo llegará, pero no te pagan el 100% del sueldo. En mi caso yo pago arriendo y el master mensualmente. Así que en ese sentido estoy bien urgida. Lo genial es que este seguro no se descuenta de tus cotizaciones, así que bien.

Ir al supermercado es deprimente. Filas para entrar, hay un máximo de aforo dentro del super de diez personas creo, por lo menos al que voy. Te desinfectan las manos antes de entrar, hay que mantener la distancia en todo momento, es tétrico.

Enrique Pascual (32 años). Operario de producción de una fábrica que construye generadores eólicos en Liria (Valencia)

Lo que está pasando en esa fábrica es de escándalo, van improvisando sobre la marcha. El metro de distancia se respeta a partir de entrar a los tornos, la cola de espera fuera de la fábrica es otra historia. Los que trabajan en oficinas los han mandado a trabajar desde casa pero los de producción, como es mi caso, nos siguen obligando ir a trabajar, somos unos 500 por turno en tres turnos distintos. 

Han modificado los horarios para que no nos crucemos saliendo media hora antes, aunque de poco sirve si luego una vez en la línea de montaje estamos unos encima de otros. Nos han dado unas mascarillas desechables que a las ocho horas se deben tirar, nos dicen que las aguantamos cuatro días. A la salida del descanso tienes que pasar por unos tornos, de nuevo tienes que tocar la pantalla para que se encienda y que te fiche la cara para poder salir. Cada cierto tiempo ponen una grabación con lo que debemos hacer, es decir, el uso de mascarillas, guantes, usar el desinfectante. Eso si, a la entrada te toman la temperatura.

Elisa González (23 años) Estudiante de máster documental en Barcelona

Estoy con una sensación que no me lo creo, es algo tan raro. El domingo, no debería haberlo hecho, quería verlo con mis propios ojos, paseé un poco con la cámara y no habían coches, todo cerrado, algunos turistas un poco perdidos y la policía trataba de orientarlos. Me dijeron que tenía que ir a casa y me fui. 

El resto de días solo salimos al supermercado, en mi caso soy afortunada porque soy estudiante, vivo con mi hermana y nuestros padres nos ayudan, ellos son funcionarios de Televisión Española.

Tengo muchos amigos que sus padres han perdido el trabajo, pero al parecer van a amortiguar los pagos. Pero cada día es algo nuevo y hay que estar preparando mentalmente. Todos los días a las 20:00 aplaudimos a quienes trabajan en servicios básicos, así que al final hacemos un poco de comunidad. 

Pues es verdad que un día estaba con un poco de bajón, porque siempre estoy en la calle y no poder salir es raro. Me dolía el estómago y no sabía si era de la ansiedad, nervios o de no moverme. 

Probablemente esto se alargará. Madrid está más complicado, sobre todo centros de ancianos, lo cual es muy triste y desalentador, pero tengo esperanza que podemos terminar con eso.

Juan Manuel Fernández (40 años). Historiador, Córdoba 

No noto ese miedo que me han transmitido compañeros que viven en Madrid. Allí nadie sale prácticamente para nada y aquí en mi barrio sí veo gente simplemente paseando, especialmente personas ancianas, que se suponen que tienen que cuidarse más. 

Conforme vi el avance de la enfermedad en China y mucho antes de la histeria colectiva empecé a comprar líquido hidroalcohólico, tenemos dos litros, y mascarillas, así como comida para incluso aguantar cerca de un mes, por lo que no hemos tenido esa sensación de angustia y desabastecimiento. En casa, al ser mis padres mayores, yo soy la persona que ha bajado a comprar ahora que está la cosa más tranquila, carne para el consumo al día alguna vez así como pan cada dos días.

En la calle se está empezando a ver gente con mascarilla, más concienciada, haciendo cola con un metro de distancia. En general todo el mundo que conozco está en su casa estrictamente. Al ser opositores [personas que se preparan para distintos concursos públicos] la mayoría está aprovechando el tiempo para poder estudiar.

Por lo que me dice mi amigo que tiene que ir todos los días a un hospital, con su padre enfermo oncológico, la policía es espectacular como está actuando. Paran cada coche que ven para preguntar qué están haciendo y si están siguiendo la orden del estado de alerta. Si no es así multan. En un par de días en Córdoba va sobre 20 multas según periódicos locales.

Yo tuve que llevar a mi madre el otro día al hospital para una revisión y fue la vez que menos estuvo esperando. Están convocando a la gente poco a poco para que no se agolpen. Al menos hacen lo que pueden. También tengo un familiar que trabaja en un hospital de operaciones ambulatorias, van a cerrarlo en un par de días y reubicar a esos sanitarios a hospitales centrales para reforzar la plantilla, los cuales tienen gran falta de material apropiado para tratar los casos positivos, en Córdoba; casi 70. Si es así en Córdoba no quiero imaginar en Madrid con los materiales que están trabajando.

Cuando salgo a hacer la compra siempre subo y bajo por las escaleras. Si tengo que tocar un pomo para abrir lo hago con guantes o papel que luego tiro. Cuando subo me desinfecto las manos lavándolas con jabón y me meto en la ducha, creo que estoy empezando a volverme un poco paranoico.

Ya se oye decir por parte del gobierno que habrá que renovar esos 15 días de alarma. Según el círculo de familia, sanitarios amigos de la familia, esto por lo menos durará un par de meses así y yo también lo creo. 

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