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Jueves, 6 de agosto de 2020
Primarias presidenciales en EE.UU.

Sanders vs. Biden: demócratas definen en el “supermartes” al rival de Donald Trump

Daniel Cifuentes

sanders biden

Joe Biden y Bernie Sanders
Joe Biden y Bernie Sanders

Tal como ha sido la tónica en anteriores procesos electorales en Estados Unidos, se espera que las masivas primarias de esta jornada otorguen una ventaja irremontable para el candidato que resulte ganador. Mientras en el ala republicana Donald Trump corre sin obstáculos, el Partido Demócrata divide favoritismos entre socialismo y establishment.

“Supermartes” en Estados Unidos y el mundo fija su mirada en el Partido Demócrata, colectividad de la que emergerá el contrincante de Donald Trump de cara a los comicios presidenciales de noviembre.

Hoy, 14 estados del gigante norteamericano —entre ellos California, el más poblado— están convocados a las urnas para votar en las primarias de la oposición, luego de que ya lo hicieran Iowa, New Hampshire, Nevada y Carolina del Sur. Se trata del hito de mayor masividad de una ronda eleccionaria previa que, a diferencia de Chile y otros países, no se celebra en un solo día, sino que a lo largo de cinco meses.

Pero esa no es la única particularidad de las internas estadounidenses. Los precandidatos a la presidencia no acumulan directamente votación popular, sino que un cierto número de delegados que se distribuye proporcionalmente en base a los sufragios obtenidos. Cada estado dispone de un número establecido de delegados que sumados completan un total de 3.979 a nivel país. 

Quien resulte nominado, debe alcanzar 1.991 delegados que lo respalden en la Convención Nacional Demócrata, y este “supermartes” se distribuyen 1.357 entre los diferentes estados que sufragan; un volumen que bien capitalizado por alguno de los aspirantes puede inclinar la balanza a su favor de forma incontrarrestable. 

Los demócratas pusieron en papeleta una serie de nombres elegibles, pero son cuatro los que hasta ahora han liderado la disputa: Elizabeth Warren, senadora por Massachusetts del ala progresista; Pete Buttigieg, exalcalde de South Bend con postulados moderados; Joe Biden, ex vicepresidente de Barack Obama y sindicado como el candidato del establishment; y Bernie Sanders, senador por Vermont autodefinido como socialista.

Este grupo de avanzada encarna el dilema del Partido Demócrata, que aún no se repone de la derrota de Hillary Clinton en 2016 y que recientemente fracasó en su intento por destituir a Donald Trump vía impeachment. El to be or not to be opositor pasa por seleccionar una figura moderada, que dispute el centro político, o apostar por un extremo, que compita en los mismos términos —pero desde veredas irreconciliables— con el actual mandatario.

Para esta última opción el que corre con ventaja es Bernie Sanders (60 delegados momentáneamente), hombre de izquierda que cosecha profundas simpatías en América Latina y otras latitudes. El senador se sitúa en el primer lugar de los sondeos y hoy podría consolidar una ventaja que lo convierta en el virtual abanderado demócrata.

Los nostálgicos de la fórmula moderada observan con preocupación la dispersión de los candidatos y sus respectivos votos. Elizabeth Warren (8 delegados), aun con el favoritismo del New York Times, no ha fraguado el apoyo esperado. En contrapartida, Biden (54 delegados), que carga con la mochila de la administración Obama, registró el sábado una sólida victoria en Carolina del Sur —clásico reducto afroamericano—, que momentáneamente lo muestra competitivo frente a Sanders.

Además, en lo que se observa como una clara maniobra del entramado demócrata, tres candidatos bajaron su aventura presidencial antes del “supermartes”: el mencionado Pete Buttigieg (26 delegados), Amy Klobuchar (7 delegados) —conocida en Chile por apoyar un proyecto minero de la familia Luksic—, y Tom Steyer (sin delegados, pero con una abultada fortuna). Tanto los delegados como los recursos invertibles en campaña cruzarán la vereda hacia Joe Biden.

La serie de retiradas no ha hecho otra cosa más que arrinconar a Warren, que ya se aprecia extremadamente debilitada comparada a Biden, pese a lo cual podría restarle algunas preferencias centristas. Ello, mientras el votante liberal erige a Bernie Sanders como su única vía de representación. 

Dicha realidad se vuelve aún más evidente en California, estado que pone a disposición 415 delegados y donde Sanders confía acaparar cerca del 80% de las inclinaciones. Otros territorios donde debería imponerse holgadamente según las encuestas, son Colorado, Massachusetts, Minnesota y Vermont.

Ahora bien, aunque el panorama se muestre ligeramente auspicioso, Bernie Sanders no debe confiarse. El sistema electoral de EE.UU. cuenta con cerrojos que obstaculizan la proclamación de un abanderado outsider. Junto con la eventual bajada de más candidatos para adherir a Biden, existen los superdelegados, personeros del partido que aterrizan directo a la Convención Nacional y cuentan con libertad de acción.

Así las cosas, al hito definitivo de aclamación a desarrollarse en julio próximo, podría llegar un Sanders puntero y con la primera opción, pero acechado de cerca por la maquinaria del statu quo.

Un socialista en la Casa Blanca

“Elegir a un socialista en Estados Unidos es algo que nunca va a pasar. Se han hecho encuestas. Si pones un candidato afromericano, puede ganar. Un gay, un joven, todos pueden ganar. Pero si pones un socialista, se registra el índice de aprobación más bajo”, afirma Peter Siavelis, profesor y director del programa de Ciencia Política de la universidad norteamericana de Wake Forest.

Consultado por INTERFERENCIA a pocos días del “supermartes”, el politólogo estadounidense le baja el perfil a la avanzada de Bernie Sanders, subrayando que existe una generación que aún no supera la polarización de la Guerra Fría y el cisma ideológico que marcó la doctrina Reagan. “La sola reacción del electorado al término ‘socialista’ es algo a lo que el oficialismo pretende sacar rédito”, agrega.

“Aunque las elecciones son en noviembre, veo muy poco probable que Sanders gane la presidencial si es proclamado”, sostiene.

Siavelis describe el momento político en EE.UU. efectuando un paralelo con el Chile de la transición, dada la profunda división que experimenta la sociedad y opinión pública. 

“Es una guerra en la que pareciera que se enfrentaran bandos pinochetistas y antipinochetistas. Todo lo opuesto es el diablo, antipatriotas. Se dice que el gran tema de esta elección es la salud, pero si miras el debate es más bien cultural. Hay demócratas que dicen que Donald Trump va a hacer algo latinoamericano y va a cambiar la constitución para seguir en el poder. Los republicanos dicen que si gana Bernie Sanders nos vamos a convertir en la Unión Soviética”.

Respecto a las similitudes con la anterior elección, Peter Siavelis dice que está en juego la misma dinámica de 2016, la misma rabia del estadounidense blanco de estrato medio bajo “que cree que se robaron el país, que China es el enemigo y que los latinos y afroamericanos gozan de una mejor situación que él”. Por ello remarca la importancia de la astucia política de quien resulte ser el candidato demócrata.

Asimismo, pide no perder de vista la renovación de parte del Senado y de la totalidad de la Cámara de Representantes. “No sé si los demócratas podrán mantener la Cámara y disputar el Senado, más aún por el factor Bernie, lo cual lo vuelve más difícil. Incluso, hipotéticamente, si Bernie resultara electo presidente, no tendría mayoría. Un clásico problema del presidencialismo”.

La segunda parte de Trump

Donald Trump corre sin obstrucción alguna en la arena republicana. Con buenos resultados macroeconómicos y una política internacional frontal, pone todas sus fichas en una reelección que le otorgue cuatro años más en la Casa Blanca. Y ahora, a diferencia de 2016, también apuesta por conquistar la mayoría en voto popular y no solo a nivel de colegio electoral.

¿Qué debería esperar el mundo de un nuevo período de Trump? Paulina Astroza, Dra. en Ciencias Políticas y Sociales, anticipa que estaríamos en presencia de un presidente reforzado, en pie de llevar cada negociación diplomática hasta el máximo de sus ganancias, tal como ya lo ha logrado con China y el Nafta (Tratado de Libre Comercio de América del Norte).

“Por ejemplo, ahora se vienen negociaciones con el Reino Unido y Boris Johnson necesita un acuerdo, en lo que claramente no es una tratativa simétrica. En ese caso, veríamos a un Trump reelecto absolutamente fortalecido para imponer sus términos”, señala la también académica de la Universidad de Concepción.

Sin embargo, sostiene Astroza, pese a todos los riesgos que representa el hoy mandatario, si la presidencial culmina en una disputa entre él y Bernie Sanders, muchos actores internacionales se inclinarían por un nuevo período del magnate.

“No tengo dudas de que la gran mayoría quiere un Joe Biden que replique la lógica de entendimiento de Obama, porque Sanders es un elemento de incertidumbre y el planeta ya tiene demasiada. Ahora, esto nadie lo va a reconocer, pero los líderes pragmáticos, con toda seguridad, preferirían una segunda parte de Trump antes que a Sanders. Ya han lidiado con él y lo conocen. De Sanders no saben qué esperar”.

Finalmente, la especialista instala la crisis del coronavirus como un elemento a tener en cuenta; una suerte de prueba global a meses de la elección. “A pesar de sus bajas tasas de contagio y mortalidad, el virus hoy tiene efectos en los países y los mercados. Hay que ver cómo la evolución política y económica del coronavirus puede afectar el liderazgo de Donald Trump”.

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