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Domingo, 28 de Noviembre de 2021
[Sábados de streaming]

Series de TV – Patria: El dolor del otro

Juan Pablo Vilches

La historia de dos familias quebradas por un asesinato de ETA es la sinécdoque de un país profundamente fracturado, que a lo más que puede aspirar es a una lenta sanación.

Patria nos presenta sus cartas desde el principio, al menos las más importantes. Empieza en un día con mucha lluvia, muy lúgubre, porque en esta serie el sol aparece poco y la gente se ríe menos. Casi nunca. El chaparrón corresponde a un día cualquiera de comienzos de los 90, cuando Txato Lertxundi (José Ramón Soroiz), un empresario transportista de un pueblo pequeño al interior de Guipúzcoa, es asesinado por un comando de ETA.

A este asesinato se volverá una y otra vez al sucederse los episodios, ya sea visto desde la perspectiva de la viuda y protagonista de Patria, Bittori (Elena Irureta); de quienes jalaron el gatillo; de otros cercanos a la víctima; y a veces sin atribución alguna a un personaje, sino a la simple necesidad de enfrentar el trauma. Porque de eso se trata esta serie y por eso es tan dolorosa de ver.

Con el rostro de Bittori, la postura corporal de los extras y los movimientos de cámara, entendemos muy pronto que el pueblo también vive su propio trauma, pero de una manera más torcida tal vez.

El trauma se prolonga por casi 20 años, hasta enero de 2011, cuando ETA anuncia el alto al fuego definitivo, lo que encuentra a Bittori viviendo su viudez en San Sebastián y acusando el golpe de la enfermedad terminal que la condena a unos pocos meses de vida. Con ese ánimo, resuelve volver al pueblo –que nunca es nombrado– determinada a averiguar quién asesinó a su marido.

Y acá comienzan los aciertos y los hallazgos. Con el rostro de Bittori, la postura corporal de los extras y los movimientos de cámara, entendemos muy pronto que el pueblo también vive su propio trauma, pero de una manera más torcida tal vez, que los hace mirar a una viuda ya anciana como si fuera un enemigo. Alguien que les quiere hacer recordar algo que daban por convenientemente borrado.

La serie entonces empieza a avanzar en paralelo, entre las lentas y entrecortadas pesquisas de Bittori, y los días y meses previos al asesinato de su marido. Y si el presente es triste, el pasado es trágico. Porque conocemos el desenlace que viene inevitablemente, como en toda tragedia, y porque se nos presenta a la otra mitad de la ecuación de esta historia: la familia Garmendia, cuya matriarca –Miren, interpretada por Ane Gabarain– era la mejor amiga de Bittori. Y ya no lo es.

Y con el eje armando sobre la relación pasada y presente de estas dos señoras, bastante complicadas, por decirlo elegantemente, la trama se abre a las otras historias, a las de los respectivos hijos y a la de Joxian (Mikel Laskurain), esposo de Miren y el mejor amigo del empresario asesinado. Y cuando decimos historias, decimos traumas, porque la lobreguez de esta serie consiste en la gama, en la variedad de tragedias privadas detonadas por un crimen supuestamente político. Y se da la paradoja de que el carácter auténticamente político del crimen está precisamente en la cantidad de vidas que afectó y siguió afectando. Por 20 años.

Porque esta serie y la exitosa novela homónima en que está basada –de Fernando Aramburu– no se anda con ambages a la hora de referirse a ese periodo y a ese lugar de España y de Europa. Si bien no se esconde la brutalidad y la estupidez de las autoridades españolas, los autores de esta ficción no tienen dudas en afirmar que la gran herida del pueblo vasco le fue infligida por la propia ETA, y por eso es tan importante entender y seguir a sus integrantes. Particularmente a Joxe Mari Garmendia (Jon Olivares), hijo de Miren.

La serie tampoco esconde esto: ETA y sus partidarios estaban en todas partes, hasta en la sacristía de la iglesia, mientras que sus detractores estaban en esas mismas partes, y en las mismas casas.

Su periplo ingresando a la organización es silente y deshumanizante. La verdadera razón de ingresar ahí no está ni puede estar en la hosca orgánica ni en la ausencia de camaradería de los etarras, sino en el pueblo, o al menos en aquellos –que no son pocos– que los consideran héroes y que de manera silente y artera hostigan a quienes consideran traidores a la Euskal Herria, a la patria vasca. Como el Txato.

Porque la serie tampoco esconde esto: ETA y sus partidarios estaban en todas partes, hasta en la sacristía de la iglesia, mientras que sus detractores estaban en esas mismas partes, y en las mismas casas. El independentismo vasco no era un “cáncer extirpable” sino una fractura que lo cruzaba todo, y la serie es muy rigurosa al expresar esa fractura omnipresente que funciona como una fuerza invisible que empuja a los personajes a tomar decisiones. Algunas buenas y otras malas.

Gorka (Eneko Sagardoy), el menor de los hermanos Garmendia y verosímil alter ego de Aramburu, simplemente huye a Bilbao; Nerea (Susana Abaitua), hija de Bittori, elige (mal) a sus parejas según lo que piensen de ETA, mientras que su hermano Xabier (Íñigo Arambarri) sobrellevó el duelo eternizándolo en soledad. Y Arantxa Garmendia (Loreto Mauleón), mal casada con un español no vasco, quedó hemipléjica tras un ictus cerebral.

Los encuentros y conversaciones entre estos personajes son sumamente esclarecedores acerca del peso gigante que cada uno carga, un peso que ninguno eligió tener y que el guión logra hábilmente transformar en una entidad, en algo parecido a un personaje más. Uno que siempre está ahí y que no trae la paz sino la espada, y que es capaz de separar al hijo de su padre.

Ahora, las ficciones y las historias no existen para mostrar situaciones sino evoluciones, a las que se les puede llamar “viajes” o “arcos”, que transforman a los personajes en algo distinto de lo que en un comienzo se nos presentó. Y aquí quienes hacen el viaje, en paralelo, son las dos matriarcas de estas familias separadas y quebradas por ETA.

Esta serie fue multipremiada en España, y obtuvo un amplio reconocimiento por su calidad y su pertinencia; y su estreno estuvo marcado por una polémica mixtura de imágenes que HBO Europa usó para promocionarla.

El viaje de esta señoras se vincula directamente con la postrada Arantxa, concentrándose esta historia en estas tres mujeres que se encuentran casualmente en la plaza del pueblo, en medio de las fiestas, y que parecen cerrar algo con un gesto sencillo y fugaz que no diremos aquí, pero que lo dice todo –sin estridencia ni sensiblería– acerca de la manoseada palabra “reconciliación”: esta se trata, antes que nada, de reconocer el dolor del otro.

Esta serie fue multipremiada en España, y obtuvo un amplio reconocimiento por su calidad y su pertinencia; y su estreno estuvo marcado por una polémica mixtura de imágenes que HBO Europa usó para promocionarla, montando el asesinato de Txato con un etarra torturado por el Estado español. Hasta el propio creador de la serie (Aitor Gabilondo, también autor de la serie cómica Allí abajo) debió pronunciarse al respecto, lo que dice claramente que la fractura sigue ahí.

Acerca de...

Título: Patria

País: España

Exhibición: Una temporada de ocho episodios (2020)

Creada por: Aitor Gabilondo

Se puede ver en: HBO Max

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Comentarios

Comentarios

Muchas gracias por la reseña. Comencé a verla y la encontré justamente eso: lúgubre. Y luego vino la polémica por esos equívocos. Pero es preciso verla en su totalidad.

Me gusto mucho

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