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Sábado, 31 de octubre de 2020
Entrevista a Timothy Marzullo

“Si la tecnología sigue avanzando habrá un momento en que nos haremos adictos a las cirugías cerebrales”

Ricardo Martínez

El proyecto Neuralink liderado por el multimillonario sudafricano Elon Musk ha puesto en el foco de discusión los alcances de la investigación acerca de conexiones directas entre los cerebros y los computadores. INTERFERENCIA entrevistó al creador en Chile de Bakyard Brains, una empresa orientada a divulgar la neurociencia.

Timothy Marzullo actualmente está en Seúl, Corea del Sur, luego de varios años viviendo en Chile, tras recibir un PhD de la Universidad de Michigan, especializarse en neurociencia e ingeniería neuronal, y crear Backyard Brains.

Conversando de neurociencia con niños de secundaria, se había dado cuenta de que no había forma de hacer experimentos convincentes como los de los grandes laboratorios de investigación a los niños con los que estaban trabajando: los equipos resultaban demasiado grandes y demasiado caros. Así que se esforzó por arreglar aquello. Junto con su colega Greg Gage empezaron a desarrollar una serie de productos electrónicos listos para usar y disponibles para crear kits que permitieran a los niños aprender sobre neurociencia a una edad temprana.

En ese entendido a Marzullo le interesa el proyecto Neuralink, la empresa creada por el multimillonario sudafricano Elon Musk, que se ha orientado en procedimientos para comunicar al cerebro directamente con los computadores, en un proceso de ida y vuelta, es decir, del cerebro hacia el computador y desde el computador hacia el cerebro.

En un contexto en que las noticias de la iniciativa de Musk cubren planas de los principales periódicos alrededor del mundo, INTERFERENCIA consultó a Marzullo para conocer de una perspectiva especializada sobre el significado, los detalles y los alcances de estas y otras tecnologías que combinan la Inteligencia Artificial con la neurociencia.

-¿Cuál es el objetivo del proyecto Neuralink?

Hay dos objetivos. El primero corresponde a mejorar la tecnología de las interfaces cerebro computador imprimiendo al proyecto una velocidad estilo Silicon Valley. Esto porque este tipo de inciativas ha avanzado lento debido a que se ha desarrollado al interior del mundo académico, universidades, etc., fundamentalmente. El segundo, y quizá más importante, corresponde a  realizar una competencia contra la Inteligencia Artificial, en este caso, con la intención de integrar la computación directamente con el cerebro.

-La interacción entre el cerebro y los computadores es una empresa que se ha venido desarrollando desde hace muchos años, ¿qué de especial tiene, en ese contexto, el proyecto Neuralink?

Para ser grosero, la plata. Y para ser más preciso, un énfasis en entregar algo al mercado. Neuralink tiene cien empleados en este momento, quienes tienen muchas habilidades. Los laboratorios más prestigiosos del mundo, como las univesidades de Pittsburgh o Stanford, tienen quizás unos veinte o treinta alumnos trabajando en sus laboratorios.

-Baars & Gage, en su libro Cognition, Brain, and Consciousness (Academic Press; 2da Edición. 2010) señalan que las diversas técnicas para observar el funcionamiento del cerebro disponen de distintos órdenes de magnitud, tanto a nivel espacial, como temporal. Por ejemplo, en cuanto al nivel temporal, el electroencefalograma puede detectar actividad en la corteza cerebral con una precisión de un milisegundo, mientras que otros aparatos como el fMRI (resonancia magnética funcional) solo lo pueden hacer con precisión de unos pocos segundos. En el caso del nivel espacial, los estudios de cerebros lesionados -por ejemplo, por traumatismos encefalocraneanos- tienen una resolución de centímetros o milímetros, mientras que los sistemas de observación denominados single unit pueden tener una resolución espacial del tamaño de una neurona. Algunas personas espacialistas ocupan una metáfora en que indican que pretender que se entienda el funcionamiento del cerebro, por ejemplo con fMRI o PET (tomografía de emisión de positrones), es como creer que si sobrevolamos una ciudad en un helicóptero podríamos saber en qué casas se está cenando pollo. ¿Cuál es el nivel de detalle -espacial y temporal- de la teconología que está explorando Elon Musk?

Buena pregunta. Hiciste tu tarea. La mejor técnica para medir el cerebro es poner electrodos dentro del cerebro, pero eso es invasivo y solo es usado en relación con necesidades médicas. El fMRI y el PET pueden medir la actividad cerebral, pero solo con un tiempo de 2-4 segundos de respuesta, pero con electrodos, se puede medir la actividad cerebral con una precisión de milisegundos o incluso microsegundos. Elon Musk está invirtiendo muchos recursos en inventar un proceso de implantar electrodos con electrónica inalámbrico para reducir el riesgo médico. El estado de arte de hoy se enfoca en señales electrónicas que salen de la cabeza [como por ejemplo las señales que se usan para mover un aparato ortopédico]. Funciona, claro, pero se requieren muchas mejoras.

-La ingeniería inversa que supone empezar a dominar la manera como el cerebro recibe y envía señales electricoquímicas, ha propiciado por un lado, por ejemplo, los enormes avances en implantes cocleares (que permiten atender a problemas de audición), y por otro, todos los avances en, por ejemplo, el uso de prótesis ortopédicas manejadas desde las zonas motoras del telencéfalo, como M1 (la zona motora primaria, que se encuentra en la parte más caudal del lóbulo frontal), así como también los ingentes estudios que permiten determinar si una persona está pensando en un paisaje o en un rostro (esto, vía fMRI). ¿Cuál es el paso siguiente en esta empresa científica?

No creo, por este momento, que el paso siguiente se desarrolle mediante la tecnología de imágenes (fMRI, PET). Es cierto que se puede llegar a demos y papers impresionantes, pero se trata de equipos muy grandes e incómodos, y no veo que vayamos a mejorar en la disminución del tamaño de estos equipos (que utilizan imanes y detectores superconductores grandes, y muy caros, y se encuentran fundamentalmente, como máquinas grandes, en hospitales.). El problema que pretende abordar Elon Musk consiste en implantar una cantidad de electrodos suficientes para extraer información útil desde el cerebro para implemetar una interfaz también útil sin dañar demasiado el cerebro. En la industria lo llamamos, “The Electrode Problem”: hay que poner electrodos en el cerebro, y consideremos que hay diez mil neuronas por cada milímetro cúbico.

-Quería pedirle que contara a las y los lectores de INTERFERENCIA sobre sus propios esfuerzos en esta línea de investigaciones y sus aplicaciones prácticas.

Yo, con mi equipo en Backyard Brains, trabajamos en versiones DIY [do-it-yourself, “hazlo tú mismo”] de estas tecnologías para mostrar como funciona. Tenemos aparatos donde tú puedes contralar un interruptor, algunos instrumentos de música, robots, etc., con la actividad eléctrica de tu corazón, músculos, y cerebro, pero al nivel de divulgación –cómo funciona esta tecnología– no al nivel de la propuesta de Neuralink -hacer un interfaz con un Inteligencia Artificial para mejorar tus capacidades cognitivas-.

-¿Qué problemas, amenazas o peligros tiene una iniciativa como la de Neurolink?

Yo soy más un evangelista en este sentido, pero voy a intentar una respuesta. Cada vez que abres el cráneo hay un riesgo. ¿Así si la tecnología sigue avanzando, vas a seguir ahora haciendo cirugías en tu cerebro? ¿Se podría llegar a una adicción como las personas que están obsesionadas con la cirugía plástica? Obviamente esto sería un problema. Yo sé, por ejemplo, que cuando uso las redes sociales las grandes empresas tecnológicas están midiendo todos los movimientos de mi pulgar. Ahora, nuestra actividad neuronal sigue siendo personal, y lo que las empresas tecnológicas procesan es lo que les mostramos por nuestro comportamiento, por nuestro pulgar en las pantallas. ¿Pero un interfaz directo al ruido de nuestro cerebro –con todo lo que pensamos cada día-? No sé si lograremos eso, pero quizás si que ocurrirá una revolución en las interfaces neuronales. ¿Qué pensarías tú? ¿Querrías algo así?

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Marzullo dice dudar que pueda llegarse a instalarse una interfaz cerebro - máquina que “vaya directo al ruido de nuestro cerebro, a lo que pensamos cada día”, pero no lo descarta. Es más, deja abierta la posibilidad de que “quizás ocurrirá una revolución en las interfases neuronales”. Y hace un punto muy relevante a lo que ocurre hoy : “ Yo se, por ejemplo, que cuando uso las redes sociales las grandes empresas tecnológicas están midiendo todos los movimientos de mi pulgar. Ahora, nuestra actividad neuronal sigue siendo personal...” El neurobiologo español de la U de Columbia, Rafael Yuste, y su Proyecto Brain, donde afirman haber ya logrado implantar imágenes láser en la actividad cerebral de ratones, que actúan según lo que ven (pero que no es realmente lo que está pasando) alertan sobre la necesidad Bio ética y del Bio Derecho de adelantarse a proteger la “privacidad cerebral” (brain privacy), por medio del estatuto de los NEURODERECHOS. Es muy importante que Chile trate seriamente el asunto en un proyecto de ley anunciado hace poco, ya que sobre todo en materias de política criminal y políticas públicas de control social, cuyo uso conjunto con la predictibilidad algorítmica aprendida del ecommerce, pueden dar pie a una muy invasiva POLICÍA DEL PENSAMIENTO en un futuro no muy lejano. Así lo he sostenido en http://enestrado.com/neuroderechos-brain-privacy-inteligencia-artificial-y-predictibilidad-delictiva-por-uso-de-algoritmos-por-juan-carlos-manriquez/ Saludos

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