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Martes, 11 de agosto de 2020
Presidenciales en Brasil

"Tenemos miedo"

Isabel Reyes B.

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Interferencia
Interferencia

¿Cómo se vive, en el día a día, la elección presidencial más polarizada de Sudamérica? Para saberlo, INTERFERENCIA recogió el testimonio de casi una decena de brasileños.

Este fin de semana la atención mundial está puesta sobre Brasil. Las encuestas indican que el país más grande de América Latina se encamina a elegir a un ex capitán de Ejército, y apologista de la dictadura de ese país (1964-1985), como futuro presidente. Si ello ocurre en los comicios generales de este domingo 28 de octubre, Brasil se sumará a la ola derechista que recorre el mundo occidental.

La elección se ha vuelto un verdadero plebiscito. Los que están a favor o en contra de Jair Bolsonaro, el diputado conocido también por sus declaraciones xenófobas y anti feministas. O los que están a favor o en contra de los gobiernos del Partido de los Trabajadores, cuyo candidato es Fernando Haddad.

Pero más allá de la gran política, la actual polarización política ha llevado a la gente de esa nación a experimentar niveles de enfrentamiento social que le eran desconocidos. En un intento por entender qué pasa a nivel cotidiano, INTERFERENCIA le pidió a un grupo diverso de brasileños y brasileñas contar sus experiencias y opiniones. Las siguientes declaraciones, que recogen las vivencias de partidarios y detractores de Bolsonaro o de Haddad, no pretenden ser representativas. Pero sí otorgan una ventana desde la cual se puede observar -y palpar- esta insólita y trascendental elección.

Un viejo dicho de la Guerra Fría afirmaba que si Moscú se resfriaba, a los partidos comunistas de la región les daba una neumonía. Pero el efecto internacional también ocurría en la otra dirección política. Cuando se produjo el golpe de Estado en Brasil en 1964, amplios sectores de la derecha chilena vieron en ello un ejemplo a seguir.

Estos son algunos de los testimonios que recogimos.

Fabio Viella (Biólogo). Rio Grande do Sul.

Ser brasileño hoy es vivir la angustia y el miedo de volver a un pasado negro, del autoritarismo de una dictadura. Un pasado que Brasil quiso olvidar con una "amnistía amplia e irrestricta" para apagar el dolor, la tortura, los crímenes de agentes de Estado contra la población. Pero nadie huye del pasado y de su propia historia. Creo que la mayoría de mis compatriotas no se dan cuenta de que esta será solo la octava elección presidencial tras la apertura política y el fin de la dictadura militar. Nuestra redemocratización es muy reciente. Nuestra Constitución tiene apenas 30 años.

El clima aquí no es bueno. Después del resultado de la primera vuelta cuando, por muy poco, el candidato de extrema derecha Jair Bolsonaro casi ganó la elección, la situación empeoró.

Tengo 45 años y mi compañera tiene 40. Tenemos nuestra propia empresa, pero desde 2014 hemos visto nuestra facturación caer en 80%. Así es como más de 60 millones de brasileños estamos bastante endeudados e intentando mantener nuestro patrimonio en un sistema financiero donde los intereses promedio de las tarjeta de crédito están hoy en un  rango del 300%.

Tenemos dos hijos. Mi hija mayor cumple 13 años este sábado 27, en la víspera de la elección. Mi hijo menor tiene 8 años. Aquí en casa hablamos de política con los niños sólo cuando nos preguntan o para guiarlos en lo que creemos que es lo correcto. El sábado pasado mi hijo venía bajando las escaleras en casa y cuando estaba a medio camino, en una posición más elevada que yo, golpeó los pies juntos y tensionando su cuerpo gritó firmemente: "presentar armas". El gesto me chocó y me sorprendió, pues no tenemos ningún contacto con alguna práctica militar y ellos van a una escuela cuya enseñanza es bastante humanista. Le pregunté de dónde había salido eso y me explicó que su profesor de artes marciales se lo había enseñado. Según contó mi hijo, el profesor les enseñó a los niños a marchar y a realizar saludos militares. Además, les habló sobre el comunismo, sobre Venezuela y Maduro, sobre cómo el comunismo era horrible y que el PT (Partido de los Trabajadores) era un partido comunista.

Descubro que en la clase de mi hija sólo otros cuatro compañeros no son “Bolsonaristas”. Aparentemente, las conversaciones en vivo o por el grupo de WhatsApp se dan sin mayor interferencia de adultos, y se mantiene en un nivel 'pre adolescente', donde la política todavía no interfiere con las amistades. Al menos por ahora.

Todavía cargamos con la campaña presidencial de 2014, que fue muy dura. Dilma Rousseff salió vencedora, pero por un pequeño margen de votos. En esa misma época se produjo la frustración por el conjunto de obras iniciadas y no concluidas para la Copa del Mundo.

La reciente campaña de la primera estuvo marcada por una intensa red de intercambio de noticias falsas, ataques verbales, la incitación a la violencia, homofobia, xenofobia, racismo, patriotismo exacerbado y esológanes como "Dios por encima de todos".

Sin embargo, el ex capitán Jair Bolsonaro casi ganó la elección en la primera vuelta. Con eso, se sintió autorizado para declarar públicamente que no reconocería una derrota en la segunda vuelta. También pronunció el más espeluznante discurso de "liderazgo político" del que tenga conocimiento. Un discurso en el que repetía consignas del período militar, diciendo que será duro con aquellos que él llama "Petralada" que, en verdad, son aquellos que se oponen a sus opiniones. Para ellos, aseguró, solo habrá exilio o el destierro.

La población brasileña es diversa y plural en muchos sentidos, partiendo por su extensión de territorio y su gran diversidad étnica y cultural. Somos el país de la diversidad. Por desgracia existe una enorme desigualdad social y muchas personas viven en situación de extrema pobreza. Digan lo que digan, los gobiernos del PT, a través de políticas sociales activas, mejoraron la calidad de vida de millones de brasileños.

Una serie de ataques y asesinatos vienen ocurriendo contra personas identificadas como opositoras de Bolsonaro en las calles de Brasil, en prácticamente todos los estados del país. Insultos racistas, xenofóbicos, homofóbicos, misóginos y amenazas a la vida y a la seguridad se han vuelto comunes. Grupos neonazis han salido de las sombras para aventurarse en las calles y muros de Brasil. Frente a tantos ataques, Bolsonaro responde que no puede controlar a sus seguidores, pero tampoco emite ninguna opinión que los desautorice. 

Un clima de inseguridad, violencia y odio se ha tomado Brasil. No es por falta de alerta. Los artistas nacionales e internacionales se han manifestado de manera incesante. La prensa internacional también. Según las noticias de último minuto, agentes del Estado han entrado en al menos 17 universidades del país, interrogando a profesores y alumnos, incautando material político. ¿Es el comienzo de algo? 

Incluso si Haddad ganara este domingo, el odio ya se ha diseminado. Por eso, después de las elecciones, tendremos que recorrer un largo camino para curar las heridas, reencontrar la alegría y esperanza, y reconstruir un país bueno para todos.

Stela Jordy (Periodista). Sao Paulo.

Honestamente nunca me imaginé que el candidato Jair Bolsonaro consiguiera tantos votos en la primera vuelta. Un ex militar de extrema derecha que recibe más del 46% en un país que ya ha vivido una dictadura militar durísima, es un síntoma preocupante de desinformación e inmediatismo. Hay una onda anti-PT muy fuerte aquí en Brasil, una voluntad muy grande de combatir el desempleo y la violencia, pero no creo que la bandera de odio segregadora de Bolsonaro sea el camino. Me siento impotente como ciudadana y desolada. Temo por la restricción a los derechos básicos como la libertad de expresión y de prensa, por el aumento de la violencia en función de la posible liberación del porte de armas a civiles, y también por el modelo económico ultra liberal, lo que desde mi punto de vista puede ser extremadamente nocivo para Brasil. No hay un plan económico muy claro. Jair Bolsonaro no tiene preparación para gobernar un país. Otro punto es el perfil del posible futuro vice-presidente, Mourão, que deberá gobernar mientras Bolsonaro esté en el exterior. Es un señor militar con ideas extremamente conservadoras. 

Las personas están más divididas y hay jóvenes que están usando el nombre de Jair Bolsonaro para cometer pequeños delitos y actos violentos. En las redes sociales hay noticias falsas y mucha discusión política infundada. La falta de madurez política y de equilibrio ideológico entre gran parte de los electores brasileños es aterradora. Padres peleando con hijos, amigos rompiendo su amistad. Es triste. No creo que los electores de Bolsonaro estén de acuerdo con todas las atrocidades que él predica hace décadas. Creo que ellos quieren un país más organizado y con menos violencia, quieren una economía más fuerte y tampoco quieren ver al PT en el poder por otros cuatro años. De lo que no se dan cuenta es que éste no es el camino, y que el odio y el militarismo no son la solución para crear un país más próspero. Los que votarán por Haddad creen que él tiene preparación y que el Partido de los Trabajadores tuvo una renovación. 

Felipe Guede (Psicólogo). Sao Paulo.

Lo que me atemoriza a futuro es la posibilidad de que la economía del país se estanque, produciendo menos riqueza y disminuyendo la calidad de vida. El aumento de la violencia es otro factor preocupante, porque algunos grupos quieren defender su visión política a cualquier precio. El país tiene un potencial inmenso para generar riqueza que está siendo mal utilizado por culpa de una mala administración. Brasil podría ser un país competitivo, con un óptimo índice de desarrollo humano, por ejemplo. 

Los brasileños estamos en un momento importante, queremos un país mejor, que sea menos corrupto y más igualitario. Estamos peleando por nuestros derechos para que se convierta en un país más civilizado. Creo que la mayoría siente indignación en este momento, por eso se produce el ascenso de un candidato como Jair Bolsonaro, que es incorrecto pero honesto: un verdadero representante de la clase media.

Rebeca Borges (Estudiante). Brasilia.

Estoy desanimada. Siempre he intentado mantener un pensamiento optimista sobre la coyuntura del país, pero últimamente es difícil tener esperanzas de que la situación mejorará (al menos no pronto). Un gran número de personas ha expresado sus opiniones de manera violenta y malvadas sobre otras personas. Eso me ha dejado un poco asustada.

Fernando Carvalho (Empleado Bancario). Brasilia.
Veo con esperanza la posibilidad de romper con la hegemonía del Partido de los Trabajadores, que ya estuvo muchos años en el gobierno y que pasó a ser dirigido por sindicalistas criminales. Pero estoy preocupado de que ocurra una fraude electoral nunca antes visto, que pueda derrotar a esta intensa manifestación popular a favor de un candidato de derecha.

Mariah Mazetti Aquino (Estudiante Universitaria). Brasilia.

Los relatos de agresión y comportamientos hostiles por parte de los partidarios de Bolsonaro generan miedo para los que pertenecen a cualquier minoría social. Da susto ver las proporciones que ha tomado este fenómeno político y cómo las personas se sienten libres de hablar cosas absurdas e irrespetuosas. He visto cómo se han resentido las relaciones familiares y en entre amigos. Sobre todo las mujeres tienen mucho miedo. Algunas incluso tienen problemas para dormir y sufren de ansiedad.

Ronaldo Pagotto (Abogado). Sao Paulo.

La primera vuelta en Brasil fue muy sorprendente. Todas las fuerzas democráticas quedaron muy impactadas por la fuerza que tuvo la campaña de Bolsonaro que usó los métodos del Brexit y los de Donald Trump. Hay mucha gente que entró en pánico, sinceramente no hay palabra para describir lo que está pasando. Se trata de gente como las minorías políticas, como los LGTBS, los negros, o las personas de la región del noroeste de Brasil. Estas personas están muy preocupadas, porque el candidato derechista es claramente homofóbico, racista, tiene una visión muy negativa de los pobres.

Mi preocupación tiene que ver con la política de persecución. No tenemos ninguna duda que Bolsonaro es un candidato fascista, aunque su votación no sea de gente fascista, porque para todos los gustos entre sus simpatizantes. Nuestra preocupación política es que, de ganar Bolsonaro, será un periodo de gobierno muy duro para las organizaciones populares, los obreros y los habitantes de la periferia de Brasil. Desde el punto de vista económico, me preocupa que lleve a Brasil a una crisis semejante que la que atraviesa Argentina. Y es que el neoliberalismo tiende a generar crisis y una mayor pobreza. 

En el día a día de Brasil podemos ver tres tipos de comportamiento. Primero, el de un grupo que está muy preocupado por las elecciones y está seguro de que debe hacer lo que debe hacer para defender la democracia. Entonces están muy movilizados y activos. Segundo, está el grupo de los indiferentes. Y el tercer grupo es una minoría en la calle, pero son muy activos en redes sociales. Su campaña no es la de la calle, es una campaña hecha por WhatsApp. Están haciendo mucho trabajo de pánico, de difusión, de fake news, de cosas que no son. Ellos son los partidarios de Bolsonaro.

Beatriz Jordy (Profesora). Río de Janeiro.

La primera vuelta mostró claramente las dos perspectivas políticas opuestas. Tener a Bolsonaro contra Haddad en la carrera presidencial resulta ser una batalla entre quienes defienden las instituciones democráticas y, por otra parte, quienes quieren una respuesta fácil y antidemocrática para los problemas políticos, sociales y económicos de Brasil. 

Es muy preocupante la crisis política que estamos enfrentando en Brasil. No empezó ahora en 2018 con las elecciones presidenciales. Me atrevo a decir, que esta ola antidemocrática viene desde la acusación en contra de Dilma Rousseff. En ese contexto, comenzamos a darnos cuenta de cuán frágiles son nuestras instituciones y cómo una parte de nuestra sociedad no ve ningún valor en vivir de manera democrática. Temo la forma en que un candidato como Bolsonaro legitima este punto de vista antidemocrático. Ya estamos enfrentando casos de censura y persecución contra algunas minorías que forman parte de nuestra sociedad. Tenemos miedo de exponer nuestra manera de pensar. Creo que esto es muy preocupante.

Participé del movimiento “Ele Não” (El No, en español), que fue creado por mujeres. Empezó como una campaña en Facebook en contra de las declaraciones sexistas de Bolsonaro y su opinión en contra de la política por los derechos de las mujeres. Pero a medida que el movimiento se fue agrandando, otras minorías se nos unieron y el #elenao se convirtió en una campaña política en contra de la candidatura de Bolsonaro.

Defiendo la democracia y voto para asegurar que nuestras instituciones democráticas puedan sobrevivir a esta crisis. Hoy, Brasil está realmente dividido. En las calles se puede ver mucho activismo de personas que defienden la candidatura de Haddad y, por otro lado, vemos casos de censura y a votantes violentos de Bolsonaro. Ya existen 50 casos de violencia provninentes de simpatizantes de Bolsonaro en contra de personas de LGTB y activistas de “El No”. 

Siendo una mujer de 26 años, que nació después del fin de la dictadura, siento miedo ante lo que he visto últimamente. La democracia era la única realidad que conocía en Brasil. Bolsonaro saca a la luz lo peor que tenemos en nuestro país. Temo por la vida. 

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