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Viernes, 4 de diciembre de 2020
Reseña

‘Tengo Miedo Torero’: la novela que revive la marginalidad y las protestas en dictadura

Camilo Solís

El viernes la productora Forastero lanzó un trailer de la película basada en la novela del fallecido escritor Pedro Lemebel, lo cual generó amplias expectativas. Aquí una reseña del libro -para algunos polémico- que retrata la sociedad chilena de los años 80 que, no tan distinto a hoy, vivía en medio de protestas y represión.

Un santo y seña debe ser corto y fácil de recordar, no puede ser anotado en ninguna parte y debe tener a lo más tres o cuatro palabras que se puedan memorizar. Tengo Miedo Torero, antes de ser el título de la aclamada novela del escritor y artista visual, Pedro Lemebel (1952-2015), fue el título de una canción del repertorio popular español, cantada por artistas como Sara Montiel y Lola Flores.

En 217 páginas, Tengo Miedo Torero (2001) nos muestra la intimidad de la Loca del Frente, vecina recién llegada a un pobre suburbio santiaguino. “Un maripozuelo de cejas fruncidas que llegó preguntando si se arrendaba ese escombro terremoteado de la esquina”, escribió Lemebel. 

El argumento gira en torno a su relación con Carlos, joven universitario y activista revolucionario, que la trata con dulzura, y del cual se enamora perdidamente. El escenario es un Santiago tumultuoso por las protestas contra la dictadura de Augusto Pinochet durante el año 1986, y la represión de las fuerzas militares y de orden.

Todo esto, desde la particular mirada de esta loca “parte de la zoología social de medio pelo santiaguino que se rascaba las pulgas entre la cesantía y el cuarto de azúcar que pedían fiado en el almacén”; ofreciendo escenas que se desarrollan en el Cajón del Maipo, en la intimidad del matrimonio Pinochet-Hiriart, en las poblaciones de Santiago y en el litoral central.

Conocido por sus crónicas, Tengo Miedo Torero se convirtió en la primera novela de Lemebel, e irremediablemente la única que escribiera en toda su vida, debido a un cáncer de laringe que acabó con su vida en 2015. Exitosa en ventas y en los comentarios de la crítica, fue traducida a numerosos idiomas, en los que se incluye el inglés, francés y el italiano. 

Previamente, algunas de sus crónicas más alabadas fueron La Esquina es mi Corazón: Crónica Urbana  (1995) y Loco Afán: Crónicas de Sidario (1996), con las que comenzó a ganar reconocimiento por su estilo innovador y el emplazamiento de la temática de la diversidad sexual, la marginalidad y la pobreza.

La crítica literaria y amiga de Pedro Lemebel, Soledad Bianchi, escribió en el Diario La Época en 1996 sobre estas colecciones de crónicas resaltando el carácter fragmentario a la vez que unitario de sus relatos.

 “[...] el conjunto de textos podría verse como múltiples enfoques, pero en una dirección: así como una imagen cubista de una ciudad sin centro. La crónica urbana quizás, como una mirada a la urbe desde distintos ángulos”.

Esta mirada fragmentaria se mantiene en Tengo Miedo Torero, pero al servicio de una historia de amor que bien podría parecer repetida o soza. Sin embargo, el particular estilo de Lemebel da como producto un collage en que se encuentra reunida una mezcla surtida de hechos policiales, paisajes, un atentado contra Pinochet, anécdotas, canciones populares, dichos, refranes, y también figuras bordadas en manteles. 

De hecho, la escritura de la novela está atravesada cada tanto por párrafos distintos: versos centrados que corresponden a canciones populares en español, románticas la mayoría de ellas. “Canciones cebolla” o “canciones de radio AM”, se diría coloquialmente. De ellas se sirve Lemebel, para construir la personalidad y el talante de la Loca del Frente.  

El académico de la Pennsylvania State University, el uruguayo Juan Pablo Neyret, plantea que Tengo Miedo Torero, es una obra que politiza el kitsch, es decir, las canciones, películas, programas de televisión y otros productos propios de la cultura popular que tradicionalmente no tienen carga política. En este caso, las canciones melosas de la loca adquieren un sentido político al ser relacionadas con el conflicto de clase, la lucha y el contexto de la novela. 

La novela tiene una escritura repleta de detalles, en lo que muchos lectores han denominado un “barroquismo” que no ha carecido de acusaciones, en épocas en que la influencia del boom latinoamericano -conocido por las florituras- ya quedaba en el pasado. Así y todo, el barroco de Tengo Miedo Torero no cansó a sus críticos, sino que al contrario, fue ampliamente alabado. 

En una publicación de la revista Qué Pasa, del 12 de mayo de 2001, el crítico literario Camilo Marks destacó que esta es “en parte la obra más destacable de su innegable talento”.  

“(...) no es un libro más de Lemebel, y su carácter subversivo reside tanto en la manera agitada e histriónica, como en la serie de monólogos en tercera persona, escritos con la honda convicción de alguien a quien le bastan unas líneas para sumergirse en un mundo de lugares y seres diferentes”, escribió Marks sobre esta novela.

Seguramente esta escritura tan llena de una diversidad de elementos no es casualidad. El estilo de la novela termina siendo la reunión de miles de fragmentos dispersos, los que corresponden a cuestiones de ese Chile olvidado y dejado de lado. Un charquicán hecho de los despojos marginales y pobres de la sociedad chilena, presentado con mucho cariño, pero denunciando al culpable. 

Una de las cosas a tener en cuenta, es que esta novela fue publicada en un 2001 atravesado por ideas, relatos y fantasías sobre un futuro esplendoroso. Sobre haber dejado atrás el apocalipsis mundial que se suponía iba a venir con la llegada del nuevo milenio. Un cambio de folio acompañado por el éxito del mito de Chile como “jaguar de sudamérica”. 

Un Chile que había elegido presidente a un socialista nuevamente, Ricardo Lagos, eventual signo de que la dictadura ya era cosa del pasado y de que la supuesta alegría ya venía en camino. 

Y sin embargo, había pasado apenas cerca de una década desde que Augusto Pinochet saliera del edificio del Congreso Nacional luego de haberle entregado el poder a Patricio Aylwin, con un apretón de manos. El mismo Congreso del que Pinochet aún podía decir que era senador vitalicio, aún a pesar de todos los juicios internacionales que se cernían sobre él. 

Esta es una novela que se sitúa desde la vereda de enfrente respecto de estos grandes personajes, de estos grandes escenarios, en que el poder se ha concentrado a lo largo de los años. 

Se sitúa desde la periferia en todo el sentido de la palabra: en los baches por los que atraviesa la Loca del Frente, en el sufrimiento de las madres que perdieron a sus hijos en la represión de la dictadura y que figuran en la novela, en la angustia de los santiaguinos en una micro cuando acceden los militares o carabineros a controlar. 

Queda para la discusión si ese Chile es muy distinto del actual, dado el reciente escenario de manifestaciones, conflicto y represión en el estallido social; y cuando los derechos de las personas LGTBI siguen siendo cuestionados.

Esto se ve reflejado de manera aún más gráfica en el conflicto que tuvo un profesor del Liceo de Hombres San Francisco de Quito, ubicado en la comuna de Independencia, por hacer leer La Esquina es mi Corazón de Pedro Lemebel a sus estudiantes, el cual tiene contenido sobre diversidad sexual.

El profesor encomendó una tarea a sus estudiantes relacionada con este libro y posteriormente fue desvinculado debido a que “no se articulaba con los valores del Proyecto Educativo Institucional”. Esto generó una polémica a nivel nacional, debido a la homofobia y conservadurismo que fundamentó esta medida. 

La película basada en este libro, cuenta con la dirección de Rodrigo Sepúlveda, y además con la musicalización de Pedro Aznar y Manuel García. Tengo Miedo Torero será presentada en Cannes la próxima semana de manera virtual, a casua del Coronavirus.

La productora Forastero lanzó este viernes el primer trailer de la película, en que se pueden ver algunas escenas protagonizadas por el premiado actor nacional, Alfredo Castro, en el rol de la Loca del Frente.

Nuestro medio se comunicó con Alfredo Castro para conversar sobre a su rol en esta producción. Sin embargo, amablemente mencionó que no podía hablar sobre la película sin contar con el acuerdo de la productora. 

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