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Viernes, 10 de julio de 2020
Oscar Barrientos Bradasic

“Tras la pandemia, regresaremos a un punto donde no habrá vuelta atrás”

Ignacio Vidaurrázaga Manríquez

oscar barrientos

Oscar Barrientos.
Oscar Barrientos.

Oscar Barrientos Bradasic es una de las voces más significativas y singulares de la literatura súrdica de Chile. Con su mirada de desmesura y distopías desde ese fin de mundo conversa sobre la memoria y desafíos de Chile, siempre desde ese otro territorio llamado Magallanes.

Es un yugolote, o sea, un hijo del mestizaje chilote y croata. Comenzó a publicar a los 14 años en 1988 y no ha parado. Es autor de más de una docena de libros de poesía, cuento, novelas, crónicas y ensayos publicados por una diversidad de editoriales de Chile y del exterior. Sus tres novelas más una cuarta titulada Dos ataúdes fueron agrupadas en el volumen titulado Saratoga (Emecé, 2018). Y luego Paganas Patagonias (LOM, 2018) con portada recordando a Yugoslavía. También se ha desenvuelto como cronista y en el cómic.

Ha recibido diversos premios entre los que destacan  tres: el Nacional de Narrativa y Crónica Francisco Coloane (2014); el Iberoamericano Julio Cortázar (2015); y el premio a la Trayectoria Poética Fundación Pablo Neruda (2018).

Hoy, se desempeña en Punta Arenas como docente en la Universidad de Magallanes. Es profesor de Castellano de la U. Austral de Chile, hizo una maestría ahí y finalmente un doctorado en Educación en la Universidad de Salamanca. También ha realizado talleres durante los últimos diez años. 

Así escribe:

Desde el este aparecieron cinco robustas praos, todas tenían el árbol de trinquete al tope y el arráez animaba a los agelastas desde la carroza.

A pesar del escenario tristemente invernal, la mastilería de los barcos otorgaba al cuadro una genuina estampa de sublimidad, un majestuoso aire de travesía y vigor. Otra vez la estela blanca diseminada a través de los largos trechos de playa, en extensiones de arena mojada. 

De Saratoga

Él es también El gran lector de Piglia, que devora diccionarios y bitácoras de navegantes, que interviene su narrativa con intertextos de noticias recortadas de viejos diarios o de amnesias de Chile, como el proyecto de Ministerio del Mar de Allende. Puede también estar atento al presente de las salmoneras contaminando océanos y canales. Su fantasmagoría cuenta a Aníbal Saratoga un poeta a veces alcoholizado, que es un perdedor habitual y que podría ser su alter ego. Y todo en un  territorio llamado Puerto Peregrino que también podría ser la resignificación de un Punta Arenas o antes o después del diluvio de los vientos. 

En medio de la peste hace clases por teletrabajo y a veces navega husmeando lo que estará sucediendo en Puerto Peregrino

Aníbal Saratoga no tiene celular ni wasap, por tanto solo cabe imaginarlo en esas largas confesiones en bares de en esos otros territorios azotados habitualmente por el viento y el agua. Oscar Barrientos Bradasic es una de las voces más significativas y singulares de la literatura súrdica de Chile. Con su mirada de desmesura y distopías desde ese fin de mundo conversa sobre la memoria y desafíos de Chile, siempre desde ese otro territorio llamado Magallanes.

Me interesa partir apelando al oído del poeta, respecto a la liquidez de este tiempo. De estallido a pandemia. De Santiago a Nueva York. La intervención de Las Tesis dando la vuelta al mundo. Todo se mueve.  ¿Qué te dice tu oído de poeta, que anticipa?

OB: Siento que estamos en una suerte de cambio de ciclo. Y esto no lo digo en el sentido esotérico, hablo de un cambio de ciclo histórico. Por ahí Gunter Grass, decía que el año 68 fue un año axial del mundo porque se dio la invasión a Checoslovaquia y los asesinatos de jóvenes en Tlatelolco, México y la revuelta en París. Tres episodios que ocurrieron tanto en el bloque socialista como en el capitalista, él decía que ahí se estaba definiendo el siglo XX. Lo que vino después sobró. Creo que algo parecido está pasando ahora. Por un lado, el modelo de acumulación capitalista y la forma en que se ha abandona a los seres humanos a la precariedad y al castigo del sistema político y social está llegando a un punto de naufragio. Ya no es una visión apocalíptica porque hoy tenemos la sensación del Apocalípsis como algo cotidiano, en el último tiempo, se ha cotidianizado lo apoteósico y eso quiere decir que las viejas estructuras de poder están en un proceso de franca fatiga de materiales. Entender al ser humano bajo la lógica del estricto mercado y esperar que sea una suerte de esclavo sonriente de un sistema que a todas luces muestra su desconocimiento de la palabra piedad, está marcando un fin de tiempo, un fin de ciclo y todo anuncia una era nueva. 

La tradición rebelde 

¿Cómo viven en Magallanes la actual situación de pandemias y cuarentenas?

O.B: Magallanes es un territorio con una tradición rebelde. Huelgas obreras que se remontan a diversos momentos. Episodios paradigmáticos en la historia de Chile como el Puntarenazo, que se reconoce como una primera manifestación pública contra Pinochet y que se realizó en esta ciudad. Además, de otros episodios como fue la protesta del gas. Magallanes es una zona que tiene elementos de rebeldía por una razón bastante obvia: es un territorio en constante conflicto con el centro metropolitano, con la capital política administrativa, y eso por razones de aislamiento. 

La palabra cuarentena implica la palabra aislamiento y no es algo que nos resulta ajeno, porque en alguna medida pienso que es una palabra y una forma de existencia con la que hemos convivido y que nos ha transformado, porque en alguna medida ha modelado un poco el temple de sus habitantes. Y eso nos ha obligado a tener ese espíritu fundacional de crear las propias instituciones, de formarnos como sociedad, tratando de sacar retazos de diferentes lenguajes. Entonces, pienso por un lado que la cuarentena como medida sanitaria también encubre muchas cosas para los pueblos distantes del centro metropolitano y  de las grandes decisiones.

Aquí todo es más complicado, porque la desigualdad a la hora de repartir los bienes y la cultura es demasiado notoria. En los lugares apartados la palabra cuarentena adquiere el poder y la pujanza de una metáfora desgarradora. Es el apartamiento, el aislamiento, el confinamiento de nuestro paño territorial. Considero que no se puede concretar la idea de país, si no se conoce, por ejemplo, los extremos de nuestra patria. El norte, el sur, las islas, los faros, las caletas de pescadores, las alcaldías de mar. Los lugares de verdad donde no siempre se llega. Ahí, creo está de verdad la forja de un mundo construido sobre la nada, sobre el abismo, y en ese sentido la palabra cuarentena y lo que ha estado ocurriendo probablemente refuerza cierta ética de la resistencia en estos lugares.

El Colectivo de Pueblos Abandonados 

Nosotros, hemos creado un colectivo de escritores de regiones que se llama Colectivo de Pueblos Abandonados, una suerte de cadáver exquisito donde publicamos las sensaciones instantáneas, postales, pequeños microcuentos, como tú quieras llamarle. Es un mapa de percepciones y sensaciones territoriales. En ese colectivo  hemos ido trabajando la idea de construir una obra literaria desde el propio territorio que es lo que yo modestamente he tratado de enarbolar. También lo han hecho otros autores como Marcela Mellado, Cristián Geisse, Mario Rojas, Daniel Rojas Pacha en Arica, Rosabetty Muñoz en Chiloé, en fin. Son muy diversas escrituras y de hecho a nosotros en nuestros congresos y en las oportunidades que hemos tenido de encontrarnos siempre nos ha gustado más hablar de literaturas territoriales, que ocupar el concepto de literaturas regionales, entre otras cosas porque la palabra región es una especie de nacionalismo chico y todo nacionalismo es medio frívolo y además tiene un tufillo militar. 

¿El aislamiento de ustedes hoy también puede ser visto como una ventaja en la condición de la pandemia? Santiago tiene la condena de ser una ciudad con siete millones y ahí se concentra la peste, la muerte, el contagio. 

OB: Creo que es una suerte y esto puede sonar contradictorio, ser una isla rodeada de tierra. En el sentido en que la geografía, la confusa geografía de cuando la cordillera se hunde en el mar deja esas islas y luego reaparece al final. Eso nos coloca en un espacio que es casi un prodigio geográfico. Además está ese viento, ¿verdad?, que es tan poderoso que ingresa por la ciudad, que se impregna por nuestra historia y que viaja en nosotros, va construyendo de alguna medida una forma de habitar y esa forma de habitar está construida desde las primeras inmigraciones europeas, principalmente de Croacia. Por ejemplo, tú estuviste en mi casa, estoy en el corazón del barrio croata, muy cerca del centro antiguo de la ciudad, un barrio que además está cerca de donde yo nací a un par de cuadras de la casa de mis padres.

Yo creo que cuando alguien viene a Magallanes, completa la idea de país. Cierra un proceso, y nosotros somos parte de eso, de ese aderezo que tiene el territorio con los visos de profunda autonomía que tiene la conciencia de los magallánicos. Creo incluso que nosotros tenemos una relación conflictiva con la chilenidad. 

Una literatura súrdica 

Pero en la misma lógica, otra vuelta de tuerca sería, que Argentina les queda más cerca que la capital para resolver diversas necesidades. No conozco ningún otro lugar de Chile donde sea posible encontrar editoriales argentinas en las librerías, solo en Punta Arenas. 

OB: Se dice que con los argentinos somos hermanos. Y yo diría que más que hermanos, también primos, tíos, de todo. Porque muchos magallánicos tienen familia en Argentina y siento que los puntarenense, los natalinos, en general nos sentimos culturalmente muy cercanos a Argentina. Pero, además yo haría otra lectura de la realidad, es probable que si nosotros leyésemos el mapa desde Punta Arenas o desde Magallanes hacia Santiago, y lo viésemos en forma vertical tendríamos una especie de singladura para navegar en el pensamiento, no. Pero si nosotros diéramos la vuelta hacia nosotros, y pusiéramos a Magallanes como el centro, estaríamos más cerca de la Antártica, de Argentina, en una paralela con Nueva Zelanda, con Australia, en suma con un mundo que no tiene nada que ver con Santiago. Y es probable que ese sea uno de los retos, en estos momentos, o sea, dialogar con esos mundos que están cerca también, contactarse con esas universidades, con esas editoriales, ¿Verdad? Dialogar en esa otra dimensión. 

Recuerdo que una vez, con el sentido de la ironía y la genialidad también, don José Miguel Varas, con el que nos hicimos grandes amigos, prologó un libro mío que se llama Remoto Navío con forma de ciudad. Y ahí él utilizó un concepto que a mí siempre me ha terminado dando vueltas y creo que lo arrojó con elástico. Él decía que así como si hay literatura nórdica debe haber una literatura súrdica. Es decir, debe haber una suerte de correspondencia entre las antípodas y eso lo he tomado entre mis manos y he tratado de materializarla. Porque no todas las provincias son así, de tan difícil acceso. Y un pequeño detalle, probablemente las provincias no son muy buenos cenáculos, pero sí son buenos laboratorios. 

Mira el caldero que hemos ido armando en este diálogo- en medio de la peste reinante-, navegamos en aguas de tempestad entrecruzando ideas, con muy diversos vientos. ¿Qué nos sucede frente al viento? ¿Qué estará pasando en Puerto Peregrino y con Aníbal Saratoga en este contexto? 

OB: Buena pregunta. ¿Qué estará sucediendo con él y ahí? En estos días he pensado en dos cosas: he recordado el cuento de Edgard Allan Poe, La máscara de la muerte roja, cuando el príncipe Próspero se encerró en su castillo para hacer un baile de máscaras y así huir de la peste, pero la peste se personificó y entró al castillo de estos gandules y el relato termina diciendo: y ejerció sobre la comarca un ilimitado dominio. He pensado mucho en esta idea de este príncipe vanidoso y soberbio que anda huyendo de la muerte y el juicio, también como una metáfora del fracaso del poder por huir del juicio de la historia finalmente. 

También he pensado un poco en Saratoga y en Puerto Peregrino como el personaje ambientado en una ciudad que es una metáfora de Punta Arenas, que es un espejo deformado de Magallanes. Por la similitud de su geografía, de su clima, de su aire telúrico, melancólico, nostálgico, pero que tiene que ver con la lección que uno toma de los grandes escritores de este género, por ejemplo Italo Calvino. Que tiene que ver con esta tentativa de que la literatura fantástica, pero, a mí no me gusta hablar de literatura fantástica, para referirme a este género. Me gusta más la expresión que utiliza Borges en el prólogo a la Invención de Morel de Adolfo Bioy Casares, el concepto de literatura de imaginación razonada. Me parece que los mundos de la imaginación, desde siempre las utopías y distopías que ha urdido la literatura, las geografías del ensueño, los lugares donde están construida las raíces de una imaginación delirante, son posibilidades reales. S-o-n profundamente r-e-a-l-e-s.

¿Anticipaciones? 

OB: Anticipaciones, distopías, o traducciones de cosas que están ocurriendo. En alguna medida vienen, ¿Verdad?, viajan un poco con en el viento. No sé, yo siento que al menos mis cuentos y mis novelas son parte del viento también. Van viajando en el viento, y en eso pensaba ahora en este Puerto Peregrino en cuarentena. En este poeta sumido en una especie de desesperanza, en este albergue, en este refugio que es la poesía finalmente. Porque él es un poeta que está refugiado en su propia escritura para responder a los más desgarradores sentimientos que padece, entre ellos el amor, entre ellos la imposibilidad de la palabra por transformar la realidad y estaba pensando, he vislumbrado un poco al alicaído Saratoga con la copa de vino en la mano, viendo pasar a los siete jinetes del Apocalipsis frente a su ventana. 

¿Puerto Peregrino podría ser también leído desde la situación actual como un lugar de refugio, de escape, uno de los lugares posibles que irán quedando? Ya no grandes ciudades donde está el poder, las luces, los mall, etcétera. Más bien lugares de tinieblas, lejanos, habitados por comunidades donde las personas se conocen y por lo tanto se protegen. 

OB: En este momento, siento que Puerto Peregrino es ese espacio de refugio que en alguna medida yo siempre avizoré, pese a que la palabra provinciano es en muchos contextos peyorativa. Está vista casi un agravio. A mí no me agravia cuando me dicen provinciano porque de hecho lo soy, pero yo pienso que a la luz de lo que está ocurriendo adquiere una renovada vigencia. El concepto se ha refrescado, ha tomado otro rostro y por la gravedad de los hechos va a obligar necesariamente a replantearse la forma de habitar el territorio, eso es inevitable. 

Las pestes y las balas

A propósito de la peste que en siglos ya pasados llegó a vuestro territorio a bordo de embarcaciones. La verdad, es que no tenemos ninguna idea cuánto aportaron las pestes en el exterminio de los pueblos originarios, los pueblos del viento y del agua. Además de las balas de los fusiles de las patrullas de Julius Popper ¿Cuánta peste fue necesaria para ese exterminio?

OB: Además, mucho después, cuando se les colocó ropa a los habitantes originarios esta traía el virus del resfrío, la gripe, y además yo sería un poco más radical. No solamente la peste entendida como la enfermedad o el alcoholismo, sino lo que se traía añadido a esa cuota de depredación, como un gen de la depredación, uno de los sitios de nuestra historia donde la depredación fue legitimada y validada hasta el punto de un etnocidio, de un genocidio. Y pienso que nosotros estamos en alguna medida no sé si obligados, pero sí llamados a reconstruir esa historia poniendo las cosas un poco en su lugar como decía alguien vengando con los versos los crímenes. Tratando de reescribir esa historia, ahora como nuevos habitantes de este espacio, porque nosotros estamos en un espacio que habitó el tehuelche. 

¿Y hasta dónde es posible escribir la historia desde las desmonumentalizaciones como ha ocurrido en Chile  en medio del estallido, y hoy día lo vemos en Inglaterra y en Estados Unidos?  

OB: Bueno, ha ocurrido algo de eso acá, se han derribado algunos monumentos aquí. Lo que está en cuestionamiento como eje del sistema es la necesidad de una relación más horizontal con el poder, en nuestras decisiones, en cómo queremos ser gobernados, en cómo queremos gobernar nosotros. Y también, en cómo se tiene que reescribir la historia: las calles tienen nombres de asesinos disfrazados de pro hombres, o las plazas de las ciudades están adornadas, ornamentadas, por estatuas de genocidas. También el lenguaje se vuelve una suerte de artefacto engañoso, ¿no? Hay gente que todavía dice gobierno militar, por ejemplo. ¿Qué cosa es eso? Eso no fue un gobierno militar, fue una dictadura. 

Y para ese tremendo estallido, uno tiene la percepción que la política o los representantes se han quedado corto. ¿Cuál es tu percepción? 

OB: Creo que todos los oráculos fracasaron. Todo aquel que diga que tenía una profecía o un vaticinio claro de lo que iba a pasar, creo que no está diciendo totalmente la verdad. El robo fue demasiado, el descontento se fue acumulando y el asunto explotó y no solamente explotó en Chile. Pero en Chile tiene características que probablemente la hagan más sensible, justamente por lo que te comentaba hace poco, por ser un lugar donde el sistema neoliberal demostró ser despiadado en la repartición del empleo, en la repartición de la cultura, en la repartición de todo. 

La Antártica y las literaturas que ha inspirado

Pero no lejos de ustedes o más cerca, está el único territorio libre de Covid: la Antártica. Y, continuando con la imaginación razonada, por ahí vi que tú hablas de antartinautas del futuro. Conversemos de eso.

OB: A mí el tema Antártico al igual que a ti me es particularmente sensible. Y creo que para los habitantes de esta zona tiene nuevos significados el habitar tan cerca de la Antártica sin conocerla efectivamente. ¿Cuantos magallánicos han ido a la Antártica por ejemplo? Muy pocos ¿Quiénes pueden? Muy pocos, porque es un turismo carísimo y se va como FF.AA o como científicos.

Para mí la Antártica tuvo varias dimensiones y varios sentidos. A mí me gustaba mucho como se representaba la Antártica, por ejemplo, en los mapas antiguos. Las tierras australes incógnitas, como se consideraban desde Aristóteles en su meteorológica que del otro lado de la tierra había un contrapeso también de hielo. Ártico y Antártico y me fascinaba por ejemplo los relatos, por ejemplo, Joseph Hall en Mundus alter et idem. O lo de San Agustín que hasta allá no llegaba la promesa de la salvación, que los que estaban ahí no eran hijos de Adán. Así es que dibujaban en las cartas náuticas y en, tanto en tierra como en los océanos, seres monstruosos que estaban sacados de los bestiarios de Plinio el Viejo. Se hablaba de seres cinocéfalos, seres con cabeza de perro, seres de pies tan grandes que casi se caían, hombres que tenían los labios rasgados. Se pensaba que las antípodas la habitaban los monstruos, cómo una concesión fantástica. Fue mutando naturalmente hasta los primeros viajes pese a que en los viajes a ultramar la bitácora de Pigafetta es, según García Márquez, uno de los inicios de la literatura fantástica y por ello en su discurso de agradecimiento del Nobel él comienza hablando justamente de los diarios de esos diarios.  

¿La desmesura como concepto? 

OB: Para mí eso es fundamental. Cuando estudié y le di una mirada a algunas de las políticas de los gobiernos radicales del 38 al 52, es preciso rescatar que fue el presidente Pedro Aguirre Cerda quien coloca los límites al territorio Antártico, antiguamente ya había habido una irrupción con la concesión de cacería de ballenas de Germán Riesco. Después durante los gobiernos de Juan Antonio Ríos y de Gabriel González Videla eso continúa, por eso este último viaja a la Antártica. En esas  expediciones primeras iban escritores. Hay una sensación en esa época muy coincidente por cierto con la generación literaria de 1938 que está ligada al Frente Popular y a Pedro Aguirre Cerda. Esos escritores tipo tienen una conciencia de que la Antártica es chilena, de chilenización de la Antártica en su literatura. 

Es el tiempo de la soberanía. Hay que dejar bases para que cuiden el territorio en disputa… 

OB: Pero, Los conquistadores de la Antártica, fue escrito por Francisco Coloane antes de ir a la Antártica, es un relato que conlleva un homenaje a la sorpresiva muerte de Pedro Aguirre Cerda. Es muy interesante ese período y lo leí con mucha afición, también está Salvador Reyes con El continente de los hombres solos que también me interesó muchísimo. Hay otro escritor que habló mucho de la zona sur austral que desgraciadamente está bastante olvidado, habría que re editarlo, que se llama Juan Marín, autor de un libro que se llama Paralelo 53 sur. El navegó por estas partes, fue médico de la Armada. 

Sin conocerla, solo la imaginaban…

OB: La escriben sin conocerla. La única novela de Edgard Allan Poe, Arthur Gordon Pym, transcurre en la Antártica. O H. P. Lovecraft que también escribe sobre la Antártica o James Fenimore Cooper,  ese es el acopio que ha hecho por ejemplo una estudiosa sobre estos temas, que es Elizabeth Leane. 

Yo fui a la Antártica a una residencia artística, sobre todo porque ya había escrito una novela que se llama El viento en un país que se fue, que es parte de Saratoga y que hablaba de una isla subantártica que son las islas Kergelane, que existen, por cierto. Porque alguien me había dado el dato de que en esas islas había existido la República Ballenera. Entonces yo sobre esa ficción generé un libro bastante disparatado y delirante sobre un viaje a esa isla en búsqueda del viento, apelando a todos los significados que había acumulado la ballenería. La idea de la búsqueda del Leviatán, la idea de la cienciología, que combina elementos mitológicos con científicos. Después que fui a la Antártica en el año 2011 o 2012 eso se acrecentó. Partimos en avión y retornamos en barco, después escribí ese cuento que se llamó Quillas como espada, y que obtuvo el premio iberoamericano Julio Cortázar en Cuba. Que tenía que ver justamente con esta sensación de dos cosas básicas de la Antártica: el que es como una página en blanco sobre la cual se escriben los sueños del futuro y la sensación desde el rompehielos del filo de sus quillas como sables que van cortando el hielo milenario en el fondo y generando esta inserción del hombre con el paisaje. Tuve el honor de obtener el premio, cosa que me llena de orgullo porque lleva el nombre de Julio Cortázar y porque también lo recibí desde Cuba. A los cubanos, les era muy distante el imaginario antártico, fue una de las cosas que además les gustó del cuento. 

Esa suerte de planeta geológico que yo escribo ahí, ese lugar que está abandonado, pero donde se recrea esta figura casi de la pareja primigenia. Con elementos carnavalescos, como una orquesta antártica. También hay un libro que yo no sé si te lo pasé o lo tendrás por ahí que se llama El Barco de los esqueletos, ese fue el Marlboroughr.  

¿Ocurrió en la realidad o es parte de tus mundos fantasmagóricos?

OB: El año 1913 si no me equivoco, se encontró un barco en la rada del Estrecho de Magallanes, llamado Marlboroughr. Era de origen neozelandés, era un clíper bastante bonito de tres palos que estaba bastante ajado, había otro barco de pabellón británico el Johnston que lo cachó. Lo vio ahí en la rada y lo abordó y estaba lleno de esqueletos adentro. Había 23 esqueletos. Incluso el capitán estaba amarrado al timón, también pillaron unos muertos en los pañoles, otros estaban sentados en la mesa, y se dio cuenta a la capitanía de puerto, que se yo. Luego se hizo un rastreamiento cableagráfico en aquel tiempo a principios de siglo XX y se descubrió que era un barco que había partido de Nueva Zelanda, hacía 23 años atrás, que estaba desaparecido y que llevaba como carga lana y carne desde el Pacífico hasta Inglaterra.  

Y esa historia a mí me fascinó para hablar de los barcos fantasmas que son como espejismos de la memoria, como avisos que da la memoria para no desaparecer. Siempre están diciendo estuvimos aquí, recuerden, no nos olviden. Además, hay fotos del Marlboroughr y todo resulta bien cabalístico porque estuvo 23 años desaparecido y eran 23 los cadáveres que encontraron. El capitán del barco se llamaba James Herd, palabra que en inglés quiere decir rebaño o manada. ¿Él sería el responsable que condujo ese rebaño hacia la muerte? Incluso se especuló sobre un envenenamiento. Tiempo después el hijo del capitán Herd en su intento por averiguar la suerte de su padre enredó aún más la historia. 

El mar, el ministerio y Allende 

El mar, los océanos, las aguas, están muy presentes en tu literatura, pero además haces memoria, quiero ir al proyecto de un Ministerio del Mar. Darle vuelta a eso aunque sea un proyecto pasado, pero en septiembre vamos a cumplir 50 años de Salvador Allende. Y ustedes los magallánicos eligieron a Salvador Allende por primera vez el año 52. 

OB: Dos veces fue senador…

Sí, pero ustedes se adelantaron en décadas respecto del país en decir este hombre llamado Salvador Allende nos va a representar. 

OB: Bueno hay varias cosas ahí en lo que tú dices, yo llegué a esa noticia o a ese concepto en largas y regadas conversaciones con mi amigo el científico Anelio Aguayo, él fue el que primero me ilustró acerca de este proyecto en el que él participó  colaborando con el presidente Allende. Que consistía en crear un Ministerio del Mar, que me pareció un proyecto interesantísimo por el rol que se le daba a la pesca artesanal y a la apropiación e identidad del habitante con el océano, con el maritorio, como ahora le llaman. De a poco fui  iluminando la importancia que tendría esto si yo lo colocaba en suspensión o lo trabajara desde el punto de vista de la ficción. Anelio me contaba, que relacionado con el litro de leche de la época de Allende, estaba una proteína que salía del krill antártico, y que la fortificaba. Y así seguí interiorizándome, te insisto no soy un historiador, soy un hombre de la literatura más tarde escribí una novela que se llama Carabela Portuguesa, que lleva un epígrafe del presidente Allende. Ahí se cuenta que una salmonera busca ingresar a Puerto Peregrino. Es la idea de una ciudad donde la modernidad no ha irrumpido de una forma grotesca y grosera. Se me ocurrió juntar todos esos elementos y construirlos en una novela irónica, que apela como a los formatos de wikipedia, una novela bastante sarcástica, que trata de revivir esa idea primigenia que yo encontré en ese proyecto de Allende. 

Creo que a 50 años del triunfo el presidente Allende, no ha hecho otra cosa que ensancharse y crecer en la memoria de los chilenos. Su legado adquiere una absoluta vigencia en estos tiempos.

La pendiente refundación de Chile

Y si fuéramos radicales, muy radicales en el sentido de apuntar al fondo del fondo ¿No será el momento de plantearse la refundación de Chile? Porque Chile quedó sin proyecto, o sea el neoliberal no se sostiene, es resistido y ya conocemos el gusto de sus frutos. Y a la vez, el proyecto de los de abajo, por decirlo así, o de la calle o del estallido está aún fraguándose.  

OB: Están dadas las condiciones para esa refundación, para ese despertar de la sociedad que quiere sentirse representada y quiere protagonizar su propia historia. ¿Qué va a pasar después de esta pandemia? 

El hecho concreto es que yo creo que hemos llegado a un punto donde no hay vuelta atrás. Ahora, es el momento de repensar las estructuras del poder político y de dar un salto adelante y refrescar los discursos que también enarboló la izquierda más clásica.  Pienso que este período de pandemia, de peste, ha sacado a colación lo peor y lo mejor de los seres humanos. Se han visto cosas terribles, toda esta especie de borrachera exitista que se tenía en los 90 del progreso del país, de que éramos del primer mundo, que éramos unos jaguares. Mientras, se ha demostrado que somos gatos mojados frente a una pandemia, un aguacero o a un aluvión.

El Premio Nacional de Literatura 2020

¿Nuevos proyectos y lecturas?

OB: Estoy escribiendo algo que pudiese ser cercano a la literatura infantil que es un género que a mí siempre me ha gustado mucho. Estoy con un libro de cuentos inédito que tengo ahí en barbecho y que bueno, ya veremos, no he visto el tema editorial y todo eso, pero es un libro de cuentos que tiene que ver con las preocupaciones de nuestro colectivo pueblos abandonados. 

En estos meses he leído hartas cosas. Por ejemplo a un escritor salvadoreño que lo recomiendo de todas maneras porque me pareció realmente magistral. Se llama Horacio Castellanos Moya. Antes, yo había leído algunas novelas de él, en este tiempo me leí dos más y me ha parecido un narrador realmente magistral. Recomiendo sobre todo su novela Baile con serpientes, es un escritor realmente notable. 

 ¿Por último  qué opinas sobre los nombres que han ido surgiendo para el Premio Nacional de Literatura?

O.B: El nombre de Rosabetty Muñoz es meritorio de una obra de enorme solidez, que conozco desde la universidad hace muchos años atrás, también sería el reconocimiento a territorios distantes de las grandes decisiones del poder administrativo y para mí, en su nombre se combinarían varios elementos, independiente de que existan otros candidatos o candidatas que tienen todo el valor del mundo. 

En cuarentena por la peste, Santiago de Chile, Junio 2020.

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Comentarios

Comentarios

Muy buena conversación....la narrativa y poesía con toda la.riqueza del lenguaje

Me gustó mucho este articulo. Y por recordar al ministro de salud de P A Cerda, don Salvador Allende, creadores de la ley de salubridad publica.

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