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Martes, 20 de abril de 2021
Newsletter 'La Semana'

Vacunas y anti-vacunas: Cómo hacer políticas públicas en medio de la desconfianza

Andrés Almeida

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Desconfianza de personas negras por la discriminación histórica de los sistemas de salud
Desconfianza de personas negras por la discriminación histórica de los sistemas de salud

Este artículo es parte de la edición del lunes 30 de noviembre de 2020 de nuestro newsletter exclusivo La Semana, el cual disponemos ahora para todo público.

Las vacunas contra el Covid-19 no solo entrañan un enorme esfuerzo científico y logístico en la meta de llegar a una cantidad de humanos suficiente como para aplacar la pandemia, lo que se cuenta en miles de millones de personas. Además, las distintas sociedades se verán enfrentadas a sus grados de cohesión y consistencia, para lograr que los procesos de vacunación, que pueden tardar dos años, se hagan conforme principios de bien común y bajo políticas públicas legitimas y confiables.

Al respecto, además de la transparencia y la participación social en los procesos de elegir y comunicar las prioridades respecto de quiénes deben recibir la vacuna primero, los gobiernos deben asegurarse que no haya mercado negro, donde quien tiene dinero puede saltarse la fila, y deben asegurarse también que la quieran recibir quienes están primeros en la fila. Esto se debe traducir en que la población más vulnerable o de mayor capacidad de contagio, no caiga en la propaganda anti-vacunas ni en el escepticismo. Algo que puede convertirse en un gran problema, pues el pensamiento conspirativo se ha incrementado exponencialmente en el encierro de millones de personas solas frente a internet, lo que empieza a ser comprendido como un problema de salud mental.

Al respecto, The Guardian publicó una columna de opinión de Will Hanmer-Lloyd, un consultor y experto en ciencias de la conducta, titulada Así hay que hacer frente a los anti-vacunas, en la que plantea que es una mala idea demonizar o menospreciar a quienes tienen dudas respecto de la seguridad de las vacunas. 

Hanmer-Lloyd expone que el 21% de los británicos dice que es improbable que decida vacunarse y 12% no está seguro. Las razones pueden ser muchas, desde una militancia anti-vacuna anterior, hasta cierta seguridad de que la persona no desarrollará la enfermedad de ningún modo, pero el efecto de estas cifras puede ser extremadamente perjudicial en la meta de detener la pandemia. 

Al respecto, nuestra primera tendencia es a confrontar con fuerza a los detractores de una idea que puede parecernos obvia: hay que vacunarse, con lo que se descartan los argumentos en contrario como algo "loco o estúpido". Sin embargo, esta actitud es inútil si es que lo que se quiere es persuadir a alguien que cambie de opinión, pues se produce algo que en ciencias cognitivas llaman fuego de vuelta, lo que termina polarizando el debate y atrincherando las posiciones. Es por esta razón que el autor de la columna recomienda encarecidamente no hacer la vacuna obligatoria, pues solo alimentará las teorías conspirativas. 

Por el contrario, las personas y las autoridades deben escuchar empáticamente los temores de quienes tienen dudas, tratando de ofrecer argumentos sobre las ventajas de la vacunación y fuentes de información fiables que expliquen esas ventajas, e intentando crear un clima en el que la vacunación sea la norma social, donde los medios cumplimos un importante papel.

Respecto de las habilidades retóricas y argumentativas para este siglo XXI -más allá del Covid-19 y válido para toda teoría conspirativa, como QAnon- resulta muy interesante el artículo de WiredGane las discusiones familiares en estas fiestas con la ciencia del comportamiento

La nota parte de la base de que en estas fiestas familiares, las personas discuten, y dada la actualidad, discutirán mucho, por lo que realiza una serie de recomendaciones si es que lo que se desea es "ganar" esas discusiones.

Lo primero que se destaca es que las batallas rara vez son por la veracidad de los datos o de los hechos, pues las personas suelen plantear tópicos de discusión más para mostrar socialmente los valores implícitos a sus posturas, que cualquier otra cosa. Es por eso que lo que mejor se puede hacer para "ganar" es tratar de mostrar cómo los argumentos de alguien contradicen su cuerpo de valores. 

También es importante tratar de conducir los tópicos de conversación. Si es que lo que se quiere evitar es entablar una discusión sobre un tema álgido, en el que todos probablemente quedarán peleados, es mejor tratar de derivar ese tema hacia las aristas en las que cualquier renuncia argumentativa no destruye la visión del mundo de nadie. 

Finalmente, y en coincidencia con el anterior artículo, Wired plantea que no se saca nada con argumentar con la verdad y los datos, pues tendemos a pensar que las posturas erróneas de nuestros contrincantes se deben a sus déficit de información, pero lo mismo creen quienes están desde el otro lado de la vereda.

 

Reseñas breves que también podrá encontrar en el mismo newsletter:

- Harari y las conspiraciones

- Despidiendo a Donald 

- Las portadas de INTERFERENCIA de la semana pasada

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Que afán tan mediocre lleva implícito la selección de éste artículo que solo articula el propósito de ganarnos a los antivacunas express con fines de lucro. Saben que en cualquier discusión con datos duros les damos barraca. Tan serviles al mundo establecido uds solo interfieren la verdad,

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