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Domingo, 17 de enero de 2021
Jornada histórica

6-E: Las 24 horas que sacudieron la democracia de Estados Unidos

Diego Ortiz

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Foto: Michael Robinson Chavez, 'The Washington Post'
Foto: Michael Robinson Chavez, 'The Washington Post'

Con imágenes que quedarán en la retina durante décadas, el país más poderoso y rico del planeta recordará el 6 de enero de 2021 como uno de los días más críticos de su democracia. El Congreso fue asaltado por una turba azuzada directamente por el presidente Donald Trump en su fracasada intención de hacer algo que en América Latina habría sido descrito como autogolpe. Esto, luego de que su partido perdiera el control del Senado por la elección de Georgia.

Las escenas vistas ayer en las afueras del Capitolio de Estados Unidos son históricas. En vez de sellarse la aprobación por parte del Congreso estadounidense de la votación del Colegio Electoral de aquel país –dando como ganador y próximo presidente al demócrata Joe Biden–, el escenario montado en las afueras del edificio que aloja al poder legislativo de Estados Unidos sirvió a otro propósito y se convirtió en zona de protestas violentas por parte de manifestantes pro-Donald Trump.

Los simpatizantes del actual mandatario -quien se niega a conceder la victoria de Biden- traspasaron la seguridad del Congreso y, entre disparos de bombas lacrimógenas, ingresaron y detuvieron la sesión de los congresistas; impidiendo violentamente cualquier posibilidad de ungir a Biden en ese momento. La toma del Capitolio se trata de un claro intento de autogolpe de Estado, al buscar mediante la violencia intervenir en un resultado democráticoluego de una derrota absoluta de Trump y de un llamado explícito del presidente a la turba a actuar.

El Servicio Secreto y agentes de seguridad del Congreso entregaron máscaras antigases a los parlamentarios, ordenándoles resguardarse en el piso de la cámara antes de evacuarlos del lugar.

Cabe destacar que el propio mandatario, durante una conferencia en la Casa Blanca celebrada al medio día, aseguró a sus manifestantes que “nunca nos daremos por vencidos, nunca cederemos cuando haya robo involucrado [en las elecciones]”, además de advertir al país que “caminaremos por Pennsylvania Avenue e iremos al Capitolio” momentos antes de la sesión del Congreso y el asalto al parlamento.

Durante la sesión, se confirmó que dos de las elecciones senatoriales de Georgia objetadas por la administración de Trump quedaron en manos de demócratas, dejando la balanza inclinada para el partido de Biden, tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes. La cantidad de votos por los que lideran los candidatos demócratas están oficialmente por sobre las cifras objetables legalmente en Georgia. 

De tal modo, la administración de Trump, cierra con la oposición haciéndose del control del Congreso, además de la Presidencia.

El factor Pence

Pocas horas antes de los hechos, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence (republicano), anunció que no haría caso a las indicaciones de Donald Trump; quien el día anterior le ordenó públicamente intervenir durante la sesión del Congreso para objetar votos contrarios a su reelección. “Mi juramento a apoyar y defender la Constitución me limita de reclamar autoridad unilateral para determinar qué votos electorales deben ser contados y cuáles no”, informó Pence mediante un comunicado.

No sería sólo Pence quien le daría la espalda a Trump en su intención de sabotear las elecciones. Mitch McConnell, senador republicano y Majority Leader de su partido (el vocero dentro de los senadores del partido conservador), se tomó más de ocho minutos para dirigirse a la cámara y apoyar de forma irrestricta el triunfo de Joe Biden y el Partido Demócrata. “Si esta elección fuera anulada por meros alegatos del lado derrotado, nuestra democracia entraría a un espiral de la muerte. No volveríamos a ver a la nación aceptar una elección”, aseguró, además de explicar que todos los intentos judiciales de Trump por acreditar fraude eleccionario fueron rechazados por cada uno de los tribunales del país en que se presentaron los casos.

Momentos después del discurso del senador McConnell, manifestantes pro-Trump – algunos acarreando armas y banderas confederadas, símbolo del pasado racista de los estados sureños de Estados Unidos– hicieron ingreso al Congreso y frenaron lo que debia ser la última ceremonia de consagración de Joe Biden como el próximo presidente de Estados Unidos, quien asumirá el 20 de enero.

El Washington Post, luego de ocurrido el “asalto al Capitolio”, publicó una editorial llamando a destituir al presidente. La opinión del medio norteamericano fue compartida durante la jornada por parlamentarios demócratas que aseguraron iniciarán un proceso de destitución. Desde el propio partido del mandatario también se manifestó rechazo a la conducta de Trump y sus seguidores, con algunos congresistas apuntando a la responsabilidad del líder republicano.

Durante la toma del Congreso, efectivos policiales dispararon contra manifestantes, provocando la muerte de una simpatizante de Trump.

INTERFERENCIA reproduce a continuación los hechos más relevantes antes, durante y después de la toma del Capitolio de Estados Unidos e intento de golpe de Estado. La jornada, según informó Bloomberg, culminó con cuatro fallecidos y con toque de queda decretado entre las 18:00 y las 06:00 horas.

Sí lo vimos venir

Se sabía que la jornada del día de ayer sería agitada en Washington D.C. 24 horas antes, durante el martes 5 de enero, la policía de la ciudad bloqueó las calles adyacentes a la Casa Blanca, mientras que trabajadores de la ciudad optaron por bloquear con maderas las ventanas de sus locales como medida preventiva, según informó Bloomberg.

El mismo 5 de enero, durante la noche, la policía de la ciudad informó de “enfrentamientos” con simpatizantes de Trump, de acuerdo con The Wall Street Journal. El medio estadounidense describió a “conspiranóicos y grupos extremistas” dentro de los manifestantes.

“Parte de nuestro trabajo de inteligencia sugiere que aumentará el tamaño de las concentraciones”, mencionó durante una conferencia el jefe de la policía Washington D.C., Robert Contee. También advirtió que habrán “personas con la intención de venir armados a la ciudad”, en alusión a los manifestantes trumpistas, quienes ya habían hecho una multitudinaria concentración en la capital estadounidense en 2020 en respaldo de Trump tras su derrota, provenientes de distintas partes del país.

La alcaldesa del distrito de Columbia –donde se ubica la capital de Estados Unidos–, Muriel Bowser, aseguró que ya se encontraba contemplando implementar un toque de queda, además de solicitar mayor presencia de personal de la Guardia Nacional, la policia militarizada federal.

La intuición tanto de los trabajadores de Washington D.C. como de su alcaldesa no falló. El mismo 5 de enero, durante la noche, la policía de la ciudad informó de “enfrentamientos” con simpatizantes de Trump, de acuerdo con The Wall Street Journal. El medio estadounidense -propiedad del magnate republicano Rupert Murdoch, quien apoyó a Trump hasta antes de su derrota electoral- describió a “conspiranóicos y grupos extremistas” dentro de los manifestantes.

Los enfrentamientos del martes fueron la antesala de una manifestación violenta sin precedentes en la historia de Estados Unidos.

Después de meses de intentos por parte del presidente Trump de sabotear los resultados de las elecciones mediante pruebas falsas de fraude –desacreditadas judicialmente incluso por jueces designados por él mismo–, los simpatizantes del mandatario se tomaron el Congreso antes de que éste entregara los resultados oficiales de las elecciones, en un intento de auto golpe de Estado que hizo tambalear la democracia estadounidense.  

El día D

El 6 de enero comenzó temprano en la cuenta de Twitter de Donald Trump. A las siete de la mañana, el presidente republicano comenzó a publicar mensajes en las redes sociales. Uno de estos estuvo dedicado a presionar a su propio vicepresidente, Mike Pence, instándolo a no reconocer los votos del Colegio Electoral. “Hazlo Mike, es tiempo para el coraje extremo!”.

Todd Young, representante del Partido Republicano por el estado de Indiana, fue encarado por manifestantes luego de asegurar que los intentos del Presidente de anular la elección eran “esfuerzos por secuestrar” la elección

Durante la mañana, el senador republicano y excandidato presidencial para las elecciones de 2012, Mitt Romney, se refirió en duros términos a Donald Trump. “Ha deshonrado la oficina de la Presidencia”, declaró; para luego agregar que el mandatario ha “faltado el respeto” a los votantes estadounidenses y “deshonrado el sistema de elecciones”. Romney indicó estar confiado en que “procederemos como la Constitución demanda y le diremos a nuestros seguidores la verdad, quieran o no escucharla”.

Las palabras de Romney eran importantes, pues Trump habría logrado el compromiso de 140 legisladores republicanos para que objetaran la nominación de Biden en la jornada 

Las declaraciones del republicano se dieron a minutos de que el Presidente comenzara su discurso en la Casa Blanca, durante una congregación previa a que el Congreso se pronunciara sobre el resultado oficial de las elecciones.

A eso de las 11 de la mañana, simpatizantes de Trump rodearon amenazantemente a un senador en las afueras de las oficinas del Senado. Pero no se trataba de un demócrata pro Biden. Todd Young, representante del Partido Republicano por el estado de Indiana, fue encarado por manifestantes luego de asegurar que los intentos del Presidente de anular la elección eran “esfuerzos por secuestrar” la elección, indicando que él no violará la Constitución y respetará los resultados a comunicarse durante la jornada en el Congreso.

La sede del Partido Republicano en Washington D.C. fue evacuada por un objeto sospechoso. Durante el día, la policía corroboraró que se trataba de una bomba casera. La sede del Partido Demócrata también fue evacuada por un paquete sospechoso, que resultó ser una bomba de composición similar.

Donald Trump, en tanto, se dirigió durante el medio día a sus simpatizantes. Algo exaltado y con evidente descontento, Trump aseguraba que “nunca nos daremos por vencidos, nunca cederemos cuando haya robo involucrado [en las elecciones]”. Además de recalcar las repetidas acusaciones falsas de fraude electoral, el presidente de EE. UU. advirtió al resto del país: “Caminaremos por Pennsylvania Avenue e iremos al Capitolio”.

Cabe mencionar que esta estrategia ha conseguido que en torno al 40% de los estadounidenses (y 50% de los hombres blancos) crean que Biden no es el presidente legítimo de Estados Unidos, conforme una reciente encuesta de The Economist.

También Trump aprovechó la instancia para volver a presionar a su propio vicepresidente. “Espero que Mike tenga el coraje de hacer lo que tiene que hacer”, dijo durante la conferencia. La respuesta de Pence vendría a los pocos minutos de que Trump cerrara su conferencia en la Casa Blanca.

“Mi juramento a apoyar y defender la Constitución me limita de reclamar autoridad unilateral para determinar qué votos electorales deben ser contados y cuáles no”, informó Pence mediante un comunicado escrito; confirmando entonces que respetaría los resultados que se darían a conocer durante el día en el Capitolio.

Si bien el Vicepresidente estadounidense es una figura sin mayores atribuciones que las de representar al Presidente en su ausencia (y reemplazarlo en casos extremos), tiene funciones protocolares importantes para la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo. En este caso, para nominar el presidente electo.

Por esa misma hora, se daba a conocer que la sede del Partido Republicano en Washington D.C. era evacuada por un objeto sospechoso. Durante el día, la policía corroboraró que se trataba de una bomba casera. La sede del Partido Demócrata también fue evacuada por un paquete sospechoso, que resultó ser una bomba de composición similar. Ambas oficinas se encuentran a pocas cuadras de distancia, ubicadas en la cercanía del Capitolio.

El asalto

Alrededor de las 14:15 horas, según informó el The New York Times, comenzó a desatarse el caos en el Congreso norteamericano. Mike Pence fue escoltado por agentes de seguridad y el servicio secreto mientras el edificio del Capitolio era asediado por manifestantes de Trump, quienes ingresaron al lugar luego traspasar las barreras policiales de seguridad y de romper puertas y ventanas.

“Esto es un intento de golpe de Estado”, publicaría en su cuenta de Twitter Adam Kinzinger, congresista republicano. No sería el único.

Al canto de “¡déjennos entrar! ¡Déjennos entrar!” y “¡USA, USA!”, la horda de simpatizantes republicanos frenó la sesión del Congreso y, por tanto, la certificación del triunfo presidencial de Biden. El Servicio Secreto y agentes de seguridad del Congreso entregaron máscaras antigases a los parlamentarios, ordenándoles resguardarse en el piso de la cámara antes de evacuarlos del lugar.

“Esto es un intento de golpe de Estado”, publicaría en su cuenta de Twitter Adam Kinzinger, congresista republicano. No sería el único.

El senador republicano por el estado de Utah, Mitt Romney, volvería a la carga. “Esto es lo que lograron, muchachos”, diría el parlamentario durante el caos desatado en el Capitolio. “Esto es lo que ha provocado el presidente hoy, esta insurrección”, diría después.

“El presidente tiene responsabilidad por los hechos ocurridos hoy al promover teorías conspirativas sin fundamento que nos llevaron a este punto”, acusaría el senador republicano Richard Burr. La senadora Cathy McMorris, también republicana, anunció luego de los hechos que retiraría su apoyo a la moción de desconocer los resultados electorales, informando que a raíz de los hechos ocurridos el día de ayer “apoyaré los resultados del Colegio Electoral.

Donald Trump pediría a sus seguidores que “vuelvan a casa”. El mensaje lo cerró con un “los amamos”, asegurando que “son muy especiales".

Durante la toma del Congreso, efectivos policiales dispararon contra manifestantes, provocando la muerte de una simpatizante de Trump en el Capitolio y otros tres en las inmediaciones del parlamento. Medios norteamericanos no dieron a conocer la identidad de la mujer hasta el cierre de esta edición, cuyo fallecimiento fue acreditado por la policía local.

El presidente electo Joe Biden, en tanto, llamó a Trump a dirigirse a sus simpatizantes y frenar la ola de violencia. El mandatario acudió nuevamente a su cuenta de Twitter, la cual durante la jornada fue suspendida por 12 horas por la red social luego de violar su política de “Integridad Cívica”, para llamar a todos los manifestantes presentes en el Capitolio a “mantenerse pacíficos”.

Tiempo después y antes de que su cuenta resultara suspendida, Donald Trump pediría a sus seguidores que “vuelvan a casa”. El mensaje lo cerró con un “los amamos”, asegurando que “son muy especiales".

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