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Viernes, 5 de marzo de 2021
Capítulo 21

¿Alcohol o marihuana? (extracto de 'Conexiones Mafiosas')

Manuel Salazar Salvo

Este es el capítulo 21 de la entrega de 24 capítulos de la investigación del periodista Manuel Salazar sobre organizaciones criminales alrededor del mundo, contenido en el libro 'Conexiones Mafiosas', de 2008. En esta entrega, el autor describe cómo en los países más desarrollados, el hábito de fumar marihuana crece casi en la misma proporción que disminuye el consumo de alcohol.

La mayoría de las organizaciones dedicadas a vigilar la ingestión de drogas en el mundo coinciden en que durante las dos primeras décadas de este siglo el consumo de cannabis sativa se ha duplicado en casi todas las regiones del planeta. Sorprendentemente, en los países más desarrollados, el hábito de fumar marihuana crece casi en la misma proporción que disminuye el consumo de alcohol.

En la actualidad se calcula que el cultivo ilícito de esta planta ocupa entre 670 mil y 2,5 millones de hectáreas en el mundo, cinco veces más que las siembras de adormidera y de coca, generando una producción que supera las 500 mil toneladas de marihuana y de hachís

 A comienzos del siglo XXI, los mayores sembradíos se ubicaban en Rusia, Kazajistán, Marruecos, Afganistán y Pakistán, seguidos en América Latina por México, Colombia, Brasil y Jamaica. En África, destacaban las cosechas de Nigeria, Ghana, Sudáfrica y Malawi; y, en Asia meridional y sudoriental, los cultivos más significativos estaban en Tailandia, Camboya, Indonesia, Filipinas, India, Nepal y Sri Lanka.

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Cartel publicitario.
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En marzo de 2007, sin embargo, el informe anual de la Junta Internacional para la Fiscalización de Estupefacientes, JIFE, dependiente de la ONU, afirmó:

“Ahora la marihuana se siembra  en 50 estados de la Unión, siendo el principal cultivo en 12 estados, uno de los tres principales en 30 estados y uno de los cinco principales en 39 estados. Es más importante que el algodón en Alabama, que las uvas en California, que el maní en Georgia y que el tabaco en las Carolinas. Cinco estados  producen más de US$ 1.000 millones de marihuana: California, Tennessee, Kentucky, Hawai y Washington. El valor de la cosecha de cannabis en todo el país norteamericano superó los US$ 35.000 millones, cifra bastante mayor a los US$ 23.000 millones del cultivo de maíz, a los US$ 17.600 millones de frijoles de soja y a los US$ 12.200 millones de la cosecha de heno”.

En la revista The Bulletin of Cannabis Reform se publicó una investigación realizada por expertos del Nacional Organization for the Reform of Marijuana Laws, Norml, donde se concluyó que el gran valor y el enorme crecimiento de la producción en todos los estados hacen de la marihuana “una persistente y firme parte de la economía nacional y, en consecuencia, el fracaso de su erradicación sugiere que ha llegado la hora de discutir seriamente su legalización, una nueva forma de aumentar ingresos netos por medio de impuestos a la producción y al consumo de marihuana”.

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Cartel publicitario.
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“La marihuana se ha convertido en una parte penetrante e ineradicable de la economía de Estados Unidos”, agregó el informe difundido por el programa Money, de CNN, en diciembre de 2006.

El 13 de julio de 2007, el diario La Opinión de California informó que la producción de marihuana en los parques nacionales de Estados Unidos se había transformado en una nueva y millonaria industria. Sólo en ese estado, en el 2006 fueron destruidas 2,8 millones de plantas de marihuana, luego de que las autoridades hallaron sembradíos en los 18 parques nacionales del estado. “Nuestros tesoros nacionales son ahora el centro de cultivo de drogas nacionales e internacionales y del tráfico”, fue el lacónico comentario de  John P. Walters, director de la Agencia de Política de Control Nacional de Drogas.

El auge de la producción interna se vio estimulado por los estrictos controles fronterizos que siguieron a los atentados del 11 de septiembre de 2001. El contrabando desde México, Sudamérica y el Caribe se volvió más difícil y los carteles de la droga trasladaron sus operaciones a Estados Unidos. No obstante, la tendencia ya se había visualizado al iniciarse la década del 2000. En febrero de ese año, el embajador estadounidense en Colombia, Curtis Kamman, admitió que su país era uno de los principales productores de cannabis del mundo. “No tengo los detalles de nuestra producción de marihuana, pero sé que somos autosuficientes.

Desafortunadamente, miles de norteamericanos la cultivan en sus sótanos y jardines, lo que hace muy difícil el control”, declaró el diplomático en aquella oportunidad a la prensa colombiana.

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Dibujo de una planta grande de marihuana.
Dibujo de una planta grande de marihuana.

Los europeos también

El Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanías informó en 2005 que la marihuana era, por lejos, la sustancia ilegal más consumida en Europa. Diversos estudios de población indicaban que entre el 3% y el 31 % de los adultos (de 15 a 64 años) la han probado por lo menos una vez en la vida. Las tasas más elevadas se registran en Francia (26,2 %), el Reino Unido (30,8 %) y Dinamarca (31,3 %). En la mayoría de los países de la Unión Europea, UE,  15 de los 23 que habían facilitado información, la prevalencia del consumo a lo largo de la vida se mantenía entre el 10% y el 25 % y, según las estimaciones nacionales, se calculaba que en la UE más del 20% de la población total, unos 62 millones de personas, había probado el cannabis alguna vez y que uno de cada diez jóvenes europeos era consumidor de la esta yerba.

A modo de comparación, en la Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas y Salud realizada en los Estados Unidos en 2003, un 40,6 % de los adultos encuestados afirmaba haber probado la marihuana por lo menos en una ocasión, y un 10,6 % declaraba haber consumido la sustancia en los últimos 12 meses

La mayor parte del hachís que se consume en la UE se produce en Marruecos, donde se cultivan unas 65 mil hectáreas de cannabis, y se introduce en Europa central a través de la península ibérica. La yerba, en tanto, llega también desde los Países Bajos y Europa oriental. Los precios varían considerablemente. Van, por ejemplo, desde 1,1 euros el gramo de marihuana en España, a 12 euros en Letonia o a casi 20 euros en Noruega.

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Cosecha marihuana de comienzos del siglo XX.
Cosecha marihuana de comienzos del siglo XX.

Los ministros de Sanidad de Bélgica, Francia, Suiza, Holanda y Alemania coincidieron en asegurar que las restricciones actuales no han llevado a disminuir el consumo de la droga y que, por el contrario, frente al aumento de la adulteración, se están multiplicando los llamados “cannabicultores”, las asociaciones pro cannabis y los café shop donde se expenden todo tipo de productos vinculados a la planta.

En España, Italia y Portugal no estaba prohibido el consumo y la autorización para el uso terapéutico de la marihuana se había extendido a Canadá, Suiza, Inglaterra y Holanda, así como a los estados norteamericanos de California, Colorado, Alaska, Washington y Nevada, entre otros.

Cada vez eran más los enfermos que padecían cánceres diversos, asma, glaucoma, Sida, epilepsia, anorexia, esclerosis múltiple y otros males, que demandan el uso de marihuana para disminuir los síntomas más dolorosos.

En diversos países se estaba proponiendo cada vez con más fuerza la legalización de la planta y sus derivados sintéticos para su uso terapéutico. Algunos consumidores, sin embargo, temían que una decisión en ese sentido sólo termina beneficiando a la industria farmacéutica mundial.

El peligro mayor

Uno de los principales argumentos de los defensores de la marihuana señala directamente a la industria del alcohol. Un informe de la

Organización Mundial de la Salud, OMS, apuntaba hace más de una década que las muertes causadas directamente por el alcohol sobrepasaban los 800 mil casos anuales y que las discapacidades que produce en el mundo son mayores que las debidas a la desnutrición. Estas alarmantes cifras son sólo un rasguño en la superficie del problema.

El daño que el alcohol produce en el organismo no se limita a la cirrosis del hígado, sino también daña al cerebro, afectando las capacidades intelectuales. También incrementa los riesgos de ataques cardíacos, produce inflamaciones del páncreas, daña las fibras musculares, disminuye la masa ósea y atrofia los testículos, con daño importante de los espermios y la posible pérdida de la fertilidad. También afecta de modo determinante la sexualidad pues disminuye la acción de la líbido y los niveles de testosterona.

En Chile (2008), el alcoholismo afecta al 12,6% de la población. Pero eso no es todo. El 40% de los suicidios, el 52% de los actos criminales, el 60% de los homicidios y el 70% de los accidentes del tránsito están ligados también al consumo de alcohol. En Chile el costo económico dado por gastos de salud, por muertes prematuras, por menor productividad, por accidentes y por la violencia provocada, sobrepasan los US$ 700 millones de dólares anuales

Un estudio reciente del Consejo para el Control de Estupefacientes, Conace, señaló que un 50% de los jóvenes comienza a tomar alcohol a los 17 años, e incluso hay un 5% de ellos que empieza a los 12 años o antes.

En la Quinta Región, un estudio realizado el 2001 en diferentes colegios determinó que un promedio de 65,2% de la población escolar (de octavo a cuarto medio) consume alcohol, lo que se traduce en tres de cada cinco menores.

El Cuarto Estudio Nacional de Consumo de Drogas en Chile realizado por el Conace en el año 2000, que se aplicó a 44.421 personas entre 12 y 64 años de edad, y que representa a 7.779.905 individuos a nivel nacional.

Estableció que 133.292 personas declararon consumir alcohol todos los días; 1.105.483 personas reconocieron que consumen alcohol en fines de semana y otros 2.679.229 declararon consumirlo ocasionalmente en el mes.

Para entender estas cifras, es importante considerar que el alcoholismo clásico implica que se ha ido desarrollando tolerancia, aumentando la dosis y la imposibilidad de suspender el consumo de alcohol por síntomas de privación, lo que quiere decir que hay un hábito y una dependencia física.

Según el último estudio de Conace (2008) los que califican como bebedores problema alcanzan a un 23,8%. Es decir, en Chile hay 986.932 personas con algún grado de problemas derivados de su consumo de alcohol.

En términos generales los hombres duplican a las mujeres en su problema asociado al uso de bebidas alcohólicas. Sin embargo, cuando se realiza este análisis para el grupo de 12 a 18 años de edad, las cifras se estrechan ya que 33 de cada 100 hombres declaran consumo reciente de alcohol y 28 de cada 100 mujeres también lo hacen. Esta diferencia es más amplia cuando se analiza, para el caso de los menores, porque 35 de cada 100 hombres y 20 de cada 100 mujeres son bebedores problema.

Sí, actualmente los drogodependientes son policonsumidores. En el pasado los alcohólicos eran muy clásicos, porque solamente consumían sustancias legales. La juventud ahora consume todo tipo de drogas. Por ejemplo, el alcohol y la cocaína van de la mano, porque la cocaína como estimulante provoca rigidez muscular, por el contrario, el alcohol produce una sensación de relajo.

Por otro lado, no se puede desconocer que muchos alcohólicos llegaron a la cocaína porque les inhibe los efectos de la embriaguez. Es raro encontrar un cocainómano que no sea alcohólico.

Otras cifras entregadas por el Conace indican que el 19% de los jóvenes que están entre octavo y cuarto medio ha consumido alcohol cinco o más días en el último mes; y el 13 por ciento reconoce llegar a tomar cinco o más tragos en una salida de sábado por la noche. Y si bien históricamente los hombres lideraban estas estadísticas, las mujeres están equilibrando la balanza. Datos del Conace de 2002 afirman que  las adolescentes entre 12 y 18 años consumieron más alcohol que sus pares hombres durante el último año (54,5 por ciento versus 53,1 por ciento).

Entre los efectos más comunes del consumo de alcohol en adolescentes se mencionan los accidentes por realizar actividades bajo su influencia, como manejar motos o autos, nadar en el mar o asumir riesgos innecesarios. También la ingesta etílica incide en el consumo de otras sustancias, conductas violentas, infecciones de transmisión sexual y embarazo, deterioro del rendimiento escolar, problemas familiares y legales, entre otros problemas.

Gran parte de los psiquiatras coinciden en que el consumo de una sustancia “lícitas” como el alcohol, facilitan el inicio de las “ilícitas”; es decir, el alcohol es la verdadera puerta de entrada hacia el consumo de drogas más fuertes.

¿Por qué entonces se prohíbe la marihuana y se mira para otro lado respecto del alcohol? La respuesta franca es simple: la industria chilena del vino obtenía unos US$ 35 millones en 1990; en 1999 llegó a los US$ 525 millones y hoy (2008) ya supera los US$ 1.000 millones. La industria de la cerveza reporta anualmente cerca de US$ 400 millones; y la industria pisquera, otros USS 100 millones, sin contar la importación y venta de otra enorme variedad de licores como el ron, el vodka, el tequila y el whisky. En conjunto, dan trabajo a más de 200 mil personas e influyen de manera determinante en actividades tan disímiles como el deporte, la cultura, la publicidad, los espectáculos, la gastronomía, el turismo e, incluso, la política y las leyes.

La legislación autoriza una patente para expender alcohol por cada 600 habitantes. En 2004, sólo en Antofagasta, existían 800 establecimientos con permiso, además de múltiples clandestinos. Es decir, oferta de alcohol para un mercado superior a las 500 mil personas, en una ciudad que bordea en total los 300 mil habitantes. Al otro extremo del país, en la Región de Los Lagos, según datos del Conace, había una botillería por cada 164 habitantes, sumando entre legales y clandestinas, 5.784. La misma situación se repite en el resto del país.

En 2006 fallecieron 1.628 personas en accidentes de tránsito; el 40 % de ellas había consumido alcohol. Y así, suman y siguen los ejemplos de las consecuencias del abuso del alcohol. Por el contrario, es muy difícil encontrar denuncias sobre violencia o hechos delictuales bajo los efectos de la marihuana.

Entra la pasta base

En 1990, el director de la Policía de Investigaciones, general (r) Horacio Toro, ordenó erradicar los cultivos de cáñamo en el valle de Aconcagua. Los detectives cuadricularon y revisaron metro a metro la zona hasta eliminar todo vestigio de esta planta de la discordia. El resultado no lo previeron: al poco tiempo, la pasta base de cocaína empezó a invadir las poblaciones de Santiago, con las funestas consecuencias comprobadas en los años siguientes.

Quince años después, en enero de 2005, el senador radical Nelson Ávila presentó un proyecto de ley para “despenalizar la siembra, plantación, cultivo o cosecha de especies vegetales del género cannabis u otras productoras de sustancias estupefacientes o psicotrópicas destinadas al uso o consumo personal exclusivo y próximo en el tiempo”.

El debate en la Cámara Alta fue arduo y, pese a que la iniciativa fue rechazada, algunos senadores abrieron una pequeña ventana de esperanza a los consumidores de marihuana. Entre ellos, el senador socialista Jaime Gazmuri, quien señaló en esa oportunidad:

“Respecto del alcoholismo y de sus graves efectos en la sociedad chilena no hay ningún debate comparativo como el que existe acerca de la droga; no hay ninguna preocupación sustantiva de la autoridad pública. Y, por la vía de la adicción al alcohol, se está infligiendo un daño tremendo a grandes sectores de nuestra población”, añadiendo que “este fue un aspecto importante en las políticas públicas en los años sesenta y setenta. Los gobiernos de los presidentes Frei Montalva y Allende desarrollaron masivos programas de prevención, de reeducación y de rehabilitación en alcoholismo. Treinta años después, carecemos de ellos y los daños al país por la adicción alcohólica, si bien no se dispone de cifras comparativas, son quizás peores”.

Y agregó casi al final de su intervención:

“(…) imagino que la Brigada Antinarcóticos no anda persiguiendo a gente que cultiva dos matas de buena cannabis sativa en el fondo de su casa. Pienso que ello no ocurre. O sea, quien siembra para el autoconsumo lo hace sin exponerse a graves penas. Y si llegara a ocurrir, la sanción sería de falta”.

Mañana: El retorno de la esclavitud.

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