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Lunes, 21 de octubre de 2019
Elecciones presidenciales 2019

Bolivia y Uruguay arriesgan hegemonía progresista

Pedro P. Ramírez Hernández

Aunque son países pequeños, lo que ahí pase en términos electorales puede transformar los equilibrios ideológicos de una región que está cada vez más inestable. Si bien los sondeos indican que los candidatos oficialistas y progresistas, Evo Morales (Bolivia) y Daniel Martínez (Uruguay), ganarían una primera vuelta, también dicen que perderían en un eventual balotaje contra las derechas unidas. Una posibilidad que no se ha dado en casi 15 años.

La semana pasada los ánimos se encendieron en Sudamérica y la región comenzó a palpitar un periodo de incertidumbre. A las crisis de Argentina, Venezuela y Brasil, se le sumó la pugna entre el legislativo y el ejecutivo que divide a Perú y el estado de excepción que tuvo que decretar el gobierno ecuatoriano tras las movilizaciones que han sacudido al país luego de las reformas económicas que anunció el oficialismo junto al FMI. 

A este escenario hay que agregarle la decisión que tomó, hace poco más de un mes, un sector de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) que anunció su regreso a las armas y el fin del Acuerdo de Paz en el país más peligroso de la región para ser líder social, dada la alta tasa de asesinatos de estas personas en dicho país.

En consecuencia, prácticamente todos los países sudamericanos se encuentran golpeados por la crisis económica y en medio de un creciente fenómeno de descrédito hacia la política y los partidos que han dominado el poder en los últimos 20 años.  

Con estos antecedentes, octubre se transforma en un mes clave y arranca lleno de dudas, pues tres países celebrarán durante los últimos 10 días del mes su primera vuelta presidencial, elecciones que amenazan con dar vuelta el tablero político al que comenzaba a acostumbrarse la población sudamericana. Y en dos de ellos la derecha se entusiasma con dar el zarpazo y terminar con casi 15 años de hegemonía progresista: es el caso de Bolivia y Uruguay. 

Evo Morales en Bolivia enfrenta las elecciones que lo pueden llevar a su cuarta presidencia, pero se ve también como una de las más complejas en toda su carrera desde que llegó al gobierno en 2006; todos los sondeos indican que ganaría en primera vuelta, pero que sería derrotado en el balotaje. Misma situación en la que se encuentra el candidato del Frente Amplio uruguayo, Daniel Martínez 

Esto, a diferencia de Argentina -el tercer país donde habrá elecciones presidenciales- donde el kirchnerista Alberto Fernández lidera todos los pronósticos de cara al próximo 27 de octubre, por sobre el presidente en ejercicio, Mauricio Macri. 

Bolivia: Evo en su elección más difícil 

El próximo 20 de octubre, Bolivia decide si Evo Morales, el Movimiento al Socialismo (MAS) y su vicepresidente, Álvaro García Linera, estarán a cargo del país andino, prolongando democráticamente uno de los dos proyectos bolivarianos que continúan vigentes en la región, junto a Venezuela. Pero, esta vez los números complican al líder indígena y sindical que ha dominado desde 2006 la política boliviana. 

De acuerdo a los sondeos -cuya credibilidad al interior de Sudamérica está completamente en duda, puesto que en los últimas elecciones han errado en varias proyecciones- Morales obtendría en primera vuelta entre un 37% y un 40%, mientras que el ex presidente, Carlos Mesa, se quedaría con un 23% o 26% de las preferencias, obligando a un balotaje, en el que se inclinaría la balanza en favor del candidato de las derechas.

Gran parte de esta posibilidad surge de la polémica forma en que Morales logró su cuarta candidatura. La cuarta reelección fue algo rechazadado a través de un plebiscito, pero que Morales revirtió tras lograr ser habilitado por el Tribunal Supremo Electoral, basándose en la Convención Americana de los Derechos Humanos, alegando su derecho de ser elegido por el pueblo boliviano. 

Esta decisión ha sido profusamente criticada por los opositores a Morales, principalmente por los movimientos sociales de Santa Cruz, la ciudad más grande de Bolivia (3,3 millones de habitantes), tradicional rival de La Paz (2,7 millones) y que concentra la mayor parte de la clase alta boliviana, la cual ha generado una intensa movilización en contra del actual presidente.

Es importante señalar que Bolivia es un país fuertemente marcado por sus diferencias regionales, principalmente la zona andina de predominancia indígena, de donde proviene la mayor fuerza del MAS, cuyo epicentro es La Paz, y la zona de las llanuras, cuyo centro político es Santa Cruz.

Pese a las encuestas, en el MAS no pierden la calma, pues entienden que es difícil que Mesa llegue a la población indígena que domina la zona altiplánica. En los sectores rurales Morales llega a tener hasta un 80% de adhesión, incluso en algunos casos llega al 90%. 

Esto mantiene la ilusión de la izquierda, pues ha sido ese sector político el que históricamente más ha favorecido a ese segmento social, incluso ahora -en medio de la crisis económica global- pues Bolivia ha logrado crecer a tasas que ningún otro vecino ha logrado: solo en este año debería alcanzar un 4%, que es más baja que en años anteriores, pero que permite tener los ánimos arriba.

Más allá de la intención de voto, los estudios de percepción ciudadana sobre la economía le dan cierto respiro a Morales. Según una encuesta de Ciesmori publicada por el diario El Deber, el 36% de los bolivianos piensa que la situación económica del país hoy es “buena” y el 27%, que es “regular”. El mismo sondeo indica que cerca del 40% de los encuestados considera que su situación personal y familiar estará “un poco mejor” dentro de un año, frente al 15% que cree que estará “mucho mejor” y el 13% que considera que estará “igual”.

Uruguay: Liberales, conservadores y militares van a la caza del Frente Amplio

Luego de 25 años, Uruguay tuvo por primera vez un debate presidencial televisado entre los dos candidatos que están mejor posicionados en las encuestas, pues antes no había tan claramente una disputa tan marcada entre dos opciones definidas.

Por un lado, representando al Partido Nacional -que concentra entre un 22% a 25% de intención de voto según las principales encuestadoras- estaba Luis Lacalle Pou, liberal y viejo conocido de la oligarquía ganadera y agrícola oriental, hijo de Luis Alberto Lacalle, quien ocupó la presidencia entre 1990 y 1995. 

En la otra vereda, está Daniel Martínez, con el 30% - 32%, según las encuestas, líder del Frente Amplio en el poder, pero quien no tiene ni el nivel de conocimiento del actual presidente Tabaré Vázquez, ni el carisma y llegada de su antecesor, José Pepé Mujica. Por el contrario, Martínez vive apremiado por el difícil momento económico por el que pasa todo el continente y todo el desgaste de 15 años de gestión frenteamplista.

Aprovechando el momento, Lacalle Pou ha concentrado sus energías en unir a las derechas. En estas elecciones el sector va partido en tres y solo la suma de las partes podría darle las chances de vencer en una segunda vuelta, la que tendría lugar el 24 de noviembre . Pero el camino no es fácil, pues el Frente Amplio también prepara sus fichas en estas últimas semanas de campaña.

Al igual que Mauricio Macri y Sebastián Piñera, Lacalle Pou sigue el libreto de la derecha para desbancar al progresismo: crítica el clientelismo, el excesivo gasto fiscal, el peso del estado, y las leyes de protección laboral que encarecen la mano de obra y frentan en la inversión, pero -dicen los críticos- la campaña derechista adolece de anuncios concretos, los que son reemplazados por mucho marketing y cercanía, junto con un interesante trabajo en redes sociales y trabajo audiovisual. 

"Uruguay necesita una alternancia y formo parte de un grupo de hombres y mujeres, de equipos técnicos, con un programa de gobierno de futuro que se quiere hacer cargo y que sabe la cosa esta compleja, pero que el país positivo está a la vuelta de la esquina. Les quiero pedir algo muy importante, su confianza y espero poder mirarlos a los ojos dentro de cinco años y haber cumplido", emplazó Lacalle Pou a los votantes al frente de la TV en el debate. 

Lacalle Pou se hace guiños con los empresarios del campo, la principal actividad económica de la República Oriental y amenaza con modificar las leyes laborales con el propósito de abaratar los costos laborales y desestabilizar el sindicalismo uruguayo, apuntando contra los mecanismos de contratación y fijación de salarios. También intenta atraer a la juventud desencantada del Frente Amplio y evita codearse con los rivales al interior de su sector, cuestión que resalta en su eslogan Lo que nos une y #EsAhora.

En esta pasada, el Partido Nacional sabe que lidera la intención de voto al interior del sector y que el 23% no le alcanza para derribar a Martínez. De ahí la importancia del Partido Colorado, el más tradicional y conservador de la política uruguaya, cuyo candidato es Ernesto Talvi, un economista que atrae, de acuerdo a los sondeo, cerca del 15% de la intención de voto. Talvi es seguido por el ultraderechista Guido Manini Ríos, quien anda cerca del 12% y quien fue destituido como y comandante en jefe del Ejército por el presidente Tabaré Vázquez, luego de que cuestionase los juicios relacionados a militares por violaciones de derechos humanos en dictadura.

Un puzzle difícil de armar para Lacalle Pou, a quien le va a ser difícil aunar a jóvenes desencantados del Frente Amplio con derechistas militaristas que rechazan el aborto, la migración, las leyes de igualdad de género y que propone sacar a las tropas frente a la inseguridad.

Con este escenario, el Frente Amplio comienza a despertar y poco a poco comienza a sumar movilización social contra un plebiscito paralelo propuesto por Lacalle Pou para reformar la Constitución e implementar una serie de leyes que buscan endurecer las penas delictivas y militarizar las zonas más conflictivas del país. 

En ese sentido, todos los medios y politólogos uruguayos apuntan a no subestimar el poder movilizador del Frente Amplio, que se ha colgado del sentimiento anti derechista que tiene a Jair Bolsonaro -el presidente brasileño- y Manini Ríos como sombra del proceso. De tal modo lo comparan con un elefante al que le cuesta ponerse en marcha, pero que en caso de hacerlo puede copar las calles y evitar el voto de castigo. 

En esta dirección, Martínez ha centrado su discurso resaltando los logros que ha tenido su sector en estos tres periodos en los que ha liderado a Uruguay, buscando retener a la clase media, los sectores más abandonados del interior y la juventud, que en su gran mayoría no ha visto otro gobierno que no sea del color del Frente Amplio, que ha gobernado década y media.

"Quiero dirigirme especialmente a los jóvenes que votan por primera vez en estas elecciones. Les ha tocado vivir en un Uruguay muy distinto al de sus padres, donde cuatro de cada diez personas vivían en la pobreza, donde al ir al hospital había que llevarse las sábanas, donde muchos niños y niñas para comer tenían que ir a la olla común del barrio. No quiero que retrocedamos en los logros, porque cada uno ha significado el esfuerzo de generaciones”. 

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