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Viernes, 19 de octubre de 2018
Crece la ultraderecha

Brasil en la cornisa

Nicolás Massai D.

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Créditos: El País
Créditos: El País

Jair Bolsonaro obtuvo 49,2 millones de votos (46%), y si bien no fueron suficientes para quedarse con la presidencia en primera vuelta, está a un paso de lograrlo en segunda. Fernando Haddad, el candidato llamado a frenarlo, se quedó con un exiguo 29,3%, preso de un clima adverso para el Partido de los Trabajadores al cual representa.

Fernando Haddad, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) y delfín de Lula da Silva, sabía que tras la noche del 7 de octubre tendría que sacar la calculadora y sumar votos para intentar alcanzar en el balotaje, en un plazo menor a un mes, a Jair Bolsonaro, el líder de ultraderecha y favorito de esta elección.

Después de todo, las encuestas eran consistentes en decir que habría segunda vuelta, pues ningún candidato lograría el 50% de los votos, y que las dos primeras mayorías serían Bolsonaro, en primer lugar, y Haddad en segundo.

Lo que no dijeron las estimaciones, ni los bolsonaristas más entusiastas, fue el resultado que al final se produjo: 49,2 millones de votos y 46% de las preferencias en favor del ultraderechista, contra 31,1 millones de votos y 29,3% del candidato “petista”. Es decir, una diferencia de 18 millones de votos, casi la misma cantidad que suman Ciro Gomes y Geraldo Alckim, los candidatos de centro que sacaron el tercer y cuarto puesto.

Con estos resultados, lo que necesita Haddad no es una calculadora, sino más bien un milagro.

Esto, porque aunque hay una opción matemática de sumar todos los votos de centro e izquierda, la campaña de Haddad no tuvo ni tiene tiempo para tender puentes. La espera de la resolución judicial que negó a Lula poder ser candidato, y que terminó por coronar a Haddad, implicó que este tuviera poco más de un mes para desplegar su campaña, y lo hizo siempre a la sombra de Lula y a contrapelo de Gomes y Alckim, con la esperanza de activar el poder electoral del PT. Ahora tiene solo tres semanas para decir lo que no dijo –ofrecer garantías y dar gestos de confianza– y lo que no puede decir –que abandonará a su suerte a Lula y los implicados del PT en corrupción.

Por su parte, a Bolsonaro le basta recoger los 1,35 millones de votos de Cabo Daciolo y los 1,29 millones de Henrique Meirelles, ambos a la derecha del espectro político brasileño, y beneficiarse del antipetismo del resto de los candidatos que quedaron fuera de competencia.

Antipetismo

Acorde a Carol Pires, colaboradora política de The New York Times, Fernando Haddad “tendrá que unir a la izquierda sin asustar a los conservadores”.

“Será difícil, porque Ciro Gomes –representante de la centroizquierda, que obtuvo un 12,5%– en su momento quiso hacer una alianza con Lula y el PT, pero lo ignoraron, ya que a Lula solo le importaba estar con el 'lulismo'”, dice a INTERFERENCIA.

No será fácil, tampoco, conformar una estructura que tenga como único objetivo luchar contra la ultraderecha, como sucedió en 2017 en Francia con la alianza entre Emmanuel Macron y François Bayrou para derrotar a Marine Le Pen. Tampoco se ve un camino como el peruano de 2016, cuando Pedro Pablo Kuczynski (PPK) pasó de 21% a 50% entre vuelta y vuelta electoral, logrando derrotar a Keiko Fujimori por 41.000 votos.

Tanto Macron como PPK no cargaban con la pesadísima mochila de la corrupción y el desgaste que hereda Haddad del PT. De hecho, en esta misma elección la destituida ex presidenta Dilma Rousseff salió cuarta en la competencia en Minas Gerais y quedó fuera del Senado.

“Haddad tendrá que vencer el antipetismo, que es muy fuerte, pero que de alguna manera ya está expresado en la votación de Bolsonaro. Debe convencer que hará un gobierno más parecido al de Lula que el de Dilma en términos económicos, pero, a la vez, debe tratar de ser más parecido a Dilma que a Lula en temas de corrupción”, comenta Pires.

La analista agrega que el único elemento favorable para una salida a la francesa o a la peruana es el rechazo a Bolsonaro, pues el 46% de los brasileños dicen que no votan por él de ninguna manera. También hay un 27% del electorado que se abstuvo, lo que está dentro del rango normal para Brasil, pero hipotéticamente podrían buscarse esos votos.

Chances que se parecen más a un espejismo que a una esperanza. Después de todo, ya casi 50 millones de brasileños ni se arrugaron para preferir un misógino, homófobo y racista declarado.

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