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Martes, 20 de agosto de 2019
Muerte de Altamirano: 3° Parte

Carlos Altamirano: del “avanzar sin transar” a la renovación socialista

Manuel Salazar Salvo

Estra es la tercera entrega y final de Manuel Salazar, en la que se aborda la figura de un exiliado Carlos Altamirano en instancias en las que el socialismo discutía su presente y su futuro, con la dictadura de fondo.

Casi cuatro meses después de la victoria de Salvador Allende en las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970 -a fines de enero de 1971- Carlos Altamirano fue elegido como nuevo secretario general del Partido Socialista (PS) en el Congreso de La Serena. Él y sus partidarios arrasaron en las elecciones de esa instancia: coparon los 45 cargos del Comité Central y la Comisión Política fue integrada por dirigentes que tenían un promedio de edad de 33 años. La tendencia más joven y pro cubana del socialismo criollo dominó el partido.

Ver 1° Parte: Carlos Altamirano: el aristócrata que quiso ser revolucionario

Ver 2° Parte: Carlos Altamirano: los años previos a la Unidad Popular

Pocos días después el nuevo secretario general pidió a los cuadros más aguerridos, agrupados en la Organa y en los elenos, que se preocuparan de organizar la defensa del gobierno. Altamirano sabía que en los próximos años la derecha local y el imperialismo estadounidense buscarían con todos sus recursos derribar al gobierno de la Unidad Popular, UP.

No pasó mucho tiempo antes de que Altamirano se diera cuenta de que llevar adelante el programa de gobierno de la UP, apoyado firmemente por Allende, sería imposible de cumplir sin socavar las principales bases de la institucionalidad burguesa que imperaba en Chile. Estaba seguro de que había que reformar el Parlamento, el Poder Judicial, las Fuerzas Armadas y las estructuras gubernamentales. Paralelamente se debía organizar lo que denominó el Poder Popular, organizar los Cordones Industriales y los Comandos Comunales de Base, entre otras variadas instancias.

A fines de 1971 y cada vez con mayor fuerza empezó a insistirle a Allende en que debía involucrarse en los nombramientos de los altos oficiales de las Fuerzas Armadas y tratar de construir bases militares sólidas que apoyaran los cambios impulsados por la UP. El presidente siempre se opuso y jamás intervino en los ascensos de la oficialidad uniformada ni tampoco en las orgánicas militares. Allende confiaba en ellos, en su apego a la Constitución y a la democracia.

Altamirano, Miguel Enríquez y poco después Oscar Guillermo Garretón, líder de una de las facciones en las que se dividió el Movimiento de Acción Popular Unitaria, MAPU, fueron transformados por lo diarios de oposición en los principales demonios de la UP, los que supuestamente querían transformar a Chile en una nueva Cuba o en la Rusia stalinista.

Cuesta separar lo que hizo y dijo Altamirano en aquellos años de la UP de lo que expresó más tarde desde su exilio y luego en su regreso a Chile. Reconoció que su retórica no fue la más adecuada y que tomó algunas decisiones erradas, pero siempre insistió en que la revolución socialista impulsada por Allende era imposible sin cambios profundos en las estructuras políticas, sociales y económicas del país.

No obstante, Altamirano tuvo un papel fundamental para impedir el quiebre del PS y sirvió de puente entre el gobierno, Allende y los crecientes sectores más radicales del socialismo, pese a que envió a una importante cantidad de militantes de su partido a adiestrarse militarmente en Cuba y en la Unión Soviética desde 1971 en adelante. 

Al revisar cuidadosamente la prensa de la época de la UP no se encuentran denuncias concretas sobre el actuar ilícito directo de Altamirano, sólo sus declaraciones incendiarias y sus ataques permanentes a la derecha, al Partido Demócrata Cristiano (PDC) y a lo que denominaba la “institucionalidad burguesa”.  

En su actuar político y en la dirección del PS tuvo numerosos colaboradores muy cercanos. Entre ellos destacaron tres militantes bastante desconocidos: Edmundo Ceroni, un funcionario de la Biblioteca del Congreso; Esteban Bucchat, dirigente sindical de los empleados telefónicos; y, Adolfo Lara, sindicalista de los mineros.

Poco tiempo antes del golpe del 11 de septiembre de 1973, Altamirano hizo un diagnóstico bastante cercano a lo que ocurriría. En el mes de junio declaró ante la prensa: “La derecha tiene una estrategia y dos tácticas: la estrategia, derrocar a Allende e instaurar un régimen fascista y autoritario presidido por la oligarquía financiera y monopólica nacional, coludida con el imperialismo norteamericanos. Las dos tácticas: una, la de los fascistas encabezados por Sergio Onofre Jarpa, que quiere el golpe hoy, y la otra, la del derechista Frei, que pretende el golpe en agosto o en septiembre”.

En las horas siguientes al golpe matinal del martes 11 de septiembre del 73, oculto en la casa de su amigo Pedro Astaburuaga, en Ñuñoa, Altamirano llamó a La Moneda y pidió hablar con Allende. Recibió de vuelta un recado: “El presidente dice que haga lo que siempre ha dicho que hay que hacer”.

Pocos días después, conduciendo muy elegante un Fiat 600 en la avenida Providencia, una patrulla militar lo detuvo.

- ¿Qué pasa suboficial? preguntó.

- Perdone señor, estamos buscando a Carlos Altamirano.

- Me parece, pero yo no soy Carlos Altamirano.

- Ya veo, señor. Por favor siga adelante.

En las semanas siguientes se refugió en diversos lugares, sobre todo en la comuna de San Miguel. Estuvo varias veces a segundos de ser capturado, incluso tuvo que sumergirse en un canal de aguas servidas para eludir a los soldados. Se cuenta que dos socialistas, miembros de su equipo de protección, murieron para evitar que fuese detenido.

Finalmente, llegó un oficial del servicio secreto de la República Democrática de Alemania (RDA), la Stasi,  para sacarlo al exterior, quien ingresó a Chile en un amplio automóvil estadounidense, preparado en Buenos Aires, con un compartimento secreto en el maletero del vehículo donde se ocultó Altamirano. El alemán se hizo pasar por un vendedor de medicamentos de un laboratorio europeo y, no sin grandes inconvenientes, logró sacarlo por el paso Libertadores hacia Mendoza. De allí a Buenos Aires, Berlín y La Habana, donde reapareció públicamente a comienzos de enero de 1974, dio un impulso anímico a la golpeada izquierda criolla y enfureció a la dictadura militar.

Altamirano en el exilio y los socialismos en dictadura

Poco tiempo después, afectado por los problemas de comunicación entre Cuba y el exterior, decidió trasladarse a Berlín donde fue muy bien acogido por Erich Honecker y pudo restablecer sus contactos políticos para organizar la resistencia civil al general Augusto Pinochet.

En 1975 Altamirano llamó a Jorge Arrate que estaba en Roma y luego le pidió que se trasladara a Berlín para que lo ayudara en la renovación del PS. A esa tarea se sumaron varios otros intelectuales socialistas. Pronto, Altamirano se dio cuenta de la falta de libertades en la RDA y el ahogo del socialismo real. Decidió, entonces, trasladarse a París.

En Chile, en tanto, en 1974, la dirección clandestina del PS fue asumida por Exequiel Ponce, Carlos Lorca, Ricardo Lagos Salinas y Gustavo Ruz. Se manifestaron partidarios de “gestar una dirección única proletaria” y “pasar a nuevos niveles de unidad en las relaciones socialistas-comunistas”. Desde el exterior, Altamirano y la mayoría de la dirección antigua del PS los acusaron de “procomunistas”, “stalinistas” y de no representar al partido. Otro grupo de militantes del interior, dirigido por El Viejo, Benjamín Cares, desconoció también a la dirección de Ponce y Lorca y constituyó la Coordinadora Nacional de Regionales (CNR), estructura que se quebró en 1978 dando pasó a dos nuevas vertientes: la CNR-Revolución, dirigida por Cares, Juan Soto y Sergio Sauvalle (desarticulada por la CNI en 1982) y la CNR-Indoamérica.

La dirección de Ponce y de Lorca era la heredera del Comité Central del PS elegido en 1971 en La Serena, que barrió con la corriente socialdemócrata que dirigía Aniceto Rodríguez. Ponce y Lorca eran los depositarios de los elenos y de la Organa, que habían criticado la vía constitucional de Salvador Allende. No obstante, fue la CNR de Cares la que después del golpe postuló con más vigor la lucha armada para enfrentar a la dictadura. Otra tendencia que se mostró dispuesta a combatir fue el grupo denominado La Chispa, que encabezaba Rafael Ruiz Moscatelli. Una tercera fracción, Dirección para el Consenso, dirigida por Juan Gutiérrez Soto, optó por los medios pacíficos.

Ponce y los miembros de aquella dirección clandestina junto con representar a los antiguos elenos, encarnaban las posiciones de Clodomiro Almeyda y de la Juventud Socialista. En junio de 1975, los agentes de la DINA (Dirección Nacional de Inteligencia) cayeron sobre ellos. Casi todos permanecen desaparecidos hasta hoy. Una nueva ola de dirigentes, salidos de la Federación Juvenil Socialista, intentó rearticular el partido, pero una vez más la DINA los golpeó duramente.

A comienzos de 1977, desde diversas ONGs cientistas sociales vinculados al PS, a los MAPU y la IC empezaron a producir documentos que contribuirían en los años siguientes a la renovación socialista. Entre ellos, Enzo Faletto, Tomás Moulian, Manuel Antonio Garretón, Augusto Varas, José Joaquín Brunner, Enrique Correa, Eugenio Tironi, Norbert Lechner, Rodrigo Baño, José Bengoa y Javier Martínez. En agosto, el PS realizó su segundo pleno clandestino en el país; casi al mismo tiempo el PC efectuó uno en el exterior, donde afirmó su política de alianzas amplias, ratificando la vía no armada, pero autocriticándose la falta de una política militar, el llamado vacío histórico.

Ambos plenos y el debate ideológico en que se encontraba la Izquierda agudizaron las pugnas en el socialismo. Carlos Altamirano envió a Ricardo Núñez a Chile para buscar acuerdos con la dirección interna.

El momento era determinante. En julio, Pinochet había entreabierto la puerta a una institucionalidad “de auténtica participación social” -aseguraba- en un discurso en el cerro Chacarillas, cuya primera etapa terminaría el 31 de diciembre de 1980, plazo en que ya estaría aprobada una nueva Constitución.

El viaje de Núñez no consiguió limar las diferencias y se convocó a un pleno del Comité Central en Argelia, en marzo de 1978, que en realidad se efectuó en la RDA. Carlos Altamirano fue reelecto como secretario general. Pese a las apariencias de unidad, las discusiones prosiguieron hasta que en abril de 1979 Clodomiro Almeyda expulsó a Altamirano, Jorge Arrate, Luis Meneses y Erick Schnake, quedando él como secretario general, y nombró a Galo Gómez en la subsecretaría del PS.

En marzo de 1979, Humberto Ortega, dirigente del sandinismo nicaragüense, llegó a La Habana a solicitar ayuda para la ofensiva final contra Anastasio Somoza. Los socialistas chilenos ofrecieron un contingente de militantes. Eran 29 combatientes irregulares y 40 con formación militar. Su destino fue el Frente Benjamín Celedón, ubicado en Rivas, entre los pueblos de Sapoa y Las Vírgenes, al sur de Managua, que buscaba quebrar las líneas de abastecimiento del somocismo.

Los socialistas chilenos tuvieron allí su bautismo de fuego. En el PS se organizó en Santiago un área de trabajo militar compartimentado del resto de la dirección y se incorporó a miembros de las Fuerzas Armadas en retiro que colaboraron con Allende y el PS. 

En el exilio, sin que la dirección interior lo supiera, se avanzaba en el diseño de una política insurreccional que ya tenía un nombre: Lucha de masas con perspectiva insurreccional.

A mediados de 1981 recrudeció la represión en Chile. En agosto fueron expulsados del país Carlos Briones, Orlando Cantuarias, Jaime Castillo y Alberto Jerez. En Europa aumentó el enfrentamiento ideológico entre los intelectuales renovados y el PC.

En abril de 1982 se constituyó en Santiago el Secretariado de Partidos de Convergencia Socialista, integrado por el PS-Núñez, los dos MAPU y la Izquierda Cristiana (IC). Carlos Ominami y Sergio Spoerer eran sus representantes en el exterior; Ricardo Lagos y Enzo Faletto, por su parte, dieron forma a la tendencia de Los suizos.

En mayo, representantes de los partidos de izquierda se reunieron en Cuernavaca, México, pero no pudieron llegar a acuerdos. En octubre se conoció un pronunciamiento de los tres últimos secretarios generales del PS. Raúl Ampuero, Aniceto Rodríguez y Carlos Altamirano apoyaron la renovación. Por esos días se fraccionaron los dos MAPU y numerosos militantes se sumaron al PS-Núñez. En la tendencia que lideraba Oscar Guillermo Garretón se escindió la juventud. Un sector de ella daría forma después al MAPU-Lautaro.

En febrero de 1983 surgió el opositor Proyecto de Desarrollo Nacional, Proden, conducido por Jorge Lavandero. El 15 de marzo se firmó un manifiesto, que sería el germen de la Alianza Democrática anunciada a comienzos de agosto, primer referente político público que vinculó al socialismo renovado con el PDC, y que incluyó a la derecha republicana, a los socialdemócratas y a un sector de los radicales.

La Confederación de Trabajadores del Cobre, CTC, convocó a una protesta nacional el 11 de mayo, la que se transformó en una sorpresiva y masiva demostración de descontento en Santiago y otras ciudades. De allí en adelante, cada vez con más fuerza, se sucedieron las protestas sociales que fueron decisivas en la recuperación de la democracia.

El 4 de septiembre de 1983 fracasó un nuevo intento por unificar al PS y surgieron las bases del Bloque Socialista. Al mismo tiempo irrumpió el Movimiento Democrático Popular, MDP, que agrupó al PC, al PS-Almeyda y al MIR. El 14 de diciembre debutó el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) con varios atentados explosivos contra torres de alta tensión. Esa acción marcó el giro del PC y el inicio de una política insurreccional.

En marzo de 1984, tres días antes de la séptima protesta, en el Teatro Caupolicán el naciente Bloque Socialista propuso la unidad de la izquierda y el centro, sin exclusiones. Entre abril y mayo el PC eligió una nueva dirección y confirmó a Luis Corvalán como secretario general.

El 25 de octubre la lista opositora ganó la presidencia de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, en las primeras elecciones democráticas desde 1973. La lista, integrada por la Juventud Demócrata Cristiana (Yerko Ljubetic), Juventud Socialista-Almeyda (Jaime Andrade), las Juventudes Comunistas (Gonzalo Rovira)y Bloque Socialista (Ricardo Brodsky) obtuvo 9.305 votos, contra 2.129 de la alianza de la derecha.

Ese año se manifestaron también diferencias al interior del PS-Almeyda. El ex canciller de Allende controlaba junto a Rolando Calderón y Camilo Escalona la mayoría de la dirigencia exterior. En Chile surgió una tendencia favorable a la estrategia de ruptura pactada que pasó a llamarse Tercerismo. Los que se mostraron partidarios de fortalecer al MDP fueron bautizados como Los Comandantes. Un tercer grupo, integrado por Róbinson Pérez, Jaime Durán y Gustavo Ruz, formó otra facción, conocida como Bruselas. Las pugnas finalmente quebraron al almeydismo.

Ese año el Mapu-OC se fusionó con el PS-Briones, sumándose a la renovación militantes como Jorge Molina, Jaime Estévez, Marcelo Contreras, Jaime Gazmuri y Antonio Skármeta. Casi al mismo tiempo se efectuó el III Congreso del MAPU, donde se alinearon Enrique Correa, Alejandro Bell, Bernardo Bravo e Ismael Llona; y eligieron a Víctor Barrueto como secretario general.

A comienzos de 1986, empezaron a surgir discrepancias con la renovación desde los mismos sectores que la habían impulsado. Dos críticos fueron Roberto Celedón y Tomás Moulian.

En abril se creó la Asamblea de la Civilidad para retomar las protestas, convocándose a un paro nacional el 2 y 3 de julio. Por esos días se supo de un masivo desembarco de armas en Carrizal, para el FPMR, iniciativa que sorprendió a la oposición. A su vez, el fallido atentado contra Pinochet en el Cajón del Maipo terminó por desmovilizar las protestas y aislar al PC.

Pocos días después, el sociólogo José Joaquín Brunner, proveniente del MAPU, planteó el fracaso de la movilización popular, recomendó tomar distancia del MDP y proponer a las Fuerzas Armadas una salida negociada. Aquella negociación sin ruptura debía incluir al PDC, a los socialistas renovados y a la derecha democrática.

En las semanas siguientes, los grupos del tronco socialista iniciaron un proceso de acercamiento que casi un año después terminaría con la reunificación de las corrientes socialistas.

El 26 de junio de 1987 el MDP dio paso a la Izquierda Unida (IU), que integró a la IC y al MAPU, más los socialistas históricos y el PR de Luis Fernando Luengo.

En noviembre, en lo que denominó un paso táctico, el PC llamó a inscribirse en los registros electorales, pero enfatizó que habría fraude y que el gobierno de Pinochet no reconocería un eventual triunfo del No. 

Simultáneamente, por iniciativa del PS-Núñez y con el protagonismo de Jorge Arrate, Erick Schnake y Ricardo Lagos, se formó el Partido por la Democracia (PPD).

A comienzos de 1988 la IU formó el Comando Socialista por el No, y en febrero el almeydismo y la IC se sumaron a la Concertación de Partidos por la Democracia, conglomerado que gobernaría en las siguientes dos décadas.

Altamirano retornó a Chile en 1993 y guardó un riguroso silencio político que sólo rompió bastantes años después a través de varios libros y entrevistas de prensa. Aunque siguió colaborando con su partido, nunca quiso volver al activismo público.

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Comentarios

Comentarios

interesante pero se encamina para un periodo diferente al origen del reportaje que es Altamirano.

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