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Viernes, 6 de diciembre de 2019
Narcopolítica (4° parte)

Cuando Francisco Javier Cuadra intentó liquidar a la Patrulla Juvenil de RN 

Manuel Salazar Salvo

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Una de las tantas portadas con el tema de Qué Pasa, el semanario que abrió el caso
Una de las tantas portadas con el tema de Qué Pasa, el semanario que abrió el caso

Otro episodio en el que el narcotráfico ha estado como mar de fondo de la política fue el de las acusaciones del ex ministro vocero de la dictadura, quien denunció por consumo de cocaína a miembros del Congreso en 1995. Las acusaciones terminaron salpicando a Andrés Allamand, líder del mismo partido de Cuadra, RN. Esto, en medio de una fuerte disputa de liderazgo con Evelyn Matthei. 

El abogado Francisco Javier Cuadra, a los 35 años de edad, fue nombrado ministro secretario general de Gobierno de la dictadura militar, cargo en el que estuvo entre 1984 y 1987. Se hizo célebre por sus operaciones de distracción de la opinión pública y la manipulación de medios de prensa. Dos casos famosos fueron la creación de apariciones de la virgen en Peñablanca, cerca de Villa Alemana, en la Región de Valparaíso; y la inculpación por medio del diario El Mercurio de dos jóvenes por los incidentes del Parque O’Higgins durante la visita a Chile del papa Juan Pablo II en abril de 1987.

Varios años después, en 1995, en plena transición a la democracia, Cuadra realizó una nueva operación de inteligencia a través de la revista Qué Pasa, que dirigía en aquel tiempo el periodista Cristián Bofill. El viernes 13 de enero de ese año apareció en la portada de ese semanario una foto de Cuadra y un título explosivo: Algunos parlamentarios consumen drogas.

La entrevista a Cuadra cayó como una bomba de fragmentación en el Congreso. La mayoría de los senadores y diputados reaccionaron con indignación. No entendían las motivaciones que había tenido el ex ministro del general Augusto Pinochet, en esos días militante de Renovación Nacional, RN, para hacer semejante acusación y, lo más inquietante, quiénes eran los aludidos.

Desde hacía algunos meses, Cuadra y Evelyn Matthei, la hoy alcaldesa de Providencia, habían establecido una cercana relación, donde el abogado la instruía en conocimientos políticos. Cuadra le contó que en octubre de 1994 había cenado en casa de Lenin Guardia, socialista y asesor del subsecretario del Interior, Belisario Velasco, en materias de seguridad. También estaban presentes el senador socialista Ricardo Núñez, y el jefe de concesiones del Ministerio de Obras Públicas, Carlos Cruz, muy cercano a Ricardo Lagos. Allí, Núñez les aseguró que él había confirmado versiones sobre el consumo de cocaína entre algunos parlamentarios. Matthei le agregó a Cuadra que ella también había escuchado eso en varias oportunidades a partir de 1992.

El periodista Ascanio Cavallo, en su libro La historia oculta de la transición, reseña con abundantes detalles aquel oscuro episodio de la historia reciente. De ese trabajo tomamos varios antecedentes que incluimos en este artículo.

A la búsqueda de los nombres

Carlos Figueroa, el ministro del Interior del gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, empezó frenético a tratar de ubicar a Cuadra. Cuando éste se comunicó con él horas después, el jefe de gabinete le transmitió la conmoción que se vivía en el ámbito político. Echándole bencina al fuego, Evelyn Matthei había declarado ante la prensa que le parecían muy importantes las afirmaciones del ex ministro de la dictadura cívico militar.

El senador Núñez también estaba inquieto. Temía que Cuadra revelara algunos nombres. Entonces, el ex ministro empezó a repetir en privado y a través de minutas, que habitualmente preparaba y comercializaba, que su afirmación era sólo parte de un análisis político. Pese a sus esfuerzos por contener el escándalo, el nerviosismo se  extendió como peste entre los parlamentarios. Muchos acudieron a efectuarse test de orina e hicieron públicos sus resultados. 

Cuatro días después, el martes 17 de enero de 1995, sesionaron ambas cámaras del Congreso para decidir cómo reaccionar ante la denuncia. Esa tarde, el senador Núñez llamó a Cuadra y le informó que era muy probable que el Parlamento lo emplazaría para que diera los nombres.

Mientras, el presidente de RN, Andrés Allamand, hacía denodados esfuerzos por evitar que la bancada de diputados de su partido se plegara a la acusación que quería formular la Cámara. En ese momento, Alberto Espina, le propuso a Allamand volver a Santiago de inmediato y hablar con Cuadra para saber qué pretendía hacer. Los acompañaron otro ex ministro de la dictadura, y el abogado Ricardo Rivadeneira, uno de los fundadores de RN.

Allamand, Espina, Matthei, además de Sebastián Piñera, componían en ese momento lo que se llamó la Patrulla Juvenil de RN, en tanto se trataba de dirigentes de una generación que no había sido parte de la vieja derecha anclada en el antiguo Partido Nacional, previo al Golpe de 1973. 

Cuadra les insistió en que bajo ningún motivo entregaría nombres, pero se negó de modo tajante a revelar la o las fuentes de su información. Sí les contó a los cuatro dirigentes de RN que su familia había recibido amenazas y se había visto obligado a pedir protección policial al ministro del Interior.

Esa noche la bancada de RN se sumó al emplazamiento que la Cámara de Diputados hizo a Cuadra: tenía 72 horas para que entregara los nombres de los parlamentarios a los que se había referido. El presidente de la corporación, Vicente Sota, llamó al ex ministro y lo notificó de la decisión. El viernes 20 de enero el Parlamento presentó el requerimiento correspondiente ante la justicia. Aquella tarde Cuadra renunció a RN.

Todo el verano del año 95 los rumores fueron creciendo y comprometiendo -con mayor o menor fuerza- a parlamentarios y dirigentes de todos los partidos políticos del país. Fue una enorme bola de nieve que amenazó con sepultar la democracia construida hasta ese momento.

Hasta hoy no se saben las motivaciones que tuvo Cuadra. ¿Se coludió con Evelyn Matthei y otros miembros de la UDI para dañar de manera irreparable a los otros miembros de la Patrulla Juvenil? ¿Quería impedir que Allamand fuera elegido senador por la zona oriente de Santiago en 1997? ¿Era un encargo de la inteligencia del Ejército o de algunos ex miembros de la dictadura militar?

El papel oculto de la DINE

Por aquellos días las Fuerzas Armadas se convulsionaban. La Corte Suprema estaba en el tramo final y decisivo del caso Letelier. Los máximos ex jefes de la DINA -los generales Manuel Contreras y Pedro Espinoza- podían ser condenados y enviados a la cárcel. Ya el Ejército, aún comandado por Pinochet, había hecho dos macizas demostraciones de que no aceptaría así como así que los militares que supuestamente lucharon contra el comunismo fueran humillados y acarreados a la prisión.

La Dirección de Inteligencia del Ejército, la DINE, tenía más poder que nunca y desde el retorno de la democracia seguía operando como si el poder civil no existiera. Había montado un complejo mecanismo para espiar al Congreso, sacaba de Chile a ex agentes de los aparatos de seguridad involucrados en crímenes y asesinatos para evitar que los alcanzara la justicia, se había implicado en una operación planificada para desestabilizar la candidatura presidencial de Sebastián Piñera y mantenía casi incólumes muchas estructuras de la CNI.

En ese escenario, la denuncia de Cuadra pareció -una vez más- una elaborada maniobra distractora.

Durante el mes de marzo, al reiniciar su trabajo el Congreso, Pablo Longueira, el nuevo líder de la UDI, trató de que la Cámara creara una comisión para investigar la denuncia de Cuadra. Fracasó. Su propuesta fue sustituida por dos acuerdos: tratar el problema en una sesión especial y formalizar una renuncia al fuero parlamentario en la investigación sobre drogas. El segundo, sin embargo, fue rechazado tras empate a 31 votos.

Indignada, Evelyn Matthei terminó de comprometerse con la denuncia de Cuadra.

- "A mí no me cabe la menor duda de que hay diputados que consumen drogas", declaró ante los periodistas.

El 22 de marzo, el día de la sesión especial para analizar la denuncia de Cuadra, la expectación fue creciendo. La televisión instaló cámaras para transmitir en directo las intervenciones y se extendió el rumor de que Andrés Allamand haría una revelación espectacular. El nuevo presidente de la Cámara, el socialista Jaime Estévez, enterado de que Allamand se disponía a denunciar a Lenin Guardia como el informante de Cuadra, trató en vano de persuadirlo para que no lo hiciera. También llamó a Allamand el propio Guardia. El presidente de RN confirmo su decisión de revelar el verdadero papel del informante del subsecretario del Interior. ¿Cómo se había enterado Guardia del contenido de su intervención?

Durante su discurso ante la Cámara en pleno, Allamand reveló el nombre de Guardia como pieza clave en la denuncia de Cuadra e incluso lo calificó como un hombre con oscuros vínculos con la CNI.

La nueva denuncia cayó como hachazo en el hombro en el propio gobierno y, en particular, en La Moneda. Belisario Velasco tuvo que empezar a dar explicaciones y más tarde reconocer en público que Guardia era un colaborador. El senador Núñez afirmo que Guardia debía ser investigado como integrante de "una suerte de red para conocer la vida íntima y personal" de los políticos. Poco después, Guardia sería acusado ante el Tribunal Supremo del Partido Socialista. 

De la justicia a la cárcel

El proceso judicial contra Cuadra quedó en manos del ministro de la Corte de Apelaciones Rafael Huerta, bajo el rótulo de difamación, injurias y calumnias. Desde los primeros interrogatorios, el ministro insistió en que Cuadra probara sus dichos. El ex ministro de Pinochet siguió resistiéndose hasta que sus dos abogados -Alberto Ríos y Pablo Rodríguez- percibieron el peligro de que el magistrado lo encargara reo y le propusieron que entregara algunos antecedentes. Ambos abogados asesoraban también a Evelyn Matthei, que había recibido ciertos datos y estaba dispuesta a proporcionarlos a Cuadra. 

Cuadra y Matthei lograron establecer contactos con Belisario Velasco y en mayo ella consiguió el compromiso del subsecretario del Interior de que si Cuadra entregaba algunos datos al ministro en visita, el gobierno facilitaría la obtención de otros. Velasco puso una sola condición: que el ministro Huerta dictara una orden amplia a la Brigada de Investigaciones Policiales Especiales,  BIPE, que tenía la confianza a La Moneda.

Pocos días después, Cuadra planteó su propuesta al juez, que la aceptó. El ex ministro citó entonces a un grupo de testigos que habrían oído de terceros versiones sobre el consumo de cocaína por cuatro parlamentarios de RN: los diputados Andrés Allamand, Alberto Espina y René Manuel García y el senador Ignacio Pérez Walker. 

Los testigos

Todos los testigos provenían de Evelyn Matthei y repitieron, a su vez, relatos ajenos. Un hermano de la diputada, Víctor Matthei, dijo haber oído a uno de los dueños de la discoteca Gente, Luis Undurraga Finlay, que Allamand, Espina y el diputado del PPD Jorge Schaulsohn eran consumidores. Sin embargo, Undurraga lo negó. Víctor Matthei era un cliente frecuente de la discoteca Gente, amigo de sus dueños y de muchos otros asiduos visitantes, como lo hijos del general Pinochet, Edgardo Bathich y jóvenes de la socialité vinculada a la dictadura militar y a las drogas (ver capítulo anterior de esta serie).

Luis Contreras, ex jefe territorial del comando de Evelyn Matthei en San Antonio, se respaldó en versiones de Carlos Gary y su pareja, Lorena Díaz, para envolver a Espina y Pérez Walker; Gary, que fue expulsado del comando de Pérez Walker acusado de robo, se negó a hablar, y Lorena Díaz denunció a otros dos diputados de RN, pero no a los mencionados por Cuadra. 

Francisco Eguiguren, hijo de uno de los jefes de la campaña fallida de Evelyn Matthei en el 92, Gonzalo Eguiguren, citó al concejal de RN Felipe Palacios; pero éste lo desmintió ante el juez. 
Otros testigos -Patricia Stern, ex integrante del comando de Allamand; Jaime Barros, ex socio de Allamand; Noel Echeñique, ex esposa del anterior; y Felipe del Villar, concejal de Vitacura- negaron haber visto consumir drogas al presidente de RN. 

El miércoles 14 de junio, el juez Huerta encargó reo a Cuadra. Cuando lo informó, le dio el beneficio de dejarlo libre el fin de semana. Sólo debía evitar mostrarse en lugares públicos. El domingo, Cuadra se reunió en casa de Guardia con los detectives que debían detenerlo al día siguiente en su domicilio para informarse de cómo sería el procedimiento .

El lunes 19 de ese mes el ex ministro ingresó a la cárcel de Capuchinos. El 7 de julio consiguió la libertad bajo fianza.

En diciembre de 1995, el ministro Huerta condenó a Cuadra a 540 días de presidio remitido. 

En enero de 1996, la Segunda Sala de la Corte de Apelaciones absolvió a Cuadra de los cargos.


(Mañana la última parte: La mafia del PPD en la comuna de Hualpén)

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