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Viernes, 19 de octubre de 2018
A 30 años del plebiscito

Cuando gritábamos que sí

Nicolás Massai D.

INTERFERENCIA revisó los archivos de prensa de 1988 para saber qué pensaban los partidarios de Pinochet, varios de los cuales ocupan hoy altos cargos políticos. Esto es lo que encontramos.

“Escribo a las tres de la mañana de hoy jueves (…) Sé que ganó el No”. Esas fueron las palabras que Joaquín Lavín escribió en la madrugada después del plebiscito de 1988. Recién a esa hora, el economista tuvo tiempo para redactar una columna de opinión que aparecería unas horas más tarde en el diario El Mercurio.

El actual alcalde de Las Condes y ex candidato presidencial fue uno de los casi 3,2 millones de chilenos, o 44% del total de electores, que en la jornada de ese 5 de octubre habían votado a favor de que el dictador Augusto Pinochet continuara por ocho años más en el poder.

Dirigentes que trabajaron para la campaña del , se desempeñan hoy en altos cargos políticos. Dos de ellos son secretarios de Estado: Andrés Chadwick, ministro del Interior, y Alberto Espina, titular de Defensa.

La desilusión de los partidarios del régimen autoritario era evidente. Durante las semanas anteriores al referéndum, los diarios pro régimen se habían preocupado de difundir encuestas en las que se transmitía un amplio respaldo popular al Sí. El domingo 2 de octubre, por ejemplo, El Mercurio publicó una proyección realizada por “analistas de gobierno”, que le daba un 54% al Sí. El artículo no llevaba firma ni citaba quiénes habían realizado el sondeo.

El diario opositor La Época, en tanto, publicó en su portada del martes 4 de octubre una encuesta de la firma CERC de Carlos Huneeus, que le otorgaba 54,5% al No. Al final, ese 5 de octubre la opción en contra de la continuidad de la dictadura se impuso por casi 56%.

Muchos de los dirigentes que trabajaron con fervor para la campaña del Sí, se desempeñan hoy en altos cargos políticos. Sin ir más lejos, dos de ellos son secretarios de Estado del gobierno de Sebastián Piñera: Andrés Chadwick, ministro del Interior, y Alberto Espina, titular de Defensa.

Sin embargo, 30 años después, muchos de ellos relativizan su apoyo a la continuidad de un régimen dictatorial que ya llevaba 15 años en el poder para la época del plebiscito. Esta actitud tendrá un clímax hoy viernes a las 11 horas, cuando el presidente Piñera encabece en La Moneda un acto de conmemoración de este hito electoral. Según La Nación, “el gobierno confirmó que en este acto se pondrá énfasis en la recuperación de la democracia, más que en las divisiones de quienes votaron Sí o No”.

En su última columna dominical en el El Mercurio, el rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, abordó esta “despolitización del No”, criticando que el actual ministro de Justicia y Derechos Humanos, Hernán Larraín, dijera en una entrevista con T13 Radio que había apoyado el Sí porque la otra alternativa representaba “ingobernabilidad”.

“Quienes votaron que Sí, incluido el actual ministro de Justicia, miraron hacia atrás –vieron las torturas, las desapariciones, los abusos sangrientos y no las consideraron demasiado graves como para decir que No–”, afirmó Peña.

Hernán Larraín, por cierto, no fue el único defensor acérrimo del Sí. El equipo de INTERFERENCIA concurrió a la Biblioteca Nacional y recopiló información de los diarios La Tercera, El Mercurio y La Época, para revisar declaraciones y otro tipo de material publicado los días previos al plebiscito.

El sí de los hermanos Chadwick

En 1988 Andrés Chadwick era dirigente de la Unión Demócrata Independiente (UDI). El partido fundado por Jaime Guzmán Errázuriz se movió a lo largo y ancho de Chile para promover la permanencia de Pinochet. Chadwick, que ayer jueves evitó responder ante la prensa por cuál de las opciones votaría si el plebiscito fuera este viernes, tenía 32 años y salía con frecuencia dando declaraciones a los medios.

“En la nuestra (caravana) hubo banderas chilenas y no emblemas comunistas. Hubo alegría, baile, música y no odio ni rencores; hubo originalidad y no fórmulas gastadas y anticuadas de movilización” (Andrés Chadwick, 1988)

Y es que Chadwick, primo hermano de Piñera, fue uno de los organizadores de la llamada “Caravana de la Victoria”, que el 2 de octubre movilizó a miles de autos y personas por las calles de Santiago en apoyo al Sí. Al día siguiente, apareció muy contento por el resultado de la manifestación, lo que fue consignado por El Mercurio.

“Permitió que miles de santiaguinos pudieran comparar y diferenciar lo que es una manifestación opositora de aquellos que favorecen al Sí”, dijo Chadwick. “En la nuestra hubo banderas chilenas y no emblemas comunistas. Hubo alegría, baile, música y no odio ni rencores; hubo originalidad y no fórmulas gastadas y anticuadas de movilización”.

Andrés no fue el único Chadwick haciendo campaña por el dictador. Su hermano, Herman, también tuvo su lugar en las páginas de los diarios, especialmente cuando se supo que había ex colaboradores del régimen que no votarían por el Sí, provocando la ira de Pinochet; reclamo que fue apoyado por el actual presidente de Enel Chile y miembro del directorio de Aguas Andinas.

“Creo que en estas críticas, en estas opiniones que ha hecho el Presidente acerca de sus ex colaboradores, cuenta con el apoyo de la mayoría del pueblo chileno que ha visto en la actitud de estas personas una verdadera traición hacia el Presidente de la República”, dijo a La Tercera el 17 de septiembre.

El mismo día de la votación afirmó a La Época que ese día imperaría “la cordura, por lo tanto, ganará el Sí. La opción es entre libertad o vuelta al pasado. Esta no es una elección cualquiera”.

A su vez, Evelyn Matthei y Alberto Espina, entonces dirigentes de Renovación Nacional, fueron activos partícipes del pinochetismo. Espina también participó de la caravana organizada por Andrés Chadwick. Entusiasmado, el actual titular de Defensa declaró a El Mercurio que había sido “una gran demostración de que es una opción de progreso y futuro y (de) pleno rechazo a la violencia. Se veía que en cada uno de los automóviles y otros medios, había personas de las más variadas condiciones sociales y económicas”. El político, de entonces 31 años, afirmó a ese diario que “la gran mayoría de los chilenos no acepta dar un salto al vacío, como es la opción del No, que cada día es, en forma más nítida, dirigida por la izquierda, especialmente los sectores marxistas”.

Lavín: se viene el colapso económico

Hace 30 años, el actual edil de Las Condes -que busca proyectarse nuevamente como candidato presidencial de la mano de sus propuestas de vivienda social en esa comuna acaudalada- tenía un espacio privilegiado en El Mercurio, y seis días antes del plebiscito, planteó las consecuencias de un eventual triunfo opositor.

“El mundo recién vendrá ahora a comprender que efectivamente las Fuerzas Armadas chilenas reconstruyeron el país y reestructuraron la democracia” (Joaquín Lavín, 1988)

“El No significa no solo alteraciones en el valor de las variables más sensibles de la economía, sino la paralización inmediata de las inversiones y, por tanto, de la creación de empresas y fuentes de trabajo”, escribió en tono alarmante. “¿Crees realmente que una economía manejada por los partidarios del No va a lograr tener menos inflación que una economía manejada por el ministro Büchi? Por supuesto que no”.

En su columna del 6 de octubre, el militante de la UDI y miembro del Opus Dei ya esbozaba el escenario político futuro del país. “Pese al resultado del plebiscito, el Gobierno de las Fuerzas Armadas ha culminado con éxito su gestión”, afirmó. “Quizás perdimos una batalla, pero en ningún caso hemos perdido la guerra”, continuó. “El mundo recién vendrá ahora a comprender que efectivamente las Fuerzas Armadas chilenas reconstruyeron el país y reestructuraron la democracia”, concluyó.

“El Sí representa la posibilidad de tener acceso a la democracia plena con la estabilidad que otorga el itinerario fijado, en un marco de progreso económico, y bajo la conducción de una persona cuya experiencia como gobernante nadie pone en duda” (Editorial de El Mercurio, 5 de octubre de 1988)

Otro que escribía columnas de opinión fue Andrés Allamand, quien el 22 de septiembre tuvo su espacio en La Tercera para decir que votar por el No suponía, “en la realidad, y más allá de las buenas o ingenuas intenciones, apoyar a quienes, partiendo por ignorar la validez del 11 de septiembre, aspiran a demoler lo realizado durante los últimos 15 años”.

Las editoriales de los diarios

El 5 de octubre, el día decisivo, El Mercurio publicó una editorial que planteaba su visión del plebiscito y la labor del régimen militar. “Se impulsó un esquema económico basado en la iniciativa privada como el principal motor del progreso, cuyos resultados son hoy ampliamente reconocidos”, afirmaba el diario de la familia Edwards. “El Sí representa la posibilidad de tener acceso a la democracia plena con la estabilidad que otorga el itinerario fijado, en un marco de progreso económico, y bajo la conducción de una persona cuya experiencia como gobernante nadie pone en duda”.

La editorial de La Época esa jornada iba en la línea contraria, y reflejaba la preocupación de que la elección fuera manipulada por la dictadura, como había sucedido en 1980 para la aprobación de la nueva Constitución. “Aquí se está jugando si entramos de lleno a la democracia o continuamos en un sistema de libertades restringidas y con un gobierno personalista”.

Las inserciones

Tanto en El Mercurio como en La Tercera se publicaron, antes del plebiscito, inserciones en las que firmaba una organización en particular. En algunos casos se le llamaba Fundación Chilena de Estudios Laborales, y en otros, nada más que Centro de Estudios Laborales.

Ocupó una página completa en el cuerpo B de El Mercurio el 30 de septiembre, y no tuvo ninguna descripción: fue solo consigna y nombres. Dentro de los profesionales, firmaron Andrés Allamand, Francisco Bartolucci, Jaime Carey Tagle, Juan Antonio Coloma y Arturo Alessandri Besa".

En la mayoría de los espacios comprados que revisó INTERFERENCIA, se contaban historias de chilenos comunes y corrientes que tenían una cosa en común: todos, y sin excepción, habían tenido una experiencia fatídica en la época de la Unidad Popular.

Así, el 20 de septiembre, Isabel Núñez Villa, presentada como una “mujer de trabajo”, contaba en el inserto publicado en La Tercera que su mamá durante el gobierno de Salvador Allende “tenía que andar como limosnera pidiendo una tarjeta de racionamiento en las JAP y yo, por otro lado, en lo mismo”.

Tres días después, Bernarda Patiño contó en un inserto en el mismo diario que su hijo de siete años debía hacer colas en la época de Salvador Allende. “Mi niño se iba a las colas con todo el empeño de su edad, para tratar de ayudarme en algo. Pero, como era tan chiquitito lo pasaban a llevar y nadie lo tomaba en cuenta. Casi siempre llegaba con la bolsa vacía y muy apenado”.

Una vez más, la diferencia con La Época saltaba a la vista. Mientras en los diarios pro gobierno primaba una especie de campaña del terror, el medio dirigido por Emilio Filippi difundía insertos de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos pidiendo “Verdad y Justicia”.

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Portada del diario La Nación el 6 de octubre de 1988.
Portada del diario La Nación el 6 de octubre de 1988.

Abogados por el Sí

El apoyo hacia el dictador vino desde diferentes gremios. Estuvieron los trabajadores del salitre, funcionarios del Banco del Estado, médicos, y también un largo listado de abogados que se llamaron a sí mismos “Abogados por el Sí”.

Ocupó una página completa en el cuerpo B de El Mercurio el 30 de septiembre, y no tuvo ninguna descripción: fue solo consigna y nombres. Dentro de los profesionales, firmaron Andrés Allamand, actual senador de Renovación Nacional; Francisco Bartolucci, alcalde designado por Valparaíso; Jaime Carey Tagle, socio de Carey, uno de los bufetes de abogados más influyentes en Chile; Herman y Andrés Chadwick; Juan Antonio Coloma, actual senador de la UDI; y Arturo Alessandri Besa, abogado histórico de El Mercurio.

La mayoría de los más de 1.400 firmantes eran reconocidos partidarios de la dictadura. Sin embargo, la veracidad del listado fue puesto en duda tres días después, cuando Jorge Abbott, el actual fiscal nacional, envió una carta al director de ese diario diciendo que no apoyaba la continuidad de la dictadura, pese a que su nombre había aparecido en esa publicación.

De hecho, Abbott afirmó que su voto iba a ser por el No.

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