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Lunes, 27 de mayo de 2019
Condenó a once militares en retiro

El juez Carroza revela intentos por ocultar el “caso quemados”

Manuel Salazar Salvo

Homicidios calificado y frustrado de Rodrigo Rojas De Negri y Carmen Gloria Quintana.

El ministro en visita extraordinaria para causas por violaciones a los derechos humanos de la Corte de Apelaciones de Santiago, Mario Carroza, condenó a once miembros del Ejército en retiro, por su responsabilidad en los delitos de homicidio calificado de Rodrigo Andrés Rojas De Negri y homicidio calificado, en grado de frustrado, de Carmen Gloria Quintana Arancibia. Ilícitos perpetrados el 2 de julio de 1986, en la comuna de Estación Central, durante una jornada de protesta nacional convocada por a Asamblea de la Civilidad.

En un macizo fallo de 546 páginas (causa rol 43-2013), el ministro Carroza condenó al coronel (r) Julio Ernesto Castañer González, al mayor (r) Iván Humberto Figueroa Canobra y al sargento en retiro Nelson Fidel Medina Gálvez a diez años y un día de presidio, en calidad de autores de los delitos.

En tanto, los ex clases Luis Alberto Zúñiga González, Jorge Osvaldo Astorga Espinoza, Francisco Fernando Vásquez Vergara, Leonardo Antonio Riquelme Alarcón, Walter Ronny Lara Gutiérrez, Juan Ramón González Carrasco, Pedro Patricio Franco Rivas y a Sergio Hernández Ávila fueron condenados a tres años y un día de presidio, con el beneficio de la libertad vigilada, como cómplices.

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Capitán (r) Pedro Fernández Dittus
Capitán (r) Pedro Fernández Dittus

También decretó la absolución del coronel (r) René Aníbal Muñoz Bruce, por falta de participación, y del capitán (r) Pedro Fernández Dittus por aplicación de la excepción de la cosa juzgada.

Condena irrisoria

En agosto de 1989, Fernández Dittus fue condenado por el mismo crimen de homicidio calificado a la irrisoria condena de sólo 600 días de cárcel, pero la Corte Marcial cambió de parecer y concluyó que su acto criminal fue solo de negligencia. Fernández Dittus cumplió una condena de un año en el penal especial de Punta Peuco, al cabo del cual consiguió acreditar ante la Comisión Médica del Ejército el padecimiento de una “psicopatía orgánica” que la justicia castrense consideró como atenuante. También lo incorporaron al grupo de pensionados por invalidez postguerra.

Carroza logró establecer ahora que el día 2 de julio de 1986, tres dispositivos militares pertenecientes al regimiento de Caballería Blindada N°10 Libertadores, ubicado en calle Santa Rosa N° 900 de Santiago, en horas de la mañana, se encontraban efectuando labores de patrullaje en la comuna de Estación Central, durante una jornada de protesta.

Las patrullas militares  se movilizaban en un Camión 1-LINO de color azul y dos camionetas Chevrolet modelo C-10, una celeste y la otra blanca, cada uno de los móviles a cargo de los entonces tenientes Fernández Dittus, Castañer González y Figueroa Canobra.

El grupo que comandaba Fernández Dittus, detuvo a Rodrigo Rojas de Negri y Carmen Gloria Quintana, y les mantuvo retenidos en la calle Hernán Yungue, acusados de armar barricadas en las calles aledañas. Ambos jóvenes fueron golpeados, lanzados al suelo y amenazados con armas de fuego. Luego les colocaron cerca de un muro, los rociaron con bencina y les lanzaron una bomba molotov que incendió sus cuerpos.

Rodrigo Rojas De Negri resultó con quemaduras de 2° y 3° grado, en cabeza, cuello, tronco y extremidades, que comprometieron aproximadamente el 65% de su cuerpo, falleciendo cuatro días después en la Posta Central. Carmen Gloria Quintana sufrió graves quemaduras en el 62% de su cuerpo, pero logró sobrevivir internada en el Hospital del Trabajador.

Algunos soldados apagaron con frazadas los cuerpos de los muchachos, los subieron en calidad de bultos a un camión, los cambiaron luego a una camioneta celeste y los fueron a botar a una acequia en un camino rural rumbo a Quilicura, a 21 kilómetros del lugar donde los habían quemado, abandonándolos allí a su suerte.

Carabineros los rescatan

Rodrigo y Carmen Gloria lograron ponerse de pie y desplazarse hacia el camino Lo Boza, donde intentaron hacer dedo, pero nadie les paró. Se dirigieron entonces hacia un grupo de trabajadores de la construcción que laboraban cerca de allí quienes los ayudaron y llamaron a carabineros.

El teniente de Carabineros Jaime Hernández Gallegos, acompañado de un cabo se apersonaron en el lugar y trasladaron a los jóvenes en un furgón utilitario al consultorio Irene Frei, de Quilicura, desde donde los derivaron de inmediato a la Posta Central.

Mientras las tres patrullas militares regresaron al regimiento Libertadores y los tenientes Castañer y Fernández Dittus dieron cuenta parcialmente de lo ocurrido a sus superiores. El comandante de la unidad militar, el coronel René Aníbal Muñoz Bruce, consideró que lo ocurrido no tenía mayor importancia y que era un acontecimiento más de la protesta.

Al fallecer Rodrigo Rojas De Negri, quien tenía residencia en Estados Unidos, la opinión pública y la embajada estadounidense aumentaron la presión para que se conociera en verdad lo que había ocurrido. Desde ese instante se registró una sucesión de reuniones secretas y comunicaciones internas en el alto mando del Ejército para encubrir lo ocurrido e intentar culpar a Carabineros de Chile.

En los intentos por ocultar los hechos participaron desde el vicecomandante del Ejército de ese tiempo, el general Santiago Sinclair, hasta oficiales del Batallón de Inteligencia del Ejército, BIE, y abogados civiles como Carlos Cruz Coke y Julio Zenteno, antecedentes muy pormenorizados que el juez Carroza incluyó en su fallo.

El relato de Carmen Gloria

A continuación el relato que hizo Carmen Gloria Quintana al juez Carroza sobre lo ocurrido aquella dramática mañana del 2 de julio de 1986:

-(Carmen Gloria) señala que el día 2 de julio de 1986, a las 07:30 u 08:00 horas de la mañana, el grupo compuesto por su hermana Emilia Isabel, Luis Fuentes, Florencio Rodríguez, María Elena Osorio y ella, caminaron por Gandarillas, tomaron Veteranos del 79 y se detuvieron frente al pasaje 11 de Enero, porque Marcelo Martínez, quien se encontraba en la vereda del frente con Rodrigo Rojas y otro joven, llamaron a Luis Fuentes y le contaron que estaban esperando a unos amigos para hacer una barricada, pero que éstos no habían llegado, por lo que les pidió ayuda. Marcelo le dijo a Luis, que él iba a ir a buscar unos neumáticos y un bidón, y que mientras tanto el resto fueran a buscar los otros neumáticos que estaban en el rincón del pasaje 11 de Enero, allí había tres neumáticos, cada uno trasladó uno, ella, Luis y su hermana Emilia.

María Osorio, que se había quedado en la esquina del pasaje Veteranos del 79 avisó que iba una camioneta, por lo que se escondieron. Vio que la camioneta era crema o amarilla y en ella iban dos civiles con brazalete en la cabina. Luego que pasó la camioneta, con su hermana caminaron en fila hacia General Velásquez, adelante iba Florencio Rodríguez, después ella y luego su hermana y Luis, no fijándose en los demás, así como tampoco se percató que llevaran bombas molotov. Llegaron a la esquina de Fernando Yungue con Veteranos del 79, y dejaron los neumáticos afirmados en una cortina metálica. Alguien dijo que María y Florencio se adelantaran hacia General Velásquez para ver si estaba despejado.

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Carmen Gloria Quintana
Carmen Gloria Quintana

Refiere que se quedó mirando hacia General Velásquez cuando vio que doblando por esa esquina aparecía una camioneta celeste con militares de uniforme. Gritaron "los milicos" y salieron corriendo por Fernando Yungue hacia el sur, primero corrió Marcelo y el otro joven, detrás Rodrigo y ella, más atrás lo hacía su hermana Emilia y Luis. Marcelo y el otro joven doblaron por Hernán Yungue y los perdió de vista, la camioneta iba rápido, la sobrepasó y fue por Rodrigo que también había doblado por Hernán Yungue, la camioneta lo alcanza y lo sobrepasa, a la altura de un portón verde.

Del vehículo saltan dos o tres militares que iban en la parte de atrás y lo detienen a golpes, le dieron patadas y culatazos en todo el cuerpo. De la misma camioneta saltan o bajan dos militares y la toman en la vereda norte de Hernán Yungue, poco antes de llegar a un portón de una fábrica, la hacen cruzar la calle apuntándola con sus metralletas, y la colocan donde tenían a Rodrigo. Ambos estaban de cara a la pared, con las manos apoyadas en el muro, mientras los militares los revisaban.

A ella dice que no le encontraron nada y a Rodrigo tampoco, a quien entre tres o cuatro militares le vuelven a pegar, y él cae al suelo donde le siguen pegando. Le pegaban patadas en la cara, cabeza, costillas, testículos, y luego, cuando se da la vuelta, le pegan un culatazo en la espalda, quedando tendido de boca sangrando profusamente. Después de que le pegan a Rodrigo, un militar que estaba a su lado izquierdo y otro, que era el que mandaba más, la comienzan a interrogar y la insultan, le tiran el pelo y le pegan un culatazo en la espalda, poniéndole el cañón en los glúteos.

Les ordenaron sacarse las parkas y a ella, tirarse al suelo boca abajo, momentos en que ve a su hermana Emilia y Luis que también estaban detenidos en la vereda sur de Hernán Yungue, cerca de la esquina de General Velásquez, por lo que la hacen levantarse y le preguntan por ellos, ella niega conocerlos, a continuación la ponen contra la pared, con las manos apoyadas en el muro y le siguen haciendo preguntas mientras la apuntan.

Posteriormente llega una camioneta color crema que se estaciona cruzada en la calle, cerca de un poste que hay al llegar a Fernando Yungue, con el motor hacia el norte, de esa camioneta bajan dos civiles, no ve a dónde van, pero sí que regresan a la camioneta y uno saca un micrófono conectado con un cable, como un comunicador y habla a través de él.

Ve militares que van desde Fernando Yungue con neumáticos, pero no se acuerda si pasa antes o después que llegan los civiles, le hacen darse la vuelta y la obligan a avanzar hacia la calzada, le entregan un neumático y un bidón de color blanco, uno de los civiles que tenía una cámara fotográfica la enfoca para sacarle una foto y el militar que mandaba más la tira del pelo para que acceda, ella continúa diciendo que no, se enojan mucho, la garabatean y le pegan con las manos, le tironean el pelo, finalmente por la presión decide acceder y la hacen ponerse en pose, para que tome el bidón y los neumáticos, aclara que sólo puso sus manos sobre ellos, no los tomó, levanta la cabeza y le toman fotos.

El militar que mandaba más estaba cerca de la camioneta celeste hablando por la radio y el civil le sacaba fotos, quien estaba adelante de ella, pero no recuerda a qué distancia.

Más adelante señala que desconoce si había más militares en otras posiciones en la calle Hernán Yungue, tampoco recuerda si el camión ya había llegado o estaba llegando cuando le toman la fotografía, ni sabe dónde estaba el otro civil en esos instantes, pero si luego que le sacan las fotografías, el militar que mandaba más se le acerca, mientras los militares le hicieron retroceder hacia la vereda y ella queda parada mirando hacia la calle, muy cerca de la cabeza de Rodrigo Rojas que se mantenía tendido boca abajo.

Expresa que en ese momento, el militar que mandaba más toma el bidón, se acerca al punto donde la habían hecho retroceder, alza sus brazos y comienza a rociarla de la cabeza hacia abajo con bencina, usando el mismo bidón. La bencina le escurrió por la cara, orejas, pelo y por todo el cuerpo. Luego, el mismo militar roció con el mismo bidón a Rodrigo desde su cabeza hacia abajo, terminando de vaciar el líquido.

Todos los militares comienzan a reírse de ellos con groserías, ella les dice que le había entrado bencina a la boca y ellos contestan "pobre huevona, le entró bencina en la boca". Siguen riéndose y ve que la camioneta celeste retrocede en dirección a Femando Yungue, y queda estacionada delante de la amarilla o crema.

En esos instantes se limpia la boca con la manga del chaleco y cuando estaba haciendo un gesto, un militar alza un brazo con algo en la mano que cae al lado de su pie izquierdo, suena como que algo se quiebra, y las llamas suben, viendo todo su cuerpo envuelto en llamas, grita y corre de dolor, se lanza al suelo a mitad de la calzada más o menos, se revuelca de un lado a otro para apagarse, después se para y se saca el  chaleco, se para y sigue corriendo en dirección hacia General Velásquez, luego cae inconsciente, pero logra percatarse que ponen algo encima, enterándose con el tiempo que se trató de una frazada.

Tras ello, la toman y la lanzan como un bulto a alguna parte, pierde la consciencia definitivamente, la recupera por algunos segundos y siente que va al interior de un vehículo. Recuerda que va tendida completamente envuelta, no veía nada, luego pierde la consciencia nuevamente, recuperándola cuando Rodrigo la remece al interior de una zanja. Al despertar ve todo despoblado, plantas y un camino de tierra, era una hendidura de unos 50 centímetros. Refiere que Rodrigo estaba de pie, y ella tendida, lo vio quemado, sin pelo en la parte del cráneo, tenía la piel de color café y rojo, y andaba con una parka azul que no estaba quemada. Mientras que ella describe que tenía sus botines puestos.

Describe posteriormente que ese día se había vestido con una parka de nylon de color azul y rojo, un chaleco azul eléctrico de tejido sintético, una blusa de algodón, sostén de nylon, pantalones de cotelé azul celeste, pantys negras de nylon grueso, calzón de algodón blanco y botines de reno o gamuza con suela de goma. Una vez que se pone de pie comienzan a caminar hacia el poniente, hacia una carretera que se veía lejana. Rodrigo Rojas le decía que fueran a un hospital o posta, caminaron hasta llegar a un letrero de color verde que decía Quilicura, tenía hartas letras. Rodrigo empieza a tratar de parar a algún auto haciendo señas, y ella también, pero ninguno paró.

Después divisaron a unos trabajadores de la construcción al frente, cruzó la carretera y les pidieron ayuda. Los trabajadores llamaron a Carabineros y los trasladaron a un hospital.

Ver fallo completo (PDF)

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