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Martes, 15 de octubre de 2019
Anarquistas (1° parte)

El origen del anarquismo mundial

Ernesto Carmona Ulloa (*)

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Mijaíl Bakunin compitió con Karl Marx por liderar la naciente clase obrera
Mijaíl Bakunin compitió con Karl Marx por liderar la naciente clase obrera

En el origen del capitalismo en el siglo XIX, comunistas y anarquistas compitieron por liderar el movimiento de la también naciente clase obrera. Si bien los comunistas parecieron triunfar en el siglo XX, la caída estrepitosa de la Unión Soviética a fines de esa centuria dio aire a las relegadas ideas anarquistas.

La ideología anarquista se propuso abolir todas las clases sociales. El pensamiento marxista, en cambio, planteó desde un comienzo el cambio radical en las relaciones de poder entre las clases sociales, con el proletariado fabril ejerciendo su control (el ruso Vladimir Lenin aportaría después "la dictadura del proletariado").

Todo este debate comenzó en la Europa del siglo XIX, trastornada en la centuria anterior por la revolución francesa (1789) y la aparición en la escena política de una nueva clase: los propietarios de las máquinas, que terminó arrebatando el poder político y militar a los dueños de la tierra después de siglos y siglos de feudalismo. El anarquismo y el socialismo caminaron de la mano un largo trecho de la historia social en una lucha común contra los propietarios industriales. 

La revolución francesa arrebató el poder a los dueños de la tierra para dárselo a los propietarios industriales. Un curioso capricho de la historia quiso que esta revolución política se diera primero en Francia y no en la isla de Inglaterra, cuna de la revolución industrial y, por consiguiente, de la producción organizada en fábricas, a su vez, útero incubador de la clase obrera. El alemán Karl Marx -que vivió gran parte de su vida en Inglaterra- llamó burguesía a la clase propietaria de las fábricas porque su origen estuvo en los burgos, los pequeños poblados en que surgió la producción artesanal bajo el feudalismo medioeval. Desde luego, todo esto ocurrió en Europa, centro del mundo hasta que Estados Unidos comenzó a disputar su hegemonía, ya avanzado el siglo XX.

¿CÓMO EMPEZÓ EL CAPITALISMO?

El nuevo modo de producción basado en las máquinas trajo consigo el capitalismo, la nueva forma de transformar la naturaleza y de crear riqueza inventada por el hombre. Anteriormente, el capital fue por milenios la propiedad de la tierra, que se puede vender y transformar en capital industrial, pero bajo esa forma no puede reproducirse ni conservarse como capital tierra. Los dueños de tierra perdieron; y el nuevo modo de producir se llamó capitalismo.

No hay una fecha fija, una marca, en la historia para señalar el año exacto en que comenzó. Tampoco el siglo, porque hubo formas de producción capitalista bajo el feudalismo y mucho más atrás también. Los griegos de Atenas tuvieron capitalismo de estado, con mano de obra esclava y la globalización del mundo por ellos conocido -a fuerza de invasiones a pie, caballo y naves a remo- hace unos 2.400 años. 

Marx concibió sus ideas contra el capitalismo en su país cuna, Inglaterra, bajo la protección de un capitalista fabril, Federico Engels, su editor y socio en numerosos libros. Marx predijo que el capitalismo crearía una numerosa clase obrera, el proletariado industrial que terminaría por destruirlo. Mientras más creciera el capitalismo, más se fortalecería "el germen de su propia destrucción".

Sin embargo, no ocurrió así. Hoy día el capitalismo es cada vez más poderoso en todo el planeta, bajo su forma neoliberal de economía de mercado, pero requiere cada vez menos mano de obra y cada vez más desvinculada del patrón (flexibilidad laboral, trabajo sin previsión social, boleta de honorarios en vez de salario fijo, subcontratación, trabajo en el domicilio, etcétera).

La teoría de Marx no se puso en práctica en un país industrializado, con abundante proletariado industrial, sino en la Rusia zarista, uno de los más atrasados y feudales de la Europa de 1917. El socialismo se extendió en Europa del este a consecuencia de la segunda gran guerra ("inseminación artificial", la llamaba Fidel Castro), pero el siguiente país que hizo una revolución socialista mediante lucha militar fue China (1949), prácticamente saltándose el capitalismo, pasando directamente del feudalismo al socialismo. Después vino Cuba (1959), pequeña isla (111.000 km2, un séptimo de Chile) que tampoco había desarrollado el capitalismo industrial. 

DOS OPCIONES ANTI-CAPITALISTAS

Las primeras organizaciones contra el capitalismo surgieron también en la Inglaterra industrial de mediados del siglo XIX, justo cuando Marx y Engels preparaban el texto del programa de la secreta Liga de los Comunistas, que debía escribirse "a la brevedad" por mandato de un congreso clandestino celebrado en Londres en 1847. Este documento teórico práctico pasó a la historia como El Manifiesto Comunista.

Ese mismo año de 1847, en febrero, hubo un conato de revolución en Inglaterra y otros más intensos en febrero y marzo de 1850, año en que apareció la primera versión en inglés de El Manifiesto... , uno de los textos más difundidos después de La Biblia. Entre todos los alzamientos revolucionarios europeos del siglo XIX -todos sofocados sangrientamente por el capitalismo- el que estuvo más cerca del poder fue la Comuna de París (1871), tan cerca que los capitalistas franceses construyeron una basílica en Montmartre para agradecerle a Dios no haber caído en "el comunismo" (tiene una réplica en Santiago, en la esquina de Santa Isabel con Arturo Prat). 

Pero Marx no fue el único en descubrir que en la sociedad capitalista existían clases sociales y que éstas tenían conflictos entre sí. La temida lucha de clases no fue creada, sino descubierta como fenómeno social. Hoy muchos creen que está pasada de moda, pero muchos pensadores afirman que se ejerce silenciosamente porque el poder está sostenido siempre por la fuerza, entre otros el francés Michel Foucault.

El ruso Mikhail Aleksandrovich Bakunin (1814-76) llegó a la misma conclusión que Marx. También vivió el exilio en Inglaterra y lucharon juntos por cambiar el mundo. Y lo mismo estaban pensando diferentes precursores anarquistas, como el príncipe ruso Piotr Alekseyevich Kropotkin (1814-76), el francés Pierre Joseph Proudhon (1809- 1865), y el escritor ruso León Tolstoy (1828-1910), entre muchos otros. 

DERROTAS DEL ANARQUISMO

Los primeros combatientes sociales y políticos de la Europa del siglo XIX tuvieron una concepción globalizada de la lucha de los desposeídos. "¡Proletarios de todos los países, uníos!" es la consigna clave de El Manifiesto. Por eso fue que fundaron la Primera Internacional, una instancia de organización y discusión ideológica que actuó durante 12 años (1864-1876). Después vino la Segunda, luego la Tercera y hasta la Cuarta, inspirada por León Trotsky, disidente ruso de Joseph Stalin, quien ordenó su asesinato en México (1940).

Pero los anarquistas y socialistas marxistas también tuvieron grandes diferencias de forma y fondo sobre cómo alcanzar y cómo sería ese mundo mejor. Bakunin predicaba la abolición del Estado como la única forma de garantizar la libertad del individuo, mientras Marx postulaba tomar por la fuerza el control del Estado, derrotar y sustituir su aparato militar para ejercer, entonces, el poder de los proletarios, construyendo una nueva sociedad que aboliría las clases sociales, pero a un plazo más bien largo. 

Las diferencias tácticas y estratégicas entre anarquistas y marxistas fueron profundas, hubo grandes choques personales entre Bakunin y Marx por el control de la Internacional, hasta que el pensador ruso fue derrotado y expulsado, junto con sus seguidores. Marx y sus discípulos ganaron la partida.

La clave fue el tema del poder. Los seguidores de Marx se refugiaron e impulsaron sus luchas europeas en los partidos socialdemócratas, la primera fuerza política organizada con un programa en favor de las clases trabajadores, reproducida en América Latina con el Apra del Perú, el Prin de México y Acción Democrática de Venezuela, entre otros.

La revolución rusa fue conducida por Lenin desde una fracción de izquierda del partido socialdemócrata ruso que hizo mayoría en una votación, origen del partido bolchevique (mayoría) que terminó llamándose comunista. 

Los anarquistas conciben una sociedad autogestionada, basada en la cooperación y el apoyo mutuo, sin clases sociales, sin poder y sin Estado. Sin embargo, los críticos del anarquismo consideran a esta concepción su mayor debilidad. Estiman que es utópico e inalcanzable el modelo que proponen. Argumentan que, en la historia, el cambio social se produce siempre por la fuerza y una vez alcanzado el poder, éste sigue ejerciéndose por la fuerza.

La única vez en que los anarquistas estuvieron cerca del poder fue en algunos territorios de España durante la guerra civil de 1936, pero ésta fue una lucha armada y organizada, con jerarquías y mando. Los anarquistas combatieron con sus armas a los fascistas y también tuvieron que defenderse con éstas ... de los comunistas españoles.

Al igual que la Comuna de París, la guerra de España fue una derrota para toda la izquierda. El contragolpe y la represión no hicieron distingo entre socialistas, comunistas libertarios (anarquistas), comunistas trotskistas y comunistas ortodoxos (estalinistas). En la revolución rusa también hubo combatientes anarquistas, agrupados en el movimiento makhnovista, integrado por masas de la clase trabajadora que resistió a las fuerzas de la autoridad, fueran rojas (comunistas) o blancas (zaristas-capitalistas) en la Ucrania de 1917 a 1921.

RENACE LA UTOPÍA

Sin embargo, el mundo ha cambiado bastante desde los tiempos de Marx y Bakunin. El anarquismo tiene hoy una nueva oportunidad, con nuevos pensadores -el lingüista-filósofo estadounidense Noam Chomsky es el contemporáneo más relevante- y un crecimiento de su influencia que se extiende por igual entre las juventudes de los países ricos y pobres.

El descrédito universal de los partidos políticos y el derrumbe sin mayor violencia del modelo socialista que hegemonizó la ex Unión Soviética no pusieron fin a la historia, sino que abrieron otra etapa en que las utopías volvieron a ponerse en el tapete como opción de sobrevivencia. La vida debe continuar. 

Los anarquistas contemporáneos levantan muchas banderas con la palabra No: no a la destrucción del planeta, no a la guerra, no a las bombas nucleares, no a la sobre explotación de los débiles -continentes, países, etnias-, no a la globalización, no a la hegemonía mundial -política, militar e ideológica de Estados Unidos y de sus aliados- y muchos otros no.

Pero también hay , por la diversidad, los derechos de la mujer, la tolerancia y el derecho a la vida de todos los pobres del mundo, de los excluidos del mercado por el modelo de economía que sustenta la globalización. 

EL SOCIALISMO CAYÓ SIN VIOLENCIA 

El socialismo que realmente existió como modelo mundial quizás no fue tampoco el que pensó Marx en el siglo XIX, sostienen muchos pensadores. Jean Paul Sartre fue uno de los primeros en observarlo en la Francia de la mitad del siglo XX. Dentro del bloque hubo severas divergencias, las más notables entre China y la Unión Soviética.

El reparto del mundo establecido en Yalta tras la Segunda Guerra Mundial también afectó a muchos países pequeños y pobres que querían el modelo. El socialismo que sustituyó al colonialismo en muchos países africanos, al comenzar la década del 60 del siglo pasado, no recibió ayuda suficiente, derivando en dictaduras con nuevos problemas, entre otros Argelia, liberada de Francia en 1962. 

En muchos conflictos locales, por el socialismo o por la defensa de regímenes socialistas o reformadores, la Unión Soviética privilegió una óptica propia, de acuerdo a sus intereses de gran nación. El sustento teórico fue que los países de capitalismo incipiente, como Chile, debían efectuar primero una "revolución democrático burguesa", con la clase obrera aliada a una suerte de "eslabón perdido" de una burguesía nacional anti-imperialista.

La receta la impartió el informe de George Dimitrov a la Tercera Internacional (1935), aplicándose por igual en Chile, Francia y España bajo la consigna de frente popular, cuyo resultado práctico en Chile fue el gobierno de Pedro Aguirre Cerda (1938). 

Cuando Estados Unidos cortó el oxígeno al gobierno de Salvador Allende, el presidente hizo un viaje inútil intentado obtener suficiente ayuda económica soviética como para mantener en el país un nivel de abastecimientos mínimo, pocos meses antes del golpe. La caída mundial del socialismo tal como existía -a comienzos de los 90- provocó, además, un giro a la derecha en los partidos socialdemócratas, minados también por la corrupción. Hoy levantan banderas que no se diferencian de las derechas, en Europa y América Latina.

Por otra parte, Estados Unidos lanzó una cruzada a muerte contra los países pequeños que aún son socialistas, principalmente Cuba -con un bloqueo de 40 años- y Corea del Norte, mientras China mira para otro lado y Vietnam hace lo que puede por sobrevivir.

Los partidos social cristianos y social demócratas viven severas crisis en países tan diferentes como Perú, Italia, Venezuela, México. Alemania, Francia, Argentina y otros. 

NUEVAS ORGANIZACIONES 

En el mundo proliferan nuevas organizaciones constituidas por la llamada sociedad civil para resolver problemas concretos de la gente, muchas inspiradas en un sustento teórico anarquista (cooperación, apoyo mutuo).

Es notoria esta influencia en los movimientos contra la destrucción del planeta por obra y gracia del capitalismo totalitario y salvaje que promueve la globalización bajo el dogma teórico de la economía de mercado o liberalismo a ultranza, sin regulación y sin Estado (en los países sometidos, proveedores de materias primas, no así en los ricos).O en reivindicaciones de pueblos autóctonos.

En fin, de nuevo hay un acercamiento entre sectores de la ideología socialista y anarquista, estimulado por el carácter mundial de las nuevas formas del capitalismo. Por doquier surgen nuevas organizaciones y foros internacionales que levantan una respuesta también mundializada, con participación de movimientos, activistas y pensadores de países ricos y pobres, incluidos muchos ciudadanos y agrupaciones de Estados Unidos y Europa. 


Mañana la Segunda parte: Irrumpe en Chile el anarquismo

(*) Ernesto Carmona Ulloa es periodista y escritor. Autor de los libros Yo Piñera, Morir es la noticia, Chile Desclasificado, ¿Qué es el anarquismo y Los dueños de Chile, entre otros.

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