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Miércoles, 21 de abril de 2021
Especial historia del modelo económico

El tropezón de la UDI con la cooperativa “La Familia” en los setentas

Manuel Salazar Salvo (*)

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Jorge Cauas dictando una charla en el CEP
Jorge Cauas dictando una charla en el CEP

A comienzos de 1975, la crisis internacional del petróleo tuvo repercusiones económicas en el país, mostrando que no todo marchaba tan bien como se suponía. Las discusiones aumentaron y Pinochet debió optar entre dos salidas; actuar pausadamente, aplicando poco a poco medidas correctivas o efectuar una operación de cirugía mayor, una verdadera política económica de shock.

Los partidarios de una y de otra solución recurrieron a sus mejores argumentos, a toda su capacidad de influencia y de convencimiento, pero en el bando de los impulsores del shock estaban los mejores esgrimistas del verbo.

Jaime Guzmán y Sergio de Castro, apoyados por el general Covarrubias, resultaron determinantes; tanto que el propio Raúl Sáez recomendó que Jorge Cauas recibiera atribuciones especiales para conducir la política de ajuste. Así ocurrió: 

Jorge Cauas asumió los poderes de un superministro. Sergio de Castro fue nombrado titular de Economía y Pablo Baraona se hizo cargo del Banco Central. De Castro llevó a hombres de su confianza, como Hernán Büchi, Martín Costabal, Jorge Díaz, Carlos Hurtado, Felipe Lamarca y Nicolás Irarrázaval. 

A fines de abril de 1975, en la residencia veraniega de Cerro Castillo, en Viña del Mar, Jorge Cauas expuso su plan maestro para enderezar la economía. Al mediodía hubo un alto para almorzar y descansar de los agotadores análisis. 

En los amplios jardines, todos se paseaban comentando los pormenores de la reunión. Pinochet llamó a Mónica Madariaga y tomándola fuertemente de uno de sus brazos, comenzó a caminar mientras le hablaba: 

-No estoy convencido de esto... No estoy dispuesto a dejar los intereses sueltos al mercado... Se van a disparar. .. Esto es darles carta blanca a los usureros. 

-No. Esto no lo voy a dejar pasar. No, no me convence-, reflexionaba el general. 

-¿A ti que te parece?- le preguntó de pronto a su asesora. 

La mujer sabía poco, casi nada de economía. Ella era experta en derecho administrativo, en los mil secretos que permitían dar forma a cualquier entelequia sin pasar a llevar las normas y reglas que tan celosamente cuidaba la Contraloría General de la República, desde donde la había sacado su primo para llevarla a la cumbre del gobierno militar. 

Intentó dar una respuesta coherente. Habló de la necesidad de dar mayores libertades, pero fue interrumpida bruscamente por el general. 

-No. No entiendes nada. Estás equivocada. Yo te lo voy a demostrar-, le dijo. 

Retornaron a la reunión. Al término de ella, Pinochet aceptó el plan de Jorge Cauas. 

Jaime Guzmán percibió que la política económica emprendida por Cauas provocaría los primeros síntomas de descontento, incluso entre los partidarios del régimen militar. Ya eran varios los dirigentes gremiales e incluso importantes empresarios que habían subido el tono de sus críticas.   

Le pareció urgente entonces proporcionar al régimen un movimiento que reuniera a sus partidarios y mantuviera en alto la moral de la ciudadanía, principalmente la de los jóvenes universitarios, de donde se pretendía obtener nuevos colaboradores. Junto a sus jóvenes gremialistas.

Había venido dando una dura aunque sorda batalla en la Secretaría Nacional de la Juventud y en la Secretaría Nacional de los Gremios en contra de los sectores nacionalistas que también veían en esas organizaciones la posibilidad de conformar un movimiento de apoyo a Pinochet, aunque con propósitos muy distintos. Surgió entonces el Movimiento Juvenil de Unidad Nacional. 

“La Familia” de la UDI

El año de 1976 no fue bueno para el gremialismo. La imagen de probidad que se esforzaban en proyectar sufrió un considerable revés al conocerse ciertos irregulares manejos en la administración de la Cooperativa de Ahorro y Préstamos La Familia.

La iniciativa de crear la cooperativa había surgido en el segundo semestre de 1975 durante una reunión en la Casa Central de la Universidad Católica, presidida por el vicerrector de Asuntos Económicos y Administrativos, Alberto Hardessen, y a la que asistieron Javier Leturia, Cristián López, Tomás Irarrázaval, Juan Infante, Miguel Kast, Carlos Paul y Sergío Oyanedel. 

Ellos deseaban idear una fórmula que les permitiera administrar en la mejor forma posible los fondos de bienestar de los estudiantes de la UC. Se decidieron finalmente a prestar servicios de ahorro y préstamo a cualquier interesado, dando vida a La Familia y lanzándola con una fuerte campaña publicitaria a través de Canal 13 y de otros medios de prensa, donde conocidos periodistas y deportistas invitaban al público a invertir su dinero. 

Legalmente, La Familia fue constituía en octubre de 1975, y se designó gerente a Cristián López Sagredo, que luego fue reemplazado por el ingeniero agrónomo Rodrigo Mujica, uno de los fundadores del gremialismo, que se había desempeñado como director de Odepa, la oficina de planificación del Ministerio de Agricultura. 

Pronto se formaron dos comités: uno agrícola, integrado por Francisco Cerda, Sebastián Pérez, ejecutivo de lcira, y Sebastián Vicuña, de Prochile; y otro estudiantil, conformado por Ignacio Astete, Luis Cordero, dirigente de la Secretaría Nacional de la Juventud, Javier Leturia y Hernán Larraín, director de Asuntos Estudiantiles de la UC, hoy ministro de Justicia. También se sumó el entonces secretario de la Rectoría de la UC, el abogado Carlos Bombal, ex diputado y senador de la UDl. 

La cooperativa fue intervenida en enero de 1977 y en los años siguientes se comprobaron numerosas irregularidades. El juez Sergio Dunlop llegó a la conclusión de que La Familia "fue defraudada en diversas cantidades por personas que se apropiaron indebidamente de dineros que a ella le pertenecían en el período comprendido entre abril y octubre de 1976, por montos que exceden los 400 sueldos vitales". 

El magistrado declaró culpables a cuatro miembros del consejo de administración de la cooperativa. Al gerente general, Cristián López, lo condenó a cinco años y un día de cárcel; a los directores Alberto Hardessen Benjerodt y Luis Gaete Umaña, a 541 días de reclusión; y, a Rodrigo Mujica Arteaga, gerente general durante los últimos dos meses antes de la quiebra, a 41 días de presidio.

López, el principal inculpado, había sido nombrado por decreto supremo como integrante de la Comisión de Reforma del Código del Trabajo y era académico de la Facultad de Economía de la UC. 

La defensa de los indignados ahorrantes fue asumida por el abogado Pablo Rodríguez, uno de los principales contradictores de Jaime Guzmán y de los gremialistas. 

-Lo que ha ocurrido con La Familia demuestra dos cosas: el fracaso de la política de creación del mercado de capitales y las vinculaciones que en este fracaso tienen organismos tan importantes como la Universidad Católica y sectores que, hasta hace poco tiempo, controlaban el movimiento juvenil. Me refiero al gremialismo de la Universidad Católica-, expresó el abogado a los medios de comunicación. 

Dunlop encontró una libreta roja entre los documentos incautados que contenía más de cien nombres que uno a uno identificó y llamó a declarar. Supo entonces que había dineros prestados a la Secretaría Nacional de la Juventud que no aparecían debidamente acreditados en la contabilidad. 

Citado al tribunal, el presidente de la Secretaría Nacional de la Juventud, Luis Cordero Barrera, sostuvo que como dirigente del Frente Juvenil de Unidad Nacional participó en la creación de la cooperativa, que el Frente obtuvo créditos de ella en tres oportunidades, que no pudieron pagarse y que "conversando con López, éste les dijo que no se preocuparan, que los devolvieran cuando pudieran". 

Incluso el propio Guzmán debió sortear una orden de arraigo dictada en su contra y demostrar que no tenía vínculos formales con La Familia. También se vio comprometida la Fundación Azul, creada en 1974 por Guzmán para aglutinar a los jóvenes gremialistas.

En su sede, en calle Suecia, la misma que sirvió para las reuniones de los economistas neoliberales y que ahora es la sede de la UDI, había nacido formalmente La Familia. En el directorio de la Fundación Azul, además de Jaime Guzmán, figuraban Javier Leturia y otro ex secretario nacional de la juventud, Cristián Valdés Zegers. 

El periodista Mauricio Carvallo reveló en enero de 1988 que Valdés Zegers, ingeniero comercial, doctorado en Chicago, ex-gerente general de Corfo, había abandonado el país y estaba siendo buscado por Interpol, pero no por su eventual participación en los turbios negocios de La Familia, sino por su responsabilidad como gerente general del Banco Hipotecario de Crédito, BHC, y luego como director del Banco Andino, en las quiebras de ambas entidades; por todo ello había sido encargado reo por el ministro en visita Alberto Chaigneau. 

El escándalo de la cooperativa La Familia fue tapado hasta donde se pudo por el gobierno militar y por los medios de prensa cercanos al gremialismo, pero se transformó en el lunar negro y peludo de los seguidores de Guzmán. 

En diciembre de 1976, Cauas abandonó el Ministerio de Hacienda, para dejarlo en manos de Sergio de Castro. La economía tendía a estabilizarse y empezaban a llegar lentamente algunos capitales externos. 

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Manuel Cruzat
Manuel Cruzat

Dos nuevos y poderosos grupos económicos emergieron en 1977 con una energía arrolladora. Por una parte, Manuel Cruzat y Fernando Larraín transformaron al Banco de Santiago en símbolo de su poder, luego de convencer a Jorge Cauas para que, apoyado por el ex presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, Alfonso Márquez de la Plata, se hiciera cargo de la gestión.

A pocas cuadras de allí, Javier Vial levantaba al Banco de Chile como la piedra angular de su conglomerado empresarial.

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Javier Vial
Javier Vial

Bruscamente, el mercado financiero se transformó en el barómetro de los éxitos y fracasos. La mayoría de los grupos económicos empezó a vender sus empresas productivas para incorporarse a la nueva fuente de riqueza: la especulación. En ese ambiente, se desató una verdadera guerra económica cuya primera víctima fueron los denominados "Cocodrilos", un grupo empresarial dirigido por Francisco Fluxá y Vittorio Yaconi, propietarios del Banco Osorno y La Unión. 

La DINA los sentenció al convencer a Pinochet de que a través de sus operaciones estaban ayudando al financiamiento del Partido Demócrata Cristiano. La arremetida fue furibunda: el banco fue intervenido y Fluxá y Yaconi enviados a la cárcel. 

El éxito económico y la sensación creciente de bonanza otorgaron a cuatro ministros una influencia decisiva. Ellos eran Sergio de Castro, en Hacienda; Pablo Baraona, en Economía; Sergio Fernández, en Trabajo; y, Roberto Kelly, en Odeplan. 

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Roberto Kelly y Ernesto Silva Bafalluy
Roberto Kelly y Ernesto Silva Bafalluy

Los cuatro hombres coincidieron en que para seguir avanzando era necesario mejorar la imagen internacional del gobierno, severamente deteriorada después del asesinato de Orlando Letelier en Washington y del atentado en contra de Bernardo Leighton y su esposa en Roma. 

Los reclamos por los detenidos desaparecidos y el incesante accionar de la DINA, empeñada en crear una organización continental para luchar en contra del comunismo, aparecían como algunos de los escollos mayores. Era urgente un cambio decisivo en el tema de los derechos humanos y para ello había que convencer a Pinochet de que removiera a Manuel Contreras. 

Simultáneamente se hacía indispensable también fijar un itinerario, una ruta hacia el futuro que aunara a los partidarios del régimen. Jaime Guzmán había planteado muchas veces el tema y al promediar el otoño de 1977 pareció que el momento era el óptimo. 

(*) Este artículo está redactado sobre la base de un capítulo del libro “Guzmán: quien, como, por que”, Ediciones BAT, Santiago de Chile, 1994.

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