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Jueves, 9 de julio de 2020
Efectivos chilenos en la lista

Este es el artículo original sobre la explotación sexual de los cascos azules en Haití

Sabine Lee
Susan Bartels (The Conversation)

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Presidenta Bachelet pasa revista a los cascos azules chilenos de Haití
Presidenta Bachelet pasa revista a los cascos azules chilenos de Haití

El medio The Conversation expuso más de 200 casos de mujeres y niñas haitianas que quedaron embarazadas por agentes de mantenimiento de la paz de la ONU, y que luego fueron abandonadas en condiciones de miseria. Chile envió a 12.000 uniformados a ese país y figura como el cuarto país con mayor cantidad de hombres que tuvieron hijos que luego abandonaron.

Marie tenía 14 años y estaba en una escuela cristiana cuando conoció y se “involucró” con Miguel, un soldado brasileño que trabajaba en Haití como agente de las misiones de paz de la ONU. Cuando le contó que estaba embarazada de su hijo, Miguel dijo que la ayudaría con el bebé. Pero en lugar de eso, volvió a Brasil. Marie le escribió por Facebook pero él nunca respondió.

Después de saber que estaba embarazada, el padre de Marie la forzó a irse de la casa familiar y se fue a vivir con su hermana. Ahora, su hijo tiene cuatro años y Marie aún no recibe ningún apoyo del ejército brasileño, ONGs, la ONU o el Estado haitiano. Marie provee a su hijo con lo que puede, pero no le alcanza para enviarlo al colegio. Trabaja por 25 gourdes la hora (cerca de 198 pesos chilenos) para que así, ella y su hijo puedan comer. Pero necesita ayuda para la vivienda y para pagar los aranceles de la escuela.

Lamentablemente, la experiencia de Marie está lejos de ser única. En el verano de 2017, nuestro equipo de investigación entrevistó aproximadamente a 2.500 haitianos sobre las experiencias de las mujeres y niñas locales que viven en comunidades donde se realizan operaciones de apoyo a la paz. De esas entrevistas, 265 contaron historias sobre niños que son hijos del personal de la ONU. Ese 10% entrevistado destacó la situación de esos niños mostrando que tan comunes esas historias son en realidad.

Las narraciones revelan como niñas de tan solo once años fueron abusadas sexualmente y embarazadas por agentes de paz y luego, como lo dijo un hombre, “fueron abandonadas en la miseria” para criar a sus hijos solas, usualmente porque los padres son repatriados una vez que el embarazo se hace conocido. Madres como Marie son abandonadas mientras crían a sus hijos en condiciones de extrema pobreza y desigualdad. Muchas de ellas reciben ningún tipo de ayuda.

Sumido en la Controversia

La Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (Minustah) –la misión más larga que ha realizado la organización en el país (2004-2017)– fue originalmente destinada para asistir a las instituciones locales en un contexto de inestabilidad política y de crimen organizado. Luego su mandato fue extendido debido a desastres naturales, como el terremoto en 2010 y el Huracán Matthew en 2016. Ambos hechos le sumaron volatilidad a la situación política del país. Después de 13 años de operación, la Minustah terminó en octubre de 2013, transicionando a otra más pequeña, la Misión de las Naciones Unidas para el Apoyo a la Justicia en Haití (Minujusth).

La Minustah es una de las misiones más controversiales de la ONU. Ha sido el foco de muchas denuncias de explotación y abuso sexual. Una cantidad impresionante de agentes de la paz, uniformados y no uniformados, han sido vinculados a abusos de derechos humanos incluyendo la explotación sexual, violación e incluso ejecuciones extrajudiciales. (Para los efectos de este artículo, usamos al personal, agentes y personal de mantenimiento de la paz de la Minustah indistintamente para referirnos al personal extranjero uniformado y no uniformado asociado con la Minustah).

En relación a la salud pública es indiscutible, y ahora oficialmente reconocida por la ONU, los agentes de la paz también introdujeron el cólera en Haití. Más de 800 mil haitianos buscaron asistencia médica por el cólera y al menos 10 mil murieron de la enfermedad.

Varias organizaciones han reportado que a las menores de edad se les ofreció comida y pequeñas cantidades de dinero a cambio de tener sexo con el personal de la ONU, y la Minustah fue vinculada a una banda sexual que operó en Haití con evidente impunidad: supuestamente, al menos 134 agentes de la paz de Sri Lanka explotaron a nueve niños en una banda sexual entre 2004 y 2007. Como resultado de esta historia, denunciada por la Associated Press en 2017, la Minustah se convirtió en el clásico ejemplo de una falta de respuesta apropiada a las denuncias de abuso sexual. A raíz de ese reporte, 114 agentes de paz fueron devueltos a Sri Lanka, pero ninguno de ellos fue procesado o acusado después de la repatriación.

Investigación extensiva ha demostrado que los niños nacidos de la guerra son usualmente criados en familias monoparentales en ambientes precarios económicamente posterior al conflicto. La asociación con los padres extranjeros (ausentes), junto con el nacimiento fuera del matrimonio, usualmente resulta en estigma y discriminación para los niños.

Aún se sabe poco sobre el impacto de ser un niño multiracial engendrado por agentes de paz. Se sabe aún menos de las experiencias de los llamados “Petit Minustah”, o niños nacidos en Haití de padres agentes de la paz extranjeros. Esta es una de las razones por las que sacamos a la luz las historias de esos afectados por la misión de la ONU.

Nuestro estudio

Recolectamos historias pidiendo a los participantes que nos contaran cómo es para una mujer o niña que vive en una comunidad que alberga misiones de paz. Grabamos las historias resultantes, y luego los participantes interpretaron sus experiencias al responder una serie de preguntas predefinidas. Esto nos permitió entender mejor que las circunstancias y consecuencias de sus interacciones con los agentes de la paz.

Los participante pudieron compartir la historia que escogieron, sobre cualquier persona, y no fueron incitados de ninguna forma a hablar de abuso o explotación sexual. Las narraciones fueron capturadas por asistentes de investigación haitianos en las comunidades que rodeaban diez bases de la ONU en Haití, durante el verano de 2017. A cerca de 2.500 haitianos se les preguntó sobre las experiencias de las mujeres y niñas que viven en comunidades donde hay operaciones de paz. Fueron capturadas una variedad de experiencias positivas y negativas, pero 265 (10%) del total de historias fueron sobre los agentes de la paz engendrando hijos. Esto es particularmente notable, ya que el estudio no tenía preguntas sobre las relaciones sexuales con los agentes de paz o sobre los niños concebidos a través de esas relaciones.

Esto podría sugerir no sólo que la explotación y abuso sexual proveniente de los agentes de la paz de la ONU no fueron situaciones aisladas, sino que además, como dijo una de las investigadoras de Port-Salut: “Hay muchas mujeres jóvenes que han tenido hijos con la Minustah”. Esto fue repetido por un hombre en Saint Marc, quien nos dijo que “la Minustah nos dio muchos niños sin padres”.

Algunas historias fueron en primera persona, compartidas por mujeres que han tenido hijos con personal de la ONU, mientras que otras historias fueron contadas por familiares, amigos o vecinos de mujeres y niñas que crían hijos de los agentes de la paz. Hasta donde sabemos, estas historias constituyen la primera investigación empírica que le dan voz a las familias afectadas por la explotación y abuso sexual de los agentes de la paz de la ONU.

Sexo por una comida

Algunos encuentros sexuales entre mujeres y niñas locales y el personal de las misiones de la ONU fueron descritas como violencia sexual. Por ejemplo, un hombre de la comunidad en Cité Soleil relató:

“Todo el día escuchaba a mujeres quejándose de la violencia sexual que la Minustah ejercía sobre ellas. Que les habían contagiado de Sida a través de la violencia sexual. También hay algunas de ellas que están embarazadas”.

No solo hay historias de mujeres y niñas que fueron abusadas sexualmente por la Minustah, sino que también hombres y niños fueron abusados de manera similar. Pero en nuestra investigación, el abuso sexual fue uno de los encuentros sexuales menos reportados. En lugar de eso, nuestra información destaca un problema que lo impregna todo, aunque es uno que ha sido reportado mucho menos en los medios. El sexo transaccional con el personal de la ONU.

Un hombre casado de Cité Soleil describió un patrón común en el que las mujeres recibían pequeñas cantidades de dinero a cambio de sexo: “Ellos vienen, duermen con nuestras mujeres, tienen su placer con ellas, dejan a los niños en manos de ellas y les dan 500 gourdes”.

En otros casos de sexo transaccional, mujeres y niñas reciben comida a cambio de tener sexo con miembros de la Minustah, destacando la pobreza extrema que contribuye con estos encuentros sexuales. Un hombre de la comunidad de Port Salut reportó: “Ellos tuvieron sexo con niñas no por dinero, solo por comida, por una comida”.

Relaciones en evolución

Otra de las narrativas que fue recibida con mucha menos atención en reportes previos, es como las relaciones se sexo consentido entre miembros de la Minustah y las mujeres locales ha evolucionado. En algunas instancias, estas eran relaciones casuales que resultaron en embarazo, como fue el caso de esta historia, compartida por un hombre en Port Salut:

“Tenía una hermana que estaba saliendo con un soldado de la Minustah. Toda mi familia sabía, mi madre y otras personas. Ella quedó embarazada… desde ese momento, la vida de mi hermana es un caos”.

Otras relaciones fueron descritas como más comprometidas y afectuosas, como en esta historia compartida por una mujer en Cité Soleil, quien dijo: “Estaba viviendo en Cité Soleil y estaba en una relación con un agente de la Minustah. Quedé embarazada de él”.

Encontramos que las relaciones íntimas con los agentes de piel clara y tener hijos de piel más clara, a veces eran percibidas como deseables. Una mujer en Leogane describió “rumores” de niñas teniendo relaciones con la Minustah y teniendo a sus hijos porque “querían que estos niños fueran hermosos”.

A pesar de que las relaciones fueran consensuadas o de naturaleza transaccional, los patrones particulares fueron notados en cómo y dónde tomaron lugar las interacciones. Por ejemplo, juntarse en una playa o en un hotel fue común, como en la historia compartida por una mujer en Cité Soleil sobre su amiga: “Él solía ir a la playa con ella, ahora el hombre blanco le pagó por un hotel, el hombre blanco va al hotel con ella, viene a tener sexo con ella”.

También es de gran preocupación que muchas de las mujeres dando a luz y criando a hijos de los agentes de la paz de la ONU eran adolescentes que no tenían la edad suficiente como para consentir el sexo. Una mujer en Cité Soleil nos dijo:

“Veo a una serie de mujeres de 12 y 13 años acá. La Minustah embarazó y las abandó en la miseria con bebés en sus manos. La persona ya ha tenido que manejar una vida estresante y miserable”.

Abandono

Después de enterarse de un embarazo, muchas de las historias compartidas indicaron que el personal de la Minustah era repatriado por la ONU. Una mujer en Port-Salut nos dijo:

“Una de mis hermanas dio a luz a un hijo de la Minustah. Mi hermana tuvo un bebé con él porque lo conoció, se enamoró, él la cuidó, pero tu sabes, se los llevaron de acá. Por eso dejó de mandarle cosas”.

Un hombre participante en Hinche, describió una experiencia similar de una niña a la que conocía, diciendo: “Ella estaba embarazada de un soldado de la Minustah… [él] fue sacado de su estación, se fue y nunca más lo volvimos a ver”.

Después de la partida de los agentes de la paz que fueron padres, muchas de las mujeres jóvenes fueron dejadas solas tratando de criar hijos en extrema pobreza. Algunas describieron ser lo afortunadas por recibir apoyo de sus familias, aunque no todas ciertamente.

En casi todos los casos, el acceso a la educación estaba más allá de los medios de la madre o de la familia, como fue descrito por una mujer en Port Salut:

Un hombre e dijo: “Los soldados destruyen los futuros de estas niñas jóvenes, dejándolas embarazadas con un par de bebés y luego abandonándolas. Básicamente, las acciones de estos soldados pueden tener un impacto negativo en la sociedad y en el país en general, porque estas niñas jóvenes podrían haber sido abogadas, doctoras o algo que habría ayudado a Haití el día de mañana… ahora, algunas de ellas están caminando en las calles o en los mercados y otros lugares con una canasta sobre sus cabezas, vendiendo naranjas, ajíes y otras cosas para así poder críar a los hijos que han tenido con los soldados de la Minustah”.

En algunos casos más extremos, los miembros de la comunidad describieron que mujeres y niñas fueron dejadas con pocas opciones además de tener relaciones sexuales con los agentes de la paz, para así proveer a los hijos de la Minustah que ya estaban criando. Un hombre en Puerto Príncipe compartió otro ejemplo:

“Él la dejó en la miseria porque cuando tenía sexo con ella, era por poco dinero. Ahora el contrato llegó a su fin, el se va y la deja en la miseria. Y ahora ella tiene que rehacer todo el mismo proceso para poder proveer comida para su hijo, ¿puedes entenderlo?”.

Habían muchos pedidos en estas historias que recolectamos para la Minustah y las autoridades de ayudar a mantener a estos niños. Un hombre en Port-Salut expresó su demanda claramente: “Me gustaría pedir a la cabeza de la Minustah que se responsabilice de los hijos de los miembros de la Minustah… nosotros estamos haciendo lo que podemos pero no se puede criar a los niños de esta manera…”

Poder y explotación

Nuestra investigación ha destacado lo que está en gran parte de la literatura académica sobre la economía pacificadora, es decir, que la pobreza es un factor contribuyente fundamental para la explotación y el abuso por las fuerzas del mantenimiento de la paz.

En muchos casos, la diferencia de poder entre los funcionarios de mantenimiento de la paz extranjero y las poblaciones locales permite a los extranjeros, sabiéndolo o no sabiéndolo, explotar a las mujeres y niñas locales. La prevalencia del sexo transaccional en nuestros datos destaca la importancia de los desequilibrios estructurales. Las fuerzas de mantenimiento de la paz tienen acceso a algunos de los recursos que la población local desea o necesita y, por lo tanto, están en una posición de poder para intercambiarlos por sexo.

Si bien muchas de las historias citadas anteriormente se recopilaron en Port Salut y Cité Soleil, narraciones similares se compartieron en todos los sitios de entrevistas en Haití y los fenómenos descritos no son exclusivos del contexto haitiano. Nuestro trabajo preliminar en la República Democrática del Congo sugiere una situación comparable.

En su política de tolerancia cero, la ONU reconoce la existencia de desequilibrios de poder socioeconómico y de otro tipo, y su potencial para hacer que las "intimidades" entre las fuerzas de paz y las mujeres locales sean explotadoras. En esencia, la política prohíbe casi todas las relaciones sexuales entre las fuerzas de paz y mujeres locales. Además de sugerir que esta prohibición general es ineficaz, nuestra información indica que se necesita un enfoque más matizado con capacitación específica del personal de la ONU junto con derribar la impunidad que aún rodea el mal actuar de los agentes de mantenimiento de la paz.

Otro hallazgo clave es la necesidad de mecanismos más efectivos que permitan a las víctimas de explotación y abuso sexual y a sus hijos (así como a los hijos de relaciones consensuadas y no explotadoras) acceder al apoyo. Potencialmente, esto podría romper la espiral socioeconómica descendente que atrapa a las víctimas, y en particular a los niños, en circunstancias de extrema dificultad económica, perpetuando el ciclo de la pobreza.

Manutención de los hijos

En enero de 2018, la Oficina de Abogados Internacionales (Bureau des Avocats Internationaux) con sede en Haití, presentó demandas de paternidad en los tribunales haitianos en nombre de diez niños engendrados por el personal de mantenimiento de la paz de la ONU, con el objetivo de presionar a la ONU para que asegure los pagos de manutención infantil para esos niños. Un año después, en una carta abierta de la Oficina a la defensora de los derechos de las víctimas de la ONU, Jane Connors, se revela su frustración con la falta de capacidad de respuesta y cooperación de la ONU en las demandas de paternidad, que "ha hecho que sea casi imposible para nuestros clientes obtener justicia". 

Al evidenciar la negativa de la ONU a proporcionar resultados de pruebas de paternidad de ADN que son vitales para los casos de las madres a pesar de una orden judicial de Haití que lo obliga a hacerlo, la carta concluyó que la ONU estaba enviando "un alarmante mensaje de falta de respeto al sistema judicial haitiano y al imperio de la ley".

Esto plantea preguntas con respecto a la retórica de la ONU sobre el apoyo a la dignidad y los derechos de las personas afectadas por la explotación sexual y el abuso perpetrado por las fuerzas de paz de la ONU. También pone en tela de juicio la efectividad de las intervenciones de la Oficina del Defensor de los Derechos de las Víctimas de la ONU, que existe para defender los derechos de las víctimas y poner sus necesidades al frente de la lucha de la ONU contra la explotación y el abuso sexual.

Recomendaciones

Los resultados de nuestra investigación nos han llevado a hacer tres recomendaciones clave.

1) La capacitación del personal de la ONU debe incluir un aspecto de conciencia cultural para realzar la comprensión del impacto de los diferenciales de poder en las frágiles economías de mantenimiento de la paz, la conveniencia percibida de tener un hijo engendrado por un agente de mantenimiento de la paz, y las consecuencias socioeconómicas para una mujer vulnerable abandonada con un hijo de un agente.

2) La práctica de la ONU de repatriar a cualquier personal de la ONU implicado en explotación o abuso sexual debe detenerse ya que tiene una consecuencia doblemente negativa. Primero, elimina al presunto delincuente de cualquier enjuiciamiento efectivo en los casos de presuntas irregularidades, y segundo, los elimina de cualquier jurisdicción dentro de la cual la víctima/hijo/madre de un niño tenga alguna posibilidad de obtener el apoyo financiero apropiado para el niño.

3) El reciente nombramiento de un Defensor de los Derechos de las Víctimas para los afectados por el abuso y la explotación sexual debe ser seguido por una política que permita al defensor abordar algunas de las injusticias creadas por la explotación y el abuso a nivel estructural. Al mismo tiempo, se les debe permitir convertirse en una poderosa voz de las víctimas, hablando y trabajando en su nombre dentro de la ONU y en colaboración con los países anfitriones y los países que aportan contingentes.

Muchos de los participantes entrevistados expresaron sentimientos similares en torno a la necesidad de reconocimiento y apoyo para los niños engendrados por las fuerzas de paz de la ONU en Haití. Un hombre dijo:

“Yo conosco a muchas mujeres jóvenes, niñas jóvenes, niños, que están viviendo con los hijos de la Minustah bajo su cuidado… Me gustaría que ellos [la ONU] tomaran responsabilidad, que tomaran la iniciativa de buscar y volver a juntarse con las jóvenes para que los puedan ayudar con los niños”.

 *Los nombres han sido modificados para proteger el anonimato de los participantes

Lee el reportaje original en inglés acá 

* Sabine Lee es profesora en Historia Moderna en la Universidad de Birmingham; Susan Bartels es cientista clínica en la Universidad de Queens.

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