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Martes, 19 de noviembre de 2019
15 puntos de ventaja en primarias

Kirchnerismo asienta duro golpe electoral y da voz de alerta a derecha regional

Pedro P. Ramírez Hernández

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Alberto Fernández (candidato presidencial peronista) y Alex Kicillof (gobernador electo de Provincia de Buenos Aires), los grandes ganadores de la jornada
Alberto Fernández (candidato presidencial peronista) y Alex Kicillof (candidato a gobernador de Provincia de Buenos Aires), los grandes ganadores de la jornada

Sin rivales internos, las primarias en Argentina se consideran como una gran foto electoral de cara a la primera vuelta presidencial de octubre. Así, con el 47% de los votos y más de un 75% de participación, el candidato del peronismo kirchnerista, Alberto Fernández, queda en inmejorable posición para desbancar al presidente en reelección, Mauricio Macri, de pobre rendimiento económico, como sus socios presidentes de Chile y Brasil. 

El peronismo despertó y este domingo, en las primarias presidenciales y legislativas argentinas, el sector liderado por el kirchnerismo logró sus dos objetivos: Alberto Fernández le sacó una diferencia de más de 15 puntos al actual presidente, Mauricio Macri, y en las primarias para la gobernación de Buenos Aires, la circunscripción electoral más importante del país, el ex ministro de economía de Cristina Fernández, Axel Kicillof, arrasó con un 49%. 

Con estos resultados en mano, el peronismo K enfrenta las elecciones de octubre con gran optimismo. De acuerdo a la Constitución argentina, si en primera vuelta, un candidato obtiene más del 45% de los votos, se queda automáticamente con la presidencia, y anoche, con el 88% de las mesas escrutadas, Alberto Fernández llevaba más del 48,8%, relegando a Macri al 32%.

Un dato importante, pues las encuestas -antes de estas primarias- mostraban que Macri era competitivo frente a Fernández en una hipotética segunda vuelta.

Pero, esa posibilidad se aleja, pues en estas elecciones participó más del 75% del padrón electoral y si algo se habló durante toda la campaña, es que estas elecciones serían prácticamente una gran encuesta que mostraría el verdadero panorama electoral, debido a que en ninguna fórmula había competencia interna, por lo que el electorado fue llamado -en la práctica- a aclamar a sus candidatos. 

De esta manera, el peronismo festeja haciendo lo que sabe y usando los recursos que conoce: movilización popular, nacionalismo, financiamiento electoral, mística y estructura política. Todo esto en un contexto de crisis económica y fuerte deterioro en las condiciones de vida de las capas más empobrecidas de Argentina, el germen de crecimiento del peronismo K

Así, en las calles de Buenos Aires piquetes y militantes del Frente de Todos -la alianza de la dupla Alberto Fernández y Cristina Fernández- se congregaban en distintos puntos a festejar, invocando todo aquello que suene a cultura nacional: cumbia villera, olor a chori y canciones de estadio, en una mezcla nostálgica que se hacía aún más profunda mientras Cristina Fernández, candidata a la vicepresidencia, transmitía en videoconferencia para todo el país el relato del regreso y de la alegría, del consumo y de la seguridad social, mientras se fundía entre imágenes de Eva Perón. 

LAS CARTAS DE MACRI

Mauricio Macri -por su parte- demostró estar electoralmente acorralado ante la crisis, en un contexto en el que el desempleo llega al 10% y la pobreza al 38%, dejando completamente abierta la posibilidad de un fin trunco de su proyecto, pues sin una reelección no podrá materializar las reformas estructurales que intentó impulsar gracias al crédito de 57 mil millones de dólares que le prestó el Fondo Monetario Internacional.

Tanto en el ámbito laboral, como en pensiones, los proyectos de ley impulsados por el ejecutivo han sido completamente truncados por la oposición al interior del Parlamento, escenario que obliga al gobierno a movilizar todas sus piezas para amarrar la mayor cantidad posible de reformas y acuerdos ante una eventual derrota electoral en la primera vuelta de octubre, al tiempo en que seguramente aferrará su opción electoral a lo que pueda hacer con los 5 mil millones de dólares del préstamo inyectables a la economía antes de fin de año. 

Con estas cartas en la mesa, todo indica que Macri deberá extremar el discurso anti Cristina y que el mercado, al igual que los líderes regionales, presionen con un discurso de razonabilidad económica y anti-corrupción.

Y es que las elecciones en Argentina, que hace cuatro años abrieron el camino para la derecha regional, vaticinando las que serían las victorias de Sebastián Piñera en Chile y de Jair Bolsonaro en Brasil, hoy pueden actuar de forma inversa, haciendo entrar en pánico a una derecha latinoamericana que no ha cumplido con las expectativas económicas que despertaron sus campañas electorales.

Ya en campaña, Macri tuvo que bajar las expectativas y las promesas que lo llevaron a la presidencia, porque la economía, el empleo y la delincuencia no han mejorado. Una situación similar por la que atraviesan sus socios en la región, aunque tal vez no tan dramática. 

“Hemos tenido una mala elección”, sinceró ayer el presidente argentino minutos antes de que se dieran a concer los resultados oficiales. Estaba lejos de la euforia y la emotividad que lo caracterizaron en campaña, intentando enfriar un día para el olvido, cuando cerca de las 22 horas reconoció la derrota utilizando la franja estelar de la televisión, sin referirse al evidente retraso del cómputo oficial que se había fijado para las 21. 

Desde el peronismo cargaron con todo clamando por las cifras oficiales, mientras la incertidumbre se apoderaba de la jornada. Todos los dardos apuntaban a la empresa Smartmatic a cargo de la elección, que reemplaza por primera vez a la española IRSA que operó desde 1997. 

Finalmente los resultados aparecieron y se disiparon los fantasmas de un fraude. Eso, porque el resultado era contundente en contra del gobierno.

La tarea ahora para el presidente argentino es más que difícil. Los medios afines reconocen el revés y vaticinan un futuro incierto y turbulento antes de las elecciones definitivas, y llaman a la responsabilidad de la oposición frente al manejo de una crisis que de todas maneras deberán enfrentar si es que son gobierno a fin de año, como parece que será con bastante probabilidad.

Sin embargo, todavía la elección no es carrera corrida, pues ya ha habido la experiencia de unas primarias en que la izquierda peronista vence, pero luego pierde la presidencia; justamente hace cuatro años atrás. Aunque la distancia electoral no era tan grande, ni tan claras las condiciones políticas que desfavorecen a Macri.

Si las cosas van por su rumbo más probable, al menos Macri habrá terminado su primer periodo sin ser derrocado, dirán los cínicos en Argentina, un país en que desde el retorno de la democracia solo ha tenido tres presidencias no peronistas; Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa y -ahora- Mauricio Macri, dos de las cuales terminaron antes de su periodo institucional estipulado. 

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