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Viernes, 4 de diciembre de 2020
Especial campaña electoral de 1970

La transferencia tecnológica como una forma de controlar la industria chilena

Álvaro Briones (*)

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La mayoría de los equipos y repuestos provenían de Estados Unidos.
La mayoría de los equipos y repuestos provenían de Estados Unidos.

El autor afirma que en 1967, del total de patentes extranjeras registradas en Chile, el 53 por ciento correspondió a empresas o particulares estadounidenses. En un segundo lugar, se ubicaban Alemania (9 por ciento) y Suiza (9,5 por ciento).

La dependencia tecnológica es una de las expresiones de la dependencia estructural que han condicionado el desarrollo de nuestra economía. Este condicionamiento en el plano tecnológico-Industrial tiene lugar merced al control monopólico de la creación de formas tecnológicas dominantes (en el sentido de determinar el desarrollo futuro de las fuerzas productivas en el plano mundial, ejercido por las empresas de las potencias imperialistas). El ejercicio de este control es el que determina un sistema de división internacional de la producción entre las potencias Imperialistas y países dependientes, en función de los intereses de las primeras que, cediendo sóIo determinadas formas tecnológicas industriales pueden delimitar perfectamente las áreas de producción que se desarrollarán en los países dependientes.

Para ejercer dicho control, el imperialismo requiere de un mecanismo interno a las economías dependientes, a través del cual puede reafirmar legalmente la exclusividad del uso de una determinada tecnología. Ese mecanismo se lo proporciona el sistema de patentes de invenciones, que se ha convertido en un eficaz instrumento que le permite legalizar el monopolio tecnológico interno y por lo tanto su control sobre las empresas, supuestamente nacionales, que pretendan utilizar dicha tecnología al establecer las condiciones, características y plazos bajo los cuales se realizará su transferencia. 

Por otra parte, este sistema permite a las empresas extranjeras "reservar" mercados potenciales hasta el momento y condiciones que su estrategia de expansión internacional les indique como más propicios para su explotación directa o indirecta. 

Por estas razones es que, ya en 1955, del total de registros de patentes efectuados en Ch1le (547), 478, vale decir el 87,38 por ciento, correspondieron a registros efectuados por extranjeros. En 1967 se registraron 1.290 patentes y de ellas el 95,3 por ciento, es decir 1.229 registros, correspondieron a los efectuados por extranjeros.

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Obrero en un torno. Foto: Antonio Quintana
Obrero en un torno. Foto: Antonio Quintana

En este último año, del total de patentes extranjeras registradas, el 53 por ciento correspondió a empresas o particulares estadounidenses. En un segundo lugar, muy alejados, se ubicaban Alemania (9 por ciento) y Suiza (9,5 por ciento), hecho que refleja el predominio incuestionado aún del imperialismo norteamericano sobre nuestra economía, a pesar de que en 1969 dicha composición había sufrido algunos cambios marginales, disminuyendo EE.UU. a un 47,5 por ciento y aumentando Alemania a un 17,6 por ciento.

La situación de dependencia tecnológica que contribuye a expresar estas cifras está directamente ligada al proceso de desarrollo industrial del país, que, en sus orígenes, se concibió como un proceso orientado a la sustitución de importaciones. 

Las características concretas de este proceso fueron absolutamente contradictorias con los objetivos a que teóricamente aspiraba, puesto que, lejos de significar una disminución del volumen de importaciones, implicó su aumento, especialmente debido al valor de la mayor importación de bienes intermedios y de capital, los cuales pasaron a ser los principales componentes de las importaciones totales del país.

Así fue como, según datos de la División de Comercio Exterior de Odeplán (1970) las importaciones totales de Chile aumentaron de 497 millones 520 mil dólares en 1960 a 772 millones 240 mil en 1968, incrementándose en ellas las importaciones de bienes de capital en una tasa acumulada promedio anual de 7,8 por ciento y las de bienes intermedios en una tasa de 5,4 por ciento. Estas importaciones, en 1968, representaban en conjunto el 86.85 por ciento del total de importaciones. 

A través de las Importaciones efectuadas desde los países dependientes es que las empresas imperialistas (los "conglomerados transnacionales" o "corporaciones multinacionales") canalizan la parte más sustancial de las ganancias que entregan sus operaciones en estos países.

Importaciones y regalías

La base del mecanismo concreto que opera en este sentido la constituye el hecho de que parte importante del flujo de importaciones hacia los países dependientes –Chile concretamente– está constituido por mercancías que materializan transacciones al interior de un mismo conglomerado transnacional, es decir, transacciones entre casa matriz y subsidiarias; entre distintas subsidiarias; o, lo que viene a resultar lo mismo, entre casa matriz o subsidiaria, de una parte, y una empresa asociada o licenciada, de otra. La contrapartida monetaria de esta transacción, el pago de la importación, en parte no significa sino una forma de remitir utilidades hacia la casa matriz. Para que este pago signifique realmente remisión de utilidades se descompone en 2 partes: una de ellas, la minoritaria, representa el verdadero valor o "precio" de la mercadería o servicio transado, la otra representa exclusivamente las utilidades.

Vale decir, las empresas subsidiarias o asociadas  de los conglomerados transnacionales pagan sobreprecios (o precios sobrefacturados) por los bienes que importan, siendo este sobreprecio la forma concreta que adopta el envío de utilidades desde estas empresas hacia sus casas matrices.

Un estudio realizado en nuestro país por Corfo ("Costos Implícitos en la Transferencia de Tecnología, Sector Farmacéutico"), permitió demostrar la existencia de tasas de sobrefacturación realmente impresionantes en un sector de la industria, el farmacéutico. En este estudio, luego de compararse los precios Internacionales de 50 productos, con los que pagaban por ellos los laboratorios que funcionan en el país, se llegó a la conclusión de que 35 presentaban sobrefacturación en la importación (en relación con los precios internacionales) y que, en la mayoría de los casos, esta sobrefacturación era superior al 30 por ciento, llegándose en 10 de ellos a tasas que fluctuaban entre el 101 por ciento y el 500 por ciento, detectándose dos productos para los cuales la sobrefacturación alcanzaba a 612,5 y 772 por ciento, respectivamente.

La relación entre mayores tasas de sobrefacturación y capital extranjero era directamente proporcional. Por ello, los productos que presentaban tasas entre el uno y el 30 por ciento eran importados por 13 laboratorios nacionales y 6 extranjeros; en cambio los productos que presentaban tasas de sobrefacturación superiores al 100 por ciento eran importados por laboratorios extranjeros y sólo dos nacionales. La relación es evidente. 

Una situación muy similar a la anterior –en lo referente a la existencia de formas de sobrefacturación– se da en el caso de las regalías o royalties. El royalty es el pago que se efectúa a cambio de una determinada tecnología, ya sea bajo la forma simple de autorización para su uso o de la asistencia técnica necesaria para utilizarla. La existencia del royalty legitima la remuneración a la tecnología en abstracto. 

Esto origina formas de sobre facturación como el hecho de que se firmen contratos de royalty entre unidades de un mismo conglomerado; por ejemplo entre una subsidiaria y su casa matriz. En este caso, el monto del pago en su totalidad significa remisión de utilidades, puesto que, en los hechos el conglomerado se está cobrando a sí mismo el valor imputado a la propiedad de una determinada tecnología. Además, y esto válido para el pago de royalties, entre cualquier tipo· de empresas, el hecho de que cada tecnología sea única, y que por lo tanto las posibilidades de valoraciones comparadas entre ellas sean casi nulas, implica un margen muy amplio de libertad en la fijación del monto de los pagos a la empresa que autoriza el uso de la tecnología, es decir, se imponen precios de monopolio. 

Por lo tanto casi no existe la posibilidad de establecer, en el caso de cualquier royalty, qué proporción de él corresponde al supuesto valor de la tecnología, calculado en forma estricta, y qué parte se explica como sobrefacturación. 

Finalmente está el hecho de que no todos y ni siquiera la mayoría de los contratos de royalty significan una verdadera incorporación de tecnología (cuestión que deben tener muy presente los que pregonan las "amplísimas facilidades" del "mundo industrial moderno"), representando en muchos casos sólo la autorización de usar una marca de fábrica, modelo o diseño de un determinado artículo e incluso el uso del envase de éste. En este caso, desde la perspectiva del pago de tecnología, el royalty en su totalidad significa sobrefacturación, puesto que el valor de la tecnología incorporada es nulo. 

Esta importante veta exploratoria comenzó a ser utilizada de manera intensiva por el imperialismo al momento de pretender el control definitivo del aparato industrial de nuestra economía. Este proceso que, según dijimos en el número anterior, se inicia en la década de los 50, requería del mecanismo del licenciamiento como eficaz instrumento de medición de los mercados y como primer paso en el control de las empresas. 

Así es como se da el hecho de que, habiéndose iniciado apenas 15 contratos de regalías en todo el período anterior a 1950, sólo entre 1951 y 1960 se iniciaron 239 contratos y entre 1961-1969 se iniciaron 525 de ellos.

De estos contratos, la gran mayoría se originaba en el sector industrial, correspondiendo a él el 92 por ciento del monto total de pagos que por concepto de regalías se efectuaron en 1968 y el 91,2 por ciento de los que se efectuaron en 1969. 

Cabe destacar que por este solo expediente el imperialismo se llevó de nuestro país en 1968 la friolera de 6 millones 564 mil 618 dólares y 4 millones 821 mil 301 durante 1969. (Datos que se encuentran en "Algunos antecedentes sobre concentración, participación extranjera y transferencia tecnológica en la industria en Chile"; Memoria para optar al título de Ingeniero Civil Industrial, Universidad de Chile, 1970, de Eduardo Acevedo y Héctor Vergara).

Un par de botones

Analizando los casos de algunas empresas cuyo capital social es mayoritariamente controlado por el capital extranjero, se pueden comprobar fácilmente situaciones como las que planteábamos antes. 

Un excelente ejemplo lo proporciona la empresa Cobre Cerrillos S. A. Esta empresa pasó en 1967 a ser controlada por Phelps Dodge Corporation, "una de las tres grandes productoras de cobre de EEUU", según se anota en la la memoria anual de la compañía. En ella se señala también que Phelps "adquirió una participación mayoritaria" y que ella está representada por el 61,42 por ciento de las acciones. 

La intención de Phelps Dodge en esta operación era, obviamente, no dejar todo el mercado a su gran competidora internacional. General Cable, que en Chile actuaba a través de MADECO, empresa que controlaba. 

La relación de control y la utilización de los mecanismos de remisión de utilidades que antes describimos, están expresadas en el hecho de que, inmediatamente en 1967, Cobre Cerrillos contrató un royalty con Phelps Dodge International Corp., el cual en 1970 representaba un total remesado (1967-70), de 311 mil 630 dólares. Al momento de comenzar a operar el royalty con Phelps Dodge, operaba ya un contrato en este mismo sentido con N. V. Pope 's Droad en Lampen Fab. de Holanda el cual fue finiquitado en 1968, quedando Phelps como único controlador. Lo que interesa destacar, en el sentido de apreciar la situación de explotación que esta relación conlleva. es el hecho de que al comenzar a operar el royalty con Phelps (1967), el monto del pago remitido a esta empresa (22 mil 646 dólares) ya doblaba al de N. V. Pope 's (11 mil 333 dólares) y en 1968 ya lo decuplicaba (10 mil 066 dólares de Pope's en relación con 103 mil 834 que se llevó Phelps el mismo año), 

Por ello es que Cobre Cerrillos, al solicitar en 1968 la autorización oficial para su contrato de royalty con Phelps Dodge International Corp., afirmaba en su solicitud que no la ligaba con ésta ninguna relación directa, sólo "indirecta a través de Phelps Dodge Corporation, accionista de Cobre Cerrillos S. A.". La licencia fue aprobada. 

En estrecha relación con la dependencia tecnológica está, según vimos antes, la dependencia comercial con la casa matriz que provee las maquinarias, equipos y materias primas especializadas que expresan la tecnología anterior. Es por esta razón que una empresa controlada por el capital extranjero necesariamente presentará una estructura de importaciones altamente concentrada y en la cual la casa matriz u otra subsidiaria de ella será la principal proveedora. 

Exactamente ésta es la situación de Cobre Cerrillos, que en 1968 compró insumos a 23 empresas por un monto total de 286 mil 312 dólares. De este monto, sólo cuatro, el 17 por ciento del total de proveedores, se llevaba el 86 por ciento del total de pagos y sólo uno proveía el 60,5 por ciento del total de Importaciones de la empresa.

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Las reivindicaciones de los obreros textiles.
Las reivindicaciones de los obreros textiles.

Como resulta obvio suponer, esta proveedora "estrella" no era otra que... Phelps Dodge Copper Corp., que vendió a Cobre Cerrillos materias primas, repuestos y equipos por un valor de 173 mil 328 dólares. Cabe destacar que Phelps Dodge Cooper (otra subsidiaria de Phelps Dodge Corp.) era la única abastecedora simultánea de los tres rubros de importación de Cobre Cerrillos, lo que revela el carácter tecnológicamente dependiente de ésta respecto de su empresa matriz. Esta evidencia se destaca más aún al constatarse que Phelps Dodge proveyó durante ese año (1968) el 91,73 por ciento de los repuestos y el 99.68 por ciento de las importaciones de equipos. 

Esta situación de control y explotación se presenta también en las empresas cuyo capital accionario no es controlado mayoritariamente por las empresas imperialistas.

El caso INSA

Tal es el caso -para citar también sólo un ejemplo- de Industria Nacional de Neumáticos S. A. (INSA), cuyo capital social es controlado sólo en un 36,67 por ciento por General Tire International Corporation, según consta en una declaración jurada presentada por INSA al Banco Central en noviembre de 1969. General Tire International es subsidiaria de General Tire y Rubber Corp. una de las empresas más grandes del ramo en Estados Unidos y el mundo. 

INSA mantiene sólo un contrato de royalty con empresa extranjera y ésta, desde luego, es General Tire International, a quien remitió por este concepto en el periodo 1968- 1970 la cantidad de un millón 762 mil 100 dólares, 

En cuanto a la composición de las importaciones, la situación es también similar. De un total de 7 millones 170 mil 289 dólares pagados en 1968 a 92 empresas abastecedoras, sólo siete de ellas se llevaron 5 millones 512 mil 014, es decir el 78,9 por ciento; y a sólo una correspondieron 2 millones 90 mil 249 dólares, vale decir, el 29,2 por ciento del total. Esta última no era otra que General Tire International, cuya importancia en el orden de la subordinación tecnológica a que somete a INSA no se destaca, sólo por el hecho de abastecer casi en una tercera parte el total de sus insumos, sino que, además, por abastecer, entre estos insumos, el 68,72 por ciento de los equipos (153 mil 990 dólares sobre un total de 224 mil 063) y el 62,25 por ciento de los repuestos (184 mil 908 dólares sobre un total de 283 mil 355). 

Estas son, pues, expresiones concretas de la dependencia tecnológica, no fórmulas académicas ni declaraciones de principios. Y ésta es la situación estructural que defienden quienes, como el senador Fuentealba y su "equipo técnico", exigen el aprovechamiento de "las amplísimas oportunidades que ofrece el mundo industrial moderno". Esas amplísimas posibilidades no son otras que la orientación de nuestro crecimiento económico (a través de la transferencia tecnológica) en función del desarrollo de los conglomerados trasnacionales y no del interés nacional. Esas mismas "posibilidades" son también los innumerables mecanismos ocultos de extracción de excedentes desde nuestra economía, que provocaron una descapitalización creciente y nos han condenado a vivir pidiendo prestado a las potencias imperlallstas lo que sus mismas empresas nos arrebataban. 

Esta situación, mal que les pese a la DC, al senador Fuentealba, a su equipo técnico y a toda la burguesía chilena, sólo se rompe sobre la base del esfuerzo de trabajadores y técnicos chilenos, que comienzan a elaborar sustitutos a la tecnología que nos legó el imperialismo y también abriendo las fronteras económicas hacia lo que el senador llama "mercados cautivos" de la Unión Soviética, es decir, hacia el bloque socialista. En esta tarea constructora de una economía verdaderamente progresista y libre, los trabajadores chilenos, ténganlo por seguro los socios del imperialismo, no cejarán un solo segundo. 

(*) Economista, investigador del Centro de Estudios Socio-Económicos, CESO, al escribir este artículo, publicado en la revista Chile Hoy el 28 de enero de 1973.

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