Estamos donde tú estás. Síguenos en:

Facebook Youtube Twitter Spotify Instagram

Acceso suscriptores

Viernes, 18 de Junio de 2021
Columna de opinión

“Los Naruto”: La estrategia de Jiles de atacar a la élite mediante conceptos populares que ignoran (aunque ella tampoco los maneje)

Fabián Barría González (*)

"No es sólo Diego Schalper, la misma Pamela Jiles no tiene idea de si es Naruto o los Naruto, en plural. Menos sabe sobre el enigma de correr con los brazos hacia atrás o algún otro secreto ninjutsu. Se trata de lanzar un referente exótico, un crossover, un cuento desconocido para la élite pero masivamente conocido por el pueblo, para, básicamente, dejarlos de giles".

Las mejores plumas de la plaza pública derraman tinta para descifrar al personaje Pamela Jiles. Sesudas columnas y podcast tratan de explicar lo que denominan un “fenómeno populista”. Estos alcanzaron su peak más bizarro con Diego Schalper hablando sobre las implicancias simbólicas de Los Naruto; intervenciones que dieron jugoso material para las más prestigiosas páginas de memes.

Pero hablemos en serio. No es sólo Schalper, la misma Jiles no tiene idea de si es Naruto o los Naruto, en plural. Menos sabe sobre el enigma de correr con los brazos hacia atrás o algún otro secreto ninjutsu, conceptos propios de este animé, probablemente el más popular entre la juventud chilena actualmente. Tampoco es que Pamela Jiles tenga un ejército de otakus (aficionados al animé y mangas) ni al movimiento queer (quienes cuestionan los roles de género) asediando la política. De hecho, sobre todo para el lolerío, la Pamela Jiles es, a lo más, una señora boomer (adjetivo despectivo para personas nacidas en los sesenta), algo delirio, que produce un poco de cringe (vergüenza), pero que en ningún caso concita mayor compromiso militante o gravitación en sus vidas. 

El grupo de adherentes, que yo más bien denominaría un fandom (fans) tardío, es igual de boomer y se combina con parte de la llamada nueva clase media o clase popular con sello clase media, quienes muy probablemente tampoco siguieron la serie, pero entienden las referencias narutianas, porque sus hijos, sobrinos, porque sus nietas en la casa, porque las mochilas, porque el videojuego, porque los cuadernos y las poleras, porque los niños corriendo con las manos hacia atrás en la calle, porque la crianza tablet animé, etc están impregnadas de monos chinos. 

Es decir, no se trata de la trágica vida del huérfano Uzumaki Naruto, se trata de lanzar un referente exótico, un crossover, un cuento desconocido para la élite pero masivamente conocido por el pueblo, para, básicamente, dejarlos de giles (¡ja!).  Giles porque no tienen idea de “algo tan básico”, y el fandom sí. Esa es la talla. El insulto es no conocer el código. Esa es la reafirmación: ustedes no entienden todas nuestras interacciones familiares y cotidianas empapadas de Naruto. El chiste refuerza la complicidad y la diferencia.

En otras palabras, el genjutsu de Pamela Jiles, su técnica ninja usada para confundir la mente del enemigo con ilusiones, su forma de pelea es como la de Kirby o más preciso aún, como Norimaro (personaje del juego Marvel Super Heroes vs. Street Fighter). Lo que hace es lanzar objetos random al enemigo, objetos que probablemente ella tampoco entiende, porque es igual de cuica que los otros, y que por su sola reacción de ignorancia quedan en ridículo. Allí está la acción: hoy es Naruto, mañana puede ser Chayanne.

Y lo mismo pasa con la denominación Abuela. Refinados columnistas ponen a disposición sus años de erudición y trabajo académico para dar con una buena explicación. La historiadora conservadora Josefina Araos, por ejemplo, trata de conectar a la Abuela con un cierto lugar simbólico latinoamericano o el histórico Manuel Cabieses, contribuye con una genealogía abuelística hasta Elena Caffarena, y así como otras tantas aplicaciones de manuales de ciencia política y la sociología - todas muy interesantes por lo demás- pero que no logran entender que la talla Abuela-Nietitos esconde el mismo sordo secreto de Naruto: reforzar la complicidad a partir del aturdimiento, dejando a la élite, a la academia, a la clase política a los cuicos como longis. 

Vamos unos años hacia atrás, la Abuela (apodo que irritaba en serio a Pamela Jiles) y el Abuelo, Ítalo Passalacqua (QEPD, el ÚNICO abuelo), eran personajes del masivo inframundo de la farándula, por lo demás, bautizados por Felipe Avello. Personajes en una época en que Primer Plano, SQP, Intrusos, etcétera eran lo más parecido a la ekklesia para el demos. Época en que el espacio público para la política era completamente negado al pueblo por diseño, orden e implementación directa de la Concertación y la derecha. Tiempos en que la política era para los políticos y la farándula para las masas.  

A qué es lo que quiero llegar: la relación Abuela - Nietitos, lo que representa y donde Pamela Jiles es un elemento accidental, no la entienden quienes formaron y forman parte del abúlico circuito cerrado de la cultura elitaria, de los que no veían ni ven televisión abierta porque la encuentran cuma. Y no la entienden porque no estuvieron allí, viendo la Tiendita de SQP, porque no pasaron los veranos acompañados por la tele, bancándose las más sabrosas menudencias del Festival de Viña a través de SQP ni esperando para ver quién iba a ser rey o reina. Por eso, insisto, la talla, el insulto, la afirmación, sigue siendo esa. Ustedes no estuvieron ahí, no entienden, hay algo que no saben, no saben lo que significa, nosotros sí sabemos y por eso no solo nos dan rabia, también risa.

A juicio de quien suscribe, el fenómeno de Pamela Jiles, no se trata en el fondo de una forma real de articulación política populista; adjetivo que a estas alturas más encubre que descubre y en el mejor de los casos, es un reconocimiento sofisticado de flojera analítica. Lo relevante es la acción impugnatoria, insultante y vengativa contra la élite donde Pamela Jiles es simplemente el medio.

Mientras las masas ven a una señora de la tele dando jugo y hacen catársis con el spinoff hiperrealista de SQP en plena pandemia, la elite aturdida  y sin saberlo, se sumerge más y más en la talla, desatando las carcajadas de la audiencia. En esa clave Gabriel Boric o Paula Narváez, en su intento de cuidar el decoro y las formas de la democracia, hacen exactamente lo mismo que Shalper sólo que en otra dosis.

Una frívola venganza, una tragicomedia, que es lo que queda frente a la indolencia de los políticos profesionales cuando la protesta callejera está suspendida. Y tampoco me parece adecuado tratarlo de un fenómeno populista porque confío demasiado en esa capacidad chilena deliberada y lúcida de bastardear todo, cualidad incompatible con fenómenos populistas, al menos en este período. 

Lo novedoso, la premisa, la noticia, es que el pueblo politizado por SQP, que ya asomó tras el ciclo de protestas del 2011 coincidiendo con el declive de los programas de farándula e impulsados con la fuerza de Octubre 2019, irrumpe e inunda el soso espacio público que ofrecía la pax neoliberal. Y entró con sus códigos, con las claves culturales pop-plebeyas que tienen girando en círculo a la bienpensante política transicional.

Y ese pueblo consigue cosas y se sigue politizando a la suya sin las formas ni los referentes ni las organizaciones tradicionales. Ese es el punto de partida para no quedar perplejos, para reconstruir la política plebeya independiente entre el delirio boomer oportunista de la Abuela y el conservadurismo cobarde del progresismo incapaz de expresar la impugnación en curso. 

Y por último, no quiero terminar el texto sin dejar enunciado que el elemento más profundo y explicativo entre Naruto y la Revuelta de Octubre son los incontables niños y niñas, jóvenes, que espontáneamente salieron a marchar con el cosplay de Akatsuki. Allí, entre la renegación hacia la aldea ninja, la infancia trágica y la venganza, hay una verdad genuinamente profunda por develar.

(*) Fabián Barría González es abogado e integrante del equipo editorial de Revista Heterodoxia.

Ya que estás aquí, te queremos invitar a ser parte de Interferencia. Suscríbete. Gracias a lectores como tú, financiamos un periodismo libre e independiente. Te quedan artículos gratuitos este mes.

Comentarios

Comentarios

Iba todo bien, hasta que: "porque la crianza tablet animé, etc están impregnadas de monos chinos." Todos los animé de los que escribe son "japoneses" no monos chinos... ahora quedó como "lagi"

Héctor: Debiera leer de nuevo el párrafo, quizas entendería porque el autor dice eso.

...hola..me agrada las diferentes opiniones y puntos de vista con los cuales informan...

Excelente mirada desde una perspectiva distinta. Entrega elementos que explican el fenomeno Jiles desde el acontecimiento y no desde lo politico reduccionista. Para tener en perspectiva. Gracias por publicarlo en interferencia

Sensato, inteligente y revelador... Quienes no conocemos a Naruto y nunca vimos SQP entendemos que Pamela Jiles tampoco tiene contenido en la trivia y los códigos que pretende representar. Es importante destacar que este artículo fue escrito ANTES de las elecciones. Al final todo esto fue solo "una señora de la tele dando jugo

Añadir nuevo comentario