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Viernes, 22 de marzo de 2019
Documental “Al fondo, a la izquierda”

MEO: “Hay una crisis evidente del presidencialismo en América Latina"

Isabel Reyes B.

INTERFERENCIA tuvo acceso al documental dirigido por Marco Enríquez-Ominami que a través de cinco entrevistas a líderes regionales, propone una reflexión del déclive de la izquierda. Aquí algunas conclusiones.

Dos años de rodaje para un documental que fue estrenado esta semana en Alemania, Austria, Bélgica y Francia. A la cabeza junto al director Rodrigo Vazquez y en coproducción con la firma francesa Cinétévé, Marco Enríquez-Ominami (MEO) busca generar una reflexión  crítica tras la derrota de la izquierda en América Latina, de la voz de cinco líderes.

En cámara, MEO camina por las calles de Chile, Bolivia, Brasil, Uruguay, Venezuela, Cuba y Bélgica, conversando con ciudadanos de cada país. Pero lo central del documental son las cinco entrevistas que realiza: Dilma Rousseff, Evo Morales, Nicolás Maduro, Rafael Correa y José Pepe Mujica.

Todos, desde su posición, evalúan y buscan la razón del actual momento que se vive en la región donde la derecha y la extrema derecha, en unos casos, ha ido acaparando territorio.

“Cuando Evo Morales dice 'el socialismo con capitalismo de Estado' pero a su vez para él es fundamental 'el líder' incluso más allá de lo colectivo, o cuando te enfrentas a Correa que te dice que la verdadera batalla es el capitalismo al servicio del sujeto y no al revés, o Dilma que te dice que no es verdad el antiimperialismo, me parecen que eran elementos originales. Lo que más me parece un aporte es ver a grandes líderes que liberen la palabra de otro modo, menos discursivo”, dice MEO.

INTERFERENCIA tuvo acceso exclusivo a la cinta audiovisual que, en voz de MEO, espera sea estrenado en Chile dentro del próximo mes. 

Uno de los objetivos del documental era representar el declive de la izquierda en América Latina. ¿Qué conclusiones saca después de estos dos años de rodaje?

Más que representar, es reflexionar acerca de las causas que explican el declive de la izquierda en cuanto a lo electoral. Las conclusiones son todas diversas porque son siete países, cinco presidentes y en cada uno de ellos da una explicación distinta. Pero en general, lo que me parece a mí en resumen muy rápido es que es evidente que hay una súper derrota electoral de toda la izquierda, salvo excepciones, que en general la derecha encarnó mejor el cambio que la izquierda.

Las nuevas capas medias también representan nuevos desafíos y la izquierda a mi juicio no supo hablar con ellos. En Argentina, en Paraguay, en Brasil, las capas medias votaron más bien por la derecha, en las segundas vueltas. En Chile también. Creo que la gran tragedia de la historia es que fuimos esa tradición política cultural ejemplar en su capacidad de reducir la pobreza y fue menos ejemplar en el tema de la desigualdad, en la institucionalización y entender en qué las demandas de la clase media son muy distintas a las demandas de los más pobres. 

"Son caudillos no son presidentes. Los jefes de Estado son jefes de gobierno y de coalición. En cualquier democracia evolucionada se divide el poder, aquí no, aquí se concentra".

En su conversación con Rafael Correa, usted reconoce en un minuto que el fracaso de la izquierda puede ser la falta de instituciones sólidas. ¿Por qué?

Efectivamente lo que pasó en Brasil, lo que pasó en Paraguay, lo que está pasando en Venezuela, lo que pasó en Ecuador es la prueba de la falta de institucionalidad. Es muy raro que, en tres horas de audiencia en Brasil, un país de 200 millones de habitantes, le revoquen el mandato a una persona que tuvo millones de votos. Es una anomalía institucional que sea capaz de revocarse un mandato con esa velocidad.

Lo segundo es que todo lo que hizo la centro izquierda -que fue la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que se demoraron 15 años en construirlo- con dos años de gobierno de derecha, se acabó. La Celac no existe políticamente, ya perdieron los pocos valores y funciones que tenían. Esa es la prueba que no fue bien institucionalizado todo.

Hay una crisis evidente en América Latina de presidencialismo. Son caudillos no son presidentes. Los jefes de Estado son jefes de gobierno y de coalición. En cualquier democracia evolucionada se divide el poder, aquí no, aquí se concentra. 

En la entrevista con Maduro, cuando usted le pregunta por qué no es una dictadura, él le responde porque tiene pueblo, instituciones, entre otras cosas. Hablando de la importancia de la institucionalidad ¿Qué opina usted respecto a Venezuela?

El documental no está para poner nota sobre las democracias de los países. En general creo que las democracias latinoamericanas son democracias frágiles, débiles. No son democracias sólidas. Hay serios problemas de uso y abuso de las comparaciones en cuanto a su riqueza, en materia de debate democrática, de financiamiento a la política, de la separación de poderes, del rol de la justicia, de los medios de comunicación. En general no tenemos mucho que enseñar en materia democrática. El documental muestra estas debilidades. 

Las cinco conversaciones mencionan de alguna manera, la importancia de un líder ¿Ha sido así en la historia de la izquierda latinoamericana?

El problema es por falta de institucionalización, pero también por los liderazgos, por caudillos, porque efectivamente el tema de la sucesión es un trauma. Mira la de Lula con Dilma, la de Fidel Castro con Raúl Castro, la de Chávez con Maduro, la de Correa con Lenin Moreno, la de Bachelet con Bachelet, que no encontró sucesor nunca. Creo que quizás es porque finalmente la izquierda defiende valores, lo que es mucho más difícil que defender intereses.

La derecha defiende intereses. En la derecha da lo mismo si a Macri lo sucede, voy a inventar, Piñera o a Piñera lo sucede Macri, da lo mismo porque ellos defienden intereses. Son de un pragmatismo económico, esa es la crítica que hago a la derecha.

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Documental "Al fondo, a la izquierda"
Documental "Al fondo, a la izquierda"

En una de las tomas en la favela, uno de los entrevistados dice que el problema es que no hay una diferenciación entre la izquierda y la derecha. Usted habla que es necesario pactarse, ¿Puede ahondar en esa idea?

Son dos cosas. Pusimos este lado social en Jacarezinho, una favela de las más grandes. Y el tipo me dice una cosa súper interesante que es ruptura, nada de diálogo. Dice que la izquierda tiene que tener más identidad. Maduro es un liderazgo de ruptura, donde no se hay consensúa, bueno y mira lo poco consensual que es el personaje.

"Creo que la izquierda vive todo el día entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad".

Se castiga fuertemente la capacidad de dialogar de pactar en la izquierda, no en la derecha.

Te acusan de vende patria. Hay algo que está en la esencia de la política, la política básicamente acordada, a partir de una identidad.

Creo que la izquierda vive todo el día entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. En eso hay una dificultad muy fuerte en la izquierda porque se nos pide en la mañana ser extremadamente identitario, y por la tarde también te piden que seas capaz de dialogar con el parlamento, con la oposición.

Está ese doble juego y a mi juicio se resuelve la ecuación de una manera súper simple: ¿Pactar para qué? Si es pactar para privatizar el agua, es un error. Pero si es pactar para que la educación pública sea gratuita, yo estaría dispuesto a pactar. La pregunta que se perdió en política es el para qué de las cosas. 

¿Cómo se vive el cambio de ser político a cineasta, documentalista?

En un medio alemán recordaron que yo había entrado a la política a través de un documental, en el 2003 que se llama "Chile, los héroes están fatigados".

Mi oficio es ser director, lo he sido desde los 20 años, lo he hecho toda mi vida, incluso como diputado dirigí dos películas un corto documental y un largometraje. Es mi oficio. De algún modo es volver a mi oficio.

Mucha gente se olvidó que yo era director porque son tres campañas presidenciales por lo que probablemente la gente recuerda más mi condición presidencial que la de director.

Es como un lujo lo que he podido hacer, porque todos los demás proyectos son de actualidad y son sociales, son de reflexión. Es un lujo porque hago política de otra manera. 

Al ver algunas tomas del documental, más allá de las entrevistas, uno puede asemejarlo al formato de propaganda política ¿Cómo se despega este documental de la propaganda?

No te voy a mentir, fue bien difícil con los productores, con los distribuidores, exhibidores. Fue un tema. ¿Cuál era mi rol dentro de la película?

Discutimos en un momento que yo no estuviera en cámara. Y al principio algunos dijeron lo mismo: ¿Qué hacemos para que esto no termine siendo un spot? Daba lo mismo si yo estaba o no estaba porque eso se logró, que se produjera una reflexión.

Cuando decidimos sacarme, era deshonesto. Qué más transparente que yo esté en cámara. Se ve en la manera que me saludo con cada presidente. No es un periodista, por ejemplo, quien pide una entrevista. Es un compañero a veces, un amigo, un militante, un admirador, a veces un crítico. Pero es un hombre de izquierda. Entonces era como "mire conversemos entre nosotros", sin discursos para la galería.

Eso fue lo que los franceses y alemanes aceptaron. Mi rol adentro de la película fue porque se dieron cuenta también que, si yo no estaba, lo digo con mucho respecto, no se habría dado esa confianza. Ellos no negaban que perdían, lo reconocían. Por ejemplo, Dilma hace una cosa bien brutal, reconoce la derrota.  

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