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Miércoles, 20 de enero de 2021
Plaza Italia en su día más masivo

Piñera mantuvo silencio en el 6° día de manifestaciones, las que ignoraron su propuesta de ‘agenda social’

Víctor Herrero A.
Lissette Fossa

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Créditos: Camila Higuera
Créditos: Camila Higuera

También el mundo político pasó por alto sus anuncios y se enfrascó en peleas ideológicas. Recién el miércoles 23 de octubre comenzaron a surgir en la oposición voces criticando la fuerte represión, las que se asemejan en víctimas y duración a las más crudas protestas de 1983. Los gestos de unidad ‘institucional’ de los días anteriores quedaron atrás.

Tras anunciar una serie de bonos y subsidios el martes 22 de octubre en la noche, en un intento por apaciguar los ánimos de cientos de miles de manifestantes en todo el país, el miércoles 23 se produjeron las manifestaciones más masivas en contra del gobierno de Sebastián Piñera desde que estallaran las protestas sociales el pasado viernes 18 de octubre.

Sin embargo, y pese a que estas jornadas de protestas están transformando esta semana en la más negra de la política chilena desde la dictadura de Pinochet, el mandatario decidió mantener silencio y no dirigirse al país. En los días anteriores, cada intervención de Piñera produjo un aumento del descontento, con marchas más multitudinarias cada vez y cacerolazos más intensos desde Arica a Punta Arenas.

La llamada agenda social que el gobernante propuso al país la noche del martes -que, en esencia, consistió en una paquete de bonos y subsidios, que es una mezcla de iniciativas actualmente en discusión y anuncios típicos estilo 21 de mayo- fue ignorada casi por completo, tanto por la ciudadanía como por la oposición en el Congreso.

De a poco algunos sectores de la oposición se están poniendo al día con las reivindicaciones de los manifestantes, que no sólo piden la renuncia del ministro del Interior, Andrés Chadwick, sino la del propio presidente Piñera, además de cambios estructurales a un modelo económico que ha precarizado las condiciones de educación, salud y, desde luego, el sistema de pensiones, y que permite cientos de abusos cotidianos.

Guillermo Teillier, diputado y presidente del Partido Comunista (PC), afirmó ayer que su conglomerado está preparando una acusación constitucional en contra de Piñera o Chadwick debido a la decisión de decretar estado de emergencia por las protestas y enviar a las Fuerzas Armadas a controlar el orden público. "Resulta que hay ya a estas alturas 18 muertos en Chile, hay muchos heridos, muchos detenidos", afirmó el dirigente comunista, según consignó la Radio ADN. "Y aún no se sabe la identidad de muchos de ellos".

El senador Juan Antonio Coloma criticó los dichos del comunista. "Cuando se le pide la renuncia al Presidente, se pide terminar con el sistema democrático, eso es muy fuerte, es algo que ha costado mucho construir", afirmó el militante de la UDI que respaldó la dictadura y el legado de Augusto Pinochet hasta el día de hoy. 

El diputado del Frente Amplio, Renato Garín, en tanto, sostuvo en una intervención en la Cámara que el gobierno se había equivocado jurídicamente a la hora de decretar el Estado de Emergencia, abriendo también una puerta legal a una acusación constitucional. Esto, porque los decretos del gobierno dejan la actual situación en un limbo entre el Estado de Sitio y el Estado de Emergencia.

Así, nadie en el Congreso se dedicó a analizar las propuestas de la agenda social anunciada por Piñera. Más bien al contrario. Las acusaciones de lado a lado fueron la tónica del día, en un claro reflejo de cómo -en sólo una semana- el llamado consenso chileno se derrumbó.

El enemigo interno: la izquierda

Tras el desafortunado discurso de Piñera del domingo en la noche, en el que culpó a enemigos internos no identificados de la crisis social, ayer varios parlamentarios de derecha salieron a ponerle nombre y apellido a quienes antes sólo habían sido identificados como “delincuentes y vándalos organizados”.

"El Partido Comunista prácticamente desde el día uno de esta crisis ha pedido la renuncia del presidente, [para] descabezar a las autoridades en una lógica absolutamente antidemocrática", afirmó el diputado de la UDI, Javier Macaya, en una entrevista a TVN anoche. "Cuando parlamentarios del PC y del Frente Amplio participan en la incitación al odio y la violencia al interior del propio Congreso, es evidente que son más parte del problema que de la solución".

Cuando el diputado Macaya habló de la "violencia al interior del propio Congreso", se refería a un episodio sucedido ayer en la Cámara. La legisladora Pamela Jiles encaró con una pancarta al ministro Chadwick que había llegado al Congreso para dar cuenta de los últimos sucesos. Haciendo una mueca de sonrisa frente al afiche que mostraba el número de muertos, heridos y detenidos desde el inicio del toque de queda la noche del sábado, Chadwick fue increpado por un grupo de mujeres congresistas de la oposición, mientras que otro grupo de diputadas, pertenecientes a la derecha oficialista, rompieron los carteles.

"Podemos tener discrepancias, podemos tener diferencias, pero si hay algo que nos debería unir es rechazar las acciones de vandalismo", afirmó el ministro del Interior antes de que se suspendiera la sesión, insistiendo en la tesis de que delincuentes organizados están detrás de estas movilizaciones.

El senador de RN Manuel José Ossandón, un crítico tradicional de Sebastián Piñera, se sumó ayer a la idea de una supuesta acción coordinada para perjudicar al gobierno. "Son subversivos, arrasan con todo, no respetan a nadie", escribió en su cuenta de Twitter. "Ejercen violencia, rompen y defienden la ideología a punta de golpes; en cuatro días se han manifestado como energúmenos; no aprenden ninguna lección y se ríen en la cara de todos".

Más allá de la postura de la derecha oficialista, lo cierto es que el gobierno de Piñera ha sido el único en 30 años de democracia en decretar de manera masiva el toque de queda en gran parte del territorio. Ello automáticamente equiparó en el imaginario colectivo a Piñera y Chadwick a la par de Pinochet.

De hecho, ayer se cumplieron seis días consecutivos de protestas a nivel nacional, superando las jornadas más masivas durante la dictadura que, en septiembre de 1983, duraron cuatro días. Dichas jornadas en plena dictadura finalizaron con 15 muertos, 400 heridos y 600 detenidos. 

Las de octubre de 2019, en una época de los tiempos mejores que prometió Piñera en su campaña, ya suman 19 muertos, 535 heridos y 2.410 detenidos, hasta las diez de la noche del día de ayer.

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