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Lunes, 21 de octubre de 2019
Homogenización cultural

Por qué restoranes, pubs, bares y cafés tienden a ser cada vez más similares

Ricardo Martínez

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Sillas Tolix, a la venta en tienda virtual de Sodimac
Sillas Tolix, a la venta en tienda virtual de Sodimac

Es notorio que los locales de entretención disponen del mismo tipo de sillas, del mismo tipo de luces, del mismo tipo de vasos y del mismo tipo de diseños de los textos de los menús, los carteles y los murales. Acá, cuatro ejemplos de ambientaciones tan exitosos como lesivos de la diversidad cultural: las sillas Tolix, el lettering, las pintas de cerveza y las luces Edison.

Hace cuatro años circuló en la red una foto acompañada de un test. La foto mostraba el interior de un bar con sillas de madera antigua/moderna, un cartel escrito con un texto que simulaba la escritura a mano (lettering) circundado por carteles antiguos de publicidad de fines del siglo antepasado o inicios del siglo XX. Los dos parroquianos que estaban sentados en la mesa principal parecían estar libando unas haze IPA, un tipo de cerveza hípster de moda desde entonces, en sendas pintas, esos vasos de forma de cono truncado que parecen ser el estándar en estos tiempos.

La publicación de Conde Nast, preguntaba a continuación dónde estaba ubicado dicho bar: (a) Portland, (b) Williamsburg, o (c) Estambul. La respuesta era c, la ciudad turca. Ante la sorpresa la publicación se largaba en una extensa explicación acerca de la brooklynización del mundo, esa tendencia de esta década de que todos los restoranes, bares, pubs y cafeterías sigan al pie de la letra un manual de diseño y estilo homogéneo, y con pretensiones vintage y rústicas falsamente, basadas en las líneas de fuerza que emanan de Brooklyn en Nueva York.

El arquitecto español Juan Esturao declaraba en un reportaje para El Comidista del diario El País en España hace un par de semanas que esta tendencia está fomentando la aparición de "locales piloto” que conforman una especie de “franquicia invisible” en que todos los sitios de restauración siguen las mismas normas. A tal punto llega eso que a veces en realidad se trata de “franquicias tapadas”, como las poderosas cadenas de pubs ingleses y escoceses como Greene King o Nicholson’s, que se las arreglan para no aparecer como la franquicia que en realidad son, evitando la ostentación de marca de cadenas explícitas como Ruby Tuesday o Friday’s.

En este contexto de pérdida de diversidad se puede reparar en algunos de los elementos que se repiten de bar en bar a lo largo de la ciudad y que reducen la cultudiversidad, la diversidad cultural, espacial y citadina de la oferta de esparcimiento.

Las homogéneas sillas Tolix

En Inglaterra bien puede hacer la temperatura más alta de la historia, como en julio recién pasado, y a los minutos largarse una lluvia torrencial. En ese contexto de alto estrés climático, las sillas que se ubican en los exteriores de muchos pubs tienen que ser a prueba de todo. Y para ello están las sillas Tolix.

"Esa silla clásica, favorita de cafés y cocinas retro de todo el mundo, fue diseñada en 1934. Estaba destinada a estar afuera en todos los climas, por lo que hay agujeros en los asientos, para permitir que la lluvia se escurra. Pero los dueños de los cafés se quejaron rápidamente de que las sillas no se apilarían adecuadamente y [Xavier] Pauchard [su creador] tuvo que modificar su diseño. En 1956, finalmente se creó el clásico Tolix. Con su marco más delgado, ahora puedes apilar 25 sillas a una altura de 2,3 metros”, comenta Kate Watson-Smyth, en un reportaje para Independent del Reino Unido en 2011. 

Su clave de resistencia reside en que se trata de una pieza metálica que ha sido sumergida en zinc fundido lo que le proporciona una fortaleza inusitada ante los vericuetos del medio ambiente y la facilidad de producirse en todos los colores del arcoíris. De ahí su prevalencia en locales de restauración en todo el mundo, incluso en aquellos de climas más amables que los del norte de Francia o de toda Inglaterra, y también en interiores, donde sus agujeros ya no cumplen ninguna función.

La espectacularización del lettering

Otro de los clásicos del diseño y ambientación de locales de comida y bebida son las letras de estilo manuscrito que adornan los carteles –ojalá tipo pizarrón– y los murales de los mismos. Constanza Duarte, diseñadora gráfica de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y aficionada de esta técnica se explaya para INTERFERENCIA sobre su significado: 

“Se podría decir que la base del lettering parte al escribir 'bonito' en pluma o pincel. Para que quede armónico y balanceado se necesita cierto ritmo marcado por la fuerza con que se hacen los trazos hacia abajo (más fuerza con resultado trazo grueso) versus hacia arriba (menos fuerza con resultado de un trazo delgado) siguiendo el orden de la línea continua en la escritura. Ya que ya existe una base considerable de diferentes tipos de caligrafías, las posibilidades son prácticamente infinitas. Porque la idea es luego es desdibujar un poco lo rígido y armonizar hacia la estructura final".

Según Duarte el comienzo de la explosión del lettering al mundo comercial, vino de la mano de tres factores: redes sociales, apreciación de lo 'vintage' en el local millennial -que a la vez parte mediante la gentrificación y reutilización- y una intención de valorización del artesano (fuera del engranaje capitalista).

"En las redes sociales, tipo 2010, cerca del inicio de Instagram abierto a todos los celulares, aparecieron ciertos artistas que lograron una vitrina nunca antes vista. Por ejemplo, Gemma O'Brien (@mrseaves101), quien realiza murales con lettering intervenido con ilustración a escalas impactantes. No pasó mucho tiempo hasta que la llamaron de grandes marcas para hacer piezas exclusivas, logrando una exposición intensa fuera del mundo digital", explica la diseñadora gráfica.

"En el ámbito local por mucho tiempo se intentó revalorizar el arte del cartel a mano de la micro y de la feria. Hasta que a partir de esta confluencia de intereses; una estética vintage y la revalorización de lo hecho a mano, se generó un mercado para la expansión del cartel a restaurantes", agrega. 

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'Lettering' a la chilena
'Lettering' a la chilena

Todo este proceso -según Duarte- obedece a lo que en su día el pensador francés Guy Debord denominó “la sociedad del espectáculo”, donde la vida contemporánea responde en el espacio público más a una puesta en escena y un simulacro que a valores auténticos asumidos con profundidad. La idea es que el espacio de esparcimiento parezca artesanal, más que serlo realmente. 

El ahorro de las pintas

Si un niño o niña acompañaba a sus papás a un restorán en la década de los ochenta era habitual que viera a su padre servirse un schop en burro (el típico jarro schopero con mango y de vidrio labrado con recovecos, de origen alemán) y a su madre una garza (un vaso más alto, delgado y estilizado), habitualmente en medidas de medio litro y un tercio de litro respectivamente.

Hasta mediados de la década pasada estos eran los vasos y las medidas tradicionales para la venta de cerveza. En Santiago de Chile prácticamente solo había un lugar en el que servían la cerveza en otro tipo de vaso: el Bar Basic en Irarrázaval, un local que había sido inaugurado por un par de surfistas californianos que empezaron a promover las pintas (pint, en inglés). Un vaso de forma de cono truncado, sin recovecos, o sea de vidrio plano, y de una solidez, grosor y peso óptimos. Tan innovador y atractivo resultaba el diseño de esos nuevos vasos (para Chile), que se podían comprar los mismos para tenerlos en la casa en el mismo Bar Basic.

Casi al mismo tiempo la cervecería Kross hacía una oferta en la que por la compra de cajas de Stout o Golden, se agregaba una pinta, y muchos pubs se hicieron de sus primeras pintas de esta manera.

Hoy la pinta es el formato estándar en casi todos los locales hípster que venden cervezas sumamente lupuladas y bien cargadas a la “evolución artesanal originada en los Estados Unidos hace tres décadas.

¿Cuál es la razón?

En primer lugar, como se explica en manuales como Running a Bar For Dummies (algo así como: Manual para tontos acerca de cómo administrar un bar), porque la forma de las pintas al igual que la forma de las sillas Tolix, permiten apilarlas con facilidad ahorrando espacio de almacenamiento, y facilitando, por ejemplo, que el garzón pueda regresar a la cocina con una torre de ocho o diez pintas vacías una dentro de la otra. También porque su consistencia y solidez las hacen muy propias para el trajín habitual de un bar. Pero, por sobre todo, porque el término pinta no es en principio el nombre del vaso, sino que el de la medida, correspondiente a un octavo de galón, esto es 473 cc en los Estados Unidos.

Y eso significa un ahorro. Un propietario de un conocido pub en Viña del Mar indica a INTERFERENCIA que el ahorro de 27 cc. en el servido de cerveza de una pinta, contra el tradicional burro de medio litro, corresponde a una ganancia de un 5% por schop. Veinte schops vendidos en pinta equivalen a diecinueve servidos en vaso schopero tradicional. Lo que no es poco.

Y el ahorro de las luces Edison

Un cuarto elemento omnipresente en los locales actuales víctimas o victimarios de esos procesos de homogenización y espectacularización, merced al ahorro de elementos y a elementos ahorrativos, son las ampolletas Edison. Estas ampolletas simulan el diseño y la luminiscencia de las primeras bombillas debidas a Thomas Alva Edison a fines del siglo XIX y producen una luz cálida y casi líquida con visibles resistencias incandescentes en diseños de bulbo muy decimonónicos.

Y acá, una vez más, se encuentra el ahorro entre las causas de su popularidad. Las Edison son luces LED que consumen mucha menos corriente que las tradicionales, al tiempo que disponen de mayor duración, por lo que la cuenta de la luz desciende ostensiblemente en los lugares que las usan, al tiempo que se ven bonitas y dan un toque antiguo y moderno, casi de steampunk (un género literario que mezcla el punk con elementos extemporáneos del siglo XIX).

Visto todo esto, las razones y explicaciones de la homogenización de los restoranes, bares, pubs y cafés, responde no solo a tendencias de estilo, sino que, muchas veces, a requisitos sobre todo de capital.

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