Estamos donde tú estás. Síguenos en:

Facebook Youtube Twitter Spotify Instagram

Acceso suscriptores

Martes, 24 de noviembre de 2020
Especial elecciones de 1970

¿Quiénes fueron los que planificaron el secuestro y luego asesinaron al general René Schneider?

Jorge Schindler Etchegaray (*)

general_rene_schneider._1.jpg

General René Schneider
General René Schneider

Un grupo de ricachones, varios fascistas y ultraderechistas, y un ramillete de matones y delincuentes comunes se congregaron para efectuar una operación destinada a impedir la llegada del doctor Salvador Allende a La Moneda. Como siempre, los principales involucrados huyeron del país y evadieron a la justicia. Más tarde fueron perdonados por la dictadura militar de Augusto Pinochet.

A fines de 1969 se inició la disputa presidencial, que culminaría el 4 de septiembre de 1970. El comandante en jefe del Ejército, general René Schneider, en un informal Consejo de Generales. dio a conocer orientaciones sobre política institucional: el poder militar está sujeto al poder civil y su función es de prescindencia política, conforme a la actitud de no deliberación constitucional.

A fines de 1969, el Estado Mayor de la Defensa Nacional hizo entrega al ministro de Defensa, un documento titulado "Análisis del momento político nacional desde el punto de vista militar". Tras hacer una aproximación a los eventuales resultados de los comicios presidenciales, decía textualmente: "Una vez asegurada la cohesión de las FF.AA, sus comandantes en jefe están en condiciones de garantizar el siguiente rol del poder militar, frente al momento político analizado: 

“Apoyar al candidato triunfante en un proceso electoral completo, sujeto a las normas constitucionales vigentes; y, apoyar firmemente al Poder Ejecutivo actual ante cualquier conato de golpe de estado o de situación anárquica preelectoral' , .

Se detuvo a los conspiradores encabezados por el general Horacio Gamboa. Con él cayeron numerosos oficiales y ex oficiales, incluyendo el teniente coronel Edgardo Fontecilla, contacto entre Gamboa y Viaux. La prueba contundente que delató a Gamboa fue la  posesión de un "Acta Constitucional N° 1", que establece las primeras medidas de un régimen dictatorial.

La llegada del 4 de septiembre sorprendió al país y a la comunidad internacional por el triunfo de Allende. Al interior del Alto Mando del Ejército, se barajó la posibilidad de un Golpe de Estado promovido por Viaux, antes del 24 de octubre (fecha del pronunciamiento del Congreso), que podría terminar en una guerra civil.

El 7 de septiembre Schneider dio a conocer su opinión a los generales de Guarnición y reiteró que, fuera quien  fuera el candidato proclamado por el Congreso, las FFAA. tenía que apoyarlo. 

La tensa espera del 24 de octubre estuvo cargada por visitas de políticos de todas las tendencias al comandante en jefe, quien debía repetirles el apego de la Institución a la decisión del Congreso.

Traición oculta

Con su decisión de aceptar la voluntad del Congreso, Schneider celebró el 19 de octubre el primer año de su comandancia. Esa noche el general ignoraba que uno de los invitados planeaba traicionarlo y participar en una conjura que terminó con su vida tres días después.

La conspiración pretendía secuestrar a Schneider, antes de que el Congreso se pronunciara y conseguir que las Fuerzas Armadas tomaran el poder. Los cálculos fracasaron por la torpeza de los participantes directos, donde no figuraba Viaux. El fiscal que acusó a los implicados los definió: "Eran unos chambones, unos inútiles, no servían para nada...".

Hasta ahora no está establecido quiénes efectuaron los disparos ni qué bala de cuál revólver fue la que acabó con la vida de Schneider.

Los conspiradores se reunían en el domicilio de Viaux en Santiago, en Diagonal Oriente N° 1410; en una oficina que pertenecía a Julio Fontecilla, en  Huérfanos a la altura del 900; en un edificio localizado en Hernando de Aguirre con Providencia; en Príncipe de Gales 6141; en la chacra  Rosa Elena de Las Condes; y, en un departamento del 6° piso de la calle Los  Serenos, aparte de encuentros secretos en automóviles estacionados en sitios poco concurridos.

Aunque  Viaux pretendió negarlo durante el proceso, desde estos lugares se ordenaban los atentados con bombas realizados desde la victoria de Allende en las urnas. Se inventó una organización ficticia, la Brigada Obrero Campesina (BOC), supuestamente de extrema izquierda, que se responsabilizaba de los atentados y se repartieron panfletos hechos en la calle Catedral 1589 y 1900, secretarías electorales en receso después de la derrota de Jorge Alessandri.

Magnates y fascistas

Poco después de los arrestos tras el asesinato de Schneider había unos 200 detenidos. No obstante, la investigación no pudo aclarar algunos claves de la conspiración. Cerca de 50 participantes fueron procesados y encargados reos. Otros varios huyeron del país.

El periodista Edwin Harrington clasificó a los responsables en tres grupos sociales, sicológicos, humanos e ideológicos. El grupo de los “aristócratas” estaba integrado por dos subgrupos: los uniformados y los ultraderechistas convencidos de que el gobierno de la Unidad Popular los haría perder todos sus bienes. Entre los primeros figuraba Viaux, con nombre de batalla "Desiderio”; Camilo Valenzuela, Hugo Tirado, Joaquín García Suárez y Vicente Huerta, además del coronel (r) Raúl Igualt Ramírez, suegro de Viaux; el teniente Sergio Carrera y el capitán Guillermo Jara Llamazares, ambos del regimiento "Húsares'", que fueron condenados por no dar cuenta de planes que conocían e incluso participar en los atentados terroristas o en la planificación del secuestro.

Los otros, los “magnates”, que accedieron a poner dinero, prestar sus fundos para guardar armas, sus automóviles para acorralar al general Schneider en el momento que abandonaba su casa por Martín de Zamora hacia Américo Vespucio y pagaron los abogados, lo constituían Julio Bouchon Sepúlveda, León Cosmelli, Roberto Vinet, Julio Fontecilla, Jorge de Solminihac, Guillermo Carey Tagle, Jorge Arce Brahm y algunos otros.

Un segundo grupo estaba formado por hombres de la derecha fascista, integrantes de un primer grupo de alessandristas nacionalistas, integrantes de Patria y Libertad, gente de Fiducia y otros fanáticos.

Los que tuvieron participación más directa fueron Juan Luis Bulnes Cerda, sobrino del senador Francisco Bulnes Sanfuentes; los hermanos Julio y Diego Izquierdo Menéndez; Eduardo Avilés Lambié; Andrés Widow; Allan Leslie Cooper; Juan Diego Dávila Basterrica; Eduardo Maffei Reyes; Guido Poli Garaycoechea; Enrique Arancibia Clavel; Mario Montes; Abdul Malak Facur; Rafael Fernández Stuardo; Erwin Robertson; y, Nicolás Díaz Pacheco.

Finalmente figuraba el “lumpenaje”, los mercenarios que actuaron por dinero, casi todos con nutrido prontuario penal.

El más evidente fue José Jaime Melgoza Garay, alias" Severino", uno de los tres que disparó sobre Schneider y quien ya a esa fecha tenía una anotación en el Juzgado de Punta Arenas por robo con violencia. Participación principal le cupo también a Luis Gallardo Gallardo, al cual Viaux se refería como "un hombre valioso con buenas ideas". En el juicio salió a la luz su prontuario: "El 29 de mayo de 1952 declarado reo por tráfico ilegal de drogas, en el 2° Juzgado del Crimen; el 23 de febrero de 1959, declarado reo por el delito de hurto, por el Juzgado del Crimen de Valparaíso; el 13 de enero de 1968, giro doloso de cheque, en el 4° y 1er. Juzgado".

El taxista Edmundo Mario Berríos Silva, alias "El Chico Mario", que estuvo en el lugar para trasladar a otro sitio el Mercedes Benz que conducía al general Schneider y era manejado por el suboficial cabo-chofer Leopoldo Mauna, pertenecía también al grupo lumpen: condenado por cuasi delito de homicidio y otra condena a cuatro años por hurto.

Luis Hurtado Arnés, que concurrió conduciendo un coche de apoyo, y apoyándose él mismo en una pistola Astra calibre 7.65, con el poético alias de "Leonardo", estaba prontuariado por estafas reiteradas y giro doloso de cheques.

Fernando José Cruzat, quien no estuvo en la escena esa mañana del 22 de octubre de 1970 sino acompañaba a Viaux, que esperaba ansioso las noticias de la radio y a muy buena distancia de la acción, seudónimo "Custodio", registraba delitos de robo, usurpación de funciones, giro doloso de cheques, tráfico de drogas.

 

Otros participantes sin oficio conocido fueron Jorge Lagos Carrasco, alias "Giro sin Tornillo", quien se quedó dormido la mañana del asalto y llegó cuando ya no había nadie y quedó con la convicción de que el golpe había tenido éxito. Así lo comunicó a uno de sus compinches, Sergio Topelberg; Jaime Requena Lever, guardaespaldas de Viaux; Carlos Labarca Metzger; Jorge Medina Arriaza; y Mario Tapia Salazar.

Dentro del grupo figuraba el muy impredecible Carlos Silva Donoso. Hubo quienes lo señalaron como infiltrado, aunque es difícil establecer por quién o quiénes fue infiltrado en la organización. Eso sí, era parte del grupo capital que abordó el Taunus y desde donde descendieron tres de los victimarios del general Schneider.

Los hechos

“A las 8.20 horas, más o menos, en circunstancias de que el general René Schneider se dirigía a su despacho, en el automóvil fiscal conducido por el cabo chofer Leopoldo Mauna Morales, por la calle Martín de Zamora en dirección al Poniente, al enfrentar el número 4420 fue interceptado por un vehículo que chocó al que viajaba el militar, vehículo éste que fue rodeado por cinco individuos, uno de los cuales, haciendo uso de un elemento contundente similar a un combo, rompió el vidrio posterior izquierdo y luego disparó contra Schneider, impactándolo en la región del bazo, en el hombro izquierdo y la muñeca izquierda, ocasionándole lesiones de carácter reservado, según pronóstico del Hospital Militar donde fue llevado para su inmediata atención”.

Este documento es el comienzo del parte policial escrito bajo la firma del mayor de Carabineros Carlos Donoso Pérez, comisario de la 24° Comisaría de Las Condes.

En una crónica anexa al libro "El Caso Schneider", el periodista Augusto Olivares, muerto tres años más tarde durante el ataque a La Moneda, relata que esa misma noche llegó hasta la casa de Salvador Allende, en la calle Guardia Vieja, el médico Oscar Gazmuri, amigo y vecino del candidato con la primera mayoría relativa, para entregarle una mala noticia. El doctor Gazmuri le comunicó a Allende: "No hay nada que hacer. Le estalló el hígado". Abundó en detalles clínicos que Allende entendía perfectamente como médico, pero el resultado era el mismo: René Schneider no tenía salvación.

dos_responsables_del_crimen_fugados_a_buenos_aires.jpg

Dos responsables del crimen fugados a Buenos Aires
Dos responsables del crimen fugados a Buenos Aires

Durante el proceso se estableció que había en el lugar 26 coches, aunque no todos los conductores fueron identificados, preparados para realizar el plagio los cabecillas, y para apoyar o suplir, los restantes.

Uno de ellos, el dinamitero Jorge Medina Arriaza tenía la misión de agitar un pañuelo en el momento de avistar el Mercedes Benz usado por el general Schneider.

Se contaba también con "spray paralizante”, esposas, cloroformo, tela adhesiva, algodón, gasa, guantes de goma, pimienta, dos combos para romper los cristales del coche y un equipo de walkie talkie para intercomunicarse entre ellos, además de un pesado chaquetón azul marino para cubrir el uniforme de Schneider. Se le llevaría a una casa de la comuna de Providencia situada en la calle Traiguén 2328, donde había incluso sirvientes y -contó Viaux,- "una cazuela de vacuno" para alimentar ese mediodía al secuestrado.

Diego Dávila Basterrica advirtió a Viaux de que con ese grupo era casi imposible que el plan tuviera éxito. En un careo entre ambos, Dávila refirió que la noche del 20 de octubre le manifestó lo siguiente: "Nuevamente le reiteré mis temores de que esta acción del secuestro fracasaría por la mala calidad del elemento humano, debido a su falta de serenidad".

Dávila era partidario de postergar la operación después de que el ensayo de la noche precedente fuera un desastre, ya que nadie sabía atar ni desatar, pero Viaux afirmó: "Ahora o nunca".

La mañana del 22 de octubre de 1970, Schneider salió como de costumbre minutos después de las ocho. A pesar de ser plena primavera, el día estaba ligeramente nublado y una fina llovizna caía.

Cuando el automóvil dobló por Sebastián Elcano en dirección Poniente para tomar Martín de Zamora, un Fiat 1500 de color blanco se adelantó a la maniobra y viró por esta calle, de manera que se colocó delante del auto oficial. Ese era el "coche- guía", el que marcaba el comienzo de la operación y para que todos lo distinguieran había anudado en su espejo retrovisor externo un pañuelo blanco.

otros_dos_responsables_tambien_fugados_del_pais.jpg

Otros dos responsables también fugados del país
Otros dos responsables también fugados del país

Esa es la primera incógnita en la relación que de los hechos se hace en el proceso, pues los investigadores sólo pudieron identificar como “Pancho”, caracterizado como "rebelde", pues no fue hallado. Tampoco pudo reconocerse otro vehículo, al parecer un Ford Falcon de color blanco, que sobrepasó al Mercedes del general en la estrecha vía de Martín de Zamora.

Ambos coches -el guía y el supuesto Ford Falcon - cerraron a Mauna toda posibilidad de adelantarlos, acción en ese momento irrelevante, porque nada había que representara inquietud para el conductor. Schneider sacó su libreta de apuntes, seleccionó la página de ese día y se dispuso a escribir las anotaciones antes mencionadas.

Al pasar por la esquina de la calle Soria, donde esperaba el jeep Willy manejado por Carlos Labarca Metzger, éste se situó inmediatamente detrás del Mercedes, en tanto que el automóvil Dodge Dan de color azul, estacionado en el costado norte de Martín de Zamora, con Eduardo Maffei al volante y Juan Diego Dávila Basterrica a su lado, abandonó sorpresivamente esa posición para abrirse y obligar al chofer Mauna a una maniobra inesperada que salvó con pericia para proseguir por su costado izquierdo.

Aún en ese momento el cabo Leopoldo Mauna no percibió circunstancias extrañas, aunque en rigor iba encajonado por cuatro vehículos. Schneider tomaba sus apuntes, mientras detrás del jeep conducido por Labarca  Metzger tomaban posiciones -sumándose- un Falcon amarillo manejado por el no localizado Rodolfo Bey Benzen; un Peugeot celeste con Rafael Fernández Stuardo y un tercer auto no determinado por marca y color.

A pie, en una garita de peatones, permanecía José Jaime Melgoza, quien sólo esperaba la colisión levé que Labarca provocaría al Mercedes a fin de que el cabo-chofer se bajara para observar si había sido objeto de algún daño. En ese instante debía entrar en acción Melgoza, que pasaba por ser karateca experto, para inmovilizar a Leopoldo Mauna y posibilitar la intervención de quienes tenían en su poder los combos para romper los cristales traseros del Mercedes, intimidar a Schneider, poniéndole las pistolas en la nariz y lanzándole a la cara el spray lacrimógeno, obligándolo a abandonar el vehículo para subirlo al Dodge Dan azul a cargo de Maffei con la participación de Dávila Basterrica, y  consumar el secuestro.

Ocho balazos

El plan elaborado no pudo cumplirse. Labarca Metzger chocó al coche oficial, pero en lugar de producirse lo previsto por los secuestradores –que el cabo Maura saliera del coche para ver los daños- éste no lo hizo. Se enredó al parecer en los pedales y antes de que siquiera pusiera la mano en la manilla de la puerta, comenzó una feroz balacera de manera que él se volvió para ver qué ocurría con Schneider.

La autopsia y las pericias balísticas determinaron que el general Schneider recibió ocho de diez balazos disparados. Uno en la mano, indiscutiblemente de la pistola calibre 45 mm. de Melgoza, y siete de a lo menos dos armas Ruby Extra de calibre 38 de fabricación argentina fue hallada en la casa de los hermanos Izquierdo Menéndez y una bala de calibre 35 mm. salida de un arma jamás encontrada, que no dio en el blanco.

reconstitucion_de_la_escena_del_crimen_del_general_schneider.jpg

Reconstitución de la escena del crimen del general Schneider
Reconstitución de la escena del crimen del general Schneider

Estos son los hechos, En el baleo inclemente contra Schneider pudieron participar Juan Luis Bulnes, Julio y Diego Izquierdo, Andrés Godfrey Widow, Carlos Silva Donoso y Eduardo Avilés Lambié, localizado tras años de ocultamiento en Paraguay por el periodista Bernardo de la Maza. Nunca fueron careados en conjunto para determinar meridianamente lo ocurrido por medio de la confesión.     .

En el título III del Fallo en Primera Instancia emitido por el Juez Militar Orlando Urbina, del Fiscal Fernando Lyon y firmado por el secretario Alfonso Oviedo Melo, surgen innumerables dudas. Ese título citado reza "El Plan del secuestro y el asesinato" y de él se han extraído las localizaciones en la escena de los vehículos y las personas, pero hay un coche fundamental en toda esta historia que -de acuerdo con el relato oficial- parece salido del aire.

Todos coinciden en que quienes bajaron de sus autos en el momento de chocar el jeep de Labarca al Mercedes, ocupaban un Taunus y eran cuatro personas. Por otro lado, se menciona en el citado fallo que el que usó el combo habría sido el inculpado rebelde (se cita así a quienes huyeron del país o no fueron habidos) Andrés Widow y un amigo de éste (sic). ¿Quién era este amigo? No se sabe, explican, porque escapó de Chile junto con Widow.

Julio Bouchon se las arregló para huir a Mendoza con su mujer María Cristina Lyon. Ambos fueron detenidos por la policía argentina. Después se supo que ni siquiera estuvo en el lugar del secuestro frustrado y sus delitos consistieron en viajar a Buenos Aires con el agente de la CIA, José Olalquiaga, para comprar 500 metralletas, lo que fracasó, y recorrer con su avioneta la zona central del país para localizar un lugar donde aterrizaría un supuesto avión procedente de Panamá o de Paraguay trayendo armas. Tampoco de este avión se supo jamás.}

julio_bouchon_el_rubio_arrestado_por_investigaciones.jpg

Julio Bouchon, el rubio arrestado por Investigaciones
Julio Bouchon, el rubio arrestado por Investigaciones

El pato de la boda -como siempre sucede - lo pagó José Jaime Melgoza Garay, un hombre descrito por el abogado Juan Enrique Prieto como "un muchacho de extracción popular", cuyo padre trabajaba como obrero especializado en las Compañías Carboníferas de Lota, que se había ganado la vida en la compraventa de automóviles en Punta Arenas y un hombre muy cariñoso. Olvidó Prieto mencionar que este hombre de más de un metro 80 de estatura, unos 85 kilos de peso, ya tenía una anotación como asaltante con violencia precisamente en el juzgado de Punta Arenas.

No deja de ser llamativo que los asesinos de un comandante en jefe del Ejército lograran quedar liberados de esta acusación cuando en el país existió una dictadura encabezado por otro comandante en jefe del ejército, el general Augusto Pinochet.

(*) Presidente de la Corporación Memorias del Bío Bío. Este artículo es un extracto del libro “Conspiraciones y asesinatos de la ultraderecha chilena. 1969 – 1976”; Al Aire Libro Editorial; de muy pronta publicación en la Región del Bío Bío. Schindler contó con la colaboración del director del Departamento de Historia de la Universidad de Concepción, Mario Valdés, y del profesor de esa misma unidad académica, Danny Monsálvez. El autor es también el protagonista del libro “La lista del Schindler chileno”, LOM Ediciones, 2014, del periodista Manuel Salazar, redactor de INTERFERENCIA

Ya que estás aquí, te queremos invitar a ser parte de Interferencia. Suscríbete. Gracias a lectores como tú, financiamos un periodismo libre e independiente. Te quedan artículos gratuitos este mes.

Comentarios

Comentarios

Algunos titulares me llaman la atención y deben traer un contenido interesante

Soy residente en el exterior y me gusta estar informado de lo que ocurre en mi pais

Quiero información

Añadir nuevo comentario