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Domingo, 16 de junio de 2019
Conflictos sociales en Europa

Sindicalista francés: "Los derechos de los trabajadores están en caída libre”

Isabel Reyes B.

En entrevista con INTERFERENCIA, Sébastien Ménesplier, de la Confederación General del Trabajo (CGT) de Francia, afirma que el movimiento de los 'chalecos amarillos' es una respuesta espontánea a demandas históricas que no han sido tomadas en cuenta por los gobernantes de ese país.

El 17 de noviembre fue la primera vez que se manifestaron. Con casi 300.000 personas vestidas con chalecos reflectantes, las calles de las ciudades de Francia se repletaron con un movimiento que, semanas más tarde, lograría frenar el alza al precio de los carburantes que se suponía debía comenzar a regir en enero de 2019. Hoy son conocidos en todo el mundo como “Chalecos Amarillos” y su protesta se ha expandido a otros países europeos.

Sus demandas principales apuntan a temas sociales, como el costo de vida y la recuperación de los servicios públicos. Con miles de detenidos y diez muertos, según el último balance de las autoridades, el movimiento ha enfrentado al poder político, llegando incluso a pedir la salida del Presidente Macron.

Sébastien Ménesplier, secretario general de la Federación Nacional de Minas y Energía de la Confederación General del Trabajo (CGT) de Francia, asegura que este movimiento se engancha, de manera espontánea, de las reivindicaciones históricas de su confederación. “Se requiere que las fuerzas sindicales organizadas se hagan cargo. En Francia, los derechos de los trabajadores están en caída”, afirma en conversación con INTERFERENCIA.

"Hace falta una distribución justa de la riqueza, limitando los salarios más altos y aumentando los más bajos. Y así, tener pensiones cada año que permitan vivir con dignidad y no sufrir".

¿Cuáles son estas demandas históricas de la sociedad francesa que no han sido tomadas en cuenta por el Estado?

Desarrollar y mejorar los servicios de interés general y vitales como la salud, el agua, electricidad, gas, el transporte público, lo social, entre otras. Hace falta una distribución justa de la riqueza, limitando los salarios más altos y aumentando los más bajos. Y así, tener pensiones cada año que permitan vivir con dignidad y no sufrir.

En materia energética ¿cuáles son los principales problemas que se viven?

El conflicto en la política energética tiene que ver con exigir un balance de la liberalización del mercado y la desregularización europea. Estamos luchando por el establecimiento de un nuevo servicio público de energía en Francia.

¿Qué representa este descontento social que se está viendo?

Refleja la ira que ha ido evolucionando durante varias décadas en muchas formas. Un hartazgo general de las políticas de austeridad impuestas por Europa y los Estados Unidos. En el fondo, un rechazo a la política liberal y al capitalismo.

¿Qué cree que pasará con Macron si no puede contener estas movilizaciones?

Macron fue elegido por defecto ante una candidata que representaba la extrema derecha, que significaba populismo y nacionalismo. Macron nació de un movimiento liberal “no politizado en sus bases”, pero que ocultó todas sus orientaciones políticas liberales. Actualmente, Macron y su gobierno son rechazados por la sociedad en general, según las encuestas, apenas cuenta con un 18% de aprobación.

Después de estas manifestaciones de descontento, ¿cuáles son las perspectivas para el futuro de la Unión Europea?

La Unión Europea no ha hecho balances ni sacado conclusiones respecto a las directrices que afectan directamente los servicios públicos y socavan el bien común para el interés general.

¿Cree que si esta efervescencia no es bien resuelta, se pueda preparar el terreno para un candidato de derecha extrema, efecto que se vive actualmente en el mundo y particularmente en América?

¡Es una probabilidad! Los riesgos son grandes y el movimiento ejercido por Macron “La República en marcha” no aporta ninguna credibilidad a las organizaciones políticas.

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