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Lunes, 3 de agosto de 2020
Análisis

Suiza en tiempos del coronavirus: El retorno del Estado protector

Por Alberto Dufey (desde Ginebra, Suiza)

Suiza practica una economía flexible, donde las empresas pueden despedir a la gente si es necesario, como sucede ahora con la epidemia. Sólo que los salarios de los trabajadores, obligados a quedarse en casa, son pagados por un seguro parcial de desempleo para situaciones excepcionales, también financiado por el Estado.

La consecuencia inmediata de la pandemia en Suiza ha sido la irrupción del Estado, con todo su peso protector, y su capacidad de gasto. Aunque ese rol no es nuevo, ya que antes de la pandemia el gobierno tuvo que intervenir para salvar el sector bancario. Sucedió en 2008, cuando la Confederación (gobierno) rescató el mayor banco privado suizo, UBS, con seis mil millones y otros 54 millones de dólares aportados por el Banco Central de Suiza. Un ejemplo más de las contradicciones del neoliberalismo helvético, paladín del "libre mercado" donde muchas empresas, con subvenciones estatales, reparten los beneficios entre los accionistas, pero cuando tienen pérdidas piden la ayuda del Estado.

Después de ese "crash" bancario, el gobierno federal volvió al mismo discurso neoliberal basado en el "freno al gasto público", del no al endeudamiento. Pero ahora bastó la crisis del coronavirus para que se liberara 42 mil millones de francos (mismo equivalente en dólares) para sostener la economía.

El objetivo es mantener intacto el aparato productivo para que siga funcionando después de la epidemia. Ya lo hizo durante la Segunda Guerra Mundial, que en su calidad de país neutro le permitió a Suiza desarrollar tranquilamente su industria de precisión y el sistema bancario. Este último sector es el más beneficiado con las nuevas inyecciones de dinero fresco y su misión de sostener las empresas administrando los créditos estatales.

Suiza practica una economía flexible, donde las empresas pueden despedir a la gente si es necesario, como sucede ahora con la epidemia. Sólo que los salarios de los trabajadores, obligados a quedarse en casa, son pagados por un seguro parcial de desempleo para situaciones excepcionales, también financiado por el Estado protector. Con ocasión de esta pandemia se han aprobado nuevos créditos sin intereses que benefician, esta vez, a las pequeñas y medianas empresas.  Además, el gobierno financia programas de formación y de reciclaje de competencias. Cuando se despide a un trabajador se le dan los medios para reciclarse y donde los seguros de cesantía cubren las necesidades básicas. Asimismo, existe la ayuda social convencional. De esta manera, nadie tiene la sensación de que la sociedad lo ha abandonado.

Paz social y federalismo

Por otro lado los empresarios tienen conciencia que sin los trabajadores no hay producción. Por eso las relaciones laborales deben ser cordiales. Estas se sustentan en la "paz del trabajo", un antiguo pacto entre empresarios y sindicatos que data de 1937, donde estos últimos renunciaron a las huelgas salvajes y los patrones aceptaron pagar a sus obreros salarios decentes. Pero los sindicatos están denunciando ahora casos de abusos, especialmente contra trabajadores emigrantes, los más vulnerables.

En este nuevo escenario Covid-19, el Estado se ve sin embargo obligado a delegar competencias en los cantones, que funcionan como pequeñas repúblicas independientes y adaptan las decisiones del gobierno según sus propias realidades. Particularidad del federalismo suizo. Así por ejemplo, en Ginebra las autoridades confiscaron un hospital privado para atender a enfermos contaminados. También decretaron el cierre de las obras de construcción y se cerraron todos los comercios que no son necesarios. Las escuelas también.

En cuanto a las medidas de confinamiento, el encierro no es obligatorio en todos los cantones. Sólo se hizo un llamado a la responsabilidad de cada uno de respetar la cuarentena. La gente aquí es obediente. En otros cantones se ha restringido la circulación de personas mayores de 65 años y se ha pedido ayuda al personal sanitario militar para suplir las necesidades en los hospitales.

Como el objetivo es salvar la economía, hay cabezas pensantes diseñando modelos para reindustrializar el aparato productivo post epidemia, porque debido a las ventajas de la globalización, muchas empresas habían deslocalizado su producción en países asiáticos, con mano de obra más barata. Ahora se dan cuenta que fue un error, pues no es lo mismo poder confiar que se van a recibir los suministros sanitarios del extranjero. Más seguro es producirlos en casa. Así se pudo verificar cuando durante semanas las mascarillas compradas a los checos fueron retenidas en la frontera alemana. Lo mismo sucede con la escasez de medicamentos claves, como las anestesias, producidos en la India por ¡farmacéuticas suizas!

Pero hay excepciones, como es el caso de la firma Hamilton Medical, especializada en aparatos respiratorios, que tiene su sede en el cantón de los Grisones. No da abasto ante tantos pedidos. Otras firmas conocidas han comenzado a reciclarse. El laboratorio de esencias para perfumes y alimentos Firmenich, se ha puesto a fabricar alcoholes desinfectantes, al igual que la multinacional Nestlé con la producción de gel. Novartis y otras grandes farmacéuticas están inmersos en la producción de medicamentos y trabajando contra reloj para producir una vacuna contra el coronavirus. En fin, gran parte del aparato productivo ha sido movilizado para enfrentar esta pandemia.

Así como van las cosas, es posible que esto termine con una economía más estatizada, más fuerte y potente. Al menos por ahora el discurso neoliberal parece que se está desmoronando. Tal vez no sea más que un espejismo y después de la epidemia (como sucedió con la crisis de 2008), todo vuelva a ser igual que antes.

En lo social, como en toda Europa, se observa un movimiento de repliegue, el reflejo nacionalista que aflora siempre ante las amenazas externas. Se desatan otros fantasmas ideológicos latentes: proliferación de noticias falsas, racismo y teorías conspirativas paranoicas, un tema para otra nota.

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