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Domingo, 8 de Febrero de 2026
[Cortocircuito]

Los espejismos de Kast para justificarse ante un eventual mal gobierno

Maximiliano Alarcón G.

Las feministas, los indígenas, los ambientalistas y los animalistas, son los enemigos planteados por el presidente electo. Pero el impacto sociopolítico de estos sectores en la actualidad está disminuido y para José Antonio Kast hoy sirven más de chivo expiatorio anticipado de promesas que no podrá cumplir.

Para nadie es fácil ser presidente y para José Antonio Kast no será la excepción. Sin embargo, la retórica del republicano en la antesala a asumir el cargo político más importante del país, muestra un temor especial que no se vio con mandatarios anteriores.

Sebastián Piñera en su primer mandato sí que no la tenía fácil. Un terremoto 8.8 en la escala de Richter devastó gran parte de la zona centro-sur del territorio nacional poco antes del cambio de mando. Aún así, con la compleja tarea de reconstruir por delante, el discurso del fallecido ex presidente no fue tan catastrófico como el que actualmente predica el rubio de Paine.

Es cierto que Kast también tiene un escenario complejo, sobre todo en materia de seguridad pública, porque más allá de crisis en este tema, prometió tanto en época de campaña que las expectativas de sus votantes son altas.

Pero puede que tenga problemas en otras materias y ante eso ha desenfundado un mecanismo de defensa antes de tiempo, un montón de espejismos que según él podrían boicotear el avance de su gestión.

“Hoy estamos experimentando los frutos de una cultura dominada por los ismos, el ambientalismo extremo, el animalismo radical, el feminismo ideológico”, dijo Kast el pasado miércoles en la Cumbre Transatlántica por la Libertad de Expresión realizada en Bruselas.

“Hoy estamos experimentando los frutos de una cultura dominada por los ismos, el ambientalismo extremo, el animalismo radical, el feminismo ideológico”, dijo Kast el pasado miércoles en la Cumbre Transatlántica por la Libertad de Expresión realizada en Bruselas.

Si bien esto fue interpretado en los medios como el posicionamiento de la ‘batalla cultural’ como eje de su política, sus palabras hoy apuntan más a una retórica de autodefensa, una justificación ante la alta posibilidad de no cumplir con las expectativas tan difíciles de llenar para cualquier presidente.

Esto porque si bien hace algunos años la influencia de movimientos como el feminismo o la protección del medioambiente era crucial a nivel sociopolítico, actualmente la realidad muestra más bien que son causas que si bien no están muertas, están decaídas.

No es necesario que Kast dé una batalla cultural, porque Gabriel Boric ya hizo el trabajo por él desarticulando el movimiento mapuche a través de la militarización permanente de Wallmapu, dejando en el olvido –hasta ahora– la despenalización del aborto, apoyando la aprobación de la Ley Naín Retamal o impulsando la idea de terminar con la ‘permisología’ que busca proteger el ecosistema de proyectos de inversión.

Vale decir que una parte importante también la hizo la Convención Constituyente que hipotecó las causas sociales y que las mancilló por responsabilidad de varios de los convencionales.

Vale decir que una parte importante también la hizo la Convención Constituyente que hipotecó las causas sociales y que las mancilló por responsabilidad de varios de los convencionales.

El presidente electo, para su mala fortuna, sólo debe preocuparse de cumplir con lo que prometió en campaña. Y como es consciente de que probablemente, tal como cualquier mandatario, decepcionará en varios temas, está optando por el tradicional camino de la derecha de culpar a la administración anterior y a un enemigo interno.

Por lo mismo no es casual que desde antes de las elecciones instaló el concepto de que el suyo será un ‘gobierno de emergencia’, lo cual es una manera de reconocer de que en su gestión no podrá hacer mucho, pero de acuerdo a su retórica, por responsabilidad de la situación en que Gabriel Boric le dejó el país.

El pesimismo de Kast es la señal más importante de que está complicado con el cargo que debe ejercer, porque además toda su carrera política la construyó en base a ser opositor a la izquierda y a la UDI –el partido al cual renunció para fundar el Republicano–, más que a gestionar políticas públicas.

El inminente mandatario debe afrontar este camino, también, con un pacto de gobierno que está más preocupado actualmente de proteger sus cuotas de poder que de respaldarlo ante los eventuales problemas que surjan de la mala administración.



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