Estamos donde tú estás. Síguenos en:

Facebook Youtube Twitter Spotify Instagram

Acceso suscriptores

Jueves, 9 de Julio de 2026
[Revisión del VAR]

¿Por quién hinchan los chilenos?

Roberto Rabi González (*)

“No existe una forma correcta de vivir ese campeonato. La única condición que realmente vale la pena imponer es recordar que, cuando el árbitro pita el final, el partido termina. Las discusiones deberían quedar en la cancha, en el bar, en el grupo de WhatsApp o en las redes sociales, sin cruzar esa línea donde el rival deja de ser un adversario deportivo para convertirse en un enemigo personal”.

El jueves pasado me junté con un gran amigo en un bar a ver el Portugal-Croacia. En la mesa de al lado, varios parroquianos de piel bastante morena alentaban con una pasión contagiosa a Croacia. Mi amigo, en cambio, iba por Portugal. Me confesó que le gustaría ver al “Bicho” levantar por fin una Copa del Mundo. También me dijo que, de todos los equipos que seguían con vida, había uno solo al que realmente quería ver eliminado: Argentina. No tenía nada contra los argentinos; de hecho, había tenido una pareja argentina. Lo suyo era exclusivamente futbolero. Le molestaba esa imagen —justa o injusta— de soberbia que, según él, proyectan muchos de sus hinchas.

Lo curioso es que ninguno de los presentes necesitaba justificar demasiado su elección. Los hinchas de Croacia no parecían tener un vínculo evidente con ese país. Mi amigo no odiaba a los argentinos, sino a una imagen futbolera que había construido con los años. Yo tampoco tenía una razón particularmente profunda para preferir un resultado sobre otro.  Cada vez que llega un Mundial al que Chile no clasificó, una Eurocopa o incluso una Copa América cuando ya hemos quedado en el camino, aparece la misma pregunta: "¿Por quién va Chile ahora?". Como si existiera una respuesta oficial. Como si los casi veinte millones de chilenos compartiéramos un mismo corazón futbolero cuando la selección chilena no entra a la cancha.

Me parece bastante evidente. No todos queremos que pierda Argentina. No todos apoyamos al resto de Sudamérica por una supuesta hermandad continental. No todos celebramos al equipo chico. No todos preferimos al que juega mejor. Ni siquiera todos queremos que gane el que tiene menos títulos. La frase "a los chilenos nos gusta..." casi nunca resiste análisis. Es una comodidad retórica que transforma millones de preferencias individuales en una opinión nacional que, en realidad, no existe.

Hay quienes jamás podrán alentar a Argentina por razones históricas, deportivas o simplemente emocionales. Otros disfrutan viendo jugar a sus figuras y prefieren que levanten otra copa. Algunos apoyan a Brasil porque crecieron admirando su fútbol. Otros quieren que gane cualquier europeo. Hay quienes siempre estarán con el equipo más débil, mientras otros prefieren que el campeón sea el mejor, sin importar el pasaporte.

Y todas esas razones son perfectamente válidas. Porque el hincha, cuando no está involucrado su propio equipo, rara vez decide con lógica. Decide con recuerdos, simpatías, antipatías, supersticiones, camisetas que tuvo de niño, jugadores que admiró, un viaje inolvidable, un amigo extranjero o simplemente porque le gusta un color. Y ahora aparece un ingrediente relativamente nuevo: las apuestas deportivas.

 

Durante décadas era fácil distinguir entre el equipo que uno quería que ganara y el resultado que creía más probable. Hoy esa frontera empieza a difuminarse para algunos. No faltará quien descubra, en pleno segundo tiempo, que está celebrando un gol del equipo que apostó... aunque toda la vida haya querido que perdiera. Es un fenómeno curioso. El interés económico puede competir con la identidad futbolera. No siempre la derrota del rival duele igual si significa acertar un pronóstico. Tampoco todos caen en esa confusión, pero sería ingenuo negar que existe.

También aparecen motivaciones menos nobles. El racismo, la xenofobia o el desprecio hacia un país o una nacionalidad siguen asomando cada cierto tiempo disfrazados de "folclore futbolero". Y ahí sí conviene hacer una distinción importante. Una cosa es desear que un rival deportivo pierda. Soy convencido de que las razones individuales no admiten un cuestionamiento de la policía de lo políticamente correcto. Otra muy distinta es convertir esa preferencia en una excusa para la acción. Insultar pueblos enteros, reproducir estereotipos o celebrar la discriminación.

El fútbol admite cualquier buena razón y también toda arbitrariedad para elegir un favorito. Puedes apoyar a un equipo porque su arquero usa calcetines caídos, porque te cae bien su diez, porque tu abuelo era de ese país o porque te gusta cómo canta su hinchada. Porque su entrenador no se saca los mocos frente a la cámara. O porque sí lo hace. O porque su figura dijo un par de verdades crudas a la prensa. O porque es un caballero eternamente ajeno a las polémicas. No hace falta justificarlo.

Lo que no admite es perder de vista que, al final, estamos hablando de un juego.

Quizás esa sea la mayor riqueza de los torneos internacionales cuando Chile ya no está en competencia. Por unas semanas cada uno construye su propio Mundial. Algunos festejarán goles argentinos. Otros brasileños. Algunos africanos. Otros ingleses, franceses o españoles. Habrá quienes cambien de favorito en cada ronda y quienes mantengan una fidelidad inexplicable a un país que jamás han visitado.

No existe una forma correcta de vivir ese campeonato. La única condición que realmente vale la pena imponer es recordar que, cuando el árbitro pita el final, el partido termina. Las discusiones deberían quedar en la cancha, en el bar, en el grupo de WhatsApp o en las redes sociales, sin cruzar esa línea donde el rival deja de ser un adversario deportivo para convertirse en un enemigo personal.

Y quizás esa sea la única frase que sí podríamos decir en plural: después de la guerra en la cancha, lo mejor es que todos sigamos siendo amigos.

En este artículo



Los Más

Ya que estás aquí, te queremos invitar a ser parte de Interferencia. Suscríbete. Gracias a lectores como tú, financiamos un periodismo libre e independiente. Te quedan artículos gratuitos este mes.

En este artículo



Los Más

Comentarios

Comentarios

Añadir nuevo comentario