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Lunes, 26 de Octubre de 2026
Bastión del progresismo en Latinoamérica

Contra la ola de ultraderecha: Lula gana en Brasil y mantiene el contrapeso a Trump en la región

Interferencia

Lula da Silva derrotó en la segunda vuelta a Flávio Bolsonaro, heredero de un clan cuyo patriarca fue condenado por intentar un golpe de Estado. Con más de cuatro millones de votos de diferencia, se convierte en el primer presidente brasileño con un cuarto mandato. 

Brasil le cerró la puerta a la ultraderecha. Luiz Inácio Lula da Silva ganó el balotaje con 64.224.310 votos (51,78%) frente a los 59.810.673 de Flávio Bolsonaro (48,22%), una diferencia superior a los 4,2 millones. Con ello será el primer presidente del país en acceder a un cuarto mandato, el segundo consecutivo. 

La derrota del bolsonarismo

Flávio Bolsonaro llegaba como favorito moral de su sector. Había ganado la primera vuelta del 4 de octubre con el 47,03% y más de 56 millones de votos, y se presentaba como el candidato del cambio. Lo hacía bajo la sombra de su padre, Jair Bolsonaro, quien cumple condena por el intento de golpe de Estado, un dato que Lula puso en el centro de su campaña. Tras la primera vuelta, el presidente apuntó a la “biografía tenebrosa” de Flávio, por sus vínculos con grupos paramilitares y con el escándalo de corrupción del Banco Master.

Aquella primera vuelta había sido una advertencia seria. Flávio superó la votación que su padre alcanzó en 2018 y en 2022, lo que mostró que el bolsonarismo no solo sobrevivió a la prisión de su líder, sino que se renovó con un rostro más joven. Por eso la victoria de Lula pesa más: no se impuso a una fuerza en retirada, sino a una que llegaba al balotaje con la delantera y con el apoyo explícito de Trump.

De la derrota al balotaje

Lula llegó a la segunda vuelta golpeado. En la primera sacó el 45,16%, por debajo del 48,4% que había alcanzado en la primera vuelta de 2022, y él mismo admitió que el resultado era inesperado. Dijo entonces que ganaría en la “prórroga”, y la elección le dio la razón.

Entre una vuelta y otra, el presidente sumó cerca de 8,8 millones de votos, frente a los 2,3 millones que ganó su rival. Fue una remontada construida en tres semanas, con una campaña que apostó por ampliar su base más allá del núcleo petista y por poner en el centro del debate el pasado y el futuro que representaba cada candidato.

Una noche de tensión

La jornada del domingo estuvo marcada por la polémica. Con denuncias de problemas de transporte, el juez del Supremo Cristiano Zanin ordenó extender la votación dos horas en todo el país, una decisión que dejó confusión porque en muchos lugares las urnas ya habían cerrado. Flávio lideró el conteo en sus primeras horas, pero Lula retomó el frente cuando se llevaba cerca de la mitad de las mesas escrutadas y no volvió a soltarlo.

La noche terminó con el Tribunal Superior Electoral declarando que, “matemáticamente”, Lula era el ganador del balotaje. El resultado se dio después de una tarde de cruces entre bolsonaristas y lulistas por la prórroga, que ambos bandos habían pedido por motivos distintos.

Lula, tras la victoria

Al votar en São Bernardo do Campo, Lula ya había marcado el tono. Dijo que el pueblo salió a la calle a defender sus conquistas, y a su rival lo calificó de miliciano y de persona descalificada moral y éticamente, insinuando que es corrupto. Antes había dicho que Flávio era un mentiroso. 

Ya reelecto, su primer mensaje combinó agradecimiento y dureza. Lula agradeció a los partidos que lo acompañaron y a la juventud brasileña que salió a las calles a defender la democracia, y destacó que la elección tuvo el menor número de abstenciones y de votos nulos de la historia del país. Luego volvió sobre su adversario y dijo que nunca imaginó que alguien pudiera mentir tanto, con tanta desfachatez, en una campaña que, según él, estuvo plagada de falsedades. 

Flávio desconoce el resultado

La respuesta de Flávio Bolsonaro fue la contraria. En sus primeras palabras tras la derrota, el senador dijo que las elecciones deberían ser anuladas y no reconoció el resultado. Anunció que “vamos a pedir la anulación de las elecciones”, cuestionó a Zanin por haber sido abogado de Lula y planteó que nunca sabrá cuántos votos pudo perder en los lugares donde no se reabrieron las urnas. Senadores y diputados del Partido Liberal, además, pidieron el impeachment del juez que habilitó la extensión. 

El reclamo choca con los hechos. La campaña de Flávio también había solicitado extender el horario, en los municipios de Minas Gerais y Rio Grande do Sul afectados por las lluvias, es decir, pidió la medida que ahora impugna. Y el desconocimiento de las urnas no es una novedad en el clan. En 2022, Jair Bolsonaro llegó a insinuar que no reconocería el resultado en caso de derrota, en el marco de una campaña de descrédito contra el sistema electrónico de votación.

Un país partido en dos

Lula asumirá el 5 de enero de 2027 por un período de cuatro años. Lo hará al mando de un país dividido casi por la mitad, donde 48 de cada 100 votantes eligieron a la familia Bolsonaro y donde el costo de la vida y el endeudamiento de los hogares siguen siendo los temas que más pesan en el ánimo de la gente.

El nuevo mandato tampoco parte libre de sombras. La campaña se desarrolló en un clima de denuncias y escándalos de corrupción que involucraron a figuras del Supremo, al propio Flávio Bolsonaro y a personas cercanas al entorno de Lula. Gobernar un Brasil así de polarizado, con una oposición que cuestiona la legitimidad del triunfo, será la primera prueba de un presidente que ya sabe lo que es perder una primera vuelta y ganar en la prórroga.

Un bastión en tiempos adversos

El triunfo de Lula importa mucho más allá de Brasil. Flávio Bolsonaro hizo de su cercanía con Donald Trump una bandera, y tras la primera vuelta el estadounidense celebró el resultado como “una gran victoria”. Los analistas de la región leían la elección como una disyuntiva: si ganaba Lula, sería prácticamente la resistencia de la izquierda latinoamericana, y si ganaba Bolsonaro, se consolidaba el bloque internacional alineado con Trump. Con la victoria, Brasil mantiene la distancia con Washington. 

Lo hizo en un momento en que la región se ha ido inclinando hacia la derecha. Un triunfo de Flávio habría sumado al gigante suramericano a la lista de países que viraron a la derecha, como Chile, Perú y Colombia. En ese mapa, Brasil es el contrapeso más grande que le queda al progresismo, por su población, el tamaño de su economía y su peso diplomático. 

Lula lo logró cargando con el desgaste de quien ya gobierna, en una campaña marcada por el precio de los alimentos y el rechazo al PT. Ganar en esas condiciones tiene un valor político adicional para toda la región, porque demuestra que el discurso de la ultraderecha, que se vende como inevitable, tiene techo, y que se le puede ganar defendiendo un proyecto social y no solo intentando contenerla.

Por eso el mensaje de las urnas es nítido: la ultraderecha tuvo la oportunidad de volver al Planalto y los brasileños, por segunda vez consecutiva, se la negaron. Para un continente que mira hacia Brasilia, esa decisión vale más que cualquier cumbre.



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